La modernización isabelina documentada por Clifford


Clifford fotografió Cibeles cuando todavía era una fuente funcional, en la que se suministraban los aguadores.

Pocos gobiernos tan conservadores como el de Bravo Murillo (1851-52). Como todos los gobiernos conservadores, el de Bravo Murillo fue un gobierno de obras, en un momento, en que la España de Isabel II pugnaba por modernizarse, a través de losferrocarriles y las obras hidraúlicas. Se recurre para ello a empresas e ingenieros franceses.

Charles Clifford, uno de los pioneros de la fotografía desarrolla su trabajo en España en esa época. Fuera de Madrid fotografía los grades monumentos, pero en la capital -entonces, un poblachón manchego- documenta el proceso de modernización: el recién construido Congreso de los Diputados, la remodelación de la Puerta del Sol, la llegada del ferrocarril del Norte y la construción del Canal de Isabel II. Todo ello lo podemos ver en una exposición en la fundación Canal.

Usaba la técnica de colodión húmedo, que exigía extender una sustancia húmeda sobre una placa de cristal y hacer la foto antes de que esta emulsión se secara. Se realizaba con placas y cámaras de gran formato y el positivo se conseguía por contacto. Los largos tiempos de exposición imponían la inmovilidad de los modelos y objetos fotografiados. En exteriores, Clifford usa grandes panorámicas e impone a la multitud que va aparecer el posado sin movimiento. Hoy la ventaja de aquel formato es que se pueden hacer grandes ampliaciones, sin perder calidad.

La construcción del Puente de los Fraceses

Para que el ferrocarril del Norte llegue a la estación del Príncipe Pío hay que salvar el Manzanares con un puente, cuya construcción dirigen ingenieros franceses. Ni rastro de trabajadores, pero los franceses posan satisfechos con sus altos sombreros de copa.

La construción del canal de Isabel II trae el agua del río Lozoya a Madrid. Los madrileños tenemos que estarle agradecido a Bravo Murillo, porque sin esta obra la ciudad no sería lo que es. Clifford fue contratado para documentar el proceso constructivo. Sus fotos nos muestran una obra titánica, en la que personas y bestias partipan en condiciones que no debían ser mucho mejores que en la época de los romanos. La siguiente foto del Pontón de la Oliva, la primera presa del canal, así lo muestra.

Acueducto de la Retuerta (Pontón de la Oliva)

La serie de fotos de canal se muestra en un antiguo depósito de agua del s. XX, pero construido con bóvedas de ladrillo, como los acueductos fotografiados por Clifford.

Como final, dejo el vídeo introductorio del comisario de la exposición

Santos Yubero: el tiempo congelado


Visitar la exposición «El Madrid de Santos Yubero» es entrar en un tiempo congelado. Cualquier instantánea detiene el teiempo, pero en esta sucesión  que va de 1925 a 1975 somos testigos de cómo el tiempo primero se acelera durante apenas una década, para congelarse luego durante otras cuatro. Hasta la misma forma de la sala, con su bóveda de cañón, nos da la sensación de internarnos en el túnel del tiempo.

Santos Yubero ejerció de fotógrafo de prensa durante medio siglo. Era un reportero de oficio, sin pretensiones artísticas, pendiente de las convocatorias oficiales, pero sin desdeñar cualquier escena costumbrista. Al frente del departamento de fotografía del diario YA dirigió a un grupo de fotógrafos, firmando todos los trabajos, los suyos y los del resto del equipo. Casi todos sus trabajo reflejan actos oficiales o acontecimientos previamente previstos. Quizá la excepción, la verdadera fotonoticia la que encontramos en la foto del cadáver de Calvo Sotelo cubierto con un abrigo.

El Madrid de los 30 es una ciudad alegre y cada vez más polarizada políticamente. El objetivo captura las fiestas populares y las grandes concentraciones políticas. El fotógrafo todavía no usa la pequeña Leica, sino los aparatos con clichés de cristal. En las ampliaciones hoy mostradas podemos reconocer los rostros de la multitud, mayoritariamente hombres. Primero, la euforia del cambio político, luego, la ira y la sed de venganza en entierros multitudinarios.

Llega la guerra. Santos Yubero la pasa en Madrid y sigue siendo un fotógrafo oficial. Visita el frente de Guadarrama y fotografía a una columna de Guardias de Asalto, con una puesta en escena propia del romanticismo de la vieja caballería. Acompaña al general Riquelme al frente de Extremadura y los campesinos componen para las cámara la hoz y el martillo. Apenas imágenes de combates y bombardeos (al menos en la exposición). Santo Yubero sobrevive.

Abril de 1939. Los niños escalan la montaña de tierra para desenterrar a la «señá Cibeles». Sus padres les han dicho que ahora hay que levantar el brazo no ya con el puño cerrado, sino con la mano abierta. Empieza un tiempo nuevo y allí está Santos Yubero con su acreditación oficial para cubrir el Desfile de la Victoria. Durante 36 años la firma de Santos Yubero aparecerá en las fotos de desfiles y los actos de un Franco omnipresente. Y por supuesto, los toros, Manolete, Celia Gámez, los campos de fútbol o escenas costumbristas de tranvías abarrotados o barrenderos retirando la nieve. El tiempo se detiene.

Pero ¿que tendrá la fotografía y sobre todo la fotografía de prensa que es capaz de penetrar en la realidad más allá de las apariencias? El Madrid alegre de la República es también el Madrid de esta joven madre que pide limosna a la puerta de una iglesia con la mirada ausente,  mientras su hija toca un precario pianillo. Y el Madrid triunfalista de Franco es el de esta anciana que aprieta las últimas cartas de su hijo caído en Rusia. Sobre sus ropones negros luce la Cruz de Hierro alemana. Los rostros de las dos madres son el mejor retrato de una España áspera y cainita, que hiela el corazón de sus hijos.

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