La memoria personal y colectiva


Toda las hemos visto. Estaban en los album de nuestros padres o abuelos, ordenadas con mimo, a veces en una caja de zapatos o galletas, a menudo anotadas con una fecha, un nombre, una dedicatoria… Pequeñas fotos en blanco y negro que reviven la memoria personal de los que ya no están y nos vinculan a una memoria familiar que teníamos olvidada.

Esa memoria personal, familiar, se hace colectiva en la exposición Madrileños: un album colectivo, que puede verse en la Sala de Exposiciones del Depósito del Canal de Isabel II, de la madrileña calle de Santa Engracia, hasta el 31 de enero. La exposición es un proyecto del Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Hoy la toma de fotos digitales se ha convertido en una actividad lúdica. Es un consumo compartido que se agota en un instante. Se busca el divertimento, no la pervivencia. No ha sido éste el uso tradicional de la fotografía. En la exposición podemos encontrar ejemplos de las funciones de la fotografía ha tenido para los hombres del siglo XX:

– Definición de la identidad personal, familiar o institucional. La foto de estudio o la del fotógrafo callejero (minuteros, se los llamaba) establecía una identidad canónica en los momentos determinantes de  la vida (la primera comunión, el retrato escolar, el matrimonio, el servicio militar, la foto de grupo de la unidad militar o el grupo de obreros). Era una pose afectada y solemne. Tres o cuatro de estas fotos jalonaban una trayectoria vital.

– La instantánea del momento festivo. Aunque sigue estando presente la pose, ésta es más desinhibida. Suele ser una foto de grupo y es la manifestación más genuina de la memoria personal. Los viejos albumes se llenaban de vida con estas fotos.

– El vínculo afectivo. Tanto las fotos de identidad como las festivas se utilizaban para crear vínculos afectivos con la persona amada, amigos o incluso simples conocidos. Son las fotos dedicadas. Por cierto, una bien  curiosa es la de un Baroja anciano paseando por la Puerta de Alcalá un  amigo y una señorita, a la que le dedica la foto en muestra de afecto.

De todas estas funciones hay ejemplo en la exposición. No encontraremos grandes obras de arte ni testimonios periodísticos. Pero el conjunto muestra el fresco histórico de Madrid y de extensión de España. Esas novias jovencísimas, con ojos sacrificados, y esos novios con duras miradas. La ingenuidad de las fiestas populares. La miseria de la posguerra. El niño con correajes. Los grupos de mujeres con mantilla… El cura y el cabo de la Guardia Civil disparando con escopetas de feria. El primer seiscientos con toda la familia. El piso de protección oficial en medio de la nada.

Muchos años después nos siguen mirando, contando su historia y la nuestra.

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