Guerra y paz en las televisiones de referencia


Un país en guerra es noticia; un país en paz, no. Todos los periodistas lo sabemos. A veces intentamos poner el foco en las grandezas y miserias de la paz, pero, en general, quedamos atrapados en la representación de la violencia, como los insectos nocturnos por la luz.

Una investigación acaba de confirmarlo. Las cadenas de televisión de referencia (la guerra puede convertirse en un espectáculo televisivo) informan de un  país proporcionalmente a su nivel de violencia y cuanto menos pacífico sea el país, menos informan de su realidad no cotidiana no ligada a la violencia.

El estudio, Measuring Peace in the Media (pdf, vídeo) es una colaboración entre Media Tenor y el Institute for Economic and Peace (IEP). Media Tenor analiza sistemáticamente una treintena de informativos de las cadenas de televisión más prestigiosas del mundo. El Institute for Economic and Peace elabora un índice de la paz, el Global Peace Index (GPI) (Nueva Zelanda, el país más pacífico; Irak, el menos pacífico). Ambas instituciones tienen una orientación “pro negocios” (el IEP ha sido fundado por el millonario Steve Killelea) y el informe acaba de ser presentado en Davos. Su metodolología ha sido cruzar el rango del país en el GPI con el análisis de los informativos realizado por Media Tenor.

Mapa Global Peace Index 2010

Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

- En los países relativamente pacíficos los hechos excepcionalmente violentos tienden a recibir la máxima cobertura.

- En el caso de estudio “Afganistán” se constata que todos los acontecimientos en relación a la construcción de la paz son prácticamente ignorados.

- Las americanas son las cadenas que ofrecen más violencia. La BBC es la cadena que informa de más países y con mayor variedad de asuntos y enfoques. Al Jazira es la cadena más equilibrada en la cobertura de Afganistán (véase la visión sesgada de The New York Times sobre el sesgo de Al Jazira).

- Se informa menos de los 10 países más pacíficos que de los 10 menos pacíficos.

- Cuando un conflicto termina, el país deja de ser noticia.

- Sólo un 1’6% de todas las informaciones analizadas tienen que ver con la construcción de la paz.

(Sobre guerra y paz en televisión, véase también mi estudio “La representación del mundo en los informativos de televisión”)

¿Ha llenado TVE su agujero negro?


Durante toda su historia la televisión en España ha gravitado en torno al agujero negro del servicio público. TVE pretendía llenarlo con un mandato específico, pero la manipulación política y su financiación publicitaria (su producto, era pues, audiencia para vender a los anunciantes) hacían que ese territorio ideal quedara vacío, al menos parcialmente. No obstante, todo el sistema, incluidas las televisiones privadas, orbitaban en torno a este agujero negro.

¿Sigue siendo el servicio público de la televisión un agujero negro? Permitidme que deje la cuestión para el final de esta entrada.

¿De donde sale esta imagen del agujero negro? Tenía pendiente comentar el libro Los informativos diarios en BBC y TVE (Ediciones de la Torre), fruto del proyecto de investigación del GITEP (Grupo de Investigación sobre la Televisión Pública), del que Agustín García Matilla es investigador principal, y no sabía como abordarlo hasta que encontré esta imagen en uno de sus capítulos.

El libro, que lleva por subtítulo “Los discursos de sus profesionales y emisores”, establece un diálogo virtual entre los profesionales de TVE y BBC y sus respectivas audiencias, siempre en torno al concepto de servicio público. Ya me referí al debate que mantuvimos un grupo de profesionales y académicos sobre el avance de las conclusiones de la investigación, en el que se explicitaron algunas diferencias entre BBC y TVE.

Es difícil sintetizar este diálogo virtual entre profesionales y ciudadanos (establecido mediante técnicas cualitativas de investigación) dada la riqueza de matices. Muy simplificadas, esta son las representaciones que unos y otros se hacen del servicio público en España y Reino Unido.

Los profesionales británicos y españoles coinciden en los valores tradicionales del periodismo objetivista (verdad, imparcialidad, independencia, profundidad, claridad, respeto de los derechos de terceros). Discrepan en cuanto al grado en que estos valores se hacen reales en sus empresas. En TVE, el núcleo más veterano tiene una visión muy crítica, mientras que los más jóvenes y los directivos tienen una aproximación más pragmática y autocomplaciente. En  cambio, en la BBC los profesionales, sin perjuicio de críticas puntuales, están convencidos de su eficaz realización.

Los ciudadanos también tienen visiones distintas. La BBC ha logrado establecer una noción de televisión de servicio público aceptada por los ciudadanos, que manifiestan un alto grado de identificación con la Corporación y aceptan el canon, aunque se manifiesta un menor grado de identificación entre la población de origen no británico, por la concepción del mundo anglosajona que promueve la televisión pública. En cambio, en España, está muy extendido el convencimiento de la manipulación política y si acaso se admite que la televisión pública se distingue de las privadas en que limita la telebasura.

La BBC aplicó tradicionalmente la fórmula “hacer interesante lo relevante”, con una progresiva apertura a los intereses directos de la audiencia, lo que por una parte significa acercarse a las necesidades reales de la gente, pero, por otra, dar más presencia al infoentretenimiento. Su estrategia editorial es desde hace mucho tiempo diversificar contenidos y plataformas para que cada uno de los contribuyente al canon reciban algún beneficio del servicio público.

TVE, en cambio, ha estado, desde la aparición de la televisión privada, aplastada por los índices de audiencia, de los que dependía su financiación, luchando por el share, por lograr en cada instante el máximo número de espectadores, sin preguntarse por sus necesidades ni diversificar sus servicios.

Desde que terminara la investigación a la que me refiero, en los últimos 18 meses, las cosas han cambiado tanto en la BBC como en RTVE.

La BBC se verá obligada a realizar un recorte de 500 millones de libras en los próximos años, debido a la congelación del canon por el gobierno liberal-conservador. Uno de los servicios más afectados será bbc online con un reducción del 25% de su presupuesto. Habrá que ver como estas limitaciones económicas afectan a la diversidad de programas y servicios.

Más cambios ha sufrido RTVE, aparentemente más positivos que los de la BBC.

En primer lugar, ha avanzado su arquitectura institucional con el fin de delimitar el servicio público, garantizar la independencia informativa, promover el derecho de acceso, garantizar los derechos del público y establecer normas de buena práctica. Los hitos de esta arquitectura institucional son:

Uno de los elementos diferenciales que aparecían en la investigación comentada era la falta de una delimitación precisa del servicio público, que en el caso de la BBC viene establecido para los profesionales en las Guidelines. Estos nuevos documentos normativos suponen actualmente un importante valor añadido para la radiotelevisión pública frente a las televisiones privadas. Pero no son suficientes los textos. Es necesario que sus valores sean incorporados a la práctica cotidiana y para eso es imprescindible la formación permanente y -más importante todavía- un debate interno libre y una apertura al público.

Más conocido y seguramente más relevante es la desaparición por decreto de la publicidad de TVE para sacarla del mercado y dar su parte de la tarta publicitaria a los privadas. La financiación publicitaria se ha sustituido por la tasa del uso del espectro radioeléctrico y los recargos sobre los ingresos de las televisiones privadas y de los operadores telefónicos. El recurso de éstos y la probable anulación de la tasa por el Tribunal de Luxemburgo  ha puesto en cuestión el sistema y hace peligrar la propia existencia de RTVE.

El efecto positivo es que TVE se ha reencontrado con su audiencia. La televisión lidera claramente las audiencias generalistas con La Uno, especialmente en el terreno informativo, y las especializadas con Clan, 24 Horas y Teledeporte, aunque no consigue posicionar a La Dos como una opción cultural viable. Puede que los espectadores aprecien más los contenidos de los canales públicos, dada la descarada deriva hacia la telebasura de los canales privados (cada vez más concentrados). O más probablemente hayan recuperado el placer de ver la televisión sin interminables interrupciones publicitarias.

También es un paso adelante la apertura interactiva de su programación mediante TVE a la carta y RNE a la carta, todavía muy lejos del BBC i-Player. Pero apenas nada se ha hecho para mantener una verdadera interacción con la audiencia. Diversificación e interactividad son ahora los retos.

Volvamos a la pregunta del principio. ¿Está llenando TVE, RTVE, el agujero negro del servicio público? Sí, al menos parcialmente. La aceptación de sus canales por parte tanto de la audiencia generalista como de la audiencia diversificada, las sinergias tv-online de servicios como El Tiempo, la arquitectura institucional… todo ello está dando contenido y sentido al servicio público.

En la medida que se llena ese agujero negro, las televisiones privadas orbitan cada vez menos en torno a él, tanto porque la Ley General de la Comunicación Audiovisual (pdf) les ha liberado de la condición de concesionarios del servicio público, como porque en un panorama de concentración los objetivos económicos y financieros predominan sin complejos sobre los informativos, como ha demostrado la absorción de Cuatro por Telecinco y la conversión de un canal de 24 Horas en plataforma permanente de uno de los buques insignia de la telebasura, Gran Hermano. Mejor así, todo más claro.

No faltan nubarrones en esta incipiente reconstrucción del servicio público. El PP anuncia privatizaciones de las televisiones autonómicas y cierre de canales de TVE. El Partido Popular ha ido a remolque en toda esa arquitectura institucional y sería imprescindible un compromiso sobre su mantenimiento si llega al gobierno. Por otra parte, en una una campaña electoral que va a durar 18 meses, los profesionales y sus órganos representativos (los Consejos de Informativos) tienen que estar especialmente vigilantes para garantizar la imparcialidad más allá de la proporcionalidad de tiempos y los espacios impuestos por la Junta Electoral. Y queda pendiente un verdadero saneamiento de RTVE, rompiendo la dependencia de las productoras y revisando su organigrama directivo y sus relaciones con las empresas del sector.

¿Llegará a ser el servicio público de la radio y la televisión un astro con luz propia? Veremos. Pero de lo que no cabe duda es que investigaciones como la GITEP son un incentivo para ello.

TVE: reportaje publicitario de Mercadona


Acabo de ver la segunda edición del Telediario de TVE. Al final de un largo bloque de economía, o lo que es lo mismo, de crisis, un largo reportaje (¿1’40”?) dedicado a Mercadona. Que en plena crisis una empresa gane dinero y cree puestos de trabajo es una noticia. Y que lo haga bajando los precios y eliminando envases superfluos, también. Pero dedicar exclusivamente la información a esa empresa, con un par de declaraciones de su presidente, sin otros puntos de vista, convierte la información en un reportaje publicitario de la cadena de distribución. El tratamiento adecuado hubiera sido acudir a expertos externos, comparar con otros supermercados, comparar con otros países….

Parece mentira que a estas alturas el “mejor telediario del mundo” meta tales pufos.

Vídeo del TD2, a partir del 28:30

Lifting en los telediarios de TVE


cabeceraCasi por sorpresa, con el comienzo del nuevo año los telediarios de TVE estrenan nueva imagen.

Y digo casi por sorpresa, porque este tipo de renovaciones suelen hacerse al principio de una nueva temporada o con un cambio de Dirección.

En nota de prensa, nos explican que el cambio “coincide con el proceso de modernización y renovación tecnológica de los informativos de TVE, un proceso puesto en marcha en 2007 por la Corporación RTVE …”. Bueno, no parece que ese cambio tecnológico -supongo que se refieren a la digitalización de las redacciones- sea una iniciativa de la nueva Corporación, sino un proceso mucho más antiguo. Supongo también que el cambio de imagen no tiene nada que ver con que se aproximan las elecciones.

Los cambios de cabeceras, decorados y rótulos en televisión son, o bien señas de identidad de un nuevo producto, o bien simples cambios cosméticos. En el caso de TVE es puro maquillaje porque el producto, los telediarios, no cambian en su estructura, contenidos o presentadores. Se trata de un simple lavado de cara de unos programas que después de un largo calvario de cuatro años han terminado por recuperar el liderazgo de audiencia, con un largo proceso de reubicación de públicos después de los cambios que siguieron al 11-M.

El azul, con distintas gradaciones, sigue siendo el color corporativo. Ahora se añade el cuadrado como identificador de los telediarios, con un grafismo que recuerda el logo de los 80.

La cabecera parte del cuadrado para terminar por componer el mapamundi. Como se ve, nada original e incluso menos explícito que anteriores cabeceras que partiendo del objetivo de la cámara pretendían hacer transparente el mundo.

Los decorados, en blanco y en azul recuerdan a los TF2. Parecen menos audaces que los anteriores, basados en una serie de pantallas colgantes en el set, que por falta de definición, no parece que dieran demasiado juego como elementos de representación gráfica. Ahora, detrás del presentador hay unas imágenes en movimiento bastante desquiciantes.

Como siempre que en los noticiarios de televisión se juega con el estudio el resultado puede resultar decepcionante, porque, al final, el plano medio, en el que la profundidad se pierde, es el más eficaz para una presentación al servicio de la noticia y no del espectáculo.

El cambio más positivo me parece el de la rotulación. Rótulos con un tipo más pequeño, pero legible, y ahora animados. Es posible en el mismo espacio introducir más texto, jerarquizando títulos y subtítulos por el tipo, mayor o menor de letra. Claro que cuanto más información textual se facilita, más dirigida está la información, menos capacidad de interpretación propia tiene el espectador. Y la tentación es titular con obviedades.

En resumen, un cambio cosmético, que salvo en los rótulos pocas mejoras añade. Y es que los informativos diarios, los telediarios, paradigma de información de actualidad en el medio de televisión, no soportan demasiado bien los cambios radicales de formato. Las verdaderas mejoras, en cualquier televisión, sólo pueden venir de un trabajo periodístico riguroso, especializado, en profundidad… en definitiva de una credibilidad que hay que construir día a día y que está por encima de cabeceras o decorados.

Telediarios “frescos”. No, gracias


Me he asustado leyendo en El País que “la BBC quiere telediarios frescos”. Pensaba que lo que la BBC quería (visto los principales significados de fresco en el diccionario de la RAE) era unos informativos moderadamente más fríos o quizá más recientes -y eso todavía me ha inquietado más, porque querría decir que nuestro gran modelo de televisión informativa difunde noticias que no están actualizadas.

He he ido a la fuente, el diario The Times, y entonces me he enterado que lo que se trata es de hacer “informativos más atractivos”. Vaya, eso quería decir frescos…

BBC news at ten

El Trust de la BBC, su máximo órgano supervisor que sustituyó al Consejo de Gobernadores, pide a la Corporación que acerque sus informativos al público, que según las encuestas, menos aprueba su programación, entre los que se encuentran muchos jóvenes y trabajadores manuales. Para ellos se piden unas informaciones más relevantes y accesibles. Y se presenta un modelo: el boletín de 90 segundos que se emite a las 20 horas, un avance del informativo principal de las 10 de la noche. Está presentado por una joven presentadora, Kate Silverton, y según su editor, Craig Oliver, pretende hacer accesibles las noticias claves del día a más espectadores.

Kate Silverton

Claro que lo de “frescos” no es un término que se haya inventado el periodista de El País. El Trust recomienda que no se presenten los programas informativos como “exigentes” o “creativos”, porque la gente entiende que se trata de programas “caros”, “artísticos” o que “requieren esfuerzo”. En su lugar deben ser presentados como “frescos”, “nuevos” o “diferentes”. O sea, que no haya que hacer esfuerzo para comprender las dificíles cuestiones que plantea la actualidad… Eso sí, se insiste en que la BBC debe mantener sus altos estándars de calidad en esos “frescos” informativos…

En realidad lo que subyace es un debate que se vive en todo el mundo. Para no perder audiencias, hagamos noticias “entretenidas”, con un lenguaje propio de adolescentes, sin complicaciones… Es una tendencia imparable, pero es un verdadero suicidio, porque no hace sino expulsar al gran consumidor de noticias, el espectador informado y exigente, sin conquistar al otro espectador, que no está interesado por la información y que para divertirse prefiere otros programas u otras actividades. Así lo demuestra una investigación de Thomas E. Patterson para la Universidad de Harvard: las soft news expulsan a las hard news y con ellas se van los espectadores más específicos, en una espiral de degradación del producto y pérdida de audiencia.

Así que, telediarios más frescos… No, gracias

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