Un corredor humanitario para Sirte


En Sirte se libra la que puede ser la última batalla de la guerra de Libia.

Si la guerra empezó con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, autorizando la intervención militar para proteger a los civiles y evitar una masacre en Bengasi, hace ya mucho tiempo que la OTAN viola y sobrepasa esta resolución con su implicación a favor de los hasta hace poco llamados rebeldes y ahora “fuerzas transicionales”, por responder, al menos teóricamente, a las órdenes del Consejo Nacional de Transición (de hecho, estas fuerzas son un conjunto de milicias sin un verdadero mando unificado).

En la batalla por Sirte, los bombardeos necesariamente tienen que afectar a los civiles, pues no existe distinción entre civiles y combatientes ni son posibles los que eufemísticamente se denominan “ataques quirúrgicos” contra objetivo militares. Todos los testimonios hablan  de muerte indiscriminada de mujeres y niños. Los bombardeos de la OTAN sobre Sirte deben detenerse, so pena de incurrir en crímines contra la humanidad.

Puede haber quien se sienta satisfecho con la denuncia del “genocidio” de la OTAN, pero en esta situación lo verdaderamente urgente es establecer corredores humanitarios.

Cruz Roja denunció la gravísima situación que se vive en la ciudad, después de hacer llegar hace dos días suministros a uno de sus hospitales. Los representantes de la sociedad civil describieron al equipo de Cruz Roja terribles condiciones por falta de agua potable, medicamentos, productos de higienes y alimentos (especialmente alimentos infantiles).

Hace unas horas otro convoy de la Cruz Roja ha intentado llegar a Sirte, pero, según han constatado los periodistas de Reuters, los disparos de los sitiadores les han impedido culminar su misión de ayuda.

En este contexto, Amnistía Internacional pide el establecimiento de corredores humanitarios, con zonas neutrales y rutas de acceso para los trabajadores humanitarios.

Tan importante como que llegue la ayuda es que se permita la salida segura de los civiles. Hoy ha terminado la relativa tregua de 48 horas dada por el Consejo Nacional de la Transición. Durante este plazo los civiles que han salido no parecen haber sido maltratados, pero tampoco auxiliados. (Véase la crónica de Al Jazzira, al final de esta entrada).

Los que defienden Sirte no luchan por Gadafi, sino por su propia vida. No se rendirán fácilmente. Es hora de una nueva resolución de la ONU, estableciendo corredores humanitarios y exigiendo el respeto de los derechos de los civiles y el tratamiento de los combatientes de acuerdo con las leyes de la guerra.

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La visita de Sarkozy y Cameron a Trípoli me recuerda a aquella “mission acomplished”, con George Bush aterrizando sobre la cubierta del portaviones Abraham Lincoln el 1 de mayo de 2003.  No, la misión no se había cumplido. La aparente victoria pronto se convirtió en una pesadilla.

Las guerras de Irak y Libia son conflictos completamente distintos. Pero la foto de hoy de Cameron y Srakozy quiere, como la de Bush, rentabilizar una victoria aparente: ante las opiniones públicas nacionales (sobre todo Sarkozy en una incómoda posición de cara a las presidenciales); ante la opinión pública global (reafirmando el papel como potencias de Francia y Reino Unido). Y, sobre todo, el viaje pretende reafirmar la influencia política y económica de Francia y Reino Unido en la nueva Libia.

La intervención franco-británica (los aliados del fiasco de Suez) fue una acción oportunista, liderada por Sarkozy para conquistar una posición estratégica en el norte de África, después del patinazo de Túnez. Las compañías británicas, francesas e italianas ya dominaban con Gadafi la industria petrolífera; ahora, gozarán de mejores condiciones.

¿Cantan victoria antes de tiempo?

El régimen de Gadafi ha caído, pero Libia está lejos de la estabilidad. Los desafíos internos son conocidos: superar los esquemas de poder tribal; crear un ejército nacional y una policía civil, que integren a todos los grupos armados y funcionen profesionalmente; fortalecer las instituciones de la sociedad civil y crear un sistema de partidos…

Por supuesto, el respeto de los derechos humanos es prerrequisito para la estabilidad. Como Amnistía Internacional denuncia (pdf), si Gadafi cometió crímenes contra la humanidad, los rebeldes han cometido y comenten crímenes de guerra y otros abusos, especialmente contra los inmigrantes negros, tratados automáticamente como mercenarios.

Como en otras revoluciones árabes otro gran desafío es hacer compatible una sociedad democrática con el islam e incluso -como en Libia- como la sharia como fuente de derecho. En el caso de Libia se suma, además, afirmar la independencia política y económica frente a los poderes que apoyaron a los sublevados y evitar así otro episodio de neocolonialismo.

Pero la guerra no ha terminado. Resisten importantes enclaves gadafistas, el más importante Sirte. La resolución 1973 permitía la intervención para proteger a los civiles, de modo que bombardear a las resistentes gadafistas en medio de las ciudades, mezclados con una población que posiblemente los apoya, supone una violación de la resolución, que no puede ser invocada por la OTAN en esta última fase de la guerra.

Y sobre todo, Gadafi no ha sido capturado. Puede que dentro de unos meses le atrapen como una alimaña, como sucediera con Sadam Hussein. Pero puede también que logre ponerse a buen recaudo en algún lugar del inmenso Sahara sin fronteras, bajo la protección de alguna tribu y desde allí, utilizando sus contactos y voluntades compradas durante décadas en todo el Sahel, iniciar una guerra de guerrillas e incluso desarrollar acciones terroristas, ejecutadas por los perdedores de la revolución.

¿Misión cumplida?

 

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En su momento me pronuncié a favor de la Resolución 1973. Creía y creo que era una medida legítima para detener una matanza inminente en Bengasi.

Pero los términos de la resolución hace mucho que se sobrepasaron. La Resolución no permite el bombardeo sistemático de todas las instalaciones militares de Gadafi ni su destrucción es imprescindible para el mandato de proteger a los civiles.

Como ocurriera en la guerra de Kosovo, la OTAN (o los países de la OTAN que bombardean) parecen haberse quedado sin objetivos. De ahí que cada nuevo bombardeo entrañe más riesgo para los civiles. Recuerdo como en Novisad la gente se quejaba de haber sufrido un castigo desproporcionado en sus infrestructuras (con el puente sobre el Danubio destrozado), “nosotros, que eramos los más contrarios a Milosevic” -se lamentaban poco después de terminar la guerra. No creo que muchos habitantes de Tripoli estén precisamente contentos con bombardeos que cada vez tienen más riesgo para los civiles.

La guerra ha carecido de objetivos claros y de preparación adecuada. ¡Han estado a punto de quedarse sin munición!

Y ahora sabemos que los franceses (la guerra de Sarkozy) están armando a las tribus beduinas para que ataquen Trípoli desde el sur. Esta acción claramente viola la Resolución 1973. Están plantando, además, las semillas de una Somalia en el Mediterráneo.

Magnífica la actuación del Tribunal Penal Internacional. Pero ¿por qué no se abren otras causas contra criminales internacionales, independiente de que puedan ser puestos o no a disposición del Tribunal?

Con el país dividido, pésimas condiciones humanitarias en ambos bandos, con el peligro de una inflitración yihadista, una salida negociada puede ser la solución menos mala. Crisis Group propone un alto el fuego inmediato, despliegue de fuerzas internacionales de interposición y apertura de negociaciones entre ambos bandos.

Y ¿qué pasa con Gadafi? Imposible ahora garantizarle inmunidad. No sé quien desatará este nudo gordiano.

 

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Una Comisión de la Verdad para la antigua Yugoslavia


El banquillo del acusado estaba vacío.

Hoy, Radovan Karadzic, el jefe político que condujo a los serbios de Bosnia-Herzegovina a la guerra, el crimen y la ignominia, se ha permitido ausentarse de la primera sesión del juicio que contra él se sigue en el Tribunal de Crímenes de Guerra en la Antigua Yugoslavia.

Karadzic afronta 11 acusaciones por genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y otras atrocidades. El sitio de Sarajevo y la matanza de Srebrenica son parte sustancial de la acusación.

El acusado dice que no ha tenido tiempo suficiente para preparar su defensa, que asume personalmente, y pide otros nueve meses. Jurídicamente puede tener razón o no, pero lo que está haciendo es aplicar la misma pauta que durante las intermitentes negociaciones aplicaba durante la guerra. En su feudo de Pale, en el hotel de montaña Panorama, recibía cálidamente a las delegaciones para darles larga tras larga. En definitiva, la táctica de marear la perdiz.

Karadzic no era un líder expeditivo como Milosevic ni un abogado correoso, como éste cuando tuvo que sentarse en el banquillo de La Haya. Karadzic combina el encanto personal, la bonhomia, con la cerrazón ideológica y el desprecio por el otro. Ahora el Tribunal tendrá que tomar medidas y puede nombrarle un abogado de oficio, lo que le restaría un protagonismo que este narciso tanto importa. pero también puede que el Tribunal le de una prórroga ahora, o en algún momento del proceso. Los cargos exigen un proceso riguroso y un respeto absoluto de los derechos del acusado.

Hoy en Bosnia muchos habrán vuelto hoy a sentirse víctimas humilladas. Igual que hace unos días, cuando el gobierno de Noruega decidió poner en libertad a Biljana Plasiv, una de las adláteres de Karadzic, antes del cumplimiento total de su condena. Plasiv, no obstante, ha pasado sus buenos ochos años en la cárcel, claro que para las víctimas no será mucho consuelo.

Leo en una CNN.com remodelada una interesante propuesta. Cecile Aptel, ex asesora jurídica del Tribunal, defiende la necesidad de una Comisión de la Verdad. Defiende que el el Tribunal Internacional, que se ha ocupado sólo de los criminales más prominentes, y los tribunales nacionales que juzgan a otros centenares más, han sido un éxito. Pero los proceso son lentos, a veces faltan pruebas, otras las penas no son tan rigurosas como desearían las víctimas… Los pueblos de los Balcanes mantienen todavía cada uno su relato del conflicto, verdades paralelas en los que los propios son siempre las víctimas. Aptel señala como en este momento está empezando un movimiento que reúne a personas que ahora viven bajo distintas banderas para discutir el establecimiento de una comisión que esclarezca la verdad y establezca un relato que haga justicia a todos.

Ignominiosa Justicia Universal a la carta


El titular lo dió la propia ministra de exteriores de Israel, Tzipi Livni: España limitará mediante ley su jurisdicción universal para evitar “abusos” como que un juez de la Audiencia Nacional puede inculpar de crímenes contra la humanidad a un ministro israelí. El ministerio de exteriores español calla.

¡Qué vergüenza! Todos somos iguales ante la ley, pero unos más que otros. Justicia universal, sí, pero sólo aplicando el peso de la ley a los latinoamericanos y africanos… Ni siquiera Aznar se atrevió a proponer modificar la ley durante el caso Pinochet. Si el gobierno llevara adelante esta iniciativa, Zapatero pasaría a la historia no como el promotor de la Alianza de Civilizaciones sino como el político que dio marcha atrás en una conquista básica para la protección de los derechos humanos.

Me he referido en este blog frecuentemente al principio de justicia universal y en concreto en una entrada he expuesto algunas contradicciones del principio. Creo que lo que debiera de reforzarse y hacerse vinculante para todos los estados es la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. Pero de eso a recortar la jurisdicción española por molestar a Israel va un abismo, el que va de la una protección global a la ignominia.

Si la iniciativa se concreta, espero que las ongs de derechos humanos lancen una movilizaciones en la calle y en el ciberespacio. Y que los ciudadanos que defienden los derechos humanos saquen sus conclusiones a la hora de votar.

Y dicen que es la Tierra Santa…


Siempre recordaré los terribles testimonios de los familiares de un muchacho hispano-palestino, muerto por los disparos de la policía palestina en una manifestación anti Arafat, a mediados de los años 90, recogidos en una crónica de Daniel Peral para TVE. El hermano del fallecido se lamentaba -“Y dicen que es Tierra Santa…”

Una Tierra Santa que es un pedazo de tierra insignificante, pero cargado de valor simbólico y estratégico, que la ocupación y colonización judia roba poco a poco a los palestinos.

Esa Tierra Santa vuelve a desangrarse.  El bombardeo israelí contra Gaza no puede tener otra calificación que la de crímen contra la humanidad.

Ante ello, los poderes de la tierra, piden “contención” al agresor, que esgrime el Holocausto como justificación de una seguridad que sólo significa expolio y muerte para el vecino.

Los políticos israelíes hacen su campaña electoral con bombas. Quieren de nuevo una Gaza desestructurada e ingobernable. Al retirarse, dejaron reducida la Franja a la mayor cárcel del mundo. Se retiraron y tiraron la llave al mar. Pero Hamás ha conseguido imponer su orden en la cárcel a pesar del bloqueo.  Un orden que permite la vida cotidiana, pero que significa también la imposición de un modelo social y religioso… No es casual que uno de los objetivos haya sido la ceremonia de graduación de  la policía, uno de los logros de Hamas.

La acción de Israel aleja cualquier solución negociada. Hamas no tiene gran capacidad de respuesta directa, pero puede volver a lanzar una oleada de atentados suicidas. Y en Cisjordania puede encenderse una tercera Intifada.

¿Seguirá Obama apoyando sin fisuras a Israel?

Para terminar dejo el testimonio de un médico palestino recogido por la cadena SER. Vale la pena escucharlo hasta el final: ¿Dónde están los cristianos? ¿Dónde están los judios? ¿Dónde están los musulmanes?


Cuestión de reputación


Mientras disfrutaba de unos días de vacaciones era un espectador más del gran espectáculo global de los Juegos, desarrollado en paralelo con la guerra en el Caúcaso. Los Juegos, la ceremonia del capitalismo global revistida de unos abstractos valores de fraternidad y sana competencia. Los Juegos, consagración de la gran potencia del mundo global, China. Y en el Caúcaso una guerra más por un pedazo de territorio, como viene haciendo la humanidad desde sus orígenes. Más limpieza étnica de un lado y de otro, más muerte y miseria y una partida estratégica por la energía.

A veces conviene volver a los clásicos para entender las cosas. En la España del Siglo de Oro y de la decadencia que le siguió, la preservación de la honra, que gobernaba las acciones personales y familiares, tenía un correlato público en el concepto de reputación. Una potencia tenía que mantener su reputación si quería ser respetada por las demás. Y así, si las guerras en Europa son iniciadas por Carlos V por defender su primacía imperial y defender el catolicismo, suys sucesores, sobre todo Felipe III y Felipe IV, actuaron ya más por defender la reputación del Imperio Hispánico que por razones estratégicas más profundas. Véase a este respecto El Conde Duque de Olivares de J.H. Elliot.

En el Caúcaso, Rusia ha reafirmado su reputación y Estados Unidos la ha perdido. Saakashvili inició la guerra en plena tregua olímpica, convencido que sería un paseo militar resuelto en unas horas. Un paso suicida que recuerda al de Sadam Hussein al invadir Irak. Pero la resistencia de los micilianos de Osetia del Norte fue suficiente para permitir la rápida reacción de Rusia. Rusia ha demostrado a los pueblos caucásicos y, en general, a todas la minorías del antiguo espacio soviético, que quien se coloca bajo la protección del nuevo imperio reconstruido por Putin no será dejado a su suerte. Y Estados Unidos ha quedado en evidencia dejando a Georgia sin más apoyo que algunas invectivas contra Rusia con el lenguaje de la guerra fría.

Rusia tuvo que aceptar que Estados Unidos y sus aliados sobrepasarán una línea roja incorporando a las repúblicas bálticas a la OTAN. Era la Rusia debilitada de los 90. La Rusia de Putin no podía aceptar el ingreso de Georgia en la Alianza Atlántica. A los aliados europeos no les hacía demasiado felices este previsto ingreso, pero en la pasada cumbre de la organización aceptaron el plan para la adhesión. ¿Se hubiera atrevido Rusia a desarrollar esta operación con Georgia en la Alianza? Mejor no pensar en ese escenario…

En las guerras del siglo XX y el XXI las grandes víctimas son los civiles. Ahora Rusia y Georgia se acusan mutuamente de genocidio. Genocidio es una acción sistemática para exterminar a un grupo humano. No parece que ni unos ni otros hayan cometido genocidio. Pero posblemente unos y otros hayan cometido crímenes contra la humanidad.

Y, ahora Rusia está en condiciones de aplicar los mismos principios que la OTAN ha aplicado en Kosovo y reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

La Justicia Universal como arma arrojadiza


Escucho a los tertulianos en la radio. ¡Qué barbaridad admitir a trámite una querella contra autoridades chinas un día antes de la llegada de los Principes a Pekín! Reacciones hipócritas ante el auto del juez Pedraz que admite a trámite la querella de dos asociaciones pro Tibet y un particular contra 7 altas autoridadades civiles y militares chinas, acusadas del delito de lesa humanidad, por la represión en el Tibet del pasado marzo. Ya sabemos que China no es una democracia -nos dicen- e incluso está muy bien meterse con ella, pero de eso a esa “provocación judicial” tres días antes de la apertura de la Juegos hay un gran trecho… En fin, opiniones que no son más que la manifestación de la tradicional pleitesía al poderoso.

Nuestro ordenamiento jurídico considera perseguibles los delitos de genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y terrorismo, con independencia del lugar donde se cometan. Esta consagración del principio de Justicia Universal permitió abrir causas como la de Scilingo y Pinochet. Pero ante la querella de Rigoberta Menchú por el genocidio contra los mayas en Guatemala, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo establecieron la doctrina limitativa de que sólo podían ejercerse estas acciones contra hechos acaecidos en el extranjero si había españoles entra las víctimas. El Tribunal Constitucional rectificó esta interpretación, lo que permite a los jueces españoles perseguir estos delitos, aunque no existan compatriotas contra las víctimas. Desde entronces han aumentado las querellas y se han admitido, entre otras, las que denuncian genocidio del gobierno tutsi de Ruanda contra los hutus o de Marruecos contra los saharauís.

Que las querellas además de buscar la justicia busquen un efecto político es lógico e inevitable. Los jueces no pueden retrasar su admisión por razones de oportunidad. Pero ahí deben de estar los medios de comunicación para esclarecer las circunstancias de los hechos que se denuncian. Creo que, por ejemplo, esa función no se cumplió cuando al informar de la querella admitida contra el presidente de Ruanda y otros cargos de su régimen, no se recordó el genocidio cometido por las milicias hutus en las que perecieron 800.000 personas.

El caso de Ruanda es aleccionador. El genocidio de 1994 dio lugar a la creación de un tribunal penal internacional específico, con sede en Arusha (Tanzania). Con lentitud, el tribunal sentenció a algunos de los máximos responsables de los crímenes. Mientras, en Ruanda centenares de miles de acusados esperaban juicio en las cárceles. Como en la orgía criminal había participado, de grado u obligados, buena parte de la población, unos juicios con verdaderas garantías eran imposibles. Algunos fueron juzgados por tribunales tradicionales, pero muchos volvieron a sus aldeas a convivir con los supervivientes. En paralelo, en Bélgica, otro de los países que reconocían el principio de Justicia Universal, se juzgaba a algunos destacados responsables, entre ellos, algún sacerdote. La querella de España se refiere, en cambio, a los crímenes cometidos por la guerrilla tutsi durante 1994 y, posteriormente, en sus ataques contra los campos de refugiados hutus en el Congo y en relación a los cuales se les acusa en la querella del asesinato de religiosos españoles. Pero no son los únicos frentes judiciales. Un juez francés acusó a Kagame como responsable del derribo del avión en el que viajaban los presidentes (hutus) de Ruanda y Burundi, y que fue la señal para el comienzo de la matanza contra los tutsis. Y el gobierno ruandés respondió con la creación de una comisión de investigación sobre la Operación Turquesa, una acción militar francesa que protegió la retira de las milicias hutus que se llevaban consigo a todo un pueblo como rehén. Y de ahí ha salido una acusación formal contra 33 autoridades francesas, empezando por Chirac y siguiendo por Balladur y Villepin. El conflicto diplomático está servido.

Para que un tribunal español se declare competente tiene que probarse que se han agotado los procedimientos en el país de los hechos o que las circunstancias allí -como es el caso de China- hacen imposible cualquier acción jurídica. Pero a partir de ahí, como en cualquier procedimiento judicial, hay que probar los hechos. La capacidad de investigación de los fiscales de la Audiencia Nacional es muy limitada o nula si no se cuenta con la colaboración del otro país. España dio un gran paso reconociendo el principio de Justicia Universal, pero sin un refuerzo de medios (por ejemplo, creando una Sala especial) la Audiencia corre el riego de verse saturada con querellas que más que justicia obtendán réditos políticos. ¿No podría buscarse un procedimiento para inhibirse en favor del Tribunal Penal Internacional por aquellos hechos que entren dentro de la jurisdicción de éste?.

Lo que tiene que entender China (o Marruecos) es que los tribunales en un Estado de Derecho son independientes y que no cabe la represalia diplomática ante sus decisiones.

(P.S Recomiendo pinchar estos días en el mapa de la columna de la izquierda de este blog que nos muestra la localización de las noticias. Hay ya más del 30% tienen su origen en Pekín)

Justicia en Serbia; Justicia para Serbia


¡Qué dificil resulta para los pueblos asumir y depurar una historia criminal! España es campeón en la aplicación de la Justicia Universal contra genocidas extranjeros, pero nuestra transición se basó, no en el perdón, sino en el olvido. Ahora, recuperar la memoria se ha convertido en una incómoda papeleta para el gobierno. Italia, pese a todo la mística partisana, tampoco asumió sus culpas y una corriente profunda fascista (como en España franquista) ha ido aflorando de cuando en cuando y ahora de una manera abierta con el último gobierno Berlusconi. Tampoco ha sido fácil para Francia asumir las culpas del colaboracionismo. Sólo Alemania se vio obligada por los aliados a realizar un proceso de desnazificación, del que terminaron por escapar  muchos criminales, pequeños y grandes, aprovechando las circunstancias de la guerra fría. En los 70, los hijos de tantos nazis ocultos protagonizaron los movimientos de contestación anticapitalista. Pero con todo, Alemania es el país con una mayor conciencia colectiva del mal ocasionado y también -más recientemente- del mal sufrido. En Alemania en la escuela se estudia la infamia y los colegiales visitan los campos de exterminio. En España, para los escolares Franco es una figura tan lejana como Felipe II.

A pesar de todo, Alemania e Italia recibieron el maná del Plan Marshall. Ahora Serbia debe recibir la ayuda de la Unión Europea para convertirse en un país normal. Serbia tiene que entregar al Tribunal para la Antigua Yugoslavia a Mladic y a Goran Hadzic, líder de los serbios de la Krajina. El caso de Karadzic demuestra que la captura de estos criminales es posible con voluntad política. Por debajo de los figurones quedan otros muchos asesinos con menores responsabilidades políticas. De ellos se tienen que ocupar los tribunales locales de Serbia, Bosnia, Croacia… Ninguno de estos países ha hecho todavía una verdadera catársis. Basta salir del aeropuerto de Duvrovnik para encontrarse con una valla gigantesca que enaltece como héroe nacional a Ante Gotovina, pendiente de juicio en La Haya. Y sin embargo, Croacia es ya formalmente candidato a la adhesión.

Todos los líderes comunistas de Yugoslavia cabalgaron el tigre del nacionalismo para mantenerse en el poder. Todos, en distintos grados, son responsables de la catástrofe. Pero no por eso todos son criminales. Tampoco se puede estigmatizar a todo un pueblo, por mucho que esté anclado en falsas utopías nacionalistas. De todos los pueblos yugoslavos, los bosnios musulmanes estuvieron al borde del exterminio, pero los serbios han sido los grandes perdedores. Los bombardeos de la OTAN siguen siendo una herida abierta. Por ejemplo, en Novi Sad, una ciudad mayoritariamente a Milosevic, todavía no entiende en ensañamiento de las bombas.

Europa tiene que exigir a Serbia que ningún crimen quede impune. Pero Serbia merece también justicia y generosidad.

(Incluyo el enlace a una página muy completa BalkanInsight, que me acaba de descubrir Alberto Marinero)

El nuevo aspecto de Karadzic


En este vídeo de Reuters podemos ver a Karadzic asistiendo tranquilamente a una conferencia en el suburbio de Belgrado en el que vivía bajo la identidad de Dragan Dabic.

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Karadzic había abierto una clínica de medicina alternativa. Con su larga melena enrollada y su barba blanca da la imagen sí, de un médico alternativo, si se quiere de un “doctor chiflado”. Pero también de un santón ortodoxo. De manera que su disfraz para huir resulta bastante consistente con su trayectoria de bardo eslavo, primero, y defensor de la Santa Ortodoxia, luego. Un disfraz sencillo que podía confundir a quien con el se cruzara, pero no a ningún servicio secreto. Esa especie de simpático nomo tiene que responder ante el Tribunal de la Haya de terribles crímenes.

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