Granadilla y Arginegin: dos formas de tratar las consecuencias de la globalización


Ángel Medina. Efe

Primero decir que el abordaje -nunca mejor dicho- de la llegada del crucero Hondius, con posibles contagiados por el Antavirus ha sido un ejemplo de cómo tratar un problema sanitario, consecuencia de la globalización. La colaboración internacional, 23 países han colaborado bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el organismo de la ONU competente en salud pública. Un ejemplo de cómo Naciones Unidas a pesar de sus fallos en prevención y resolución de los conflictos -secuestrada por las grandes potencias y especialmente los miembros permanentes del Consejo de Seguridad- la organización y su red de agencias sigue siendo imprescindible para un mundo civilizado. Por eso los que solo creen en la fuerza tienen a NU en su disparadero.

En cuanto a España creo que se han tomado decisiones prudentes y eficaces, sin que hayan faltado dirigentes, como Clavijo (aparentemente siempre moderado) que se hayan apuntado a la demagogia y la mentira, supongo que. pensando que eso le reportará votos. El gobierno ha actuado con diligencia y ha ofrecido información puntual, pero los que siempre se quejan de falta de información; han considerado que esa información era una cortina de humo para tapar los problemas del gobierno.

Los medios, sobre todo las televisiones, con grandes despliegues y continuos directos que nada aportan, se han apuntado en muchos casos al alarmismo. Casi inmediatamente después de su llegada los pasajeros han abandonado el barco con todas las garantías sanitarias. Las últimas noticias habla de dos contagiados, un francés y estadounidense, ¿Qué habría pasado si el desembarco se hubiera realizado en Cabo Verde, un país africano, sin las capacidades sanitarias de España?

Si de Granadilla en Tenerife saltamos a Arguineguín en Gran Canaria encontramos un ejemplo de tratamiento inhumano de otra de las consecuencias de la globalización, la inmigración. Este puerto canario, se convirtió, junto a los de Lesbos y Lampedusa a principio de la década de los 20 en cárceles migratorias infamantes. Por mucho que el ministro Marlaska dijera que los llegados en patera no pasaban más de 72 horas, lo cierto es que algunos pasaban hasta 24 días en el muelle en pésimas condiciones.

No es lo mismo llegar en un crucero de lujo que una patera, por mucho que los inmigrantes nos aportaran no solo económicamente y renovarán demográficamente y culturalmente nuestras sociedades y los cruceristas se marcharán sin compensar a nuestros servicios de salud y protección civil.