La India poliédrica de Raghu Rai


Casa Asia ha traído a España una exposición del fotógrafo indio Raghu Rai, compuesta de dos colecciones, una en color, que por el momento sólo se puede ver en Barcelona, y otra de 35 fotos en blanco y negro, que es la que puede contemplares en Madrid hasta el 27 de abril.

Muelles de Calcuta - Raghu Rai

Esas 35 obras son una ventana a una India poliédrica…

Una India en continuo movimiento y contemplación a la vez… La multitud en movimiento y en medio unos hombres leyendo el periódico en Churchgate Station (Bombay)… Una India de trenes parados, como ese camino de Djaerling…

Una India de festivales religiosos, llenos de vida y erotismo… Una India de santones que han renunciado hasta su propia materialidad…

Una India de los monzones, en la que la tierra se vuelve líquido…

Un India de pobres, que duermen en la calles, y de ricos, retratados en sus coloridas bodas…

Una India de modernidad construida por la fuerza manual de trabajadores que siguen utilizando técnicas de la época de los faraones para edificar rascacielos…

Una India de mujeres que trabajan y consuelan…

Una India de mujeres fuertes y determinadas… Indira Gandhi y Teresa de Calcuta…

Entierro de un niño v�ctima de la catástrofe de Bhopal - Raghu Rai La trayectoria de Raghu Rai es la de un fotoperiodista y alguna muestra del género encontramos en la exposición, como esta terrible de un niño, víctima de la intoxicación masiva de Bhopal. Pero el conjunto de lo que podemos ver en Madrid es más la instantánea de la vida cotidiana que del acontecimiento noticioso. El grano de las impresiones en InkJet da toda su materialidad a esa India poliédrica.

Esperemos que podamos ver en Madrid la colección en color, que ahora se expone en Barcelona. Por el momento, recomiendo la exposición de Madrid.

Don McCullin: el diálogo de las miradas


Shell Shocked Soldier, Hue, 1968

Don McCullin: una trayectoria heroica…

Don McCullin: mensajero del horror

Dos formas de presentar a este veterano fotoperiodista británico; la primera es el el título de la exposición que puede verse en la sala de exposiciones de la Comunidad de Madrid; la segunda, el título del reportaje del diario El País, dedicado a la exposición, con declaraciones de McCullin,

Las dos, expresiones atinadas de lo que significa la obra de este fotoperiodista… Pero, vista la exposición, son las miradas el centro de su obra. Miradas que impactan; miradas llenas de dignidad, como las de las víctimas de la hambruna de Biafra (la primera hambruna mediática) o las de las víctimas del Sida en África; miradas de desesperanza y determinación como las de los campesinos vietnamitas; miradas de desgarro y desconsuelo de madres y esposas que acaban de perder a sus seres queridos, en Chatila, en Chipre; miradas de pánico, como la de esa mujer que asiste en el quicio de la puerta de su casa del Bogside de Londonderry a la carga de las paracaidistas británicos; miradas de resignado asombro de los berlineses que ven erigirse un muro en medio de su vida cotidiana; miradas de desarraigo en los barrios industriales dela Gran Bretaña de los 70; miradas inmisericordes, como las de los congoleños que van a asesinar a sus enemigos; miradas, en fin, de terror y pérdida de control como la de este marine bajo las granadas del vietcong durante la ofensiva del Tet (instantánea que ha servido para presentar la exposición)…

La mirada del fotógrafo entabla un diálogo (mediado por el objetivo, el ojo de la cámara) con la mirada de víctimas y verdugos. Y gracias a su trabajo, nosotros, pasados medio siglo o sólo unos meses, podemos ahora dialogar con estos seres humanos que han vivido algunos de los innumerables episodios de horror del siglo XX,

La colección es tan dura, que un cartel avisa de que algunas imágenes pueden dañar la sensibilidad…¡Claro! Para eso se han tomado, para sacarnos de nuestro confort y seguridad y presentarno a unos semejantes masacrados por otros en el marco de guerras y conflictos de todo tipo. No es otra cosa la que hizo Goya con su serie de los Horrores. Como Goya, Mccullin denuncia; pero, lo dice expresamente en un vídeo que recomiendo (proyectado en el último piso del antiguo depósito de agua convertido en sala de exposiciones), sin buscar que esa representación de la realidad se convierta en obra de arte. Y aquí cabría volver a Susan Sontag y su «Ante el dolor de los demás», magnífica reflexión sobre la representación visual del mal y el dolor.

McCullin fue herido en Camboya. Es evacuado en un camión, lleno de agonizantes; la pierna de uno de ellos le golpea en los estertores de la muerte… el fotográfo dispara y capta ese último dolor en el rostro del soldado. Y Mccullin se pregunta: «¿Cómo se puede fotografiar el dolor de los demás si uno no sabe lo que es?

La tensión interior después de medio siglo de guerras aflora en su visión del mundo y se manifiesta en la fotografía de paisajes de Inglaterra y Escocia: tierra, agua, mar y cielo forman una unidad orgánica que se manifiesta en duros contrastes y contraluces, siempre en un blanco y negro sin concesiones, positivado por el propio autor. Vale la pena recoger esta reflexión del autor:

«Me gusta fotografiar el paisaje inglés en invierno, porque está desnudo y es frío y solitario, y, sí me siento feliz… No existe la política. No hay nadie que me diga: sal de mi territorio. No hay nadie que me apunte con su arma. Es casi como si estuviera bebiendo el mismísimo néctar de la libertad. Yo no quería ser fotorreportero de guerra; quería ser fotografo de paisajes y paz, lo cual me parece mucho más difícil de fotografiar que la guerra. No se necesita tener mucho ojo a alguien muriéndose delante de tu cámara»

Una exposición muy recomendable (aunque no se entregue ni un simple folleto informativo) y las fotos carezcan de información técnica. Pero hay que darse prisa, porque termina el domingo 27. (Perdón por visitarla y recomendarla tan tarde).

(Búsqueda en Google de imágenes de McCullin, donde se podrán ver muchas de las miradas de las que hablo, sin entrar en el resbaladizo terreno de los derechos de autor)

Tres fotoperiodistas españoles


Tenemos estos días en Madrid el privilegio de poder visitar tres exposiciones que muestran el trabajo de tres fotoperiodistas: Marín, Centelles y Gervasio Sánchez… Tres personalidades y tres momentos históricos y profesionales muy distintos, pero los tres magníficos ejemplos de cómo una cámara da testimonio del mundo que nos toca vivir.

Luis Ramón Marín (1908-1940) firmaba sus trabajos simplemente como Marín. Una selección de 400 fotografías pueden verse en la Fundación Telefónica. Marín fue uno de los grandes periodistas gráficos del reinado de Alfonso XIII, un periodo de luces y sombras, pero que supuso una modernización social y económica desarrollada en el marco de unas instituciones tradicionales y anquilosadas. En su obra encontramos el acontecimiento periodístico (impresionante el cadáver del asesino de Dato, fotografiado de pie en el depósito), la vida en la calle, el arte, los teatros, las nuevas infraestructuras (Marín trabajó mucho para Telefónica), pero también el retrato y la crónica social de las clases dominantes. El contraste es tremendo: una España dinámica enfrentada a la rancia España de la restauración. Diría que Marín es más fotógrafo que periodista. Sus encuadres son magníficos y los retrato llenos de sensibilidad. Un retrato de Raquel Meller es puro Veermer. Marín es de la generación de la cámara de cajón y un solo disparo (en un acto público, creo que el entierro de Pablo Iglesias, se ve a un grupo de fotógrafos en una plataforma cargados con sus pesadas cámaras). Su trabajo es fundamentalmente estático, el personaje posa o la cámara recoge estáticamente el gran desfile, la gran manifestación. Sin embargo, también es capaz de congelar instantes memorables. Me gusta especialmente una instantánea de la playa de San Sebastián. En unas hamacas conversan el doctor Marañón y el conde de Romanones, ambos perfectamente trajeados sobre la arena. Marañón escucha con deferencia la confidencia (quizá de tono subido, quizá política) del viejo aristócrata cojo (el defecto se aprecia perfectamente) que lo fue todo en la monarquía y ve con temor y escepticismo la nueva república. Marín vive el cerco de Madrid, pero sus testimonios de la guerra quedan muy por detrás de la generación de jóvenes reporteros. Marín morirá en 1940.

Agustí Centelles (1909-1985) es uno de los grandes fotoperiodistas de la Guerra Civil. La exposición, mostrada primero en Barcelona, en el palacio de la Virreina, y ahora en Madrid, en el Centro Conde Duque, es más que una sucesión de fotos, pues intenta no sólo reconstruir la trayectoria vital del fotógrafo, sino también indagar en su forma de entender la fotografía y el periodismo. Centelles se inicia en el oficio en la Barcelona de la República. Sus fotos casi de principiante muestran la república alegre y confiada, populachera, ignorante del cataclismo que se avecinaba. Su obra más significativa es la de la guerra, sobre todo la de los días siguientes a la sublevación militar, con fotos memorables, de la Barcelona revolucionaria, de la experiencia anarquista en Aragón… Menos conocida, pero de un dramatismo excepcional es su serie sobre el bombardeo de Lérida por la aviación franquista.

Centelles tiene que pasar la frontera en aquel enero de 1939 y es internado en un campo de concentración en Francia. Allí construye un laboratorio en condiciones precarias y da testimonio del tratamiento inhumano recibido por los exilados españoles. De regreso a la España franquista tiene que renunciar al periodismo y se dedica a la fotografía industrial. Centelles es ya un fotógrafo dinámico, un profesional de la Leica y, por tanto, del disparo múltiple, del acercamiento, de la instantánea sin pose. En el Banco de Imágenes Vegap podemos repasar (y comprar) su obra.

Combates en la calle Diputación

La exposición nos depara alguna sorpresa. Podemos ver aquí un clásico «Combates en la calle diputación. El encuadre es perfecto y cargado de dramatismo. Pero en la exposición podemos ver el encuadre original, más abierto, en el que se aprecia a un civil con una pistola en la mano. Un encuadre menos expresivo, pero más informativo (¿quién era ese paisano entre los guardias de asalto -un policía de la secreta, un provocador?).

Gervasio Sánchez es un fotoperiodista zaragozano que desde hace 20 años ha recorrido la mayor parte de los conflictos internacionales. Gervasio es un freelance y una gran persona. Ahora expone en el Instituto Cervantes de Madrid su trabajo de 10 años sobre los efectos de las minas bajo el título Vidas Minadas. En cada guerra, en cada conflicto, Gervasio toma partido por las víctimas y foto a foto recoge el sufrimiento de estas víctimas olvidadas, los que sufren los efectos de las minas, prohibidas internacionalmente, pero que siguen matando décadas después del fin de la guerra. Sánchez es más periodista que fotógrafo, o al menos es de esos fotógrafos sin veleidades artísticas, pero que hacen verdadero arte dando testimonio de la realidad. El oficio deshumaniza, pero Gervasio -y no es el único en la profesión- sabe comprometerse con las personas cuando cierra el objetivo, un compromiso que ahora le lleva a la denuncia con esta exposición.

En definitiva, tres exposiciones sobre el binomio periodismo-fotografía que no hay que perderse.