El empobrecimiento de la radio española


Un informe realizado por el Instituto Oficial de Radio y Televisión para el Consejo Audiovisual de Andalucía y dirigido por Juan Cuesta (ver declaraciones en El País) verifica empíricamente lo que cualquier oyente puede constatar: la radio generalista española está dominada por la opinión. Tertulias y entrevistas dominan los magazines, los grandes contenedores que estructuran la programación, y tienen espacios muy significativos en los informativos propiamente dichos. El estudio muestra la pobreza de contenidos de los programas informativos propiamente dichos, convertidos en una sucesión de titulares, simples perchas de las que se cuelga la opinión.

Que la radio sirva de vehículo de opinión cumple con la función pública del medio. Pero que esa opinión redunde en una baja calidad informativa, sea profesionalizada (los tertualianos que de todo saben) y sectaria es una verdadera perversión.

La radio gloriosa de los 40 y los 50 desarrolló un lenguaje y narrativa con géneros propios. Junto con el cine, era la gran fábrica de sueños. La llegada de la televisión acomplejó a la radio que, abandonando el territorios de la ficción, se refugió en la música y la palabra. En España, en los 60 la radio quedó prácticamente reducida a la música. En los 70 la palabra ganó espacios democráticos y sirvió como no lo hizo la televisión a la democratización del país. A partir de los 80, la radio española responde a dos modelos. La radio fórmula, vehículo de las compañías discográficas. Y la radio generalista, que poco a poco transforma su programación en una sucesión de contenedores confiados a estrellas cada vez mejor pagadas. Son éstos programas en directo basados en la palabra, que abren sus micrófonos a una participación controlada de la audiencia. Sus contenidos mezclan la información y el entretenimiento, o mejor, convierten en divertimento los asuntos públicos. Cuando no existía ninguna forma de comunicación participativa dieron salida a la necesidad de expresión de los oyentes. Pero en la última década han sido una de las causas de la polarización sectaria de la sociedad española.

Secuestrada por las estrellas, los intereses empresariales y políticos, la radio española es un medio no explota sus posibilidades expresivas ni cumple cabalmente con su función pública de favorecer el debate democrático en el espacio público.

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