El amanecer de la nueva era de la televisión


“Cuanto más jóvenes, menos televisión ven” es un titular que podemos encontrar estos días repetido en blogs y páginas que siguen las tendencias audiovisuales. Su fuente inmediata está en una información publicada por Hollywood Reporter y distribuida por Reuters, pero su fuente última la encontramos en un estudio de opinión que vale la pena comentar.

La consultora Deloitte lanzó el año pasado en Estados Unidos un estudio bajo el título de State of the Media Democracy, dirigido a conocer las nuevas tendencias de consumo mediático por estratos de población. Un título a mi entender pretencioso, porque reduce la democracia mediática a la producción de contenidos no profesionales. Ahora se publica la segunda oleada de esta encuesta (pdf), que parece confirmar la creciente convergencia entre la televisión y los contenidos digitales.

El estudio muestra que son los más mayores los más predispuestos a los medios escritos y al consumo de la televisión tradicional. Las edades intermedias consumen televisión, pero, sobre todo, productos audiovisuales personalizados (DVDs, grabadores digitales personales) y son los más jóvenes los que menos televisión ven, pero son los que más tiempo invierten en los medios, con preferencia por los digitales. Pero aún esta franja entre 15 y 24 años consume 10,5 horas de televisión a la semana.

Algunos datos muestran que la programación de la televisión puede estar perdiendo la partida, porque ya un 69% considera más “divertido” el ordenador que el televisor, aunque luego a un 58% le gustaría poder visionar los contenidos digitales de su ordenador en el televisor doméstico. Y además, a los tiempos que se dedican a ver la televisión tradicional, habría que sumar los dedicados a la televisión en la red: un tercio ve programas on line (15 de puntos de incremento con respecto a la primera edición del estudio).

Otra tendencia muy clara es la de utilizar el teléfono móvil como un dispositivo de entretenimiento. Un 36% ya le dan este uso (con un incremento en un año de 12 puntos). También los videojuegos (en sus distintas plataformas) están extendidas entre todas las capas de población: nada menos que un 60% juegan habitualmente, con resultados más altos entre los más jóvenes.

En lo que el estudio llama “democracia mediática”, esto es, los contenidos no profesionales, los crecimientos son también claros. Un 45% crea su propio “entretenimiento”, editando sus fotos y vídeos. Un 45% ponen contenidos a disposición de otros y un 69% acceden a contenidos no profesionales.

La conclusión más interesante a mi juicio es que el público elige el contenido y lo busca en la plataforma que le resulta más conveniente o más familiar. Esto es, finalmente, lo importante es la creatividad y no el vehículo de difusión.

El estudio no se pregunta la relación entre contenidos profesionales y no profesionales -¿en qué medida los no profesionales son eco de los profesionale?. Tampoco se incluyen preguntas específicas sobre las formas de adquirir información de actualidad, de manera que el estudio no nos marca ninguna tendencia sobre la relación entre plataformas e información periodística. Y hay que recordar que lo que es válido en Estados Unidos no tiene porque serlo en otras partes. Me parece más generalizables los comportamientos de los jóvenes que los de los adultos. Por ejemplo, en España los videojuegos son casib una rareza entre los mayores de 35 años.

¿Estamos ante una nueva era de la televisión como se titula uno de los capítulos del estudio?

Fatiga informativa


Los jóvenes “digitales” sienten un cierto vértigo o fatiga informativa y demandan una información más en profundidad. Esta es la conclusión principal de un estudio promovido por Associated Press (AP) y presentado en la reunión anual de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN). (Puede verse el resumen informativo de AP en el International Herald Tribune y descargar el informe en pdf)

AP puso en marcha el estudio partiendo de la constatación de que los hábitos de consumo informativo de los jóvenes estaban cambiando. Pero en lugar de lanzar una encuesta cuantitativa puso en marcha un estudio antropológico con 18 jóvenes entre 18 y 34 años, todos ellos “digitales” (conectados gran parte del día), de Estados Unidos, Reino Unido e India. Este tipo de estudios indican tendencias profundas, pero no tienen la representatividad de las encuestas masivas y, por tanto, las conclusiones debieran de ser verificadas más ampliamente.

El consumo de noticias de estos jóvenes tiene mucho de episódico. Es un proceso en el que las alertas informativas, actualizaciones y noticias factuales se suceden de forma compulsiva. En este proceso, los sujetos echan de menos informaciones que contextualicen y esclarezcan lo que acontecen.

 

En el siguiente esquema se visualiza este proceso. En la parte superior, lo que reciben. En la inferior, lo que desean.

 

  • Algunos hechos explican la angustia informativa de estos jóvenes:
  • Las noticias están conectadas con el correo electrónico. Tantas veces como se consulta el correo, se consultan las noticias.
  • Esa consulta constante entra en la espiral del aburrimiento: estamos aburridos y consultamos las noticias, que no hacen más que aburrirnos.
  • La información se convierte en un producto más de consumo rápido.
  • Estos consumidores sienten la necesidad de una información más profunda, pero no la encuentran
  • El consumo de información se comparte con el desarrollo de otras tareas en línea.
  • Las constantes promociones informativas de la televisión aumentan la fatiga. Las noticias televisivas tratadas como entretenimiento (infotainment) relajan la tensión
  • Estos jóvenes son adictos a las noticias deportivas, de espectáculos y del corazón.

En este contexto, los responsables de AP proponen un nuevo esquema de difusión en tres pasos. Uno, alarma informativa en la red. Dos, información breve y de tensión informativa, disponible en la red y en televisión. Tres, informe en profundidad, a distribuir en múltiples plataformas. No me parece una propuesta demasiado novedosa, pero viene a reafirmar la convergencia de las plataformas de difusión.

Las tendencias que aparecen en el informe son bastante congruentes con la encuesta que he pasado a mis alumnos y que próximamente, cuando los afectados debatan sus conclusiones, difundiré en este blog.

 

 

 

La fortaleza de la televisión convencional


La segunda oleada del informe Televidentes 2.0 (pdf) sobre los hábitos de consumo audiovisual en las distintas plataformas muestra muy malos resultados para la llamada televisión móvil. La mayoría de los usuarios consideran incómodo el dispositivo y no están dispuestos a pagar por su uso. Si algún contenido se aprecia sobre otros es la información. Mi opinión personal es que la televisión móvil no va a desarrollarse sobre la red 3-G, sino, como ya comenté, bajo la norma DBV-H. Para su desarrollo es necesaria la implicación de los proveedores audiovisuales (cadenas y productoras). Son necesarios productos específicos para el móvil (por ejemplo, boletines informativos, mini series) y adaptaciones de algunos productos de la televisión convencional. Los usuarios no están dispuestos a pagar, y menos los altos precios de la red 3G. Un modelo podría ser la difusión gratuitas por parte de las cadenas de productos básicos (boletines informativos, promociones) y otros productos de pago (por ejemplo, avances de series , resúmenes de goles).

Se consolida, en cambio, el consumo audiovisual mediante internet, fundamentalmente a través de las descargas de vídeos. Pero es llamativo que los vídeos descargados no traspasen plataformas: la mayor parte se consume en el ordenador, incluso en el propio ordenador en el que se ha descargado, aunque se afianza la tendencia a compartir estos contenidos entre amigos. El consumidor aparece más dispuesto a pagar en la plataforma internet, siempre que los precios sean razonables. Si tomamos como ejemplo el cine de estreno, el consumidor está dispuesto a pagar algo menos de la mitad de lo que cuesta una entrada a una sala. YouTube domina entre los portales de vídeo; los jóvenes cada vez cuelgan y descargan más vídeos.

El informe subraya que “la televisión convencional sigue siendo la principal fuente de la que se alimenta el consumo de contenidos audiovisuales en Internet”. Uno de sus autores, Víctor Romero, concluye “sería un tremendo error olvidar el protagonismo y las fortalezas de la televisión convencional”.

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