Los obstáculos a la paz en Colombia


Mañana 15 de noviembre comienzan en La Habana la negociación entre las FARC y el gobierno colombian. En la mesa, obviamente, no estarán las víctimas del conflicto, que quieren hacer oir su voz.

En las vísperas se han celebrado en Madrid unos encuentros promovidos por movimientos sociales y con el apoyo del grupo parlamentario de la Izquierda Plural. Resumo lo esencial de estos encuentros.

Las demandas de los movientos sociales y las víctimas

Los movimientos sociales de Colombia son importantes. Se basan sobre todo en la coordinación de distintas iniciativas de resistencia al expolio campesino, concretadas en comunidades de paz y reunidas en el llamado Congreso de los Pueblos.

Su posición es que ni el gobierno ni la guerrilla les representan y piden que su voz sea oída de modo efectivo en la mesa de negociación -no con el simple envío de escritos, que es la única modalidad hasta ahora prevista.

Otra demanda esencial es que el primer objetivo de la negociación sea un alto el fuego. No podemos ya seguir sufriendo más una guerra de la que no somos parte -dicen.

Por último, estos movimientos temen que las conversaciones traigan la impunidad para los autores de crímenes de estado y piden un relato de la verdad, que tenga en cuenta su sufrimiento.

Estas organizaciones tienen una hoja de ruta que pasa por una serie de congresos populares que adoptan un marco normativo alternativo al estado existente. Su demanda de ser oídas en la negociación está más que justificada, pero, pese a lo amplio de la agenda negociadora, es claro que las conversaciones serían inviables si convirtieran en un proceso constituyente para el que, por otro lado, faltaría un mandato expreso. Parece que lo más razonable es que de las conversaciones salieran foros que produjeran cambios legisativos e incluso constitucionales.

Libre comercio y derechos humanos

El representante de Ecologistas en Acción insistió en que la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú redundaría en un reforzamiento del expolio de las tierras para satisfacer las demandas de las empresas agroindustriales. El tratado, en proceso de ratificación en el Parlamento Europeo, apenas si contiene una mención simbólica al respeto de los derechos humanos.

Los grandes obstáculos para la paz

La intervención más esclarecedora fue la del jesuita Javier Giraldo, defensor de los derechos humanos y permanentemente amenazado por ello. Giraldo sentó como signo de esperanza la extensión de la agenda negociadora, que toca los desafíos nucleares a los que se enfrenta Colombia. Y a continuación desgranó los obstáculos que aparecen en cada uno de los capítulos.

El más importante es el agrario. Aquí se oponen la estrategia de titularización de las tierras, promovida por el gobierno, con la defensa de los insurgentes (y con ellos muchas comunidades y movimientos sociales) de que la tierra no pueda ser enajenada y sea entregada a comunidades que desarrollen una agricultura sostenible.

Pero ante todo, el gran problema es de contexto nacional. Para una paz efectiva el estado tendría que descontaminarse de la influencia paramilitar y del narco, que permean todas las estructuras públicas.

Difícil, casi imposible se antoja el acuerdo, pero por lo menos sobre la mesa están los temas esenciales.

(Veáse en este blog La paz y las víctimas de la guerra de Colombia)

Gustavo Moncayo, el Padre Coraje de Colombia


Por fin el sargento Pablo Emilio Moncayo está en libertad. Ha pasado 12 años prisionero de las FARC -prisionero, que no rehén ni secuestrado. Prisionero de la guerrilla de las FARC, porque sólo los civiles pueden ser rehenes y no los militares capturados en combate. Las FARC le hicieron prisionero, pero no respetaron las normas humanitarias de la guerra y le sometieron a un cruel cautiverio.

Su padre, Gustavo Moncayo, se ha convertido en estos años en un verdadero Padre Coraje. Moncayo ha recorrido miles de kilómetros a pie por toda la geografía colombiana, pidiendo a las FARC la liberación de su hijo y al gobierno, de modo especial al presidente Uribe, que no se negara a un intercambio humanitario. Moncayo se ha convertido en una verdadera referencia cívica, una china en el zapato de la denominada “política de seguridad democrática” de Uribe.

Gustavo Moncayo demuestra la vitalidad de la sociedad colombiana, que condena la deriva de las FARC en una banda de delincuentes, pero exige a los poderes clemencia y justicia.

Visiones de Colombia


¡Qué soberbia la de los periodistas que en tres días pretenden explicar un país! Yo en esta ocasión no he visitado Colombia como periodista, sino como universitario. No obstante, no me resisto a recoger las impresiones obtenidas en conversaciones con universitarios y periodistas.

Uribe. Es imposible que en una conversación no salga a relucir el presidente que llegó al poder denunciando la “politequería” y que está utilizando todos los trucos de la politiquería para modificar la Constitución y optar a un tercer mandato. He encontrado tres visiones de Uribe, los antiuribistas, los uribistas y los realistas.

Los uribistas aplauden la política de “seguridad democrática” y aceptan a pies juntilla todos los relatos que emanan desde el poder y entre ellos el de la maldad intrínseca de Chávez, el enemigo que quiere desestabilizar el país. El país es uribista-o al menos los que responden a las encuestas- porque un 64% apoyan su política, aunque esa tasa de popularidad que para si quisiera Obama está 20 puntos por debajo de su mayor nivel. Pero hasta los uribistas se quejan de los magros resultados económicos y en menor medida de la corrupción. A muchos no les gusta que el presidente se empeñe en la reelección.

Los antiuribistas le ven como el jefe del estado mafioso, terrorista y corrupto. Demagogia y manipulación de la opinión pública explican su popularidad. Uribe es para ellos la personificación del fracaso de Colombia, de su incapacidad para integrar a toda su población. Pero hasta los antiuribistas reconocen que ahora se puede transitar por las carreteras sin peligro.

Los realistas (¿cínicos?) reconocen su responsabilidad en la corrupción y en la violación de los derechos humanos, pero vienen a decir ¿y eso qué importa si vivimos más seguros?.

Reelección

La gran incógnita es si Uribe logrará ser reelegido. Ha mantenido formalmente la incógnita, pero nadie duda que si consigue que se apruebe la modificación de la Constitución que autoriza la reelección sucesiva , Uribe será candidato y candidato imbatible. Pero dos obstáculos se cruzan en esa carrera de éxito. El cansancio puede suponer una importante abstención en el referendum y no llegar a la mayoría de participación exigida. La otra es que no se pudieran cumplir los plazos. Los uribistas dicen que en tal caso desistiría; los antiuribistas que se inventaría un nuevo truco.

Colombia-Venezuela

Para unos el culpable es Uribe; para otros, Chávez. Los conocedores de la situación no descartan que pueda haber paramilitares en Venezuela, pero como puras bandas de delicuentes. Luis Pérez, corresponsal de TVE, da en su blog una versión más que ajustada. Como siempre, las víctimas son las poblaciones a un lado y otro de la raya,

FARC

Todos están de acuerdo, las FARC no son ya más que una narcoguerrilla, cruel y fuera de la realidad. A la gente le preocupa poco porque está circunscrita a áreas remotas. Pero también la mayoría piensa que puede pervivir decenas de años, tantos como pueda financiarse de la droga y reclutar a jóvenes campesinos abandonados por el Estado.

Rehenes

Los rehenes ya no cuentan. Uribe no aceptará la entrega de dos militares, uno de ellos el hijo de Gustavo Moncayo, el profesor que lleva dos años caminando por Colombia exigiendo al gobierno y la guerrilla la liberación de su hijo.

Medios

Los grupos mediáticos españoles están presentes en Colombia. PRISA en Caracol, la radio más importante y la segunda cadena de televisión. Planeta en El Tiempo, el diario más influyente y con mayor circulación. Sin duda sus  intereses empresariales en Colombia condiciona la línea editorial con respecto al país y su presidente de los medios de ambos grupos, con visiones, por otra parte tan opuestas en la política española, y tan coincidentes sobre Colombia.

Etnocidio y utopía digital


Etnocidio. Genocidio del que es víctima un pueblo índígena

Utopía digital. Creencia en que las nuevas tecnologías están construyendo un nuevo espacio de libertad, felicidad y progreso.

¿A qué viene juntar estos dos términos- que he definido en mis propios términos? A la tensión que existe entre el optimismo digital y la dura realidad que viven aquellos a los que todos los derechos se les niega, a aquellos a los que se les extermina en nombre de cualquier falso valor. La realidad de los que ni siquiera pueden platearse saltar la brecha digital porque bastante tienen con seguir vivos. En Colombia, país de desarrollo medio con 45 millones de habitantes, casi cuatro millones son desplazados internos, víctimas de los distintos actores armados y el propio ejército.

He asistido en Barranquilla al I Congreso Modelos Emergentes de Comunicación, de lo Análogo a lo Digital, organizado por la Universidad Autónoma del Caribe. La mayor parte de los participantes eramos analistas o profesionales de los cibermedios y de alguna manera en alguna intervención se pintó de rosa la utopía digital. En mi aportación (Avances y desafíos en los cibermedios) defendí la idea de periodismo cívico como el periodismo que debe regenerar el espacio mediático y balizar el ciberespacio para convertirlo en espacio público.

Pero entre tanto neologismo y tecnicismo Marta Rodríguez trajo al Congreso el mundo real. Marta Rodríguez es la gran maestra del cine documental colombiano. No pude asistir a su intervención, pero me contaron que cuando mostró sus documentales sobre el genocidio al que son sometidos los indígenas colombianos -el etnocidio- algunas de las jóvenes estudiantes se echaron a llorar. Y es que tanto cháchara digital oculta a veces la realidad y hasta su representación documental, como en este caso.

“Me gustó que desmitificara esas maravillas digitales” -me dijo luego Marta. “¿Como pueden valerse de esas tecnologías los desplazados del Chocó si en esa selva no entran ni las señales telefónicas?”.

Esas muchachas que lloraban al ver las pruebas del etnocidio ignoraban lo que pasaba en su propio país. Ni los medios tradicionales ni los cibermedios se lo habían contado. Tuvieron que encontrar la verdad en el relato lento y profundo de los documentales de Marta Rodríguez.

Colombia: la eterna guerra sucia


Los medios españoles han recogido desde hace más de un mes las denuncias que llegan de Colombia del último de los horrores de la guerra sucia, eso que con un eufemismo se llama allá “falsos positivos”. Como se sabe, se trata de los crímenes cometidos por el ejército y fuerzas de seguridad contra ciudadanos pobres e indefensos, secuestrados y asesinados lejos de sus pueblos para hacerlos pasar por guerrilleros y así obtener las recompensas establecidas en el marco de la política de seguridad democrática (otro eufemismo) de Uribe. Los hechos son de tal gravedad y tan notorios que el gobierno no ha tenido más remedio que destituir a 13 militares y el comandante del ejército, general Montoya, ha tenido que dimitir.

En estas informaciones (valga por todas el informe bastante completo de Winston Manrique Sabogal en El País) se recoge siempre la postura oficial, que no es otra que la de atribuir los crímenes a errores y abusos en la aplicación de una política correcta, que ha colocado a Uribe en las más alta apreciación de todos los gobernantes de América Latina. Vamos, que el problema es de algunas “manzanas podridas”…

Estos crímenes son posibles porque la impunidad es la regla en Colombia, porque todos los presidentes se han plegado, si no alentado, las violaciones de los derechos humanos por los militares. Como en Abu Grhaib, los que abusaron lo hicieron porque el contexto general les invitaba a ello y justificaba sus acciones. El problema no es que un sargento asesine a un pobre parado para obtener un permiso, el problema es que la lógica del sistema le dice que es válido todo lo que aterrorice aún más al débil y al indefeso.

Quiero hacerme eco de esas voces colombianas acalladas por los grandes medios. En el último Madrid Sindical (CC.OO) (p.9) encuentro una entrevista con la senadora colombiana Gloria Inés Ramírez, que denuncia un plan de aniquilamiento del movimiento opositor y la persistencia de los paramitares, bajo las etiquetas de Águilas Negras o grupos emergentes. La senadora del Polo Democrático recuerda como Uribe se montó en la ola de la guerra contra el terror de Bush. “Cuando el gobierno habla del terrorismo -dice- pretende desconocer las causas del conflicto”, que no serían otras que la exclusión económica, política y social de la gran mayoría. Acusa a Europa de legitimar la política de Uribe y al gobierno de Zapatero de haber perdido su actitud crítica. Para la senadora Ramírez Obama despierta esperanzas, porque ha dicho que pondrá en el centro de su política los derechos humanos.

En materia de derechos humanos, Obama habrá de pasar dos test inmediatos: el cierre de Guantánamo y la no ratificación del Tratado de Libre Comercio con Colombia, en tanto no haya cambios en el respeto de los derechos humanos.

Genocidio en Colombia


El último informe de Amnistía Internacional sobre Colombia vuelve a denunciar el exterminio y hostigamiento sistemático de los más pobres, de los campesinos a los que se quiere privar de sus tierras, de los afrodescendientes que están en un terreno estratégico para el paso de las drogas, de los indígenas que reivindican tierras ancestrales en manos ahora de multinacionales.

Me limito a copiar la nota de prensa de Amnistía:

Colombia: El gobierno distorsiona la situación de los derechos humanos en el país

Madrid.- El gobierno de Colombia está dando una versión muy optimista de la situación de los derechos humanos en el país, a pesar de que cada vez son más los informes sobre desplazamientos forzados, ataques contra activistas sociales y de derechos humanos y homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad. Ésta es la conclusión del informe publicado hoy por Amnistía Internacional.

“Las autoridades colombianas mantienen una postura de negación absoluta: incluso se niegan a reconocer que hay un conflicto armado en el país. Sin embargo, la gente nos cuenta una versión muy diferente”, afirmó Marcelo Pollack, investigador sobre Colombia de Amnistía Internacional. “Es imposible resolver un problema sin admitir que existe. Negando la situación sólo se consigue condenar a más personas a sufrir abusos o a morir.”

El informe de Amnistía Internacional es el estudio más exhaustivo y actualizado sobre el estado de los derechos humanos en Colombia. Muestra que, si bien algunos indicadores de derechos humanos han mejorado con el paso de los años –por ejemplo, el índice de secuestros y la seguridad en algunas ciudades–, otros muchos han empeorado.

El estudio también echa por tierra declaraciones realizadas en repetidas ocasiones por el gobierno colombiano, por ejemplo, que los grupos paramilitares ya no están activos, que se obliga a rendir cuentas a los autores de abusos contra los derechos humanos, o que se respeta plenamente el trabajo de los activistas sociales y los sindicalistas.

“La población colombiana lleva más de 40 años atrapada en uno de los peores conflictos olvidados del mundo, atacada por las fuerzas de seguridad, los paramilitares y los grupos guerrilleros, mientras que el gobierno no toma ninguna medida de peso para brindarle protección”, declaró Marcelo Pollack.

“Para cambiar radicalmente la trágica realidad de Colombia, el gobierno y los grupos guerrilleros tienen que dejar de involucrar en el conflicto a la población civil de una vez por todas.”

El informe de Amnistía Internacional arroja los siguientes datos sobre Colombia:

· En 2007 hubo al menos 1.400 homicidios de civiles, frente a 1.300 en 2006. De los casos en los que se conoce a los autores, las fuerzas de seguridad fueron responsables de al menos 330; los paramilitares, de unos 300; y los grupos guerrilleros, de alrededor de 260.

· Hasta 305.000 personas fueron desplazadas en 2007, frente a 220.000 en 2006.

· En 2007, al menos 190 personas fueron víctimas de desaparición forzada a manos de las fuerzas de seguridad y los paramilitares, o se encuentran en paradero desconocido después de ser secuestradas por los grupos guerrilleros, frente a 180 en 2006.

Amnistía Internacional insta a todas las partes implicadas en el conflicto de Colombia a que muestren la voluntad política necesaria para poner fin a los abusos contra los derechos humanos. La organización también exhorta a la comunidad internacional a que redoble los esfuerzos para lograr que las dos partes enfrentadas respeten los derechos humanos de la población colombiana.

Violencia impersonal


Creo que todas las víctimas son iguales en dignidad y merecen todas un trato digno. Pero no todos los crímenes son iguales.

La reflexión viene a cuento a un comentario a mi entrada “No callar la voz de las víctimas de Colombia”. No es lo mismo-dice ivmhn- matar a un contrincante en una guerra que masacrar (resumo) a un pacífico ciudadano.

Lamentablemente, los medios muchas veces muestran a los más pobres como víctimas de una violencia impersonal. Es lo que ocurría en el reportaje de Informe Semana del sábado 4-10-08 “Colombia: las otras víctimas”. El reportaje mostraba la búsqueda de los restos de los masacrados por los paramilitares. Los paramilitares se presentan como un “ejército ilegal que nació para perseguir a la guerrilla”, sin mención a los que manejaban los hilos y con una simple referencia a sus relaciones con los políticos. En ningún momento se dice que estos asesinos sirvieron para despejar de campesinos las tierras que se apropiaron terratenientes y multinacionales. Se da por hecho su desmovilización, sin informar de las dificultades de la misma y de la reaparición de los paramilitares como “fuerzas emergentes” o “Águilas Negras”. Ya sé que el reportaje no era una reconstrucción del fenómeno paramilitar, pero sin su contexto, el trabajo quedaba reducido a mostrar el sufrimiento de una viuda y a la insensiblidad moral del verdugo. Imprescindible, pero insufuciente.

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