Derivas del ataque de EEUU contra Irán


El mapa de una guerra hasta ahora regional. Fuente: Institute for the Study of War and AEI’s Critical Threats ProjectCreado con Datawrapper Tomado del diario.es

Daños colaterales es la cínica denominación con la que se refieren políticos y militares para las bajas civiles que en las guerra modernas producen las en teoría armas de precisión.

En esta guerra injusta, ilegítima e inmotivada desatada por EEUU contra Irán, en 10 días de guerra ya han muerto en Irán más de mil civiles, varios centenares en Líbano por los bombardeos israelíes, más varias decenas por los ataques iraníes contra Israel y los países del Golfo.

Pero entre todas esas víctimas colaterales vale la pena analizar el caso de la muerte de 175 niñas en un ataque en las primeras horas de la guerra contra una escuela de Minab, al sur de Irán, cerca del estrecho de Ormuz, en un recinto en el que había un campo de fútbol, una clínica e instalaciones de la Guardia Revolucionaria.Tanto, EEUU como Israel negaron s los autores del ataque. La BBCanálizó el vídeo y demostró que el ataque se efectuó con un misil Tomahawk, un arma de la que solo dispone EEUU.


Además en este caso se produjo un notable caso de manipulación algorítmica. RTVE difundió en X el vídeo de EFE que mostraba del ataque y Grog, la inteligencia artificial de la red de Musk catalogó como falso el vídeo y lo identificó como un anterior ataque de los talibanes a una escuela femenina de Kabul. RTVEverifica ha desmontado el bulo.

Es previsible que las víctimas civiles sean numerosas. Peter Hegseth (secretario de guerra, que no de defensa) lo ha declarado palmariamente:

“La guerra será en nuestros términos, con autoridades máximas, sin reglas estúpidas de combate, sin ningún atolladero de construcción nacional, ningún ejercicio de construir la democracia, nada de guerras políticamente correctas. Peleamos para ganar”.

Primero, en esta guerra se ignora la «doctrina Powell» , comandante jefe de las fuerzas norteamericanas en la primers guerra del Golfo y secretario de estado del segundo Bush: para comenzar un conflicto hay que tener una fuerza muy superior al enemigo; unos objetivos claros y un plan para conducir la guerra. Apesar de esta doctrina tan sensata, EEUU destruyó Irak y se vio envuelto en una guerra asimétrica, que destruyó Irak y desestabilizó Oriente Próximo e irradió terrorismo yihadista. La causa de tal desastre fue desconocer la compleja realidad en la que intervenían;no parece que a Trump ahora entienda mejor Irán.

El 9 de marzo, Trump dijo a CBS que la guerra estaba casi terminada y el 10 subieron as bolsas y cayó el precio del petróleo, los efectos que seguramente buscaba Trump. Según informaciones, el hijo de Trump compró accione de compañías petrolíferas días antes de que su padre iniciará la guerra. Cuando intento verificar esta información la AI quiere despistarme y me contesta que quien ha ganado dinero ha sido la Repsol de Imaz en Venezuela, lo que es verdad, pero no tiene nada que ver con lo preguntado. En cualquier caso estas declaraciones favorecen cotizaciones en «dientes de sierra», escenario ideal para la especulación.

Según Anthnony Blinken, secretario de estado de Biden, el presidente puede declarar en cualquier momento que ha ganado la guerra (como Bush en la cubierta de un portaviones proclamó «mission acomplished») Desde luego, los ayatolás y su nuevo líder máximo, Mojtar Jameneí, no están dispuestos a rendirse y pueden desencadenar una guerra asimétrica; mientras la sociedad imbuida por la filosofía chií del martirio y traumatizada por la represión de la última revuelta no parece que esté en coniciones de movilizarse en contra.

Más allá de rendir homenaje a estos inocentes sacrificados como»daños colaterales», dedico este análisis a reflexionar sobre la deriva de un conflicto sin objetivos claros, o por lo menos público.

Derivas estratégicas

Puede que no fueran efectos directamente buscados, pero era previsibles y han aumentado el caos en un mundo que vive una guerra que ya más que regional es mundial, con escenarios distribuidos (genocidio palestino en Gaza y Cisjordania, ataques a Líbano, Ucrania, Yemen, Sudán, Pakistán-Afganistán, Venezuela, Cuba). Estas derivas van más allá de simples daños colaterales.

Para Anne Appelbaum la operación ya ha producido unos daños colaterales estratégicos perjudiciales para EEUU y sus aliados, que yo añado eran previsibles:

Precio del petróleo por las nubes

Caos en el mercado del gas.

Desestabilización de los aliados del Golfo

Efectos sobre Ucrania, citamos también a Appelbaum. especialista en el tema: el país puede perder suministro de munición; pero, sin embargo su «saber hacer» para contrarrestar lo drones iraníes es un activo que puede ofrecer a Washington.

En mi opinión una larga entrevista telefónica entre Trump y Putin no augura nada bueno para Ucrania. La guerra con Irán puede poner en segundo plano la de Ucrania, ya en su quinto año. Por otro lado y esta también es una conclusión propia, Ucrania puede ganar valor estratégico en esta guerra mundial y descentralizada

Esta claro que el ataque contra Irán priva a China de un aliado estratégico y le priva de su petróleo. Según Michael Hudson si la operació n sale bien -cosa dudosa- EEUU tendría la llave de la mayor región petrolera del mundo.

Según Zineb Riboua podría reactualizar los «acuerdos de Abraham»construir infraestructuras que neutralizaran la «Belt and Road» china e intalar una «paz silica» para favorecer a los oligarcas tecnológicos.

El historiador Timothy Snyder introduce una hipótesia inquietante. La guerra ha aumentado esponencialmente el riego de un atentado terrorista contra EEUU. Esa puede ser la ocasión que Trump esté esperando para derrocar la democracia, empezando por suspender las elecciones legislativas de medio mandato, que según los sondeos no se le presentan favorables.

La deriva europea

Como es habitual, los 27 han sido incapaces de hablar con una sola voz enérgica que defienda nuestros valores e intereses.

Por su parte la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen hizo una primera declaración, el 10 de marzo en que abogaba por un realismo en que la UE dejara de defender sus valores en un mundo en el que aseguraba que «Europa no puede ser guardiana se un mundo que no volverá». Esta declaración, más allá de su falta decompetencia era un torpedo en el corazón de la Unión y una entrega a la política de Trump, como ya escenificó en 2025 en la vergonzosa firma del acuerdo arancelario.

Ante las críticas generalizadas, la alemana rectificó y el 11 de marzo reafirmó el compromiso inquebrantable de la UE con el derecho internacional . Es cierto que la alianza internacional transatlántica en torno a los valores liberales de derechos y justicia ya no existe, pero no defender estos valores es negar la razón de ser de la UE.

El verdadero realismo es el representado por el primer ministro canadiense Mark Carney, que en su discurso en Davos (por cierto con el auditorio aplaudiendo puesto en pie) defendió una alternativa a un mundo sin reglas basado en la fuerza, un nuevo multilateralismo en el que las potencias medias, cooperanso, construyan un nuevo edificio de. derecho internacional basado en el derecho no en la fuerza.

Además de los movimientos en el seno de la Unión, algunos países han movilizado fuerzas militares, España (que ha mandado una fragata) y otros han decidido reforzar las defensas aéreas de Chipre, después de que la base de Akrotiri (de soberanía británica) fuera atacada por un dron, seguramente disparado por Hezbolá desde El Líbano.

Más allá quiere ir la Francia de Macron que ha constituido un grupo de combate en torno al portaviones Charles Degaulle, con el propósito de abrir el estrecho de Ormuz; si tal propósito sigue adelante Francia y los países que lr apoyaran se convertirían en beligerantes y sus barcos podrían ser atacados por Irán (se ha ha hablado de que la fragata española podría sumarse, pero ante la muy criticable falta de un esclarecedor debate parlamentario tal cuestión no está clara).

Toda Europa va a ser víctima de la inflación y no puede descartarse que el BCE suba los tipos de interés y todo ello dañe el crecimiento de unas economías bastante estancadas. España, el único país con buenos datos macroeconómicos estos se deteriorarían y la gente, que ya la sufre inflación con una economía que crece, sentiría aún más la pérdida de poder adquisitivo en sus bolsillos. Así que aunque el «no a la guerra» pueda revitalizar el voto de la izquierda, la economía puede dañar sus perspectivas electorales,

Cuando una guerra destruye un país de Oriente Próximo (próximo para nosotros, medio para los estadounidenses, nosotros estamos «próximos») aumenta el riesgo de atentados terroristas (Madrid, Londres, Paris) y los grandes flujos migratorios, como los 7 millones que llegaron huyendo de Siria en 2011.

Tenemos que estar preparados a afrontar las derivas de la guerra de Trump.

Libia: objetivos difusos y daños colaterales


Objetivos legales

Llevamos tres días de guerra en Libia y la intervención de la coalición occidental muestra ya sus debilidades y contradicciones. Falta de una comando militar claro, contradicciones en los objetivos y desmarque de la Liga Árabe apuntan a que la situación puede degenerar e ir más allá de una «intervención humanitaria».

Con todas las dudas que puedan existir, la legitimidad de esta guerra está vinculada al estricto cumplimiento de los objetivos de la Resolución 1973 que es su base legal. Y estos objetivos son la protección de los civiles, el establecimiento de una zona de exclusión aérea, la prohibición de vuelos, el embargo de armas y la congelación de fondos.

No es objetivo el derrocamientos de Gadafi, ni mucho menos su asesinato, como han afirmado los ministros de Defensa y Exteriores británicos, luego corregidos por sus portavoces. No lo es el bombardeo del complejo Bab al-Aziziya, centro de poder del dictador.

Entran, en cambio dentro de los objetivos de la Resolución, el bombardeo de los radares y defensas antiaéreas, operación imprescindible para impone la zona de exclusión aérea. Llama la atención que la Liga Árabe se muestre contraria a esas operaciones contra la defensa antiaérea. ¿Qué pensaban que significaba pedir una zona de exclusión aérea?.

Son también objetivos la artillería o tanques que pudieran disparar contra la población civil.

En la fase en que nos encontramos, los únicos objetivos militares en vigor al amparo de la Resolución serían la vigilancia para impedir el ataque a zonas habitadas y el bloqueo marítimo para impedir la llegada de armas. Desde luego, la coalición no está autorizada a destrozar, paso a paso, bombardeo a bombardeo, todas las capacidades militares y las infraestructuras estratégicas, como se hizo con Serbia en 1999, cuando la OTAN prácticamente se quedó sin objetivos después de tres meses de bombardeos.

¿Qué pasa si Gadafi no se hunde, pero ya no es un peligro para las poblaciones fuera de su control? Pues que la virtualidad de la Resolución habrá terminado. Para ir más allá de acuerdo con el derecho internacional esta «coalición de voluntarios» necesitaría una nueva cobertura legal, impensable de conseguir en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Dice Ramón Lobo que las resoluciones son artefactos jurídicos expresamente ambiguos que dan margen de maniobra para la diplomacia y la guerra. Pero lo que no van a conseguir los gobierno es el apoyo de las opiniones públicas si la guerra se empatana, los bombardeos causan bajas civiles o es necesario una implicación más directa en la guerra civil-tribal de Libia. Los «ingenuos humanistaristas» que hubiéramos votado a favor de la Resolución 1973 en el Consejo de Seguridad daríamos un paso atrás, aunque no creo que ésto preocupara a unos gobiernos metidos de lleno en la guerra.

La opción más probable, apoyar a los rebeldes con asesoramiento, información y armas, no tiene cobertura legal; más aún, vulneraría la Resolución en cuanto que supondría violar expresamente el embargo de armas. Hoy Ed Miliband, el líder laborista, ha invocado en los Comunes el paralelismo con la política de no intervención franco-británica que hundió a la República española. Otra vez el dilema moral…

… Y daños colaterales

Si una operación formalmente concebida para proteger civiles mata civiles su legitimidad desaparece.

No sé si el término pudo utilizarse antes, pero el caso es que fue durante la Guerra del Golfo de 1991 cuando se extendió su uso. A daños colaterales quedaban reducidas las víctimas civiles. El relato era que las armas «inteligentes» norteamericanas tenían una precisión quirúrgica y que sólo se dirigían contra objetivos militares. Era la guerra de los «videojuegos». Si morían civiles era porque, o bien el Sadam los había colocado allí como escudos humanos o por un insólito error tecnológico.

Lo cierto es que la precisión no era, ni entonces ni ahora, tanta. Y más cierto que algunos bombardeos se fijaron expresamente sobre objetivos civiles. Es el caso del refugio de al-Amiriya, de Bagdad, bombardeado la noche del 13 de febrero de 1991 con un misil perforante. La bola de fuego fulminó instantáneamente a 403 personas. Los norteamericanos sostuvieron que ocultaba un centro de mando y control, pero nadie encontró rastro de tales instalaciones. Probablemente, los mandos militares tenían alguna información de que en él podría ocultarse Sadam Husein o su familia. Por tanto, nada de daños colaterales, sino directamente crímenes de guerra.

Otro tanto ocurrió con el ataque a la televisión serbia en Belgrado en 1999. La OTAN atacó el edificio alegando que sus emisiones incitaban al odio y a la limpieza étnica. Murieron los técnicos que de madrugada mantenían la emisión. Sus familiares siempre han sostenido que el Milosevic conocía el ataque, pero que no ordenó la evacuación del edificio para ganar una baza propagandística.

Ambos casos me han venido a la memoria ante el bombardeo el complejo de Bab al-Aziziya. Para la coalición se atacaba un centro de mando y control. Para el portavoz de Gadafi, un edificio administrativo rodeado de civiles.

Una vez más, la guerra de propaganda a costa de la vida de civiles.

(PS. Con su estilo vitriólico Robert Fisk se añade al coro de voces críticas con su crónica Los peligros de la «intervención humanitaria» en Libia. Las crónicas de Fisk para The Independent pueden seguirse en español en La Jornada)