La verdad, la mejor arma contra el neofascismo


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Vox se ha convertido en un agente institucional que no puede ser ignorado por los medios

El auge espectacular de Vox en las elecciones de ayer en España requiere análisis profundo. Pueden aventurarse algunos factores que parecen obvios, como la polarización de la campaña en torno a Cataluña y en menor medida la exhumación de Franco, la falta de respuesta a Abascal en el debate de los líderes y el hundimiento de Ciudadanos. Mi hipótesis es que, además, ha sido decisiva su presencia institucional en los medios.

Vox obtuvo  por primera vez representación institucional relevante en las elecciones andaluzas de octubre de 2018, con casi un 11% de los votos. Hasta ahí, sus armas propagandística básica eran las redes sociales y la propagación de bulos, muy adecuadas para un partido antisistema. Desde entonces, y sobre todo, con su entrada en el Congreso de los Diputados con 24 escaños (2.688.092, 10,26%) y grupo parlamentario propio Vox se normalizó, se convirtió en un agente institucional, que los medios no podían obviar. Y desde ahí, como hacen todos los partidos neofascistas, han conseguido marcar la agenda informativa y condicionar la conversación pública.

Los medios no pueden ignorar a un partido que representa en torno a un 10% de los españoles. Dar voz a Abascal y a los suyos no es blanquearlos.  Blanquearlos es no contestar a sus mentiras. No recuerdo una campaña en la que menos se hayan analizado nuestros problemas reales y las respuestas de los partidos. Todo ha sido un circulo vicioso sobre Cataluña y las responsabilidades del bloqueo.

Los medios son responsables del alza de Vox por renunciar a su labor de clarificación y contextualización. Y por magnificar (sobre todo las televisiones) los disturbios nocturnos de Cataluña, sin que yo quiera negar la gravedad de la crisis social, política y constitucional de Cataluña. Por supuesto, los medios con una línea editorial a la derecha han estado oscilando entre el apoyo al PP y Vox, con una clara apuesta de la caverna mediática por Abascal, el líder fuerte que siempre habían añorado.

Vox ha vertido en el molde neofascista las pulsiones nacionalistas y de extremaderecha que el PP había remansado durante décadas.

Vox, como otros partidos neofascistas, alienta el odio al otro, el inmigrante y el “separatista”, apuesta por soluciones radicales inviables y divisivas, se aglutina en torno a un macho alfa y desata una guerra ideológica en nombre de los valores conservadores.

Como todos los fascismos 3.0 explota la inseguridad. Hasta ahora sus propuestas económicas eran ultraliberales, pero últimamente empieza a conectar con el proteccionismo propio de estos movimientos: autonomías o pensiones, cuestionamiento de la Unión Europea, proteccionismo comercial, pero, por supuesto, bajando los impuestos a los más ricos.

Vox, como sus correligionarios, dice defender el Estado de Derecho, pero está dispuesto a vaciarle de contenido y convertirle en lo que ahora se llama democracias iliberales con propuestas como la ilegalización de los partidos independentistas, detenciones gubernamentales, estados de excepción. Rompe, además, consensos constitucionales, el Estado de las Autonomías, la lucha contra la violencia de género. Vox es un partido anticonstitucional.

Durante los últimos meses plataformas de verificación han luchado contra los bulos y la desinformación. La tarea era ingente y es difícil evaluar en que medida hayan podido  impedir la proliferación del virus de la desinformación. Los medios tienen que seguir con esta tarea de verificación, pero no es suficiente.

Periódicos, radios y televisiones comprometidos con los valores constitucionales deben dar a Vox la cobertura que le corresponda, según su representación y sus acciones. Pero deben luchar por limpiar la agenda, no dejándose llevar por falsas polémicas, diseñando desarrollos informativos en profundidad y a largo plazo sobre las grandes cuestiones: globalización, inmigración, emergencia climática, valores constitucionales, la búsqueda de soluciones de consenso para la crisis territorial, el valor de la Unión Europea, violencia de género, nuevas identidades personales y familiares, desigualdad económica, desarrollo sostenible, digitalización…

No se trata de dar respuesta a cada barbaridad o provocación, sino reconstruir la esfera pública sobre la base de la verdad y el debate no sectario. Por supuesto, los medios privados pueden adoptar posiciones editoriales explícitas, los públicos no.

La verdad es la mejor respuesta al neofascismo.

El neofascismo de Bolsonaro arrasa en Brasil


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Jair Bolsonaro ha reunido tras de si a 18 millones de brasileños y se ha quedado a cuatro puntos de la mayoría absoluta para ganar la presidencia en la primera vuelta. Su triunfo en la segunda es casi seguro, pues, como apunta un analista brasileño que acabo de escuchar en RNE, ha logrado unir el voto antisistema con el voto anti PT.

El triunfo de este personaje atrabiliario, racista, misógino, homófobo, ignorante, defensor de la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y la dictadura militar, tiene unas causas, en primer término, propias de Brasil: la corrupción de todos los partidos, la crisis vinculada a la caída de los precios de las materias primas, la movilización de las clases medias y alta contra la redistribución de los gobiernos del PT, la inseguridad y, destacadamente, el peso de los evangélicos y su visión conservadora de la familia.

Neofascismo vs. fascismo

El neofascismo (por favor, no le llamemos populismo) es un fenómeno global con una señas de identidad comunes, por mucho que en cada lugar adapten formas distintas.

El neofascismo, como el fascismo histórico, explota la inseguridad. Inseguridad económica: los perdedores de la globalización, el precariado de los países ricos después de décadas de políticas neoliberales. Inseguridad identitaria: sociedades multiculturales, cambio de roles de género. Inseguridad política: inestabilidad de los sistemas parlamentarios, pero esta es una característica no general.

El neofascismo, como el fascismo histórico, necesita un enemigo: el otro. El emigrante. El distinto en sus opciones sexuales. Las potencias extranjeras. Es, como en los años 30, ultranacionalista.

El neofascismo, como el fascismo histórico, apuesta por soluciones radicales, aparentemente eficaces a corto plazo, letales a medio y largo plazo. Proteccionismo, guerras comerciales, pena de muerte, violación de los derechos humanos.

El neofascismo, como el fascismo histórico, se aglutina en torno a personajes autoritarios. “Machos alfa” es una expresión repetida que los cuadra perfectamente.

El neofascismo, como el fascismo histórico, desata una guerra ideológica, en nombre de la restauración de los valores conservadores. Pero ahora el enemigo es difuso, líquido. No existen, ni a un lado ni a otro, movimientos organizados dispuestos a chocar violentamente.

El neofascismo, como el fascismo histórico, es transversal. Aglutina no solo a los perdedores de las clases trabajadoras, también a los sectores religiosos conservadores y a las clases medias educadas y cosmopolitas contrarias a políticas de redistribución, a jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Y cuenta con el apoyo de la gran industra y los mercados financieros.

El neofascismo, a diferencia del fascismo histórico, no es totalitario. No pretende que el individuo se subsuma en el estado. Por el contrario, debilita el estado y le pone al servicio de grupos de intereses, conectados con el poder, al tiempo que favore el individualismo y mercantiliza toda la vida social, siguiendo la estela de las políticas neoliberales de las últimas décadas.

El neofascismo, a diferencia del fascismo histórico, mantiene una apariencia de estado de derecho. Llega al poder a través de las elecciones, no por golpes militares. Aparenta respetar la separación de poderes, pero controla de forma clientelista el judicial. No deroga las cartas de derechos fundamentales, pero introduce leyes de excepción que los restringen severamente. Denuncia las instancias interancionales de derechos humanos, como injerencias contra la soberanía. Mantiene un aparente pluralismo informativo, pero controla los medios públicos, y a través de testaferros o amigos políticos adquiere los medios privados. Las elecciones relativamente libres son el elemento más sustancial de estas democracias iliberales que dejan el estado de derecho convertido en una estructura vacía de sentido.

La historia, la estructura social y la solidez e independencia de las instituciones son decisivas para el desarrollo de este fenómeno global en cada lugar. Trump no puede actuar como Putin o Erdogan, porque está sometido a sistema de pesos y contrapesos. Salvini nunca tendrá el margen de maniobra de Orban, en un sistema parlamentario fragmentado como el italiano. Está por ver que Bolsonaro pueda seguir una política de crímenes de estado como la del filipino Duterte, en un Brasil como fuertes organizaciones sociales y jueces cada vez más celosos de su independencia. Pero si gana, esta nueva derecha brasileña llevará la guerra a las favelas y la muerte difícilmente quedará confinada en los barrios marginales, como ocurrió con la guerra al narco de Calderón en México.

Alguna lecciones comunicativas de la victoria de Bolsonaro

Bolsonaro, como antes Trump, era representado en un primer momento por los medios de referencia como un excéntrico, personaje políticamente irrelevante. Luego, como un peligro para la democracia, pero, finalmente, cuando obtiene el apoyo de grupos económicos y financieros se le presenta como el candidato de la derecha. En resumen, los medios de referencia normalizan el fascismo global.

Bolsonaro ha ganado las elecciones sin participar en un debate electoral en televisión. Esto no quiere decir que el poder de la televisión haya sido sustituido por la redes sociales. El candidato no ha estado en los debates, pero ha dominado la conversación pública tanto en las redes como en la televisión, sobre todo después de ser apuñalado. Ningún candidato ha tenido la cobertura televisiva de Bolsonaro.

No basta el activismo feminista para parar a estos personajes. Las mujeres brasileñas se organizaron en las redes y salieron a las calles por decenas, centenares, de miles, pero millones de brasileñas votaron por él. A lo que parece, su mensaje estrictamente de género no convenció a las mujeres que estaban dispuestas a votar a Bolsonaro por miedo a la inseguridad o rechazo al PT. ¿No debieran ser los movimientos contra el neofascismo transversales, inclusivos y dando respuesta a todos los desafíos que suponen? ¿Qué efecto tendrá en el voto de las norteamericanas el próximo 6 de noviembre la ratificación de un personaje como Kavanaugh como juez del Supremo?

En el Reino Unido no cesa la polémica sobre si la BBC cumplió su misión de servicio público sobre el referendum del Brexit. La Corporación respetó el pluralismo, dando voz a todas las opciones, pero mantuvo una falsa imparcialidad, sin contextualizar y sin someter las propuestas a un escrutinio riguroso que revelara las mentiras de las campañas pro salida de la UE.

En España lo sondeos apuntan a la consolidación electoral de la ultraderecha de Vox. ¿Debe darse cobertura a una formación extraparlamentaria cuando llena un gran recinto? Creo que sí, porque otra cosa significaría ignorar lo que se mueve en nuestra sociedad. Pero el riesgo es que, siguiendo con el periodismo de declaraciones, sin análisis, sin debate real, sin contraste con la realidad, estas propuestas conquisten la agenda y la conversación social. Que se normalicen las propuestas neofascistas, máxime cuando los partidos de centroderecha están en pleno giro a la pura derecha.

(Una lectura obligada, la conferencia de Umberto Eco Las 14 características del fascismo)

 

Fascismo 3.0


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Cumbre de la ultraderecha. Pretty, Le Pen, Salvini, Wilders reunidos en Coblenza 21-1-16

Pretty, Le Pen, Salvini, Wilders. En la foto faltan al menos Farage, Orban, Kaczynski. Son los representantes del nuevo fascismo europeo. Sus santos patronos son Trump, Putin, Erdogan. Ya han vencido antes de disputar las elecciones. Fillon, Rutte, Seehofer, las derechas de siempre, llevan en sus programas lo esencial de las medidas de la ultraderecha.

Fascismo 1.0. Fascismo 2.0. Fascismo 3.0.

El fascismo 1.0, el de los años 20 y 30: el de Mussolini (1.1), ultraconservador y católico; el de Hitler (1.2) revolucionario y autodestructivo; el de los émulos de Mussolini en la Europa del sur y el este, los Franco, Salazar (1.3).

Fascismo 2.0: los nostálgicos del fascismo 1.0 y los pelotones de choque de jóvenes descerebrados, cabezas rapadas, siempre minoritarios, pero con una enorme capacidad de desestabilización.

Fascismo 3.0, el de American First, el del Brexit, el de regreso de los muros a Europa.

Todos los fascismos tienen un hilo conductor común: el miedo y el odio al otro. Hay que leer de nuevo El miedo a la libertad, la obra en la que Erich Fromm analiza, desde una perspectiva histórica y psicoanalítica, las pulsiones que llevaron a la clase media alemana a echarse en manos de Hitler.

Convivir con el diferente no es fácil sin una pedagogía social. Cuando desde los poderes políticos, religiosos y culturales (de un lado y otro) se exacerba la diferencia, el otro es confinado o se autoconfina en un gueto. Eran los guetos judíos de la Europa oriental de principios del siglo XX, o salvando las distancias, son los banlieus franceses. Pero cuando llega un cataclismo social entonces el otro ya no es simplemente alguien ajeno, sino el enemigo a eliminar.

En los 20 y los 30 el cataclismo fue primero la Gran Guerra y después la Gran Depresión. La clase media se entregó a las partidas de la porra, que sintió que la defendía de las masas obreras revolucionarias. Anuladas las libertades, exterminadas las fuerzas revolucionarias, la única manera de lanzar la economía era poner en marcha la máquina de guerra. Y proyectar el odio acumulado contra el otro, judío, gitano, homosexual.

Nuestro cataclismo ha sido una globalización que ha roto el pacto socialdemócrata y ha dejado atrás a las clases populares, un cataclismo con cuenta gotas que se ha exacerbado con la Gran Recesión: paro, precariedad, menores salarios, destrucción de los servicios públicos.

Las políticas europeas han marcado ya al chivo expiatorio. La falta de verdaderas políticas de integración, la política migratorio que prácticamente hace imposible el acceso legal a la fortaleza europea y ahora la negación del derecho de asilo, en palmaria violación de los tratados internacionales, muestran al migrante y al refugiado como un peligro.

A diferencia del fascismo 1.0, el fascismo 3.0 no propone sustituir la democracia por un sistema totalitario. Su pretensión es una democracia nacional, esto es, una democracia sin derechos para los otros, una democracia de identidad, una democracia de valores tradicionales excluyentes, con gobierno fuertes y desaparición de contrapoderes. La democracia de Putin y Erdogan. Una democracia autoritaria, que quiere acabar con lo bueno y lo malo de la globalización, con el cosmopolitismo, con el derecho y las instituciones internacionales.

En Estados Unidos todas las medidas de Trump (que como Hitler hace lo que dice) van en la dirección de esa democracia nacional. Ya veremos si los contrapoderes y la resistencia social le paran.

En Europa si Le Pen ganara la presidencia de Francia, la Unión Europea podría darse por liquidada. Las guerras comerciales que Trump va a desencadenar y la implosión de la Unión Europea podrían ser el verdadero cataclismo de nuestra tiempo. Y entonces las escuadras del fascismo 2.0 serían de gran utilidad a este fascismo postmoderno 3.0. Mientras tanto, inyectan sus políticas excluyentes en nuestra sociedad. Restricciones a la libre circulación, vallas, muros, rechazo del derecho de asilo.

¿Qué hacer? Desde luego resistir, resistir en el terreno en el que hoy se libra la batalla cultural, en el ciberespacio, en las redes sociales. Acoger, de acuerdo con nuestras posibilidades. No negar las realidades y los problemas, con cuestionamientos radicales del sistema que no conducen a ninguna parte. No es lo mismo Trump que Clinton. No es lo mismo Putin que Merkel. Si dejamos caer a la Unión Europea, rechazándola como expresión de la dominación neoliberal, con ella se irán nuestro derechos, nuestra prosperidad y nuestra paz.

PS. Ya que este artículo adolecía de enlaces, aquí dejo este artículo de The Guardian sobre la vigencia del pensamiento de Anna Harendt. Como uno de los estudiosos de Arendt dice si pensamos que el mal es una persona podemos confrontarlo, pero ahora el mal es banal y se manifiesta en una serie de decisiones cotidianas que poco a poco cambian nuestras vidas.

La lucha contra el fascismo


Vaya verano… La matanza de Noruega… Los disturbios y saqueos del Reino Unido… La crisis de la deuda soberana… La hambruna en Somalia. Y ahora el espectáculo de papolatría en Madrid.

La Gran Recesión parece más sistémica que cíclica. Sea o no el principio del fin del capitalismo, lo cierto es que sus efectos deterioran el clima social, rompen los amortiguadores sociales y ponen en evidencia males profundos, desde la disolución de las comunidades a un racismo y xenofobia criminal.

Tenía desde julio pendiente publicar la reseña de Francisco Rodríguez Pastoriza sobre tres libros de la lucha contra el nazismo (Los Sábados del Faro de Vigo, 16 de julio). Por razones personales he estado prácticamente ausente de este blog, pero hoy, después de leer la lección de Teun A. van Dijk sobre Racismo, discurs0 y política me ha parecido que era el momento de recuperar esa reseña.

El profesor van Dijk sostiene que “las ideologías racistas no son innatas sino que se aprenden, y se distribuyen en el grupo dominante a través del discurso público, especialmente por las élites simbólicas que controlan el acceso al discurso público, como las tres P: Políticos, Periodistas y Profesores”. La idea de la superioridad blanca y occidental empapa el discurso público. En época de crisis, esa condescendencia puede convertirse en hechos criminales individuales o en un movimiento que termine por conquistar el poder (nazismo, fascismo) o vaciarlo de contenido (neofascismo).

Ahora es el momento de luchar contra el fascismo en el discurso público. Luego puede ser muy tarde. Con el nazismo ensoñoreándose de Europa, la respuesta vino en los 40 de la mano de Stalin sacrificando a diez millones de soviéticos, de la resistencia polaca, construyendo un estado clandestino, y de la ineficaz pero admirable resistencia interior alemana. De estos tres frentes históricos tratan los libros reseñados por Pastoriza.

 

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DESDE TODOS LOS FRENTES

 

Se recuperan importantes novelas que recogen episodios reales de la segunda guerra mundial

Francisco R. Pastoriza (*)

El escritor Vasili Grossman cubrió como reportero de guerra, desde la primera línea de fuego del ejército soviético, algunos de los más importantes episodios del enfrentamiento entre alemanes y rusos durante la segunda guerra mundial. En Años de guerra se recogen algunas de las crónicas que publicó en “Estrella Roja”, órgano de información y propaganda del ejército soviético cuando Grossman era todavía un acérrimo militante del estalinismo. Entre esas crónicas, la dedicada a Stalingrado mantiene aún, muchos años después de escrita, la emoción y el dramatismo de aquel episodio singular. Ahora, la editorial Gutenberg-Círculo de Lectores, que viene publicando toda la obra de Grossman en España, recupera la novela Por una causa justa, que recrea en  toda su dramática intensidad el sitio y la batalla de Stalingrado, uno de los episodios de la Operación Barbarroja, cuando cuatro millones de soldados alemanes desataron una guerra de exterminio contra la Unión Soviética.

GLORIA A LOS HÉROES DE STALINGRADO

En lo más agreste del medio rural, en plena guerra, el campesino Piotr Semiónovich Vavilov recibe el aviso de incorporarse al ejército. Antes de separarse de su mujer y de su hija (otro hijo ya está en el frente), dedica sus últimas horas a la casa familiar, terminando trabajos pendientes, con una mezcla de angustia y ansiedad.

En la ciudad, en Stalingrado, en casa de la anciana Alexandra Vladimorovna se celebra una comida familiar en la que se mezcla la alegría del reencuentro con su hija Zhenia, recientemente separada de su marido el teniente coronel Krimov, y la despedida a su nieto Tolia, que ese mismo día debe incorporarse a filas. Alrededor de la mesa se sientan su hija Marusia; su yerno, el ingeniero Stepán Fiódorovich, director de la central hidroeléctrica de Stalingrado; Vera, hija del matrimonio; Sofia Ósipovna, jefa de cirugía del hospital de la ciudad; Tamara Dmítriyevna Beriózkina, una amiga de la familia cuyo marido desapareció en combate al principio de la guerra; Pável Andréyev, un viejo amigo del difunto marido de Alexandra, y el anciano Mijaíl Mostovskoi, antiguo luchador contra el régimen del zar y convencido militante comunista. Grossman va a centrar en estos personajes y en los que con ellos se relacionan, el desarrollo de la trama de una novela que es un gran fresco de la batalla de Stalingrado, desde los primeros ataques del ejército alemán hasta el comienzo de la reacción soviética, cuando la ciudad estaba prácticamente tomada. La vida y el destino de estos personajes, la de quienes se cruzan en su camino, la de los hombres y mujeres que demostraron con sus vidas que la resistencia hasta el límite no fue inútil, desfilan a lo largo de las más de mil páginas de esta magna obra cuya lectura transmite con crudeza los sentimientos humanos ante la barbarie de la guerra. En sus páginas se mezclan el drama de la muerte de amigos y familiares con el momento feliz del reencuentro, el sentimiento de trágica certeza de los soldados que saben que van a morir en pocas horas, con el heroísmo de los que luchan para que nadie les robe su tierra y la de sus antepasados. Novelas como esta reafirman la voluntad de que la historia de los siglos venideros, cuando cuenten las grandes batallas, no se acuerden sólo de los generales y de las bellas gestas sino que tengan muy presentes las lágrimas y los lamentos, los susurros, los estertores agónicos, los gritos de dolor y desesperación, las últimas palabras de los muertos.

Para transmitir con mayor dramatismo el estupor de quienes se ven envueltos en la batalla, Grossman enfrenta con frecuencia los desastres de la guerra a la belleza del paisaje en el que se desarrollan las batallas: las llamas y las explosiones que invaden la belleza de una noche estrellada, los gritos de guerra en el silencio de un cielo intensamente azul… Y siempre, como el alma de los personajes encerrados en la ciudad sitiada, la presencia del Volga y su esplendorosa belleza, las nubes reflejadas en sus aguas durante el día y la luz de la luna rielando su superficie en las noches de vértigo. Vasili Grossman transmite al lector, con un realismo estremecedor, el sonido continuo de la guerra, los cañones de artillería, las explosiones de los bombardeos de la aviación y de los obuses, los disparos de los blindados… estallidos que barrenan el cráneo, arañan el cerebro, trastornan la mente, hieren los ojos, abrasan la piel, penetran hasta las entrañas, dificultan la respiración y alteran los latidos del corazón. Ese ruido ensordecedor y opresivo está presente a lo largo de toda la novela, que es, así, una banda sonora de todas las guerras.

Por una causa justa es la gran elegía al heroísmo de los hombres y de las mujeres que en el cerco de Stalingrado defendieron no unas ideas ni un régimen político, sino lo que creían firmemente que era lo más sagrado de la historia de su país: la libertad, el sueño de justicia, la alegría del trabajo, la lealtad a la patria y a la familia, el sentimiento maternal y la santidad de la vida (p. 624). Grossman se encargó de demostrarlo con más fuerza en Vida y destino, la otra gran novela en la que el autor, utilizando algunos de los personajes sobrevivientes de Por una causa justa (entre ellos el científico Shtrum, su alter ego), recrea la crónica de los años de acero del estalinismo que siguieron a la guerra.

UN ESTADO CLANDESTINO

Mientras los soldados soviéticos luchaban contra las fuerzas de ocupación alemanas, otra batalla, más subterránea, tenía lugar en otros territorios también ocupados por los nazis. Cuando Rusia y Alemania acordaron repartirse Polonia, surgió entre la población polaca un fuerte movimiento de oposición para evitar, por tercera vez en la historia, la desaparición del país. Una fuerte resistencia clandestina tejió una tupida red de colaboradores, tanto en el interior como fuera del territorio polaco, cuya heroica lucha es muy poco conocida en la Europa occidental. Porque rusos y alemanes querían hacer desaparecer el país, los resistentes tuvieron que crear un estado paralelo (con un parlamento, un gobierno, un poder judicial, un ejército y hasta un sistema educativo clandestino) para que siguiera existiendo. La lucha para conseguir este objetivo se cuenta en Historia de un estado clandestino (Acantilado) de Jan Karski, uno de los héroes de la Resistencia polaca, un libro de memorias narrado en forma de novela, que es a la vez un testimonio histórico.

Oficial del ejército polaco, prisionero primero de los soviéticos (consiguió huir de una operación similar a la de Katyn) y luego de los nazis, Jan Karski se hizo miembro de la Resistencia para luchar contra la ocupación alemana. Se relacionó con todos los grandes dirigentes de la clandestinidad, llevó a cabo misiones heroicas arriesgando su vida y la de sus familiares y amigos, fue hecho prisionero, torturado por la Gestapo y liberado en una operación rocambolesca. Karski, uno de los entrevistados por Claude Lanzman para su documental Shoah, fue testigo presencial de la situación de los judíos en el gueto de Varsovia, donde contempló el hambre y la miseria de sus ocupantes, escuchó los gemidos lastimeros de los niños agonizantes mezclados con la atroz pestilencia de los cuerpos en descomposición de cadáveres desnudos (aprovechaban sus ropas) que los familiares arrojaban  a las calles para evitar pagar el impuesto de sepultura a los alemanes. Asistió al espanto del asesinato de miles de judíos en el campo de exterminio de Izbika Lubelska, una experiencia que narra aquí con un realismo que estremece. Por todo ello fue encargado por la Resistencia polaca para transmitir sus experiencias a los aliados (llegó a entrevistarse con el presidente norteamericano Roosevelt) y dar testimonio de la barbarie nazi en Polonia. Gracias a sus denuncias, la reacción ante el holocausto fue un poco más expeditiva.

UN AUTOR POCO CONOCIDO

Rudolf Ditzen (firmaba sus novelas como Hans Fallada), escritor alemán nacido en 1893, fue un testigo privilegiado de los acontecimientos que sacudieron Alemania durante la primera mitad del siglo XX. Su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué? fue un éxito editorial en 1932, en vísperas de la llegada de Hitler al poder. Represaliado por el nacionalsocialismo, tuvo que retirarse a una pequeña finca de Feldberg, en Mecklenburgo, en la que sobrevivió sumido en una dramática penuria económica. Poco después de la guerra descubrió en las oficinas de la Gestapo un atestado con la documentación del caso de un matrimonio, los Hampel, ejecutados por distribuir en Berlín  postales con leyendas antinazis. En estos documentos, que se resumen en el epílogo de Solo en Berlín (Ed. Maeva), están todos los datos que Fallada recrea en esta novela que, después de más de sesenta años desde su publicación, está siendo un sorprendente best-seller en varios países europeos y en Estados Unidos. Hans Fallada, que escribió la obra en tan solo 24 días, no pudo verla editada, ya que murió de una sobredosis de morfina pocos meses antes de su publicación en 1947.

UNA HISTORIA DE AMOR Y MUERTE

Berlín, 1940. En plena guerra mundial, el matrimonio formado por Otto y Anna Quangel recibe la noticia de la muerte de su único hijo en el campo de batalla, a la mayor gloria de Adolf Hitler. Son personas pacíficas y sin ideología, pero el dolor por la pérdida de su hijo les plantea la duda de si es correcta esa actitud, que mantiene paralizada a la sociedad alemana, de no hacer nada contra Hitler y su régimen, de no denunciar la barbarie y la locura de los nazis, causantes de tantas muertes y de tantos dramas. Comienzan entonces una operación ingenua y poco arriesgada cual es la de depositar en lugares concurridos de algunos edificios de Berlín postales con escritos contra Hitler, en los que denuncian las mentiras de su propaganda y los métodos con los que el régimen atemoriza a la sociedad alemana y aplasta el menor atisbo de disidencia. Esta actividad, sin apenas repercusión entre la sociedad berlinesa, produce al régimen el efecto de la picadura de un mosquito en la piel de un rinoceronte, pero la Gestapo decide poner en marcha toda su maquinaria para descubrir a los autores de tamaño atentado contra el nacionalsocialismo. Como si se tratase de peligrosos terroristas, estas dos personas, muy entradas en la cincuentena, son detenidas, encarceladas, torturadas y finalmente ejecutadas.

En Solo en Berlín Fallada analiza la sociedad de la capital alemana durante los años de la segunda guerra mundial. Sometida al hambre y a la escasez, amenazada por los bombardeos, manipulada por la propaganda, vive además atemorizada por los métodos de la policía política, que mantiene una tupida red de vigilancia sobre toda la población (todo el mundo tenía algo que ocultar, dice Fallada) y utiliza la tortura y los campos de concentración contra la menor sospecha de disidencia. Fallada concentra esta sociedad en el microcosmos de un edificio de la calle Jablonski en cuyas plantas, además de los Quangel,  viven una familia de nazis militantes del Partido y de las juventudes hitlerianas, una anciana judía cuyo marido fue deportado a un campo de concentración, un soplón de la policía nacionalsocialista, pareja de una prostituta cuyo amante frecuenta los bajos fondos del lumpen, y un juez jubilado. Estos personajes, y aquellos con los que se relacionan, van tejiendo una red de actitudes y actividades que retratan la vida cotidiana de Berlín durante la guerra. Hans Fallada consigue transmitir la atmósfera opresiva que se respira en este ambiente y traza magistralmente los perfiles de unos personajes atrapados en el laberinto de la corrupción, la miseria y el terror. Un laberinto sobre el que discurre esta (además) bella y muy peculiar historia de amor y entrega.frpastoriza@wanadoo.es

(*) Profesor de Información cultural

      de la Universidad Complutense de Madrid

 

Ante el coronavirus distancia social, distancia reflexiva


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Aislamiento físico/comunicación virtual

Nos piden -y nos debemos a nosotros y a los demás- confinamiento y distancia social. Tiempo suspendido por la excepcionalidad de la epidemia. Tiempo de aislamiento social, pero de extrema comunicación virtual.

Vídeos, memes, útiles consejos, bulos, noticias urgentes, chistes (penosamente machistas muchos de ellos), interesantes análisis: información imprescindible, sí, pero también intoxicación y saturación informativa. Por cierto, esta explosión de interacciones es una mina para las tecnológicas (gran negocio) que tienen nuestros datos y es un terreno que exige investigaciones comunicativas, pues es la primera vez que nuestra sociabilidad se hace radicalmente virtual.

Sin dejar de atender a todas nuestras redes que sustituyen la imprescindible sociabilidad presencial, conviene tomar una cierta distancia en el análisis y la reflexión. Y desde luego no compartir cualquier cosa (en el infierno seguro que hay un lugar especial para el diseñador de esa flechita curva de “compartir” que aparece en el WhatsApp). Como todos, he recibido preocupantes mensajes de médicos que auguraban centenares de miles de muertos y otros también de sanitarios que decían que lo mejor era seguir con la vida cotidiana. En fin, contaminación informativa. Pero también agudos análisis, como este de Xavier Ferrás, que auna en una visión tecnológica y estratégica algunas de las tendencias que se apuntan estos días.

Con esta entrada pretendo, en primer lugar, serenarme escribiendo, y luego compartir lo que he ido aprendiendo estos días. Perdonad si con ello os agobio con un mensaje más.

Estrategias contra el virus

En primer lugar, mea culpa. Como tantos otros elogié y exigí una información serena que no alentara el miedo. Pero los medios responsables, lo mismo que el Gobierno, creo que mal asesorado por los expertos, no supieron anticipar la gravedad de la situación y crearon una falsa conciencia de seguridad entre la población, de que esto era como una gripe un poco más contagiosa. Y parecía haber un consenso entre los especialistas de que eran suficientes las medidas de contención: seguir los contagios y aislar los focos localizados.

Confieso que no empecé a preocuparme hasta ver el día 11 este análisis estadístico de Kiko Llaneras. Los números y los gráficos me mostraron que el virus era más contagioso y letal de lo que tenía asumido, y, sobre todo, que nuestra curva de crecimiento parecía estar condenada a dar el salto exponencial que ya habíamos visto en Italia.

Ese mismo miércoles 11 de marzo, el doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y estupendo comunicador, que día tras día insistía en tranquilizar a la población, explicó la estrategia de aplanar la curva, de modo que evitando un pico abrupto no se colapsara el sistema sanitario y los contagios progresivos pudieran recibir atención. El vídeo se convirtió en viral. Venía a decirnos que si respetábamos la distancia social limitaríamos la letalidad del virus y daríamos tiempo al sistema sanitario para ir poco a poco atendiendo a los contagiados.

Mientras el sábado 14 el Gobierno estaba reunido en Consejo de Ministros para declarar el Estado de Alarma, esclarecedora y preocupante me pareció esta entrevista con Santiago Moreno, jefe de servicio de enfermedades infecciosas en el hospital Ramón y Cajal de Madrid. Reconocía que la comunidad científica había pecado de exceso de confianza y que nuestra magnífica sanidad pública no estaba preparada para esto.

Entonces recordé la lucha de la Marea Blanca contra el previsto cierre del hospital Carlos III por el gobierno de Esperanza Aguirre en 2013 (consejero entonces de Sanidad Fernández Lasketty, hoy de Hacienda). El Carlos III, como centro de referencia de enfermedades infecciosas, se salvó porque nos salpicó el ébola. El caso es que nuestro sistema sanitario sigue enfocado al tratamiento de agudos,  un poco hacia las largas estancias y nada hacia unas enfermedades infecciosas, que parecía de otra época. Recordé también haber leído a un epidemiólogo que allá por 2009, cuando la gripe A, decía que lo cierto es que la pregunta no era si había otras pandemias, sino cuando llegarían. Había olvidado esa advertencia y como yo, parece,que también el sistema sociosanitario.

La información que me ha resultado más esclarecedora me ha llegado a través del chat de Europa En Suma. En un brillante análisis de Roberto Buffani, originariamente publicada en una web italiana de izquierdas, desarrolla la hipótesis (que advierte que no puede contrastar estadística y epidemiológicamente) de que existen dos aproximaciones en la lucha contra la enfermedad:

  • La que yo llamaría comunitaria, que es la de sacrificar la economía para salvar el mayor número de personas, lo que es coherente con el confucionismo-comunismo chino y con los valores familiares-católicos de los países mediterráneos.
  • La que podríamos llamar neoliberal, que hace un cálculo coste-beneficio y decide sacrificar a los más vulnerables, que no podrán ser atendidos por un sistema sanitario en emergencia, antes que paralizar la estructura productiva, confiando, además, que la extensión generalizada del virus termine por inmunizar a la población y la epidemia se detenga. Es el planteamiento del Reino Unido, y, en menor medida de Francia y Alemania -Merkel ha hablado de un contagio de un 70% de la población.

Italia (una sociedad fuerte con un estado débil) y España (una sociedad débil con un estado fuerte) han llegado tarde a la primera estrategia, por exceso de confianza y, seguramente, también por pensar que medidas draconianas no eran posibles más que en una dictadura como la China. Pero esa estrategia también era posible aplicarla tempranamente con transparencia (y tecnología), como ha hecho Corea del Sur, con indudable éxito.

Boris Johnson hablaba hasta ahora -como vimos aquí al doctor Simón- de aplanar la curva (“aplastar el sombrero” decía), con el apoyo de asesores científicos de máximo prestigio. Le han llovido las críticas (los contagiados podrían llegar a los 8 millones y los muertos hasta los 300.000) y ha terminado por pedir medidas de distancia social, pero todavía ni siquiera cierra las escuelas. Trump también pide confinamientos voluntarios. Me da la impresión que la fuerza de las cosas obligará en estos países a ir mutando de la estrategia neoliberal a la estrategia comunitaria.

El virus del odio

Hemos hablado mucho del virus del miedo, pero poco del virus del odio, que es su consecuencia. La ultraderecha europea no para y con toda su poderosa artillería en las redes sociales vincula pandemia y emigración. Trump aprovecha para cargar contra la UE y los chicos de Bolsonaro consideran la pandemia castigo divino Dejo aquí este excelente hilo en Twitter de Carles Planas.

 

Nada será igual

Vivimos un tiempo extraordinario, histórico. Por todas partes leo que “ya nada será igual”. Seguro, pero no tenemos perspectiva para saber cómo será el tiempo nuevo después de la plaga. Cuidado con los discursos performativos y distópicos.

También sabíamos que todo sería distinto después del 11-S y de la caída de Lehman Brothers. Los discursos inmediatos, entonces como ahora pretendían predeterminar el futuro.

Recuerdo como inmediatamente después de la caída de las Torres Gemelas había una pulsión entre la derecha española para proclamar que esa gilipollez de los derechos humanos se había acabado. Y luego vino la foto de las Azores, la War on Terror, la invasión de Irak, el 11-M, las fotos de Abu Grhaib, el Estado Islámico… Sí, se cometieron graves violaciones de los derechos humanos, pero no se logró destruir completamente la protección del derecho internacional -debilitada, pero ahí está la Corte Penal Internacional- ni el ideal de respeto a la dignidad personal por encima de los intereses de Estado. Sí, se asoló Oriente Próximo, se cambiaron los equilibrios estratégicos y después de varias guerras sin victoria, Estados Unidos, que sigue siendo la primera e indiscutible potencia militar ha perdido su liderazgo mundial.

¿En que quedó aquello de Sarkozy de “refundar el capitalismo”? En una destrucción del tejido social, en un crecimiento de la desigualdad sin precedentes y dentro de la UE en unas tímidas reformas, que apenas si pueden ahora garantizar la supervivencia del euro (lo que no es poco), pero que resultan patéticamente incapaces de gestionar una respuesta comunitaria a la crisis actual desde valores solidarios.

Mientras crecía la pandemia la señora von der Leyen revisaba desde un helicóptero el cierre de la frontera de Grecia no al virus, sino a los refugiados lanzados por Turquía hacia Lesbos o al confín del río Evros. Grecia -dijo- es nuestro escudo… para negar los derechos internacionalmente reconocidos a los parias de las guerras de ese mundo que cambio el 11-S. Nunca me he sentido tan avergonzado de la UE

Si alguna vez la Unión tuvo liderazgo hoy parece que no queda ni traza del mismo. El problema no es que se reinstauren las fronteras, el problema es que se haga desordenadamente por cada Estado. No basta con permitir saltarse los límites del déficit o con rescatar 37.000 millones no gastados de los fondos estructurales. Se requiere urgentemente un plan de choque para producir y adquirir el material sanitario necesario y, cuando se levanten los confinamientos, un gran plan de inversiones. Alemania ya ha anunciado que movilizará su enorme superávit dentro de sus fronteras, pero o existen planes comunes y solidarios europeos o la Unión dejará de tener sentido y terminará por ser una simple área de libre comercio, como desean los países del Norte.

En este confinamiento he tenido tiempo para entrar más a fondo en el libro de Thomas Piketty “Capital e ideología”, en el que hasta ahora no había avanzado. Estos días se habla de la lucha contra la epidemia como una guerra (Macron), pues bien, los países europeos salieron de la II Guerra Mundial con unas deudas públicas descomunales (200% en el caso del Reino Unido) ¿Cómo se disminuyeron en pocos años? Con aportaciones extraordinarias sobre el capital, impuestos realmente progresivos sobre la renta y el capital… e inflación. Soluciones extraordinarias para tiempos extraordinarios.

No tenemos ni idea qué mundo saldrá de la pandemia. ¿Más virtual? ¿Más justo? ¿Más multilateral? ¿Menos consumista? De lo que no hay duda es que cuando volvamos a salir a la calle, cuando despertemos de este sueño social que es el confinamiento, los problemas seguirán ahí: desigualdad, nacionalismo, xenofobia, crisis de la democracia, globalización, adaptación a un entorno virutal, emergencia climática, destrucción del ecosistema, limitación de recursos, crisis demográficas.

El futuro no está escrito.

Sistemas de financiación de los medios públicos en Europa. Por una financiación estable, suficiente y sostenible de RTVE


Financiación

Los medios públicos, signo de la identidad europea, están en peligro. La batalla por su supervivencia se da en el campo de la financiación

Antes la radiotelevisión pública (PBS), ahora los servicios públicos multimedia- multiplataforma (PSM) son esenciales para la cohesión social y territorial y el mantenimiento de una esfera pública comunicativa. No solo tienen que adaptarse al nuevo entorno interactivo y a los cambios en los hábitos de consumo, sino que afrontan poderosísimos competidores tecnológicos y la enemiga declarada de la emergente ultraderecha.

El populismo de extrema derecha, el fascismo 3.0 (que contagia a los viejos partidos conservadores) considera estratégico destruir el servicio público.

Como muestra el emblemático botón de la BBC. Dominic Cummings, el cerebro tras la victoria del Brexit y ahora el más poderoso asesor de Boris Johnson, declaraba ya en 2004 que para que el partido conservador dominara la comunicación era vital minar la credibilidad de la BBC, la creación de un conglomerado de medios equivalente a Fox News y permitir los anuncios políticos pagados en televisión.

Ahora, el gobierno conservador quiere revisar el estatus de la BBC en 2022 (la actual Carta Real estará en vigor hasta 2027) y parece dispuesto a eliminar la licencia obligatoria y convertirla en una suscripción voluntaria. Su director general, Lord Hall, ha dimitido. Y se procederá a despedir 450 periodistas para ahorrar 80 millones de libras. La Corporación ya había integrado sus redacciones de radio, tv y online. Ahora reduce autonomía de los programas, producirá menos noticias, dará prioridad a las distribución online. No, no es racionalizar, es destruir el servicio público

Mientras que los ataques a la independencia informativa son más fácilmente identificables, el debilitamiento del servicio público a través de una insuficiente y cuestionada financiación son más insidiosos, en cuanto que se presentan invocando a la eficiencia fiscal y a la adaptación a los nuevos hábitos de consumo. Proponer una suscripción pública voluntaria es un torpedo dirigido a la línea de flotación del servicio público.

La infografía que abre esta entrada el servicio de estudios de la UER resume las líneas básicas de la financiación entre sus asociados, 31 servicios públicos europeos, de dentro y fuera de la UE. Un dato medio, como un coste diario de 10 céntimos por ciudadano, puede ser engañoso, porque las diferencias entre países son  abismales. En cambio, es bien significativo que el conjunto de los servicios públicos audiovisuales se financien por debajo de la inflación, de modo que los recursos reales en el periodo 2014-2018 han decrecido algo más del 4%, mientras que los competidores privados han crecido en términos nominales casi un 40% y las grandes plataformas tecnológicas más del 200%.

El propósito de esta entrada no es analizar las cifras de la financiación, sino reflexionar sobre la fundamentación de los distintos sistemas, su pros y contras.

Sistemas de financiación

 

Financiación distribución

Fuente: Funding of Public Service Media 2019. EBU Intelligence Service

Los presupuestos de estos servicios públicos se nutren de recursos públicos y comerciales.

 

Recursos públicos son las dotaciones presupuestarias, las tasas por recepción, los impuestos directos finalistas de los contribuyentes, las tasas e impuestos directos finalistas pagados por operadores privados.

Recursos comerciales, la publicidad, el patrocinio, la explotación de productos y derechos y las distintas formas de acceso condicional (servicios de pago).

En todos los países se da una mezcla de fuentes de financiación, pero como se aprecia en el gráfico las dominantes son las dotaciones presupuestarias y, sobre todo, las tasas de recepción. Ni las figuras tributarias, ni los sistemas de administración, ni, por supuesto, las cuantías son equiparables de país a país, pero lo que distintos estudios muestran es una fuerte correlación entre financiación, contenidos, audiencia y apreciación (EBU y estudios académicos) y calidad democrática (Reuters Institute).

La financiación pública libera a los servicios de las exigencias del mercado, mientras que la publicidad los pone en línea con sus requerimientos. Pero eso no quiere decir que a la financiación publicitaria aumente la audiencia. Como se ha dicho, la audiencia depende de una financiación suficiente, sea mediante recursos públicos o comerciales.

La tasa de recepción (canon)

Licence fee, redevance, Rundfunkbeiträge, canone… aquí, en España, donde solo existió en los inicios de la televisión, llamamos canon a la tasa por recepción.

Conviene recordar la diferencia entre impuestos tasas. Un impuesto es una contribución pública general realizada por personas físicas y jurídicas que graba una determinada capacidad económica (renta, patrimonio, propiedad, transación económica, negocio jurídico). Una tasa es una contribución que compensa el disfrute particular de un determinado bien o servicio público, sin perjuicio de que ese servicio genere un beneficio general.

Un buen ejemplo de tasa puede ser el peaje pagado por atravesar un puente que une dos ciudades, cuya existencia genera beneficios para esas ciudades, la región y el país en su conjunto. El canon de la radiotelevisión es una tasa finalista dedicada al pago del servicio público (encomendado a una o varias empresas públicas).

canon mundo

Históricamente, cuando la radio nace en Europa, aparece como una tasa de naturaleza semejante a la pagada por estación emisora, en cuanto que el proceso emisión-recepción supone el uso de un recurso público, el espacio radioeléctrico. Lo recaudado se dedica a financiar las nacientes radios públicas. Poseer, primero en los 20, un receptor de radio y, luego en los 50, uno de televisión no dejaba de ser algo excepcional. De modo que, aunque los receptores estuvieran muy  pronto presentes en cualquier lugar se mantuvo la idea de que los poseedores de un aparato (la inmensa mayoría) debían de pagar el servicio con esta tasa.

Dependiendo de los países el canon se ha venido pagando conjunta o separadamente por uno o varios receptores de radio y/o televisión. Es una tasa finalista destinada a financiar uno o varios servicios (por ejemplo, en Alemania ARD y ZDF) y hasta la producción independiente en el caso de Irlanda. En la UE las cuantías pueden ir de los 10 € de Rumanía a los 327 de Dinamarca (ver gráfico, datos de 2014). Francia, Reino Unido, Alemania e Italia tienen como principal fuente de ingresos el canon.

Pros:

  • Crea una vinculación entre el servicio y los ciudadanos que lo pagan directamente. Consiguientemente, refuerza el sentimiento de que el servicio es de los ciudadanos y la obligación de dación de cuentas por los gestores.
  • Previsibilidad presupuestaria.
  • Liberación de las exigencias del mercado.
  • Relativa independencia de las vicisitudes políticas presupuestarias. La tasa se aprueba parlamentariamente, y, por tanto, puede modificarse conforme las mayorías parlamentarias, pero no depende de los ajustes presupuestarios anuales.

Contras

  • Defraudación. Un clásico de las viejas comedias británicas (por ejemplo Los Ropers) era la ocultación apresurada de los receptores ante la llamada del inspector de la licencia. De ahí el sistema coercitivo de multas por impago, con la consiguiente impopularidad. El porcentaje de defraudación sin mecanismos efectivos de coacción puede ser alto (Italia, 26%).
  • Altos costes de administración. Por ejemplo, en Suiza, Billag, la empresa encargada de cobrar la tasa tiene una plantilla de 300 trabajadores.
  • Carencia de progresividad. Todos pagan lo mismo, sea cual sea su capacidad económica. Ello obliga a establecer excepciones. Por ejemplo, en el Reino Unido los mayores están exentos. Esta excepción antes era compensada por el gobierno, pero en la última revisión de la Carta fue asumida por la Corporación, lo que le ha supuesto una importante merma de ingresos.
  • Cambio de hábitos de consumo. Hoy pueden consumirse los contenidos del servicio público sin tener una aparato de radio o televisión, o, como ocurre con los jóvenes, o no consumirlos en ningún dispositivo.

En toda Europa hay una reconsideración del canon. La propuesta más radical es su conversión en una suscripción voluntaria,  que más adelante analizaré. Apunta una tendencia a grabar a los hogares, con independencia de los dispositivos que se posean. Esta nueva tasa puede ser cobrada junto con impuestos sobre la vivienda o, como en el caso de Alemania (17,50 € al mes) o Italia (100 € al año) con el recibo de la luz, lo que simplifica su gestión.

Con todo, cuando los ciudadanos han sido consultados han validado el canon. En Suiza el billag (recibe popularmente el nombre de la empresa recaudadora), 387 € anuales, fue ratificado en 2018 en referéndum por una contundente mayoría de más del 71% de los votantes.

Dotación presupuestaria general

También puede denominarse subvención pública. Cada año, los presupuestos generales dedican una partida específica a la financiación del servicio, al margen de otros ingresos públicos, como el canon o los impuestos a operadores.

Conceptualmente, es el sistema que mejor se adapta a la verdadera naturaleza del servicio: todos los contribuyentes, consuman o no sus contenidos, se benefician de cohesión social y territorial, de su papel esencial para conformar la esfera pública, en consecuencia es justo que se financie con los impuestos de todos, como la educación o la sanidad.

En Europa es la segunda fuente financiera, tras el canon. En los Países Bajos y la mayor parte de los países de Europa del Este es el recurso más importante de la radiotelevisión pública.

A menudo, la dotación o subvención pública es acordada en marco plurianual con la entidad a la que se encomienda el servicio mediante un contrato-programa, que vincula la financiación pública al cumplimiento de determinadas obligaciones. De este modo, la subvención pública puede que financie programas informativos, culturales, los destinados a los menores, la promoción de la igualdad, la cohesión social y territorial, mientras que el puro entretenimiento puede estar pagado por la publicidad, donde existe.

Pros

  • Todos financian el servicio. En la medida en que el sistema tributario sea más o menos progresivo, así será más o menos justa esta financiación. En un panorama de crecimiento de la televisión de pago, los que más tienen y disfrutan de servicios de pago, financian también el servicio para todos, del mismo modo que los que acuden a la sanidad privada contribuyen a la sanidad pública.

Contras

  • Dependencia política. Cada año el gobierno puede aumentar o disminuir la dotación por razones políticas o simplemente financieras. Esta dependencia se palía con la existencia de un contrato programa.
  • Inestabilidad financiera.

Impuesto directo finalista ¿progresivo?

Impuesto finlandia

Impuesto directo en Finlandia. Fuente: The Next Web. 28-11-12

Como alternativa al canon, se crea un impuesto directo finalista a pagar por todos los contribuyentes en su declaración anual de la renta.

El caso más notable es el de Finlandia, donde ha sustituido al canon. El tipo es un 0,68% fijo sobre los ingresos sobre, con exenciones para menores de 18 años y rentas por debajo de los 7.352 € anuales y reducciones para los jubilados. Como puede verse en el cuadro, frente al canon anterior de 252 € por hogar, este nuevo impuesto es más progresivo.

El reto sería introducir un impuesto directo y finalista verdaderamente progresivo, con tipos crecientes con la renta. O quizá como un porcentaje sobre el resultado del IRPF. Telededotos propuso en su Dictamen de 2015 que en la declaración de la renta se incluyera información sobre la cantidad que cada contribuyente dedica a financiar RTVE.

Pros

  • Los mismo del canon: vinculación directa con el servicio, independencia del mercado y de los avatares políticos.
  • Mayor aceptación, a mayor progresividad.
  • Sencillez de recaudación.

Contras

  • Impopularidad de un nuevo impuesto allí donde no exista el canon.

Tasas e impuestos directos a operadores privados

Fue una ocurrencia de Sarkozy, copiada de prisa y corriendo por Rodríguez Zapatero: grabar a las televisiones privadas, a cambio de eliminar la publicidad de las públicas (en Francia se ha mantenido en prime time).

La Ley 8/2009 (pdf) justifica la medida en su Preámbulo declarando que “parece lógico que quienes resulten beneficiados por esta decisión sean también quienes soporten, en parte, esa carga económica”. Beneficiados, de forma directa, lo fueron los canales privados de televisión -los promotores de la norma en la sombra-, aunque la medida se extendió a los operadores de telecomunicaciones que presten servicios audiovisuales. La supresión de la publicidad pavimentó el camino al oligopolio de los dos grandes grupos, Atresmedia y Mediaset, que terminó por consagrar normativamente la Ley 7/2010, General de la Comunicación Audiovisual.

Más allá de su origen, en un régimen  de competencia público-privada, una de las funciones del servicio público es paliar las deficiencias del mercado. Tiene lógica, por tanto, que sean los operadores privados quienes financien, en todo o en parte, las misiones de servicio público.

En España, los operadores de telecomunicaciones de ámbito estatal o superior a una comunidad autónoma prestadores de servicios audiovisuaales realizan una aportación de un 0’9% de los ingresos brutos de explotación, mientras que en el caso de las televisiones privadas, que entonces concesionarias del servicio público de ámbito estatal, deben pagar el 3%, también sobre sus ingresos brutos de explotación. A este impuesto -así reconocido por la STS 2425/2017– se suma la transferencia de un porcentaje de la tasa por la reserva del dominio público radioléctrico, existente con anterioridad.

Este impuesto directo ha sido combatido por las compañías de telecomunicaciones en los tribunales españoles y europeos, que han fallado que el gravamen es conforme al derecho español y al comunitario, que no incumple las normas que rigen las ayudas públicas ni vulnera la regulación de las tasas contempladas por el Reglamento Europeo de Telecomunicaciones. No obstante, la liquidación de estas aportaciones ha dado lugar a todo tipo de controversias ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), el regulador español.

Pros

  • Los que se benefician de un mercado cuyas deficiencias son paliadas por el servicio público son los que cargan con su financiación.
  • No supone una carga ni para la Hacienda pública, ni para los ciudadanos, aunque los operadores de telecomunicaciones pueden terminar por repercutir el gravamen en el precio de los servicios prestados.
  • Como el resto de los recursos públicos, libera al operador del servicio público de las exigencias del mercado.

Contras

  • Imprevisibilidad. Las empresas públicas no pueden hacer sino previsiones aproximadas de cuales serán sus ingresos por estos conceptos, pues desconocen los planes de las compañías privadas de televisión y telecomunicaciones.
  • “Cuanto mejor audiencia tengan mis competidores, más ingresos tendré”. El servicio público no puede reducirse a un proveedor de contenidos minoritarios, las televisiones públicas tienen que seguir compitiendo por las grandes audiencias, de modo que, paradójicamente, cuanto mejor sean los resultados de su competidores y perores los propios más recursos recibirá.
  • Contenciosidad. Las grandes compañías privadas y sus poderosos servicios jurídicos despliegan cada año todos sus recursos legales para minmizar estas aportaciones.

Publicidad

La televisión se desarrolla en Europa en los años 50 en el molde público de los ya existentes servicios públicos de radio, entonces en la mayor parte encomendados a empresas estatales. Pero es también muy fuerte la influencia de Estados Unidos, donde la televisión se había convertido en el gran medio de masas. Así que, como hay que realizar importantes inversiones y la televisión con cortes publicitarios era un éxito al otro lado del Atlántico, son pocos los países que se resisten a introducir los anuncios en los nuevos programas de televisión.

La publicidad se convierte en fuente importante de financiación de los nuevos servicios en muchos países, destacadamente Francia e Italia y en menor medida Alemania. La BBC queda preservada, pero a cambio es el primer operador público que tiene que competir con un operador con publicidad, la ITV.

El caso de España es especial. Pronto se abandona el canon, y con los ingresos publicitarios se construye la red de transmisión, los estudios e instalaciones y los programas que se llevaban a festivales internacionales para intentar lavar la cara al franquismo. Y todavía cada año un importante remanente nutría las arcas de la Dirección General del Tesoro. Si, como por entonces dijo Lord Thompson (propietario de The Times), una licencia de televisión era lo más parecido a un permiso para acuñar moneda, más aún en un régimen de monopolio. Por si fuera poco, el régimen franquista podía presumir de que España era el único país europeo en el la televisión era gratis.

La llegada de las televisiones privadas en los 90 va mermando los ingresos y arrastra a TVE a una competencia feroz que degrada sus programas y crea un enorme agujero financiero. En 2009, el gobierno Zapatero, entrega a las televisiones privadas el mercado publicitario en el que TVE todavía era líder. Hoy Atresmedia y Mediaset concentran más del 80% del mercado publicitario.

En toda Europa, las rtv públicas han visto declinar los ingresos publicitarios y, en consecuencia, ha aumentado el porcentaje de ingreso públicos de una u otra procedencia. Quizá sea la RAI la comañía pública que mejor saca provecho a la publicidad, con unos ingresos de 550 millones de euros, pero muy por debajo de los 1.758 millones recaudados por el cano (presupuesto consolidado 2108).

publicicad por plataforma

Fuente: Funding of Public Service Media 2019. EBU Intelligence Service

La televisión no ha sufrido la terrible sangría publicitaria que en el ecosistema digital ha castigado a la prensa, como se aprecia en el gráfico adjunto. En su conjunto, la televisión lineal tradicional pierde muy poco audiencia, pero la fragmentación limita notablemente la capacidad de las televisiones públicas de financiarse con publicidad. Además, los hábtos cambian. Los jóvenes consumen ficción en streaming y este hábito se extiende poco a poco a la población de mayor edad, en parte por la política comercial agresiva de los operadores de telecomunicaciones y las plataformas OTT por sucripción, en parte por el empobrecimiento de los contenidos de las televisiones lineales, propiaciado por la lucha por el prime time en las televisiones comerciales y recortes presupuestarias en las públicas.

Pros

  • Libera a los operadores públicos de la dependencia política y las restricciones presupuestarias de los recursos públicos y les ayuda a lograr la autonomía financiera.
  • Exige acomodar la programación a los gustos de las mayores minorías.
  • Libera al contribuyente de gravámenes específicos, aunque los gastos publicitarios sean trasladados luego a los consumidores vía precios.

Contras

  • Somete a los operadores públicos a los requerimientos del mercado.
  • Hace indistingibles las programaciones de las televisiones comerciales y las televisiones públicas.
  • Es un recurso en declive, debido a la fragmentación de audiencias y al cambio de hábitos de consumo.

Recursos de explotación

Todas las radiotelevisiones públicas explotan comercialmente sus producciones y prestan servicios a terceros. En la edad dorada, las televisiones públicas europeas eran grandes fábricas audiovisuales y la venta de sus productos suponían importantes ingresos. Las normas europeas de apoyo a la producción independiente, los cambios del mercado y las constricciones presupuestarias han convertido a los operadores más en contratistas que productores, pero todavía la gestión de los derechos de las producciones propias y coproducciones, así como la prestación de servicios a terceros sigue siendo una relevante fuente de recursos, aunque por detrás del canon, la dotación o subvención pública y, allí donde existe, la publicidad.

En esta categoría cabría incluir el patrocinio, pues aunque es una forma de publicidad menos agresiva, va ligada directamente a un determinado programa o contenido digital. La Ley 8/2009 solo permite a RTVE el patrocinio y el intercambio publicitario de contenidos culturales y deportivos. La CNMC ha sancionado en varias ocasiones a RTVE por introducir patrocinios o publicidad en retransmisiones deportivos con multas de hasta un millón de euros.

Pros

  • Aumenta la autonomía financiera.
  • La producción debe planificarse con un ciclo de explotación más allá del consumo inmediato.
  • Obliga a los operadores públicos a establecer una explotación eficiente de sus productos y servicios.

Contras

  • La búsqueda del patrocinio o de su ulterior explotación puede condicionar la calidad de los contenidos.

Acceso condicional. La trampa de la suscripción

Los servicios públicos mediáticos pueden financiarse mediante alguna forma de acceso condicional: pago por visión o suscripción temporal. Puesto que uno de los fundamentos esenciales de estos servicios es el acceso universal, libre y gratuito ningún operador europeo (al menos que yo conozca) aplica sistemas de acceso condicional dentro de su territorio.

En cambio, imponen sistemas de pago a aquellos que quieren acceder a sus canales o contenidos digitales desde otros países. Los operadores públicos europeos contratan con operadores de pago la difusión de sus canales en el extranjero (como hace TVE), crean canales internacionales por satélite que no están sometidos a restricciones publicitarias (caso de la BBC) o establecen sistemas de vídeo bajo de demanda de pago.

financiacion publica frente suscripción privada

Fuente: Funding of Public Service Media 2019. EBU Intelligence Service

Como se dijo más arriba, en la reconsideración del canon aparecen propuestas (como la del gobierno conservador británico) para sustituirle por una suscripción voluntaria. Es frecuente la comparación de la cuantía del canon o de lo pagado por cada ciudadano con el coste de los paquetes de canales de pago y sobre todo con el precio de suscripción a los servicios OTT, cuyo representante más agresivo en Netflix. Más allá de que, como puede verse en la infografía, el coste medio es notablemente inferior en el caso del servicio público, lo importante es que esa suscripción voluntaria es radicalmente contraria a la esencia del servicio público y su introducción significaría su destrucción a medio plazo.

La comparación con Netflix y otros operadores OTT no se sostiene. El servicio público tiene un conjunto de misiones complejas: promover el debate público, la cultura, la igualdad, la cohesión territorial, contenidos dirigidos a públicos minoritarios o protegidos y, en definitiva, modelar una esfera de comunicación pública. Produce información, formación y entretenimiento, todo tipos de géneros y formatos televisivos y contenidos en los nuevos lenguajes multimedia destinados a todos. Netflix y adláteres producen esencialmente ficción y, en menor medida, documentales y su finalidad no es ya congregar audiencias masivas sino lograr con cada nueva producción un impacto mediático que conquiste más suscriptores y una fidelidad para sucesivas entregas del producto. Sus resultados económicos dependen del número de suscriptores, no del consumo que se realice.

Supongamos que una ciudanía muy concienzada se sucribe masivamente. ¿Qué pasa con el resto?  ¿Se beneficiarían de los contenidos informativos, de entretenimiento y culturales sin pagar nada? Sí, los suscriptores tendrían un vínculo personal con el servicio, pero ¿podrían darse de baja o de alta, como tanto consumidores hacen hoy cambiando casi mensualmente de servicio OTT en función de las novedades ofertadas?

Financiación participativa

Bonini y Pais (veáse Fuentes) han realizado una interesante propuesta, introducir modalidades de crowdfunding y participación en los sistemas de canon.

El canon se mantedría con su misma estructura y cuantía, pero quien lo deseara podría darse de alta en un sistema participativo mediante el pago de 5 € (por costes de administración), lo que les daría derecho a decidir sobre los contenidos a producir por un valor de un 20% de la inversión total, de modo semejante al modelo de presupuestos participativos introducidos por algunos ayuntamientos.

Un método como este podría perfectamente aplicarse no solo donde haya canon, también donde exista un impuesto directo o individuación de lo aportada a través del impuesto sobre la renta.

Lograr una participación popular es uno de los grandes retos del servicio público, de modo que es imprescindible explorar sistemas como el descrito. Una suscripción participativa podría servir no solo para decidir sobre los contenidos a producir, sino también para crear un cauce de elección de representantes del público en los órganos de asesoramiento y gobierno y, en general, para crear un canal para hacer oir la voz del público en el interior del servicio público.

Una financiación sostenible para RTVE

No hace falta recordar que RTVE se encuentra en una crisis profunda, uno de cuyos elementos es su insuficiencia financiera. RTVE es uno de los servicios con una menor coste per capita, solo 19 €., frente a los, por ejemplo, 41 € de la RAI (veáse cuadro). Nunca se ha alcanzado el tope de los 1.200 millones de euros, establecido por la Ley 8/2009 para el bienio 11-12 y conflictos como el de la aplicación del IVA han supuesto mermas muy importantes en unos presupuestos ya de partida insuficientes.

Hasta que se afronte una reforma general, es imprescindible una aumento de la dotación presupuestaria compesatoria del servicio público, como se anunciaba para los no aprobados presupuestos de 2019 (incremento del 9’5%). Pero lo importante es establecer un sistema que asegure una financiación sostenible y suficiente para las misiones de un servicio público, que ya no se limita a la radiotelevisión, sino que se extiende a todo tipo de plataformas.

El primer paso es que el las Cortes aprueben un nuevo mandato marco, que defina para la próxima década las misiones del servicio público, en el nuevo ecosistema comunicativo, muy distinto al de 2006. E inmediantamente iniciar la negociación de un contrato-programa, que concrete los objetivos y las aportaciones presupuestarias en un marco trianual.

Examino a continuación el papel que cada una de las fuentes debieran de tener en uno nuevo mix financiero:

  • Publicidad, no. De cuando en cuando todavía se oye alguna voz que pide la reintroducción de la publicidad. La publicidad se eliminó precipitadamente, en un pacto con las televisiones privadas, sin un plan serio sobre las consecuencias de la medida, pero hoy su regreso sería letal. El servicio público, multimedia, multiplataforma, volvería a ser medido exclusivamente por los ingresos publicitarios, lo que obligaría a una deriva aún más comercial de los programas. TVE perdería un imporante signo de identidad, la emisión sin interminables pausas publicitarias. Y los ingresos podrían ser magros, pues el mercado es muy distinto al de 2010. Ahora el oligopolio Atresmedia-Mediaset absorve más del 80% de los recursos publicitarios. Además, RTVE desmontó sus servicios de comercialización publicitaria. Y, sobre todo, sería suicida volver a apostar por un recurso declinante, como es la publicidad.
  • Canon, no. Como hemos visto se encuentra sometido a revisión en toda Europa, pero además en España, sin tradición, significaría una carga altamente impopular y con costes elevados de administración.
  • Mantener y extender las aportaciones de los operadores privados. Una vez que los tribunales españoles y europeos han declarado estos gravámenes conforme a Derecho, no tendría sentido eliminarlos. Al contrario, deben extenderse a los servicios de vídeo bajo de demanda. Y debe clarificarse su liquidación para evitar conflictos y aumentar, en la medida de lo posible, su previsibilidad.
  • Mantener la transferencia del 100% de la tasa sobre el la reserva del dominio radioeléctrico.
  • Dedicar un porcentaje fijo de los ingresos sobre el IRPF. No supondría una carga nueva, daría estabilidad e informaría a cada contribuyente sobre su aportación al servicio público. Permitiría crear, además, algún instrumento de participación, al estilo de los presupuestos participativos.
  • Flexibilizar el patrocinio y reforzar la explotación comercial en el exterior.
  • Subvención compensatoria. La dotación presupuestaria directa tendría que complementar a las otras fuentes hasta satisfacer el total de las obligaciones presupuestarias derivadas del contrato-programa.

¿Qué porcentaje debiera de corresponder a cada fuente? En 2018 las aportaciones de los operadores privados fueron de 193 millones, 380 millones la tasa radioeléctrica, 341 la subvención compesatoria y 58 los ingresos comerciales. Sin un análisis económico no se puede responder, pero el ideal podría estar en un 30% tasa radioléctrica, 30% aportaciones operadores, 20% IRPF, 10% explotación comercial y 10% subvención compensatoria, esto es, 60 % aportaciones de operadores privados, 30% aportaciones públicas y 10% explotación comercial.

FUENTES

EBU Media Intelligence Service. (2019). Funding of PSM 2019. (pdf)

Saurwein, F., Eberwein, T., & Karmasin, M. (2019). Public Service Media in Europe: Exploring the Relationship between Funding and Audience Performance. Javnost – The Public, 26(3), 291–308. https://doi.org/10.1080/13183222.2019.1602812

Bonini, T., & Pais, I. (2017). Hacking Public Service Media Funding: A Scenario for Rethinking the License Fee as a Form of Civic Crowdfunding. JMM International Journal on Media Management, 19(2). https://doi.org/10.1080/14241277.2017.1298109

Campos Freire, F. (2014). “El nuevo horizonte de la financiación de la radiotelevisión pública europea”. COMUNICACIÓN AEIC BILBAO 2014.

How is TV funded around the world? BBC news, 31-03-14.

 

 

América Latina: líneas de falla y respuestas fracasadas


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Luis Fernando Camacho, el Bolsonaro boliviano, en las protestas en La Paz contra Evo Morales

En América Latina se suceden las convulsiones político-sociales.

Perú, Ecuador, Chile y ahora Bolivia. Por no hablar de Venezuela o Nicaragua, o los cambios políticos en Argentina, Colombia y Brasil. Cada país tiene sus propias peculiaridades que requieren un análisis específico.

Estos seísmos (o sismos, como dirían allí) tienen unas fallas, unas líneas de ruptura, que recorren el continente: pobreza y desigualdad, corrupción, instituciones deficientes y militarismo, racismo, machismo  y fundamentalismo religioso.

Después de la ola democratizadora de los 90, neoliberalismo y populismo han fracasado en cerrar estas brechas divisivas.

¿Tienen algo en común las protestas latinoamericanas con otras a lo largo del mundo, como las que sacuden a países árabe-islámicos, HongKong o hasta Cataluña. He leído infinidad de análisis  y la conclusión más común es que estas explosiones son la respuesta a bloqueos políticos o sociales. Añadiría la capacidad de movilizarse aparentemente sin líderes en virtud de las redes sociales, la capacidad de influencia subrepticia de poderes extranjeros y la fascinación por la violencia de algunas minorías juveniles.

Bolivia

Antes de analizar las líneas divisorias y las respuestas fallidas unas palabras sobre Bolivia

Sí, hay un golpe de Estado cuando los militares fuerzan la dimisión del presidente de un país, de su gobierno y de los cargos institucionales, como los presidentes de las cámaras parlamentarias. Y cuando una presidenta asume sin el quorum parlamentario exigido. Golpe blando, pero golpe al fin.

Y, sí, también en Bolivia hubo irregularidades en las elecciones presidenciales, según el informe preliminar de la OEA, cuestionado, es cierto, por otro del The Center for Economic and Policy Research, un centro progresista estadounidense. Pero, en cualquier caso, Evo Morales permitió la auditoría externa y terminó por admitir la celebración de unos nuevos comicios. Previamente, violó la Constitución presentándose a la reelección con el respaldo de sentencias del Tribunal Constitucional y el Tribunal Superior Electoral, bajo su control.

En las calles se ha vivido una situación de preguerra civil. Milicias paramilitares dando caza a los partidarios de Morales en Santa Cruz. Indígenas de El Alto atacando comisarías, dispuestos a tomar el Palacio de Gobierno (el Palacio Quemado) para defender a Evo y su Movimiento al Socialismo. Y un líder carismático, Luis Fernando Camacho, el Bolsonaro boliviano, invocando la legitimidad de los comités cívicos nacidos en Santa Cruz y rodeado de parafernalia religiosa, uno de cuyos grandes objetivos ha sido reinstaurar (sic) la biblia en el Palacio de Gobierno.

Bolivia ilustra esas fallas: desigualdad, racismo, corrupción, intolerancia religiosa y regreso de los militares. Y el fracaso de una de las respuestas, el populismo.

(Lo mejor que he leído sobre Bolivia son estas Lecciones de la tragedia boliviana de Arturo López-Levy)

Las fallas

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Extraído del Orden Mundial con datos del Banco Mundial

La pobreza es estructural en América Latina, con grandes diferencias entre países, pero marcada en todas partes por una economía informal, bajos salarios, pobre educación y deficientes servicios públicos. La pobreza extrema hace a una parte de la población extremadamente dependiente de programas de asistencia social.

También es una de las regiones más desiguales del mundo.El índice Gini (0 sería la igualdad perfecta, más desigualdad cuanto mayor sea este índice) va del del 39,5 de Uruguay al 53’3 de Brasil (España 36,2).

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Fuente: blog Diálogo a Fondo (FMI), con datos del Banco Mundial

El auge del precio de materias primas, de las que son grandes exportadores redujo la pobreza durante dos décadas, pero a partir de 2015 su hundimiento vuelve a hacer crecer la pobreza y desigualdad, y más en tres países protagonistas de convulsiones, Brasil, Ecuador y Bolivia. El problema sigue siendo la dependencia extrema de la exportación de materias primas, y, como consecuencias, el poder de las oligarquías exportadoras y la destrucción del medio ambiente.

(CEPAL es la mejor fuente sobre economía latinoamericana)

Racismo y machismo están íntimamente vinculados con la pobreza y el subdesarrollo. Los afrodescendientes tienen casi tres veces más posibilidades de vivir en la pobreza, tienen menos acceso a la educación y al empleo y están poco representados en cargos de toma de decisiones.

En los países andinos, las repúblicas criollas perpetuaron y radicalizaron una segregación que viene desde la colonia. Pero es en este mundo donde las comunidades indígenas tienen mayor grado de organización e influencia. En Ecuador, terminaron con las presidencias de Bucaram y Mahuad. Y la Bolivia de Morales se convirtió en Estado Plurinacional. En buena parte, el estallido actual de Bolivia viene explicado por esta línea de división. Algunos policías se arrancaban de sus uniforme el distintivo de la whipala, la bandera símbolo de esa plurinacionalidad.

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Mural Francisco I. Madero, Sufragio efectivo, no reelección (1969). Juan O’Gorman

El Estado tradicionalmente ha sido débil e incluso ni siquiera ha podido o querido ejercer el monopolio de la violencia sobre todo el territorio. Sus clases dirigentes, siempre clientelares y apegadas a un ejercicio leguleyo de la política, no han sido capaces de establecer administraciones públicas profesionales, eficaces y neutrales.

Se ha entendido la victoria política como un todo o nada, lo que viene favorecido por sus sistemas presidencialistas y la tradición caudillista. Por eso, para que los gobernantes elegidos no se perpetúen en el poder, en todo el continente las fuerzas democráticas han luchado por la no reelección presidencial. “Sufragio efectivo, no reelección” -exigía ya Madero en 1910 en su campaña contra el tirano Díaz. Un solo mandato como garantía

Después de la caída de las dictaduras militares muchas constituciones prohibieron la reelección presidencial. Correa modificó la Constitución ecuatoriana para permitir la reelección indefinida y Lenín Moreno, después, consiguió en referendum abrogarla. Morales perdió su referendum, pero después el Tribunal Constitucional consideró que la prohibición constitucional de no reelección vulneraba los derechos políticos reconocidos por la Convención Americana de Derechos Humanos.  Parecidos subterfugios siguieron Óscar Arias en Costa Rica, Daniel Ortega en Nicaragua y el año pasado Juan Orlando Hernández en Honduras. Y hasta López Obrador ha tenido que firmar una declaración prometiendo que no promoverá la reelección, verdadero tabú en México.

Instituciones débiles son el caldo de cultivo de una corrupción endémica. Los grandes casos de corrupción tenían antes un marco nacional: malversación gubernamental, expolio de las empresas públicas, sobornos por empresas y potentados nacionales o concesionarios extranjeros.

En la última década la hidra de la corrupción ha tomado forma continental con terminales en múltiples países. El caso Odebrecht (en Brasil, Lava Jato), la empresa constructora brasileña que corrompió a la clase política de todo el continente: Brasil, Ecuador, Colombia, México, Panamá, Chile, Argentina, Venezuela, Uruguay y Perú con tres expresidentes procesados (Alan García se suicidó antes de ser detenido) y un presidente, Pedro Pablo Kuczynski, destituido.

No menos grave es la corrupción de cada día que afecta al ciudadano común, que alimenta su irritación y desafección política. Los datos sobre opiniones y experiencias de corrupción medidas por el barómetro de Transparencia Internacional son demoledores. Uno solo: 1 de cada 4 encuestados ha recibido propuestas de compra de voto.

Otra falla es el fundamentalismo religioso. Costó mucho la separación de la Iglesia y el Estado en los jóvenes repúblicas independientes (guerras incluidas, entre otras la cristera en México, de 1926 a 1929). Más allá de las leyes, hasta los 70 del siglo XX la influencia de la Iglesia en la vida social y política fue enorme. A partir de la Conferencia Episcopal de Medellín de 1968 la Iglesia oficial intenta acercarse a los más pobres y una parte abraza la teología de la liberación, que alimenta y apoya la revolución sandinista. Juan Pablo II siega de raíz esta tendencia y las comunidades populares y los teólogos de la liberación son marginados, mientras se refuerza una jerarquía conservadora.

Esa falta de proximidad a las clases populares se llena por el pentecostalismo carismático conservador. No cabe aquí discutir si este desarrollo fue espontáneo o favorecido desde la política de seguridad nacional de Washington, pero el hecho es que estas iglesias conservadoras son un factor político de primera magnitud. Son decisivas en Guatemala, en Brasil fueron esenciales en la elección de Bolsonaro y en Colombia en el resultado adverso al acuerdo de paz en el referendum.

Se propagan con sus liturgias emocionales. A la teología de la liberación de los pobres oponen la de la prosperidad de los ricos. Su causa es la de la lucha contra el aborto, el matrimonio homosexual, la que llaman ideología de género, la defensa del creacionismo y la imposición de la biblia por encima de las leyes y la constituciones. Un torpedo en la línea de los estados laicos. El “Brasil por encima de todo y Dios por encima de todos” de Bolosonario explica a la perfección la alianza entre nacionalismo y religión, que enlaza con la contrarrevolución mundial de Steve Bannon.

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Luis Fernando Camacho leyendo la Biblia en el Palacio Quemado después de la caída de Morales. en la camiseta la cruz de una oscura organización Orden de los Caballeros de Oriente

La novedad en el caso de Bolivia es el fundamentalismo católico. Luis Fernando “Macho” Camacho, empresario de Santa Cruz, líder de los comités cívicos, carismático, histriónico, prometió devolver a Dios y la Biblia al Palacio Quemado, como desagravio al reconocimiento por Morales de las religiones tradicionales indígenas. Como Salvini,  muestra en sus arengas un rosario y sus partidarios enarbolan vírgenes y toda la imagenería clásica católica.  También los fundamentalistas protestantes están fuertes. El pastor de origen coreano Chi Hyun Chung, fue el tercer candidato presidencial más votado, tras una campaña misógina y homófoba. Fundamentalismo, nacionalismo y racismo se cruzan y realimentan. Manifestación criolla del fascismo 3.0.

Vuelven los militares, si es que alguna vez se marcharon. Tras la caída de las dictaduras militares en los 80 y 90, los uniformados se retiraron a los cuarteles y aceptaron formalmente la primacía del poder civil. Simbólicamente, sin embargo, siguieron siendo los depositarios de las esencias nacionales.

Hugo Chávez los llevó al poder con su movimiento cívico-militar y son en Venezuela la columna vertebral del régimen. En las nuevas crisis han jugado un papel destacado. En Perú y Ecuador apoyaron a los presidentes Vizcarra y Moreno y en Bolivia, a pesar de haber sido mimados por Morales, el jefe del ejercito, general Williams Kaliman, le sugirió que debía dimitir. La nueva presidenta Jeanine Áñez, ha cambiado la cúpula militar para asegurarse el respaldo de las Fuerzas Armadas, el único poder realmente efectivo en este momento en Bolivia.

Los militares son agente esencial en los nuevos golpes blandos, en los que apoyan a alguna de las fuerzas que luchan por el poder en una situación de crisis institucional. Antecedentes de golpes blandos, los que sufrieron Oviedo en Paraguay (2012) y Zelaya en Honduras (2017).

Soluciones fracasadas

Desde las caídas de las dictaduras se han ensayado en América Latina dos tipos básico de soluciones político-económicas: neoliberalismo y populismo. No me gustan ninguna de las dos denominaciones, porque son clichés cargados de significaciones negativas que simplifican políticas diversas. Pero no soy capaz de encontrar otras mejores. No es tampoco el lugar de profundizar en estos sistemas. Pretendo simplemente mostrar como soluciones que pudiéramos llamar neoliberales y populistas han fracasado este siglo en América Latina.

En los 90 predominaron gobiernos plegados a los que se llamó consenso de Washington. Privatizaciones, liberalización de los mercados y exportación de materias primas, reducción de los servicios públicos y eliminación de subsidios. Políticamente, democracias representativas, altamente corruptas y con escasa representación de las clases populares. En épocas de bonanza la economía parecía boyante, pero las crisis se resolvían con ajustes brutales que terminaban en explosiones sociales: el caracazo, la caída de Bucaram y Mahuad, el corralito argentino.

Estas convulsiones trajeron en la primera década del siglo XXI gobiernos de izquierdas, de origen y trayectorias muy distintas: peronismo en Argentina, Partido de los Trabajadores en Brasil, revolución bolivariana en Venezuela, Frente Amplio en Uruguay, revolución cívica en Ecuador, el indigenismo del Mas en Bolivia… Todos llegaron al poder mediante elecciones democráticas y enorme apoyo popular. Todos rompieron el consenso de Washington y lanzaron políticas de redistribución. Pero su evolución y desempeño fue desigual.

Hugo Chávez, de la cepa de los caudillos latinoamericanos, pronto desnaturalizó la democracia representativa. La voluntad del pueblo, expresada por él mismo, se puso por encima de cualquier institución, todas ellas controladas por sus fieles. Los altos precios del petróleo mantuvieron la bonanza económica, pero su caída y una cadena de decisiones económicas desastrosas condujeron a la penuria actual y a una crisis política sin salida aparente, agravada por la incompetencia y el sectarismo de Maduro y la oposición. Venezuela y la Nicaragua de Ortega (exrevolucionario aliado de la Iglesia conservadora y los empresarios más reaccionarios) muestran el fracaso absoluto de cualquier solución que pase por la anulación de las instituciones de la democracia representativa.

No en todas partes han fracasado los gobiernos de izquierdas. Uruguay con la sucesión de Tabaré Vázquez, Pepe Mújica y de nuevo Vázquez camina en una línea progresista avanzada, con total respeto a las instituciones democráticas. De Argentina es imposible hablar en una línea, pero en general puede decirse que la presidencia de Néstor Kirchner hizo avanzar el progreso y la justicia social.

En Ecuador, Brasil y Bolivia, Correa, Lula y Evo sacaron de la pobreza a una parte importante de la población, hicieron crecer por abajo las clases medias, reforzaron los servicios públicos y realizaron en general políticas económicas responsables, aceptables para los inversores extranjeros (que le pregunten a Brufau sobre Bolivia) y que en general hicieron progresar a estos países, hasta que en 2012 la onda de la Gran Recesión los  golpeó de lleno. No obstante, la lucha contra la pobreza se cifró sobre todo en programas asistenciales y subvenciones a productos básicos y mucho menos en inversiones productivas.

Más allá de sus políticas económicas, sus pecados son políticos: corrupción, sectarismo, polarización, clientelismo. A  pesar de todo, hoy Lula, Morales y Correa debieran jugar un papel en defensa de las clases populares, pero para ello tendrían que reconocer sus errores y pedir perdón, lo que resulta imposible cuando luchan por su supervivencia política y hasta personal.

Hacen falta nuevos Lulas, jóvenes, preparados, salidos de las clases populares, sin las cargas de la corrupción y el sectarismo, respetuosos del Estado de Derecho. Por el momento, habrá que esperar que Alberto Fernández no recaiga en los vicios de Cristina y que López Obrador comprenda que por el mero hecho de que el sea presidente nada se soluciona sin políticas efectivas.

Para terminar el caso de Chile. Laboratorio social en el que la dictadura de Pinochet impuso el liberalismo extremo de la escuela de Chicago. Siempre puesto de ejemplo de estabilidad y progreso económico, dos décadas de democracia condicionada por una Constitución que guarda elementos todavía de la dictadura,  con gobiernos de centro-izquierda y derecha, Chile ha estallado por una subida de los billetes de metro.

Más allá de los disturbios, está el hartazgo de las clases populares y media (la mayor del continente junto con Uruguay) con un sistema con buenas cifras macroeconómicas, pero donde la sanidad y educación de calidad son privadas y cada vez más inalcanzables.

El caso de las pensiones es paradigmático. La dictadura, justamente el ministro Piñera, hermano del actual presidente, impuso el paso del sistema de reparto a uno de capitalización. Con bajas aportaciones de trabajadores y empresarios, la reducción mundial de  la rentabilidad de los activos financieros está condenado ahora a la miseria a muchos nuevos pensionistas. Aviso a navegantes para los que aquí propugnan el sistema de reparto.

Chile es ejemplo palmario del fracaso del modelo neoliberal fuera de los países hegemónicos. O un anticipo a que extremos llevan las privatizaciones. En Chile los créditos universitarios condenan a la pobreza a los jóvenes licenciados; en Estados Unidos las familias ya tienen que elegir entre mantener los seguros de salud, la casa familiar o la universidad de los hijos.

Las respuestas a la crisis en Chile se están produciendo a tres niveles. La violencia se mantiene en niveles altos y aparentemente sin control, al tiempo que aumentan las denuncias de excesos y brutalidades por parte de las fuerzas del orden. Institucionalmente, se abre paso el consenso sobre la apertura de un proceso constituyente, seguramente imprescindible, pero lento y que no resolverá mágicamente los problemas económicos y sociales. Y popularmente se desarrolla un proceso pacífico de participación, los cabildos, con similitudes con el movimiento de las plazas del 15-M español. Quisiera pensar que en Chile se esté gestando un nuevo modelo justo, eficiente e inclusivo, sin las viejas cortapisas de la dictadura y con un Estado de Derecho más participativo.

El mejor y el peor de los tiempos


«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo». (Comienzo de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, en su versión castellana en prosa)

Andaba buscando un balance de 2018 e intentando adivinar tendencias para 2019, pero no quería recaer en un pesimismo, por otra parte más que justificado. Por supuesto, 2018 ha sido un año tan oscuro como 2017 y muchas de esas nubes negras amenazantes han descargado terribles tormentas. El lobo -el odio, el miedo, la xenofobia, el neofascismo- ya está entre nosotros y tendremos que acostumbrarnos a convivir con él, intentar mantenerlo a raya, evitar en la medida de lo posible sus dentelladas.

Ese es para mi el rasgo más significativo del año que nos deja, la consolidación del neofascismo, que gobiern en Italia, Brasil, que llega a las instituciones en España.

Pero ¿no hay nada positivo en 2018, no hay ninguna buena tendencia para 2019?

Entonces recordé esos versos geniales con los que Dickens empezó su Historia de dos ciudades: “It was the best of times / it was the worst of the times….”

En todos los tiempos la luz y las tinieblas se mezclan de forma inseparable. El siglo XX -“un despliegue de maldad insolente” -Enrique Santos Discépolo dixit en Cambalache– nos dejó los campos de exterminio y el gulag, pero también el despliegue de los derechos humanos y la mejora de la vida material de una buena parte de la Humanidad. Claro que eso es una visión general, de poco consuelo para las víctimas de los distintos genocidios. O no, porque también en su vida habría momentos de luz.

Recientementemente una corriente de pensamiento insiste -en una versión actualizada de la idea del progreso, pero no determinista- en que si este no es el mejor mundo posible -obviamente tienen que reconocer las tinieblas que existen entre nosotros- sí es la mejor época para la Humanidad en su conjunto.

De entre los defensores de estas ideas, el más burdo es el sueco Johan Norberg, defensor de la globalización neoliberal. Su fundamentación es estadística: más salud, más riqueza, más esperanza de vida, más educación…

También se basa en los datos el norteamericano Steven Pinker, uno de esos gurús intelectuales que han sustituido a los viejos intelectuales comprometidos. Pinker, científico cognitivo, va más allá del puro dato estadístico y remiténdose a todo tipo de ciencias, y de modo especial a la Historia, sostiene que la evolución humana viene desarrollando “el ángel que llevamos dentro” y modelando una nueva mente.

El filósofo francés Michel Serres comparte datos y argumentos con los anteriores y defiende que hemos entrado en una edad dulce, en que se desarrolla la vida y el espíritu a través de tres maneras: la médica, la pacífica y la digital.

Todos ellos coinciden que esa percepción de vivir en el peor de los tiempos es responsabilidad de los medios que subrayan y enfatizan lo negativo, una crítica muy común, pero que olvida que solo conociéndolos podemos terminar con los males que nos aflijen.

Sí, estadísticamente, la Humanida nunca ha vivido mejor. Sí, los poderosos de hace siglos sufrían y morían con males que hoy parecen banales y se curan rutinariamente. Es cierto también que hoy un gran millonario puede estar utilizando el mismo teléfono u ordenador que tú o yo, por mucho que las decisiones que tome con estas herramientas vayan a determinar el futuro de millones de seres humanos. Y es verdad que más importante que la desigualdad es que disminuya la pobreza en términos absolutos.

Pero estos autores subestiman que en el origen de la desigualdad está el empobrecimiento de grandes capas de la población de Europa y Estados Unidos, justamente porque, roto el pacto social, la riqueza se acumula en menos manos y su goteo se detiene en los estratos cosmopolitas, quedando para los demás unos servicios sociales que cada día se parecen más a instituciones de beneficiencia. Olvidan que ese desarrollo de las sociedades asiáticas, que ha sacado de la pobreza a millones de personas, se ha hecho comumente en sistemas autoritarios, que limitan los derechos y un verdadero desarrollo personal.

Sí, vivimos en el mejor de los tiempos, pero son millones los que soportan la peor de las vidas. Y en nuestras democracias, la ruptura del pacto social, ha generado la desconexión entre representantes y representados. Representantes cada vez más irresponsables, representados que solo actúan socialmente por impulsos emocionales. Parece que, finalmente, Thatcher ha triunfado y ya no existe sociedad, solo individuos.

Volviendo al balance del año que termina, la fragmentación social, el miedo, el pesimismo y la desconfianza han generado la ola de neofascismo y a explosiones como la de los chalecos amarillos, que expresan la impotencia de las clases populares ante decisiones que nos les toman en cuenta.

Gravar más el gasoil va en la buena dirección de luchar contra una contaminación que cuesta vidas, pero hacerlo sin tener en cuenta las consecuencias para los que necesitan su viejo diesel para trabajar es una nueva manifestación del despotismo ilustrado. Para poner las cosas en su contexto, si 1.100.000 franceses pidieron, en el origen de los chalecos amarillos, la retirada de la tasa al diesel, 1.700.000 apoyan ahora una denuncia colectiva contra el estado francés por no afrontar las medidas necesarias para detener el cambio climático. Luces y sombras.

Luces de 2018 han sido el Pacto de las Migraciones de Marraquech
(pdf texto Pacto Mundial) y el reglamento técnico adoptado en Katowice para desarrollar el Acuerdo de París contra el calentamiento global. También la Comisión Europea ha publicado su visión estratégica y España las directrices para la futura ley de transición energética. Son pasos cortos, lentos, insuficientes, que siguen dejando el futuro de la Humanidad en manos de las soberanías nacionales, pero el multilateralismo es por el momento la única herramienta para concertar intereses a nivel universal, sin el recurso a la guerra.

A nivel mundial y muy destacadamente en España, 2018 nos ha dejado una gran luz, la explosión del movimiento feminista, uno de los mayores vectores actuales de progreso.

Otra luz de 2018, muy pequeña, muy personal, es la resolución de forma positiva del concurso público para el Consejo de RTVE. Suscribo completamente la opinión de Enrique Bustamante, más luces que sombras. Ahora veremos si los partidos están a la altura.

Una nube negra proyecta sus sombras sobre 2019, una nueva guerra fría pilotada por Trump, Putin y Xi Jinping. Es grande el riesgo de que una guerra comercial traiga el año próximo una nueva recesión a nivel mundial. Una guerra fría que en Europa puede tener estallidos calientes, en Ucrania y, más improbable, en las repúblicas bálticas.

El primer reto para 2019 es parar el avance del neofascismo. En España no debe hacerse con cordones sanitarios ni, desde luego, con violencia en las calles, sino -y esa es tarea del periodismo- desenmascarando sus mentiras, sus abusos, su falsa virginidad política. A nivel personal, no consintiendo ni un meme, ni un chiste racista o machista.

Otro de los grandes retos para el año que viene es la gestión de la inmigración. Está bien abrir los puertos españoles, pero no lo está mantener las concertinas y no habilitar pasarelas humanitarias para evitar el lanzarse al mar o desgarrarse en las cuchillas de una valla. España debe activar los recursos necesarios para que la primera acogida sea digna y eficaz, solidariamente entre todas las comunidades y ciudades. Y establecer planes a largo plazo para una integración real, que aporte diversidad y cree riqueza. En otro caso, el racismo siempre latente se despertará.

En cuanto al gran reto de nuestro tiempo, el calentamiento global, no se me ocurre más que un consejo, andar y usar el transporte público siempre que se pueda.

Todos estos retos se van a librar en unas elecciones decisivas, las europeas. Por supuesto, que las locales y autonómicas del mismo día, y no digamos las nacionales que planean, son importantísimas, pero en las europeas nos jugamos la existencia de la Unión Europea. Una gran victoria del neofascismo (y en España el sistema electoral les favorece) supondrá si no la muerte de la UE, sí la renuncia a sus prinicpios humanistas y la reversión de sus competencias hacia los estados nacionales.

A continuación, fuentes de los autores del “mejor de los tiempos” y como contraste, Serrat cantando Cambalache, tan valido en el siglo XX como en el XXI.

Feliz 2019.

Fuentes del “mejor de los tiempos”


La Constitución es mi patria


Patriotismo constitucional

Ni banderas, ni escudos, ni religiones, ni ancestrales tradiciones (que como mucho tienen dos siglos). En una sociedad democrática y plural la Constitución es el punto de encuentro común, las bases para que todos podamos desarrollar nuestros proyecto personales y colectivos de manera pacífica.

La Constitución es la patria política, la polis común.El patriotismo constitucional,en la visión de Habermas, es la identificación y el compromiso con los valores de la Constitución, que nos hace ciudadanos y que nos reconoce derechos, pero también nos exige una activa participación y una serie de deberes cívicos.

La lengua, en este caso el español, es una patria global, que nos permite compartir marcos mentales con más de 400 millones de seres humanos. La lengua es la patria mental.

rNo soy de homenajes ni de celebraciones, pero valga  esta reflexión  personal ahora que la Constitución española cumple 40 años y por aquello de que uno no sabe si podrá celebrar los 50 (por los avatares políticos o la desaparición personal).

 Cuando estudiaba Derecho en los estertores del franquismo, estudiábamos y envidíabamos las constituciones de Italia o Alemania, nos explicaban instituciones como los tribunales constitucionales (una creación del genial Kelsen) o nos introducíamos con el emblemático libro de Elías Díaz en la idea del Estado social y democrático de derecho (pdf con un resumen del libro Estado de Derecho y Sociedad Dmocrática, de su autor).

Luego, en mis primeros pasos como periodista, aunque no hacía información política, seguí con pasión los debates constitucionales y vi con satisfacción como aquellas ideas estudiadas en la Facultad tomaban cuerpo en nuevas institucionales y, sobre todo, en una muy avanzada declaración de derechos civiles y políticos.

Hoy, 40 años después, la norma fundamental muestra un desgaste lógico, facilmente superable si el pacto constitucional se mantuviera vivo, pero no lo está.

El pacto constitucional

No hubo unas elecciones constituyentes, pero las de 1977 lo fueron de hecho. Las circunstancias económicas y políticas no podía ser más adversas: un terrible crisis económica, terrorismos varios, ejército y policía sin control.

Las diferencias entre las fuerzas constituyentes eran abismales, pero todos sabían que no se podía volver atrás, que no eran viables ni el franquismo ni la dictadura del proletariado, que había modelos de éxito, que nos encontrábamos en una determinada órbita geopolítica. Y, sobre todo, que la falta de acuerdo significaba el riesgo cierto del enfrentamiento civil generalizado. Por eso hubo pacto.

Unos cedieron cuando no les quedó más remedio, otros conquistaron todo el terreno que era posible. Las movilizaciones sociales fueron mucho más importantes que el cabildeo de los reservados de los restaurantes y Juan Carlos de Borbón no fue el agente decisivo, sino un navegador ambiguo sobre la marejada, pero es cierto que con él abiertamente en contra todo habría sido más difícil.

En mi opinión, hoy la relación de fuerzas entre conservadores y progresistas sería menos favorables para estos últimos.

Nuestra Constitución, a diferencia de la portuguesa de 1976, no promete abrir una camino hacia la sociedad socialista, pero establece los principios de libertad, igualdad, pluralismo y participación y -muy importante- asigna a todos los poderes públicos la función de hacer reales la libertad, la igualdad y la participación.

“Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.” (art. 9.2)

La declaración de derechos civiles y políticos (la Sección 1ª del Capítulo II) es avanzada, con reconocimiento de derechos entonces novedosos como la limitación de la informática para preservar la intimidad, o el derecho de acceso a los medios públicos de los grupos políticos y sociales representativos. Y sobre todo estas libertades públicas se convierten en verdaderos derechos subjetivos, con una protección judicial efectiva.

En ningún artículo se aprecian tan claramente los difíciles equilibrios como en el 27, que reconoce el derecho a la educación y la libertad de enseñanza y da base a la coexistencia de dos tipos de centros, los públicos y los concertados.

 Lógicamente, el desarrollo de estos derechos se remitía a la ley orgánica. Y ahí no siempre ha habido consenso y sí clamorosos incumplimientos de mandatos constitucionales. Un ejemplo, la ley orgánica que el art. 20 1.d) ordenaba no llegó hasta 1997 (Ley 2/97) y a la ley del secreto profesional todavía la estamos esperando (aunque la jurisprudencia ha llenado ese vacío).

En cambio, los derechos sociales y culturales quedaron rebajados a la categoría de principios rectores de la política social y económica, un marco de progreso, pero carente de una protección judicial efectiva, que se ha demostrado, sobre todo desde la Gran Recesión, como imprescindible.

Ciertamente, la monarquía fue una imposición, pero sin ella hubiera sido imposible el consenso. La monaquía parlamentaria, con un rey sin poder político, es perfectamente homologable. Pero ¡ojo!, los privilegios, los abusos y la identificación con los poderes económicos pueden poner en cuestión ese pacto, por mucho que un presidente de la República, en la actual fase de polarización, sería una trichera más de la batalla política y haría nuestro sistema todavía más inestable.

En el diseño institucional se copió de aquí y de allá. La moción de censura constructiva de la Ley Fundamental de Bonn. El Consejo General del Poder Judicial, del Consejo de la Magistratura de la Constitución italiana. El Estado autonómico es el desarrollo de los principios del Estado integral de la Constitución de la II República con aportaciones del federalismo alemán.

No, los consensos posteriores nunca fueron fáciles y hoy son casi imposibles. Pero el pacto constitucional se ha mantenido casi hasta ahora y eso nos ha permitido convivir y avanzar como sociedad.

La reforma de la Constitución

Nuestra Historia tiene muchas constituciones, pero pocas reformas constitucionales. Una reforma mantiene la misma legitimidad constitucional, los principios fundacionales, pero actualiza derechos y retoca, más o menos profundamente, las instituciones.

La Constitución requiere una reforma si no queremos que se degrade hasta hacerse inútil. Pero no nos engañemos, la mayor parte de nuestro problemas (la corrupción, el paro estructural, la deficiencias educativas, la degradación de los servicios públicos) no requieren cambios constitucionales y puede resolverse por pactos legislativos y, ante todo, por cambios en la cultura política.

Aquí un elenco de posibles reformas:

  • Derechos civiles y políticos. Retoques mínimos para adaptar, por ejemplo la privacidad al ecosistema digital, pero no abrir “melones” como el derecho a la educación y la libertad de enseñanza.
  • Derechos económicos y sociales. Conversión en derechos subjetivos exigibles ante los tribunales en la medida de lo posible. Una pensión, una prestación por dependencia o el derecho a una vivienda digna pueden ser reconocidos por los tribunales y su cumplimiento impuesto a los poderes públicos. El derecho a la negociación colectiva también. Pero ¿puede ser exigible ante los tribunales un puesto de trabajo?.
  • Regeneración democrática. Eliminación de aforamientos. Selección por mérito de los miembros de los órganos constitucionales y autoridades independientes. Refuerzo de las incompatibilidades entre mandatos políticos.
  • Monarquía. Eliminación de la prelación masculina. Eliminación de la inviolabilidad del monarca en actos privados, no en actos políticos que, por definición, no puede realizar, pues todos sus actos requieren la ratificación del gobierno y este es el responsable.
  • Laicidad. Lo más prudente sería no tocar el art. 16.2, pero denunciar los acuerdos con el Vaticano y hacer una nueva ley de libertad religiosa en la que quedara clara que la colaboración con cualquier religión lo es en la medida en que la acción de sus fieles e instituciones lo sea para hacer real la igualdad y la libertad. No cabe colaborar en el puro cumplimiento de los fines religiosos de un determinado credo, pero si prestaciones especiales (por ejemplo, menús particulares en establecimientos públicos) para respetar la libertad religiosa.
  • Encaje en la Unión Europea. Clarificar la jerarquía normativa con respecto a las normas europeas. Una reforma conveniente, pero no imprescindible.
  • Estructura territorial. Es la única reforma imprescidible, pero la más difícil, por no decir imposible. Apertura semántica a naciones en lugar de nacionalidades. Conversión del estado autonómico en estado federal. Conversión del Senado en cámara territorial con competencias exclusivas. Clarificación de las competencias entre el Estado central y las comundades federadas. Introducción de una cláusula de secesión: referedum con aprobación por mayoría absoluta del censo electoral, que solo se pueda celebrar cada 25 años.

La ruptura del pacto constitucional

No hay consenso para reformar la Constitución ni siquiera en asuntos menores en los que no hay desacuerdos profundos entre las fuerzas política, porque la oposición (cualquier oposición) en este marco de crispación no está dispuesta a dar ninguna victoría al gobierno (a cualquier gobierno). No digamos ya en los asuntos como la soberanía, la monarquía o los derechos fundamentales que requieren el proceso de modificación agravada: referedum, disolución de la cámaras, aprobación por las nuevas Cortes.

Nada queda del espíritu de consenso de la denostada Transición, que no era puro pasteleo, sino el convencimiento de que había que llegar a acuerdos porque nos jugábamos la pura supervivencia.

Defender la abolición de la repúbica, la independencia de Cataluña o la abolición de las autonomías no es, per se, una ruptura del pacto constitucional.  Es una propuesta de revisión radical, que exigiría un proceso constituyente.

Proponer la eliminación o recortes de derechos fundamentales es, en cambio, absolutamente incompatible con el sistema de valores de la Constitución, una propuesta que no puede ver expedito ningún procedimiento de avance.

Los independentistas catalanes han roto el pacto y la lealtad constitucional no por defender la idependencia sino por vulnerar la Constitución y los procedimientos que la garantizan. Esa ruptura y sobre todo la división social creada son muy difíciles de suturar. Alguna propuesta política habrá que realizar. No aceptarán una reforma federal, tampoco los nacionalistas vascos, que apuestan por el confederalismo. Solo una cláusula de secesión podría restaurar el pacto constitucional.

No hay término más manoseado que el de “constitucionalista”. Las fuerzas que más alardean de ello son las que más han manipulado la composición del Tribunal Constitucional y otros órganos constitucionales, las que más derechos han recortado por vía legislativa.

No tiene sentido proponer, por tanto, frentes de fuerzas constitucionalistas. Los independentistas que han roto el pacto constitucional y la ultraderecha que quiere romperlo están o van a estar en los parlamentos. Cordones sanitarios frente a la ultraderecha solo puede funcionar en Francia, merced a su sistema centralizado, mayoritario a doble vuelta.

Será legítimo que a la izquierda y a la derecha se pacte con los que han roto o han querido romper el pacto constitucional, pero sin concesiones que supongan limitaciones de derechos o sean contrarios a los valores e instituciones constitucionales.

A España ya ha llegado la utraderecha neofascista que cabalga por Europa. Lo peor no es la representación que obtienen, lo peor es que los partidos de derecha aceptan su programa, sus propuestas dominan el debate público (con la complicidad de los medios) y el fascismo impregna poco a poco el imaginario social.

Sin frentismo, sin violencia callejera,  sin concesiones, sin una sonrisa ante un chiste machista, sin compartir ni un meme de odio, en movilizaciones cuando haya que defender derechos… ni un paso atrás, todos con la Constitución.

Auschwitz ¿hoy más cerca?


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Placa original de carreteras. Exposición Auschwitz. No hace tanto. No muy lejos. Foto del autor

La visita a la exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos me ha suscitado esta pregunta ¿estamos hoy de nuevo cerca de repetir esa maldad absoluta que fue Auschwitz?

Primero, mi impresión sobre la exposición

La experiencia del Holocausto y, en general, del genocidio nazi es indecible… metafísicamente hablando; pero la literatura testimonial es ingente, imprescindible, no ya solo para conocer el fenómeno, sino para comprendernos como seres humanos.

Que escribir poesía después de Auschwitz pueda ser un acto de barbarie, como sostenía Adorno, o que solo los muertos puedan considerarse como verdaderos testigos, como dijo Primo Levi, uno de los más notables testigos, no dejan de ser catas en la verdad más profunda, pero en nada desmerecen los relatos de las víctimas. Jorge Semprún narra en “La escritura o la vida” el desgarro, la tensión de la víctima para convertirse en narrador. Imprescindible este texto de Semprún en el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz.

Una de las formas del relato testimonial es el museístico. Cuando entrevisté a Imre Kertész me mostró su desagrado porque el campo principal (por el que había pasado un tiempo antes de ser trasladado a Buchenwald) hubiera sido convertido en un museo. Birkenau -me dijo- sí es auténtico.

Efectivamente, en Birkenau, cuando se deja atrás el castillete por el que pasan las vías por las que llegaban los trenes de la muerte, cuando se entra en los barracones que siguen en pie, cuando se llega a los restos de los crematorios volados, la experiencia es muy especial. Yo tuve la sensación de pisar tierra sagrada. La experiencia no fue tan intensa en el recinto principal, este sí convertido en museo. Pero, incluso en un museo, ¿cómo no emocionarse ante los cientos de maletas apiladas, cada una con un dirección que es como una flecha al punto de origen de aquel europeo asesinado? ¿cómo no sentir una repulsión profunda ante las madejas de pelo humano, subproducto económico de la máquina de la muerte?

Museos y exposiciones no pueden trasladar plenamente una experiencia, pero su misión es esclarecer, enseñar, recordar para no repetir. En este sentido la exposición de Madrid es magnífica. Sitúa el fenómeno es su contexto, profundiza en sus orígenes y recoge gran cantidad de testimonios audiovisuales de las víctimas, seguramente rodados en los años 80 y muchos de ellos probablemente ya muertos. Debiera de ser visita obligada para todos los estudiantes de secundaria. Por cierto, había varios grupos de adolescentes que se comportaban muy respetuosamente, mejor que algunos jóvenes que ví en Auschwitz haciéndose selfies. Recomiendo la visita antes del 17 de junio. Luego, la exposición organizada por Musealia rotará por 7 países, de modo que tardará en poderse ver de nuevo en España.

No hace tanto tiempo. Para los jóvenes y para mi cuando lo era, el Holocausto parecía un tiempo muy lejano. Y sin embargo, era mi tiempo. Por eso me emocioné cuando en las vitrinas vi las maquinillas de afeitar de las víctimas, semejantes a las que utilizaba mi padre, los termos con lo que las familias judias se embarcaban en el último viaje, muy parecidos a los que mi madre llevaba a las excursiones de mi infancia.

Una breve enumeración de elementos que me parecieron especialmente significativos. Una infografía de una publicación nacionalista alemana con las pérdidas de Versalles (20% de población, 10% de territorio, 1/3 de producción industrial…). La sucesión de los marcos de la hiperinflación (del billete de 1.000 al de 5.000 millones de marcos). La brillantez de la falsa modernidad del “Triunfo de la voluntad” de Leni Riefenstahl. La mención muy completa al genocidio del pueblo roma y las películas de su vida en centroeuropa en los años 20. Una entrevista de Gunther Grass a Hanna Arendt: “en torno a mi se fue haciendo el vacío”. Y la historia de Witold Pilecki, el militar polaco que se dejó hacer prisionero para ser internado en Auschwitz, donde organizó la resistencia y envió mensajes al exterior, para ser, finalmente, ejecutado por el gobierno comunista en 1948.

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Panel sobre Witold Pilecki en la exposición con fotos de identificación de Auschwitz y de la policía comunista. Foto del autor

Vectores que hoy apuntan a Auschwitz

El nazismo, Hitler, el Holocausto y los genocidios nazis fueron un fenómeno único, la potencia de la modernidad industrial al servicio del mal absoluto. No conviene abusar de los adjetivos nazi o fascista para condenar cualquier conducta de extrema derecha, ni considerar genocidio a cualquier violación de los derechos humanos.

Trasladémonos por un momento a los últimos años 20, o los primeros 30. Nadie, salvo Hitler y sus adláteres, tenían en mente Auschwitz, pero un observador atento -y muchos lo fueron- detectarían las tendencias que arrastraban a la barbarie.

Hoy, casi un siglo después hay preocupantes vectores que apuntan al horror.

Los genocidios

Desde el fin de la II Guerra Mundial hemos vivido unos cuantos, Camboya, Ruanda, Bosnia… Parecía que a finales de los 90 las potencias estaban dispuestas a crear mecanismos de defensa (Tribunal Penal Internacional, responsabilidad de proteger), pero los acontecimientos de los últimos años, desde la bushiana War On Terror en adelante, los han dejado inservibles. Y ante nuestros ojos se ha desarrollado el de los rohingyas, sin prácticamente freno más que el de una suave presión diplomática.

Los crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, apartheid

Si el genocidio es la más grave violación de los derechos humanos, a efectos de las víctimas no lo son menos los crímenes de guerra y contra la humanidad. Irak, Afganistán, República Democrática del Congo, Yemen, Siria. No solo no se combaten, sino que, como en la Guerra Fría, vuelven a instrumentarse por las potencias, conforme sus intereses estratégicos.

Caso especial es el palestino, víctima de todo tipo de violaciones de los derechos humanos y sometidos a un régimen de apartheid, que deshonra a Israel. Las víctimas convertidas en verdugos. Gaza, la mayor cárcel a cielo abierto del mundo. Y los medios españoles hablando de enfrentamientos y disturbios, cuando se dispara con munición explosiva contra manifestantes armados con piedras que se encuentran a 400 metros de los soldados. ¡Vergüenza!

La destrucción del multilateralismo y la carrera de armamentos

Por deficientes que fueran, los mecanismo del multilateralismos facilitaban una cierta estabilidad y una promesa de prosperidad compartida. Su ruptura nos ha traído ya tensión militar en las fronteras, una guerra comercial a punto de estallar en la que todos perderemos y una carrera de armamentos, incluidos los nucleares, una vez que se demuestra que los acuerdos están para no ser cumplidos.

Xenofobia e intolerancia religiosa

En toda Europa se impone la xenofobia, la negación del otro, especialmente el inmigrante. En lugar de invertir dinero y esfuerzos en integrar, en resolver los problemas de la sociedad multicultural, se elevan muros físicos (un gran negocio) y jurídicos. Mientras el Mediterréno se convierte en una fosa común.

El nacionalismo (España-Cataluña), el miedo a la diversidad en la propia sociedad (grupo de Visegrado), el racismo campan por Europa. En situaciones de crisis grave los inmigrantes, especialmente musulmanes, pueden ser los nuevos chivos expiatorios, los nuevos judíos.

Los radicalismos religiosos pueden subyugar las sociedades de origen, pero no doblegar a las sociedades libres. Sin embargo, en Europa yihadismo y xenofobia se retroalimentan.

El gran Hermano tecnológico

Estamos todavía lejos de la distopía de Orwell, pero el nuevo ecosistema virtual de Internet es, al mismo tiempo un potenciador de la libertad y la participación democrática, un factor de radicalismo y polarización y, cada vez más, un sistema de control -hasta ahora corporativo, pero puede llegar a serlo político- de nuestras vidas a través de los datos que sembramos en la red.

Las democracias iliberales

Rusia, Turquía, Hungría, Polonia. Mantienen elecciones formales, en el mejor de los casos libres, pero nunca limpias. Exacerban el nacionalismo. Pivotan sobre un hombre fuerte. Deterioran los equilibrios del estado de derecho. Combaten el pluralismo y la diversidad. Buscan anular el pensamiento crítico con el apoyo de las religiones. Y la Unión Europea no sabe como lidiar con sus miembros iliberales.

El modelo chino

Desarrollo y estabilidad sin libertad. Capacidad de planificación autoritara a largo plazo. Un modelo de aparente éxito, con gran atractivo para los países africanos.

La creciente desigualdad

Las sociedades demócraticas no se han recuperado de la Gran Recesión y son cada vez más desiguales. La polarización crece. Los que se quedan atrás son carne de cañón de la xenofibia.

Desastres mediambientales y calentamiento climático

Estamos agotando el planeta.  Una gran crisis medioambiental se puede llevar por delante a la humanidad, pero sin llegar a situaciones extremas, los refugiados ambientales crecen y un accidente en cualquiera de nuestras sociedades puede tensar la convivencia y propiciar la caída en el horror.

 

Si comparamos con los años 20 y 30 del siglo pasado, ahora no compiten dos grandes utopías (que se probaron distopías, el fascismo y el comunismo) . Y, sobre todo, al menos en Europa el uso de la violencia es ahora un tabú. Pero necesitamos la vacuna del recuerdo de Auschwitz. Y el pensamiento de mentes como la de Hanna Arendt, cuya entrevista incrusto aquí.

Una última reflexión ¿podría emitir hoy una televisión europea una hora de entrevista como esta como lo hizo la televisión alemana en 1964?

 

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