Verdad y justicia en el caso Couso


Es admirable el coraje de la familia Couso en su lucha por la justicia. El auto de la Sala de lo Penal que revocó el procesamiento contra tres militares americanos ha sido un duro golpe. Ahora la familia explora nuevas vías: la citación como testigos de los ex ministros Federico Trillo y Ana Palacio y emprender acciones legales contra el fiscal de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso, por su actitud en la causa. Parece difícil que salga nada de esa segunda iniciativa, pero la primera, lograr el testimonio de los ex ministros, puede arrojar luz sobre las circunstancias de la muerte del reportero español.

Javier Couso puso de relieve en rueda de prensa que los ex ministros recibieron distintas versiones de las autoridades norteamericanas y que todas las aceptaron pasivamente. Primero se dijo que el tanque respondió a disparos realizados desde el Hotel Palestina, luego que había un lanzagranadas, un francotirador y, finalmente, un oteador.

La verdad es parte de la justicia, pero no toda la justicia. Hacer justicia en este caso sería establecer la verdad, juzgar a los responsables y castigarlos. En el mejor de los casos, la justicia española conseguirá juzgarlos, pero difícilmente condenarlos. Estados Unidos es el mayor enemigo de la justicia universal. La ley de protección de su personal en el extranjero prohibe su entrega, por ejemplo, al Tribunal Penal Internacional. Es impensable su entrega a España -como un responsable dijo “antes se helará el infierno”.

Pero la verdad es la primera piedra de la justicia. Y en el conocimiento de la verdad si que se puede avanzar. Trillo y Palacio tienen mucho que contar. Si vale el testimonio personal, el día de la muerte de Couso las presiones sobre la televisión pública desde el Ministerio de Defensa llegaron a traslucirse en la propia Redacción.

Aparecen nuevos testimonios, como los de la sargento retirada, Adrienne Kinne, que avalan la tesis de que los militares tenían órdenes de silenciar o al menos amendrentar a los periodistas que no estaban “empotrados” en sus unidades.

Reproduzco a continuación las reflexiones de Aidan White, secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Incluyo también el enlace a la entrevista de Amy Goodman a Kinne en Democracy Now! (traducida en español).

Aidan White en el Newsletter de la FIP:

Felicitaciones a Amy Goodman, la activista de la publicación electrónica Democracy Now!, por su entrevista con Adrienne Kinne, sargento en situación de retiro, que ha dado el chivatazo sobre la conversión de los periodistas en objetivo por parte de Estados Unidos durante los primeros días de la guerra de Iraq.

Ella ha dicho que el ejército de los EEUU intervenía los teléfonos de los periodistas, que el Hotel Palestina –convertido en centro de prensa- estaba en la lista de posibles objetivos militares y cómo recibió el fuego de un tanque estadounidense con resultado de muerte de dos periodistas.

Tras los ataques estadounidenses a los medios en Bagdad, aquel 8 de abril de 2003 (incluyendo la muerte del reportero de Al Jazira, Tareq Ayyoub, tras un ataque aéreo a las oficinas de aquella cadena que el ejército de EEUU nunca se dignó a investigar), cinco años después, la verdad emerge a la superficie.

El caso requiere una investigación completa y la respuesta obligada sobre el trato dado por el ejército de EEUU a los reporteros (a los que no trabajaban entre sus unidades).  Las familias y los colegas de las víctimas, José Couso, de Telecinco, y el también camarógrafo, Taras Protsyuk, junto a Terry Lloyd, de ITN, que murieron a manos de las tropas de EEUU durante los primeros días del conflicto. Merecen justicia tras años de decepciones y piruetas oficiales.

Decimos lo mismo para los vivos. Seguimos de cerca el desarrollo de todo esto junto a Eason Jordan, el anterior jefe de la CNN, y junto a Linda Foley, la entonces Presidenta de “The  Newspaper Guild”. Jordan fue expulsado de su empleo y Foley fue sometida a una campaña desagradable de insultos, porque sugerían que los EEUU apuntaron realmente contra los medios durante la campaña iraquí.

La cuestión que fastidia bastante en el tiempo y durante esta polémica es: ¿por qué harían los EEUU una cosa así? Podría haber una respuesta sencilla. Los EEUU aclararon desde el principio que no estaban contentos con los cientos de periodistas no incrustados entre sus tropas (los medios que llamaron “unilaterales”), los que deambulaban por la región al entrar en guerra. Sin garantías de que Bagdad y Sadam caerían rápidamente, ¿querían enviar un duro mensaje a la gente de los medios que escapaba a su control para que no sobrepasaran los límites? Hasta que no contemos con investigaciones adecuadas y sepamos por qué apuntaron contra los medios, no lo sabremos.

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