La Rusia de Putin


Recomiendo la lectura de “La decisión de Putin, el futuro de Rusia”, Zbigniew Brzezinski, publicado en el último número de Política Exterior (pdf).

El que fuera máximo asesor de política exterior de Carter caracteriza a la Rusia de Putin como un estado autoritario en lo político, corporativo centralista en lo económico y revisionista en lo estratégico. Su tesis es que esta caracterización de debe a una decisión de Putin (y a lo que representa, los estamentos de seguridad que se hicieron con el poder tras la dimisión de Yeltsin, los siloviki) que no era la única posible y que hipoteca el futuro de Rusia. La guerra de Chechenia, el caso Jodorkovsky, el asesinato de periodistas, la estabilización económica gracias a la exportación energética, la centralización administrativa, la falta de infraestructuras e innovación… marcan este proceso. Brzezinski cree que cuando descienda el precio del petróleo, la riqueza exorbitante de oligarcas y siloviki desatará una inestabilidad social que un estatado autoritario no puede gestionar. Sin embargo, considera que la orientación europea de la clase media y una deseable estabilidad democrática de Ucrania pueden detener esta deriva autodestructiva de Rusia.

Brzezinski fue un halcón contra la Unión Soviética. En los últimos años ha sido un crítico de la política exterior neoconservadora de Bush, que considera en gran medida ilegítima y, en general, contraria a los intereses de Estados Unidos. Su análisis sobre Rusia es muy valioso, pero apenas menciona la ampliación de la OTAN hacia al este, mientras que refiere constantemente a la influencia benéfica de la Unión Europea.

Después de la caída del Muro cabría haber creado una organización de seguridad común para toda Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, como sugirió Mitterand. Pero se impuso la visión de Estados Unidos. Y así, mientras el Pacto de Varsovia se disolvía, la OTAN se ampliaba hasta las fronteras de Euroa. ¿De quién puede defender la OTAN a, por ejemplo, los bálticos? Obviamente, de Rusia. No es extraño que renaciera en Rusia el complejo de sitio, acentuado con medidas que no podían ser consideradas más que hostiles, como el escudo antimisiles en Polonia y la República Checa.

Después de la guerra de Georgia, Rusia ha ganado reputación, poder duro en detrimento del poder blando, la capacidad de atracción pacífica. Europa ha demostrado, una vez más que, su política exterior es prácticamente irrelevante. Estados Unidos juega a la guerra fría e insiste en integrar a Georgia y Ucrania en la OTAN. ¿Cómo integrar a unos países con diferendos importantes con Rusia? ¿Para iniciar una tercera guerra mundial? ¿o para dejarlos a su suerte?. Rusia se enroca, Europa se debilita y Estados Unidos se siente a gusto con el nuevo desafío.

Algunas claves de la victoria de Putin


Mi amigo Alberto Marinero, experto en el espacio ex soviético (no en vano nació en la antigua URSS y allí pasó la primera parte de su vida) me hizo llegar la noche del recuento de las legislativas rusas algunas reflexiones sobre la victoria de Putin y la composición de Putin, que, con su permiso reproduzco aquí:

Para ver el alcance del plebiscito sobre la gestión de Putin, habría que sumar los votos de Rusia Unida, Rusia Justa y, con algunas objeciones, los del Partido Liberal-Democrático de Zhirinovski.

Este último, suele jugar el papel de enfant terrible de la vida política, con actuaciones esperpénticas tanto en el parlamento, como en sus frecuentes apariciones en TV. Después, en las votaciones en la Duma, hace bloque hasta con los comunistas que dice detestar. En realidad, su radicalismo está en exigir mas mano dura, rearme y restablecimiento del estatus imperial; algo que habilmente va un pasito por delante de la política de Putin, pero, eso sí, con muchas estridencias y aspavientos demagógicos. Su electorado se le puede considerar también pro Putin con ciertas licencias. Tenemos pues un share de Putin del 75% (mas el 10% de Zhirinovski).

Los realmente anti son: PC (11,5%), Agrarios (2,5%; es una prolongación del PC), Yabloko y SPS (juntos un 2,5%; proocidentales de la inteligentsia cosmopolita) – en total, cerca del 16,6%, ya que no hay mas (Partido Democrático de Rusia, 0.1%). El partido Fuerza Civil -1,1%, que se proclama defensor de la propiedad privada y representante de las PYME’s tiene una filiación dudosa, puesto que muchos dirigentes ocupan cargos de poder.

La coalición – La Otra Rusia, de Kasparov+Limonov, (también Kasianov y Gueraschenko -ex jefe del Banco Central; fueron marginados del movimiento y desde luego, no participaron en las tracas preelectorales de los dos primeros) ni siquiera pasaron la criva para presentarse a las elecciones; no obstante hicieron el suficiente ruido durante la campaña como para hacerse notar. Kasparov no es (era hasta ahora) un político profesional con partido y aparato organizativo; se le puede asemejar a los millionarios que retan en solitario al poder por razones de rechazo personal, como Ross Perot u otros en EE UU. No es tan rico, pero por allí van los tiros. Limonos sí tiene un partido, cuyo nombre lo dice todo: Nacional-Bolchevike. Una amalgama de grupúsculos filofascistas, normalmente compuestos por jóvenes violentos que se entrenan en campamentos paramilitares (sin pasarse, es decir, sin armas de fuego); de ideología xenófoba, cuando no directamente racista. El paralelo en EE UU son los grupos de Poder Blanco y similares, aunque con mucha charanga y pandereta y chapuza total. El propio Limonov es un profesor de historia con ideas propias sobre el pasado y futuro de Rusia; look llamativo con perilla a lo Don Quijote, pero con traje de marca y muy conocido en las noches del beau mond de Moscú. Otro esperpento.

Resumen: Putin mejora su resultado del 2004 (un 70%) y, ademas obtiene una Duma aparentemente pluripartidista, pero en realidad de bolsillo. No se sabe aun como va a administrar su mandato de diputado, pero eso ya son filigranas que resolveran sus tecnólogos políticos. La principal incógnita sobre como va a “quedarse” Putin en el poder, sigue sin despejarse seguirá bastante tiempo. Eso sí, cada día que pasa, el título Líder Nacional suena mas; está por ver si se queda en un Atatürk o en Gran Ayatollah – parecen los esquemas mas barajados por los medios. La experiencia de Den no es viable, ya que una estructura similar al Comisión Militar Superior sería abiertamente anticonstitucional. De momento marean la perdiz; quien sabe – a lo mejor se revela como el Imam Oculto.

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