
Llevo bastante tiempo queriendo dedicar una entrada a la exposición sobre un siglo de fotografía, con motivo de los 100 años de la cámara Leica, que se puede visitar en Madrid en el Centro Fernán Gómez, pero siempre hay asuntos más importantes.Pero esta época de vacaciones es un buen momento para visitarla; aquí los de la EXPOSICIÓN .
En primer lugar, agradecer la buena accesibilidad.Es una exposición que no puede perderse un aficionado a la fotografía porque encontrará una gran colección de las fotos icónicas de los grandes fotógrafos de los últimos 100 años.
No comento ninguna foto porque san tantas las que pueden considerarse obras maestras propiciadas por la revolución Leica en el fotoperiodismo, el documentalismo y hasta en la fotografía artística (aunque en este terreno se ha preferido en general formatos más grandes que el 24X36 mm. para lograr más definición).
A principio del siglo XX para obtener una imagen de calidad seguía siendo necesario utilizar cámaras grandes y pesadas con placas grandes. Los ingenieros de Leica, una pequeña empresa alemana de óptica de precisión (historia de la empresa Leica) ya avanzaron en 1914 una primera cámara de tamaño reducido (Liliput), pero no es hasta 1925, que no se construye el primer prototipo de Leica (serie 0).
Leica no solo construye cámaras que se pueden llevar en el bolsillo, que sirven para captar cualquier «instante decisivo». Lo más revolucionario de Leica es que establece un standard: el uso del rollo de película cinematográfica de 35 mm. que permite el paso sencillo de la película («el paso universal»), con un sistema sencillo de accionamiento de fotograma a fotograma, lo que permitía la toma de instantáneas sucesivas y el cambio sencillo de carrete.
El formato de toma y visualización es el horizontal de 24x 36 mm. (dominante hasta la aparición de la fotografía digital). El formato horizontal ha educado nuestra mirada en la visión panorámica de la realidad y que ahora tiene que combatir con el vertical de los móviles, preferido por los jóvenes, que nos da una visión recortada.
Leica con su paso universal y pequeño tamaño no solo es el modelo para las cámaras profesionales, también para las compactas de aficionado, pero evidentemente sin la misma calidad óptica
Otras características de las Leica es llevar incorporado un visor, con una visión muy ajustada de la imagen que se va a captar de una calidad imbatible hasta que en los 60 los japoneses introducen los objetivos reflex. Desde el comienzo emplea objetivos luminosos (número f bajo), que hacía innecesaria la iluminación externa .
Cuando nace Leica, todavía era frecuente el fogonazo de magnesio para iluminar la escena. Los objetivos incorporados (más adelante llegarán los intercambiables) son de poco peso y normalmente de una distancia focal de 50 mm: el ángulo que mejor reproduce la visión humana. El objetivo ideal para describir escenas y en retratos en plano medio. Pero no para detalles o primeros planos. De ahí la frase de Robert Capa:
«Si la foto no es suficientemente buena, es porque no estabas suficientemente cerca»
Dos interpretaciones. Al no estar suficientemente cerca tu objetivo no puede captar los detalles y si no te acercas emocionalmente no entenderás la realidad ante tus ojos.
En definitiva, la Leica se convirtió en una cámara profesional, manejable, ideal para captar imágenes de gran calidad sin preparación. A ella se debe el nacimiento del fotoperiodismo. Sin la Leica no tendríamos la imagen del miliciano muerto (1936) o del desembarco en Normandía ambas de Capa(1944) o el gol del seminarista (1961)del recién desaparecido Ramon Massats ; solo con citar esos pocos ejemplos se entiende el dominio de Leica de la fotografía del siglo XX.
La explosión digital
Pese a la sencilla forma de colocar los carretes y la simplicidad del paso de la película, el proceso de captación de las imágenes analógicas estaba limitado por la disposición de rollos de película, normalmente de 36 fotogramas. Y sobre todo por el proceso de revelado de negativos (o material reversible, como las diapositivas, de gran calidad y un coste menor) y positivación en papel. El proceso de revelado ajustaba la calidad y textura de la imagen y tenía algo de mágico: veías nacer ante tí la imagen y ajustabas sus características.
La disposición de material sensible y el proceso de revelado condicionaba el número de imágenes captadas en la fotografía analógica. En la digital, el material es infinito, no hay revelado; por tanto, el número de imágenes es infinito e inmediato. La calidad dependerá de la cámara y la pericia del fotógrafo.
El último paso, de cámaras profesionales de considerable tamaño y alto precio (Leica, como todos los fabricantes tiene modelos espectaculares) hemos pasado a las cámaras de alta calidad incorporadas a los teléfonos, que podemos llevar siempre en el bolsillo, dispositivos multifuncionales de alto precio. Si Leica democratizó la fotografía de calidad ahora la fotografía digital, especialmente a través de dispositivos móviles supone una explosión de imágenes. Las «fotos» pierden valor y las fotos de los profesionales deben competir con las realizadas con cualquier ciudadano del mundo. Lo que nos da una visión más completa y democrática de la realidad.
En analógico o digital lo importante es la mirada del sujeto.


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