En el filo de la verdad


La Federación Internacional de Periodistas (FIJ) ha lanzado la Iniciativa Ética para el Periodismo, una campaña mundial para fortalecer la libertad de prensa, reforzar el periodismo de calidad y consolidar la independencia editorial (pdf). Como parte de esa campaña y para promover el debate sobre los dilemas éticos que conlleva el ejercicio del periodismo, Aidan White, el Secretario General de la FIJ, ha publicado el libro To tell you the truth, que me hace llegar su adjunto Paco Audije.

La obra debiera de ser de obligada lectura en las facultades y escuelas de Periodismo. Lamentablemente, sólo está publicada en inglés y en papel. Su virtud es que, además de plantear los argumentos pertinentes a las obligaciones éticas y los derechos de los periodistas, recoge un elenco de casos en los que esos prinicipios se han visto confrontados con difíciles situaciones de la vida real.

Decir la verdad es la esencia última de todos los deberes de los periodistas. La cuestión es cómo y hasta dónde decir la verdad. La obra está llena de ejemplos que muestran cómo ningún valor es absoluto y todos deben ser sopesados por un correcto juicio profesional.

Por decir la verdad con urgencia se puede mentir. Unas veces esa urgencia viene impuesta por la presión de la empresas; otras por la ambición profesional.

Otras veces, callar la verdad o retrasar su difusión puede salvar vidas. Se recogen casos de periodistas que antepusieron sus obligaciones como seres humanos (auxiliando a un herido, como el equipo de TVE capitaneado por José Antonio Guardiola en Kosovo) a sus urgencias como periodistas.

No revelar las fuentes es un principio sagrado, pero algunos prefirieron descubrírselas al Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia para que los crímenes contra la humanidad fueran castigados.

Callar la presencia del princípe Harry en Afganistán, un pacto entre todos los medios británicos, puede ser entendido como un ejercicio de autocontrol para no poner en peligro la vida de los militares, pero también como una forma de cooperar en una operación de propaganda gubernamental.

El periodista está sujeto por códigos éticos, por su necesidad profesional de mantener su credibilidad y, en último término, por su responsabilidad personal. Los periodistas no profesionales, ciudadanos o bloggers, pueden actuar responsablemente de forma personal, pero no están sujetos a un sistema colectivo de responsabilidad. Pero los periodistas profesionales no pueden ignorar esas voces no profesionales y deben someterse a su escrutinio.

Para decir la verdad es necesario que constituciones y leyes garantizen, desarrollen y protejan el derecho a la libertad de expresión e información. Y es necesario puestos de trabajo estables, razonablemente retribuidos, en redacciones abiertas al debate. La obsesión por la seguridad ha deteriorado la protección jurídica. Y la crisis de los medios analógicos y, ahora, la recesión general dinamitan unas condiciones de trabajo dignas.

Con todo, decir la verdad significará moverse por el borde de la navaja.

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