Vergüenza en Gaza


Es como si un cruel Moloch exigiera periódicamente sacrificios humanos. Nuevamente, por tercera vez en seis años, Gaza se ve sometida a un castigo colectivo en el que la población civil es masacrada.

En esta ocasión, el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes es invocado por el gobierno Netanyahu, pero el motivo estratégico es romper el recién recuperado gobierno de unidad nacional palestina y, más repugnante, que cada una de las fuerzas que componen el gobierno israelí puedan presentarse a las elecciones como los más duros y faltos de compasión con los palestinos.

Por el lado de los distintos grupos armados palestinos ser responde con unos cohetes cada vez más potentes y sofisticados, pero que por el momento nada pueden contra el escudo defensivo israelí. Cohetes usados a un lado y otro con fines propagandistas y que no hacen sino empeorar la suerte de la población civil de la Franja.

Los castigos colectivos a poblaciones civiles son crímenes de guerra, pero políticos y militares israelíes los perpetran con total impunidad, con la seguridad de que nadie los llevará ante un tribunal nacional o internacional (nosotros ya hemos hecho nuestra parte desmontando la ley de Justicia Universal). Ahora la población se refugia en una escuela bajo protección de la ONU. La Historia nos dice que los israelíes no respetan la bandera azul de la organización mundial.

No es Palestina el único lugar del mundo donde se comenten hoy crímenes de guerra o genocidios, desde Siria a Sudán del Sur pasando por la República Centroafricana, pero en este caso parece que bastaría una llamada de la Casa Blanca para que las operaciones militares se detuvieran. Sí, ya sé que Israel se ha permitido desobedecer muchas veces los deseos de Washington y hasta hacer burla y escarnio de ellos. Existe la convicción de que los intereses estratégicos de Israel y Estados Unidos están inextricablemente unidos y que nadie en Estados Unidos puede ganar unas elecciones si, simplemente, critica al gobierno israelí. No es ahora el interés de Washington abrir un nuevo frente en Oriente Próximo y sería el momente de que un presidente norteamericano pusiera firme a su aliado. No parece que Obama esté dispuesto a hacerlo.

Mientras tanto no podemos más que sentir una vergüenza impotente.

 

De Siria a Túnez, imágenes que nos cuentan otra historia


Si antes de empezar a leer has visto el vídeo, habrás quedado atrapado en el dolor de esta madre. En mi caso, estas imágenes andan rondándome  por la cabeza desde hace unos días.

¿Por qué habéis matado a mi hijo? ha sido el grito desesperado de la mujer a lo largo de la historia. No hacen falta palabras ajenas que subrayen el dolor y la rabia, casi ni es necesario entender la pregunta desgarrada.  Son imágenes catárticas que responden a un código universal.

Como intento explicar a mis alumnos, en televisión, cuando las imágenes hablan, cállate y déjalas hablar por si mismas, no las anules o enturbies con palabras innecesarias. Pero también hay que desentrañar lo que las imágenes dicen más allá de lo evidente, lo que connotan, lo que esconden detrás de la emoción.

En este caso nos explican más de lo que parece la naturaleza de la guerra de Siria.

Diplomáticos y funcionarios apenas si se atreven a mirar a esta madre que les espera a la salida del hotel donde se desarrollan las conversaciones Ginebra II. ¿Sienten vergüenza o son indiferentes al dolor? No lo sabemos, pero por supuesto no han matado con sus manos al hijo de esta mujer, Abbas Khan, un médico ortopédico de nacionalidad británica, asesinado después de torturado, tras ser capturado cuando prestaba asistencia médica en una zona controlada por los rebeldes.

Ellos no le han matado, pero son, a su pesar o no, engranajes de un régimen asesino. Pueden ser burócratas obedientes o convencidos seguidores de Asad. Pueden ser sunníes o más probablemente alauíes. La dictadura de los Asad garantizaba estabilidad, protección a las minorías y tolerancia para las élites occidentalizadas. Ahora, seguramente algunos de estos funcionarios estarán horrorizados con los crímenes cometidos por el régimen, pero ahí siguen, por convicción, interés o miedo, tanto al propio régimen como, seguramente más, al califato yihadista.

Khan era uno de tantos inmigrantes, hijo de inmigrantes o vástago de las élites de países musulmanes que estudian en el Reino Unido y ejercen allí su profesión. Bachir el Asad podía seguir siendo a estas horas oftalmólogo en Londres si su hermano, el llamado a suceder a su padre, “el león de Damasco”, no hubiera muerto. Abbas Khan escuchó la voz del deber (ético, profesional o religioso) para acudir a Oriente a salvar vidas. Bachir volvió a Damasco, pensábamos que para democratizar el régimen. En realidad regresó para convertirse en el carnicero de Damasco. Y, hoy por hoy, no parece que se pueda poner fin a la guerra sin algún pacto con él.

El Parlamento de Túnez aprueba su Constitución. Este segundo vídeo es, desde luego, menos impactante, pero para mi también emocionante. Aquí la empatía no nace de compartir el dolor, sino de compartir experiencia. También las imágenes cuentan una historia profunda (aunque en este caso el vídeo, por la forma en que está editado, no sea tan rotundo).

No he visto en ningún lugar que la aprobación de una ley o una constitución vaya acompañada de una emoción tan sincera. Esos hombres y mujeres que cantan el himno nacional y se abrazan están convencidos de vivir un momento histórico. No ha terminado la transición tunecina, que comenzó justo hace tres años con la caída de Ben Alí, pero se han superado momentos muy difíciles que podrían haber llevado al enfrentamiento entre islamistas y no islamistas. Unos y otros han cedido y han pactado. Es la esencia de un consenso constitucional.  Mañana comenzará la lucha política y ya veremos que apoyo electoral logra cada uno, pero ahí unas reglas comunes en las que todos están de acuerdo, sin exclusiones. ¡Qué diferencia con Egipto!

 

La mirada de Gilad Shalit


AFP

Ahora que todo está dicho, ahora que los analistas han aportado su luz y los propagandistas su ruido, a mi me queda la mirada de Gilad Shalit.

Sus ojos traslucen un profundo desconcierto, cansancio, ausencia… El difícil reencuentro con la libertad y los afectos olvidados. ¡Que frío el abrazo con su padre!

Ahora le toca lo más difícil: los interrogatorios de los servicios de inteligencia, la recuperación de su lugar en el mundo. Y luego, luchar por no convertirse en un icono, por ser el mismo… o rendirse y aceptar la manipulación del icono.

Gilad es Ofer. Ofer es Uri. Gilad es Abraham.

Ofer es un personaje de la novela de David Grossman “La vida entera”. Ofer, un joven israelí a punto de desmovilizarse se incorpora voluntario a una operación militar. Su madre, Ora, huye de su hogar para hacer imposible que le comuniquen la hipotética muerte del hijo. Es el atávico modo de proteger su vida. La novela es una angustiosa recuperación de la maternidad… y de la paternidad de un padre roto -Abraham- después de un cautiverio como prisionero de guerra, que se había negado a aceptar al hijo.

Y Uri es el hijo de Grossman, un joven soldado que murió en la guerra del Líbano cuando su padre estaba a punto de terminar el libro. Grossman, en sus palabras, siguió adelante para escoger la vida.

Llevo varios meses con la “La vida entera” y no puedo leer más de unas cuantas páginas seguidas, porque el dolor de los personaje zambulléndose en la maternidad-paternidad me acongojan de tal manera que no puedo seguir. Por eso para mi Gilad son esos personajes de ficción -Ofer, Abraham- pero también Uri, el hijo muerto de Grossman.

Cuando Shalit fue capturado todavía hacía información internacional. Me negué a utilizar el término “secuestro”. No, un militar que es capturado en combate por una guerrilla que lucha legítimamente contra la ocupación de su patria no es un secuestrado, es un prisionero de guerra -aunque fuera capturado dentro de las fronteras reconocidas de Israel. Pero Gilad no fue tratado como un prisionero de guerra por Hamas. No tuvo acceso a sus familiares, a doctores independientes, a sus familiares y vivió todos estos años en total aislamiento. Fue sometido a un cruel secuestro, un verdadero crimen de guerra.

El episodio de este intercambio de cautivos no va a desatascar el conflicto, aunque puede haber establecido canales de comunicación entre Hamas y el gobierno israelí. Pero por lo menos deseo que Gilad Shalit pueda escoger la vida.

[Y para cerrar, esta entrevista de Pilar Requena a Grossman (En Portada, 14.03.2010)

Sarkozy y Cameron en Trípoli ¿misión cumplida en Libia?


La visita de Sarkozy y Cameron a Trípoli me recuerda a aquella “mission acomplished”, con George Bush aterrizando sobre la cubierta del portaviones Abraham Lincoln el 1 de mayo de 2003.  No, la misión no se había cumplido. La aparente victoria pronto se convirtió en una pesadilla.

Las guerras de Irak y Libia son conflictos completamente distintos. Pero la foto de hoy de Cameron y Srakozy quiere, como la de Bush, rentabilizar una victoria aparente: ante las opiniones públicas nacionales (sobre todo Sarkozy en una incómoda posición de cara a las presidenciales); ante la opinión pública global (reafirmando el papel como potencias de Francia y Reino Unido). Y, sobre todo, el viaje pretende reafirmar la influencia política y económica de Francia y Reino Unido en la nueva Libia.

La intervención franco-británica (los aliados del fiasco de Suez) fue una acción oportunista, liderada por Sarkozy para conquistar una posición estratégica en el norte de África, después del patinazo de Túnez. Las compañías británicas, francesas e italianas ya dominaban con Gadafi la industria petrolífera; ahora, gozarán de mejores condiciones.

¿Cantan victoria antes de tiempo?

El régimen de Gadafi ha caído, pero Libia está lejos de la estabilidad. Los desafíos internos son conocidos: superar los esquemas de poder tribal; crear un ejército nacional y una policía civil, que integren a todos los grupos armados y funcionen profesionalmente; fortalecer las instituciones de la sociedad civil y crear un sistema de partidos…

Por supuesto, el respeto de los derechos humanos es prerrequisito para la estabilidad. Como Amnistía Internacional denuncia (pdf), si Gadafi cometió crímenes contra la humanidad, los rebeldes han cometido y comenten crímenes de guerra y otros abusos, especialmente contra los inmigrantes negros, tratados automáticamente como mercenarios.

Como en otras revoluciones árabes otro gran desafío es hacer compatible una sociedad democrática con el islam e incluso -como en Libia- como la sharia como fuente de derecho. En el caso de Libia se suma, además, afirmar la independencia política y económica frente a los poderes que apoyaron a los sublevados y evitar así otro episodio de neocolonialismo.

Pero la guerra no ha terminado. Resisten importantes enclaves gadafistas, el más importante Sirte. La resolución 1973 permitía la intervención para proteger a los civiles, de modo que bombardear a las resistentes gadafistas en medio de las ciudades, mezclados con una población que posiblemente los apoya, supone una violación de la resolución, que no puede ser invocada por la OTAN en esta última fase de la guerra.

Y sobre todo, Gadafi no ha sido capturado. Puede que dentro de unos meses le atrapen como una alimaña, como sucediera con Sadam Hussein. Pero puede también que logre ponerse a buen recaudo en algún lugar del inmenso Sahara sin fronteras, bajo la protección de alguna tribu y desde allí, utilizando sus contactos y voluntades compradas durante décadas en todo el Sahel, iniciar una guerra de guerrillas e incluso desarrollar acciones terroristas, ejecutadas por los perdedores de la revolución.

¿Misión cumplida?

 

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Libia: violación de la resolución 1973


En su momento me pronuncié a favor de la Resolución 1973. Creía y creo que era una medida legítima para detener una matanza inminente en Bengasi.

Pero los términos de la resolución hace mucho que se sobrepasaron. La Resolución no permite el bombardeo sistemático de todas las instalaciones militares de Gadafi ni su destrucción es imprescindible para el mandato de proteger a los civiles.

Como ocurriera en la guerra de Kosovo, la OTAN (o los países de la OTAN que bombardean) parecen haberse quedado sin objetivos. De ahí que cada nuevo bombardeo entrañe más riesgo para los civiles. Recuerdo como en Novisad la gente se quejaba de haber sufrido un castigo desproporcionado en sus infrestructuras (con el puente sobre el Danubio destrozado), “nosotros, que eramos los más contrarios a Milosevic” -se lamentaban poco después de terminar la guerra. No creo que muchos habitantes de Tripoli estén precisamente contentos con bombardeos que cada vez tienen más riesgo para los civiles.

La guerra ha carecido de objetivos claros y de preparación adecuada. ¡Han estado a punto de quedarse sin munición!

Y ahora sabemos que los franceses (la guerra de Sarkozy) están armando a las tribus beduinas para que ataquen Trípoli desde el sur. Esta acción claramente viola la Resolución 1973. Están plantando, además, las semillas de una Somalia en el Mediterráneo.

Magnífica la actuación del Tribunal Penal Internacional. Pero ¿por qué no se abren otras causas contra criminales internacionales, independiente de que puedan ser puestos o no a disposición del Tribunal?

Con el país dividido, pésimas condiciones humanitarias en ambos bandos, con el peligro de una inflitración yihadista, una salida negociada puede ser la solución menos mala. Crisis Group propone un alto el fuego inmediato, despliegue de fuerzas internacionales de interposición y apertura de negociaciones entre ambos bandos.

Y ¿qué pasa con Gadafi? Imposible ahora garantizarle inmunidad. No sé quien desatará este nudo gordiano.

 

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La esperada detención de Mladic


Perfil de Mladic por José Antonio Guardiola

Recordar para que no vuelva a ocurrir

Ayer estábamos en Segovia (en las Jornadas de Periodismo en lo Global) un grupo de periodistas para los que la guerra de Bosnia sigue siendo un hito personal y profesional. Dimos la noticia de la detención de Ratko Mladic a uno jóvenes alumnos, muchos de los cuales no habían nacido el 11 y 12 de julio de 1995, los días en que las tropas a las órdenes de Ratko Mladic consumaron el genocidio ante los ojos del mundo.

Quizá tendríamos que haberles explicado mejor aquella infamia porque a muchos ese nombre eslavo no les diría nada.  Supongo que la botella de champán que Javier Bauluz descorchó tuvo la suficiente caraga simbólica para que comprendieran que no era un noticia más. Vaya para estos jóvenes mi personal reflexión.

¿Qué habrá sido del niño de la cobaya?

No he encontrado la foto, pero en el vídeo que encabeza esta entrada puede verse la secuencia. El 11 de julio, Mladic ha tomado el enclave de Srebrenica después de un cruel asedio. A la entrada del pueblo, en la antigua fábrica de Potocari, centenares de civiles, las mayor parte mujeres y niños, han buscado la protección del contingente de 400 cascos azules holandeses.

“No os preocupeís, no os pasará nada” – tranquiliza el general, mientras acaricia a un niño que en su regazo tiene un conejito, una cobaya blanca (este detalle no aparece en el plano del vídeo). Aquel muchacho rubio tenía unos 12 años y tengo su cara grabada .

Al día siguiente llegan unos camiones y los soldados serbobosnios separan a mujeres y niños por un lado, a los hombres, por otro. Mujeres y niños comienzan su vida de refugiados. Los hombres, hasta 8.000, son masacrados. Las cámaras también captaron aquella macabra selección.Los criminales no se privaron de grabar las matanzas en vídeos domésticos que apararecieron hace un par de años.

¿Aquel chico acariciado por Mladid sería considerado un niño o un adulto? Su suerte dependería del juicio inapelable de algún suboficial. Si fue considerado adulto, moriría en alguna cuneta y puede que sus restos todavía no hayan sido recuperados, o descansen en el cementerio conmemorativo en que se ha convertido Potocari. Si se salvó porque todavía parecía un niño, tendrá 26 o 27 años, habrá intentado reconstruir su vida y puede que vuelva el 11 de julio de cada año para rendir homenaje a un padre o a un hermano masacrado.

Aquel niño se había refugiado en Srebrenica porque la ONU había declarado el pueblo zona protegida; porque el general Morillon, comandate francés de los cascos azules les había prometido “no os dejaremos solos”; porque allí estaban 400 soldados holadeses para protegerlos; porque todas las cámaras apuntaban a Srebrenica… Y delante de todos, con los cascos azules atados de pies y manos por unas normas de enfrentamiento, dedicados a protegerse a si mismos, Mladic cometió el crimen.

Aquel niño merece justicia.

Nunca más

Nunca más militares carismáticos, salvadores de la patria.

Eso es lo que fue Mladic para muchos serbios y serbobosnios, el salvador de una patria en peligro. El hombre con lo que hay que tener, capaz de combatir codo a codo con sus soldados. El hombre sin miedo ni compasión, pero capaz de acariciar a un niño o repartir chocolatinas. El hombre entregado. No un politocastro como Karadzic. Un militar de una pieza. Por eso muchos le protegieron. Por eso los servicios de seguridad de Serbia le ocultaron.

Para ser un criminal no hay que ser un monstruo psicológico. Basta con ser un funcionario obediente o, como en este caso, el defensor de los “nuestros” contra los “otros”. Hoy el monstruo, el carnicero, es un anciano enfermo, pero la justicia tiene que hacer su labor, que no es venganza, sino más allá del castigo de las conductas, el reproche de los valores que inspiraron esas conductas.

Serbia se libera de su carga, pero Europa tiene todavía que asumir su culpa.

Una Comisión de la Verdad para la antigua Yugoslavia


El banquillo del acusado estaba vacío.

Hoy, Radovan Karadzic, el jefe político que condujo a los serbios de Bosnia-Herzegovina a la guerra, el crimen y la ignominia, se ha permitido ausentarse de la primera sesión del juicio que contra él se sigue en el Tribunal de Crímenes de Guerra en la Antigua Yugoslavia.

Karadzic afronta 11 acusaciones por genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y otras atrocidades. El sitio de Sarajevo y la matanza de Srebrenica son parte sustancial de la acusación.

El acusado dice que no ha tenido tiempo suficiente para preparar su defensa, que asume personalmente, y pide otros nueve meses. Jurídicamente puede tener razón o no, pero lo que está haciendo es aplicar la misma pauta que durante las intermitentes negociaciones aplicaba durante la guerra. En su feudo de Pale, en el hotel de montaña Panorama, recibía cálidamente a las delegaciones para darles larga tras larga. En definitiva, la táctica de marear la perdiz.

Karadzic no era un líder expeditivo como Milosevic ni un abogado correoso, como éste cuando tuvo que sentarse en el banquillo de La Haya. Karadzic combina el encanto personal, la bonhomia, con la cerrazón ideológica y el desprecio por el otro. Ahora el Tribunal tendrá que tomar medidas y puede nombrarle un abogado de oficio, lo que le restaría un protagonismo que este narciso tanto importa. pero también puede que el Tribunal le de una prórroga ahora, o en algún momento del proceso. Los cargos exigen un proceso riguroso y un respeto absoluto de los derechos del acusado.

Hoy en Bosnia muchos habrán vuelto hoy a sentirse víctimas humilladas. Igual que hace unos días, cuando el gobierno de Noruega decidió poner en libertad a Biljana Plasiv, una de las adláteres de Karadzic, antes del cumplimiento total de su condena. Plasiv, no obstante, ha pasado sus buenos ochos años en la cárcel, claro que para las víctimas no será mucho consuelo.

Leo en una CNN.com remodelada una interesante propuesta. Cecile Aptel, ex asesora jurídica del Tribunal, defiende la necesidad de una Comisión de la Verdad. Defiende que el el Tribunal Internacional, que se ha ocupado sólo de los criminales más prominentes, y los tribunales nacionales que juzgan a otros centenares más, han sido un éxito. Pero los proceso son lentos, a veces faltan pruebas, otras las penas no son tan rigurosas como desearían las víctimas… Los pueblos de los Balcanes mantienen todavía cada uno su relato del conflicto, verdades paralelas en los que los propios son siempre las víctimas. Aptel señala como en este momento está empezando un movimiento que reúne a personas que ahora viven bajo distintas banderas para discutir el establecimiento de una comisión que esclarezca la verdad y establezca un relato que haga justicia a todos.

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