Vergüenza en Gaza


Es como si un cruel Moloch exigiera periódicamente sacrificios humanos. Nuevamente, por tercera vez en seis años, Gaza se ve sometida a un castigo colectivo en el que la población civil es masacrada.

En esta ocasión, el secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes es invocado por el gobierno Netanyahu, pero el motivo estratégico es romper el recién recuperado gobierno de unidad nacional palestina y, más repugnante, que cada una de las fuerzas que componen el gobierno israelí puedan presentarse a las elecciones como los más duros y faltos de compasión con los palestinos.

Por el lado de los distintos grupos armados palestinos ser responde con unos cohetes cada vez más potentes y sofisticados, pero que por el momento nada pueden contra el escudo defensivo israelí. Cohetes usados a un lado y otro con fines propagandistas y que no hacen sino empeorar la suerte de la población civil de la Franja.

Los castigos colectivos a poblaciones civiles son crímenes de guerra, pero políticos y militares israelíes los perpetran con total impunidad, con la seguridad de que nadie los llevará ante un tribunal nacional o internacional (nosotros ya hemos hecho nuestra parte desmontando la ley de Justicia Universal). Ahora la población se refugia en una escuela bajo protección de la ONU. La Historia nos dice que los israelíes no respetan la bandera azul de la organización mundial.

No es Palestina el único lugar del mundo donde se comenten hoy crímenes de guerra o genocidios, desde Siria a Sudán del Sur pasando por la República Centroafricana, pero en este caso parece que bastaría una llamada de la Casa Blanca para que las operaciones militares se detuvieran. Sí, ya sé que Israel se ha permitido desobedecer muchas veces los deseos de Washington y hasta hacer burla y escarnio de ellos. Existe la convicción de que los intereses estratégicos de Israel y Estados Unidos están inextricablemente unidos y que nadie en Estados Unidos puede ganar unas elecciones si, simplemente, critica al gobierno israelí. No es ahora el interés de Washington abrir un nuevo frente en Oriente Próximo y sería el momente de que un presidente norteamericano pusiera firme a su aliado. No parece que Obama esté dispuesto a hacerlo.

Mientras tanto no podemos más que sentir una vergüenza impotente.

 

La crisis de Ucrania y las imágenes del pasado


¿Desembocará la crisis de Ucrania en una guerra? Las imágenes del pasado

La historiografía nos enseña a mirar al pasado y sacar consecuencias para el presente. Sin una revisión histórica es imposible entender los grandes conflictos actuales. Hay también una tendencia a analizar miméticamente las crisis de hoy conforme a los esquemas de otros grandes momentos históricos.  Marx (18 de Brumario) ya nos dijo que la Historia se repite, primero como drama, luego como farsa.

No existen dos situaciones iguales, ni los actores ni los contextos son nunca idénticos, de modo que no cabe una interpretación determinista del devenir histórico en función de los modelos del pasado. Pero las grandes crisis y su resolución pesan en la conducta de los mandatarios protagonistas y sus asesores; en aquellos como imágenes (a menudo compartidas con sus pueblos), en estos como esquemas estratégicos para repetir o evitar.

La imagen de la I Guerra Mundial

En Ucrania, como es frecuente en conflictos internos o internacionales, se llega a una situación en la que aparentemente no hay más salida que la guerra, que nadie quiere, por la incompetencia y la falta del sentido de la realidad de sus principales protagonistas.

La revolución naranja no fue más que un cambio de élite corrupta por otra y las elecciones (limpias) que llevaron a Yanukovich al poder no eran más que un paso más en la misma dinámica. Todo hubiera seguido igual sin el factor europeo.

La Unión Europea ofreció a Ucrania un acuerdo de cooperación como si fuera territorio económica situada en la luna. Un acuerdo que hubiera significado la entrada masiva de productos europeos y la ruina para la industria pesada de las regiones del este.  Y todo sin ningún horizonte de adhesión. Pero Ucrania no está en la luna. Mantiene unos estrechísimos vínculos económicos, políticos y culturales con Rusia.

Putin no podía aceptar la colonización económica de Ucrania. No tenía más que mostrar el palo y la zanahoria del gas y los créditos para hacer a Yanukovich una de esas ofertas que no se pueden rechazar. Yanukovich hizo las cosas como las hacen los autócratas: de buenas a primeras, sin debate ni preparación de la opinión pública cambió de carta estratégica. Las protestas populares se convirtieron en una insurrección armada, liderada por la ultraderecha nacionalista y xenófoba (Svoboda, Sector de Derechas), con una menor presencia de grupos anarquistas.

La toma del control de Crimea por parte de Rusia puede ser el equivalente al asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, que desencadenó la serie de movilizaciones que irremediablemente llevaron a la guerra en aquel verano de 1914. Funcionaron entonces automáticamente las alianzas entre las distintas potencias. Los estados mayores pensaban en una campaña limitada, como las guerras del XIX, pero se convirtió en un conflicto global.

Hoy no existen alianzas que lleven automáticamente a la guerra. Ucrania mantiene con la OTAN un acuerdo de cooperación (Partnertship for Peace), pero una invasión de Ucrania no es un agresión contra un miembro de la Alianza (no es aplicable el art. 5 del Tratado Atlántico).

Hemos llegado aquí porque Europa carece de un verdadero marco de seguridad. La Organización de Cooperación y Seguridad (OSCE) ofrece mecanismos de confianza y resolución de conflictos, pero no existe un compromiso jurídico que garantice a Rusia lo que esta entiende que son sus intereses geoestratégicos en el entorno de la URSS y el imperio de los zares. Tampoco existe una organización de cooperación económica.  Si en 2004 Putin tuvo que aceptar la entrada en los bálticos en la OTAN (algo que Moscú había considerado una línea roja) ahora, más fuerte, con Ucrania bajo la órbita económica de Bruselas su Unión Eurioasiática perdía sentido.

Obviamente en 1914 no existían armas nucleares. Una guerra entre Rusia y la OTAN difícilmente podría quedar limitada a las armas convencionales. Este es el mayor factor de disuasión.

La imagen del pacto de Munich

Es fácil caer  en el paralelismo del pacto de Munich -aquel pacto vergonzante que según Chamberlain traería paz para una generación, pero que alentó a Hitler a invadir Polonia . Como entonces, las potencias occidentales estarían dispuestas a llegar a un acuerdo entregando territorios europeos (entonces los Sudetes, hoy Crimea) para apaciguar en 1938 a Hitler, ahora a Putin.

Putin y Merkel hablan para llegar a un acuerdo político. La OTAN condena en términos mucho más moderados que lo que hubieran deseado algunos nórdicos. La Casa Blanca reacciona también con cautela.

Todos buscan un acuerdo. Todos se necesitan. Alemania y Europa en general necesita el gas ruso. Putin necesita venderlo para no caer en recesión. Obama necesita a Putin en Siria, Irán, Corea del Norte.

¿Convertiría un acuerdo a Putin en un nuevo Hitler? Putin no quiere edificar un imperio de mil años sino, por el momento, mantener una área de influencia euroasiática. ¿Querrá reconstruir el imperio de los zares si se le entrega Crimea?  Nadie tiene la respuesta, pero no parece que la Rusia de 2014 sea la Alemania de 1939.

La imagen de la invasión de Afganistán

Más que a un acuerdo parece que nos dirigimos a un escenario semejante al que Estados Unidos desencadenó después de la invasión de Afganistán por los soviéticos: sanciones, aislamiento y carrera militar.

Obama no es Reagan y hoy no existen bloques autosuficientes. Las sanciones a Rusia no pueden ser sino limitadas, porque de otro modo dañarían a los propios sancionadores, o, por lo menos a Europa. Aún con sanciones limitadas, la Unión Europea puede pasar del estancamiento a una nueva recesión.

La imagen de la guerra de Crimea

Desde 1853 a 1856 Francia, Reino Unido y el imperio otomano libraron en Crimea una guerra con la Rusia de Nicolás I.  Venció el imperialismo británico, pero moralmente la ganó Nicolás I.

En Rusia la memoria de este conflicto está muy viva, no así en occidente -salvo quizá en el Reino Unido que tiene a la enfermera Florence Nigthingale como héroe cívico y a la carga de la Brigada Ligera como ejemplo de heroísmo e incompetencia. La guerra de Crimea fue un ejemplo de arrogancia e incapacidad militar y dejó la lección de que una breve campaña militar no sometería a Rusia, menos cuando estaban en juego intereses estratégicos como la salida de su marina a los mares cálidos. Tampoco el ejército alemán pudo en la II Guerra Mundial conquistar la base de Sebastopol. (Rectifico. El sitio de Sebastopol duró de noviembre de 1941 hasta junio de 1942. El XI Cuerpo de Von Manstein tomó Sebastopol, pero para muchos autores la resistencia de la ciudad impidió que estas tropas alemanas participaran en la Operación  Blau, de ofensiva hacia el Cáucaso, y que terminó en la decisiva derrota alemana de Stalingrado)

Con estos antecedentes ningún jefe de estado mayor en su sano juicio intentaría una operación de castigo contra la Armada rusa en en Sebastopol. ParaPutin, cualquier acto de hostilidad en Crimea le revestirá de la capa heroica de un nuevo Nicolás.

La imagen de las guerras balcánicas

De todas las imágenes que vienen a nuestra memoria, la carnicería que siguió a la implosión de Yugoslavia, es, trágicamente, la que más semejanzas tiene con la situación de Ucrania.

Lo más probable es que Crimea proclame su independencia que nadie reconozca salvo Putin. Crimea se convertiría de facto en protectorado de Rusia. Aquí surge el primer factor de guerra sectaria. Los tártaros de Crimea no pueden aceptar esta solución. De modo que aparecerían facciones, bandas y guerrillas, con la posibilidad de infiltración yihadista. Crimea, protectorado ruso, quizá se asemeje en unos años a Chechenia.

En Kiev, los antiguos oligarcas, prorusos o proeuropeos, están desbordados por los paramilitares de extrema derecha. Otras milicias prorusas se están formando en el este del país. El choque entre unos grupos y otros grupos nacionalistas puede ser la chispa que encienda la guerra sectaria.

¿Intervendrá Putin en el este? Puede que se limite a la ocupación de Crimea (puede invocar el tratado de amistad y cooperación firmado con Ucrania que le daba el control de las bases militares), sin intervenir militarmente, pero apoyando (como lo hizo Milosevic con los serbios de Bosnia) a las milicias independentistas.

Guerra mundial, no; guerra europea, tampoco. Guerra sectaria en Ucrania, retroceso político y económico en Europa, sí.

El espionaje masivo, nuestros datos y las fuentes periodísticas


Espionaje masivo

El espionaje ha existido, existe y existirá. Mientras haya poderes habrá espionaje. El poder necesita anticipar la conducta de otros poderes, amigos o enemigos, conocer y dominar sus tecnologías.

El espionaje -vestido de honorabilidad como “inteligencia”- es la manifestación oscura del poder y por ello, por la falta de transparencia  inherente a su tarea, tiende a convertirse en un poder autónomo. Los estados democráticos han intentado disciplinarlos y someterlos a los legítimos poderes constitucionales, con resultados bastante dudosos. No es extraño que no esté claro si Obama sabía o no sabía de una acción de espionaje concreto. Y tampoco lo es que no esté claro quien espió a quién y para quién.

Que se intercepte el teléfono de Merkel o se espíe a una empresa es más que previsible. Estos poderes tienen los medios de defenderse. Espiar a las instituciones o autoridades de un Estado es un acto hostil, una violación de la soberanía. Y por eso, conforme a los códigos de los poderes, los estados debieran responder con otro acto hostil.

Durante la guerra fría había unas pautas de represalia que buscaban no sobrepasar la línea roja de la conflagración nuclear. Pero ¿qué hacer cuando el espía es socio, amigo o aliado? ¿Y si además este socio es tan poderoso que dependemos de él tecnológica o económicamente? ¿Y si nuestros servicios secretos dependen de la información que suministra ese estado? ¿Y si a su vez espiamos para ese estado? Pues entonces las respuestas son como las que presenciamos estos días: tibias e hipócritas.

Lo que de verdad cuestiona a los estados democráticos y pone en peligro una civilización basada en los derechos humanos es el espionaje masivo e indiscriminado a los ciudadanos.

El espionaje era selectivo hasta la llegada de las nuevas tecnologías de la comunicación. Estados como la República Democrática de Alemania crearon sistemas de vigilancia de la población, con una interceptación generalizada de las comunicaciones postales y telefónicas. Pero al final de la cadena, había un filtro humano con limitada capacidad de tratamiento y, por tanto, una última valoración subjetiva. Hoy, ese filtro generalizado es un algoritmo, capaz de desencadenar consecuencias imprevisibles para las personas.

Se nos dice para tranquilizarnos que no se escuchan las conversaciones ni se leen los correos, sólo se recopilan y analizan los metadatos (el registro de nuestra comunicaciones). Esos metadatos marcan nuestras pautas de comportamiento, de modo que su recogida viola los derechos a la vida privada y el secreto de las comunicaciones, consagrados en todas las declaraciones de derechos nacionales e internacionales.

Pensemos, por ejemplo, que investigo la representación visual de la crueldad y para ello visito con frecuencia páginas yihadistas con vídeos de decapitaciones ¿No puedo encontrarme un día con un desagradable interrogatorio policial en un aeropuerto (en el mejor de los casos)? ¿No me arriesgo a caer en alguno de los agujeros negros de impunidad creados por los estados en su lucha contra el terrorismo internacional (en el peor de los casos)?.

Nuestros datos

Toda nuestra actividad vital, tanto la que realizamos en el mundo físico como en el ciberespacio, deja una huella, un dato, que conectado con otros revelan más de nuestra conducta de lo que muchas veces sabemos de nosotros mismos.

Nuestra Constitución (art. 18.4) llegó a tiempo para incluir el entonces muy novedoso concepto de protección de datos (aunque lo formule como limitación del uso de la informática) En Europa se han desarrollado leyes y agencias de protección estricta de los datos personales. La legislación norteamericana es mucho más laxa. Ya desde los 90 la UE y EEUU han negociado como pueden utilizar las empresas multinacionales los datos de sus clientes europeos. Ni que decir que los acuerdos alcanzados son menos protectores que las leyes europeas.

Lo que más me indigna en todo el asunto del espionaje masivo es la colaboración de las grandes empresas tecnológicas norteamericanas. De ellas dependemos para poder vivir nuestra hoy imprescindible vida virtual. Nos obligan a firmar leoninos contratos y uno esperaría a cambio un poco de lealtad. Pero estos gigantes dan acceso a nuestros datos  a los servicios secretos por la puerta de atrás, facilitan nuestras contraseñas y hasta los sistemas de cifrado. Y cuando el asunto se revela tienen la desfachatez de pedir que se les sufraguen los gastos que esta actividad ilegal e ilegítima les ocasiona.

Nuestros datos son el activo más importante de la economía virtual. Igual que la televisión publicitaria no es gratis, del mismo modo que el espectador paga por ella por los sobrecostes que soporta como consumidor, así los servicios virtuales que recibimos teóricamente gratis los pagamos con nuestros datos, revelando quienes somos, más allá de nuestra vida privada e intimidad y nuestra propia imagen, dejando sin efecto las protecciones jurídicas que con tanto trabajo se establecieron a  lo largo de los años.

Para colmo, si los agujeros en esos servicios secretos permiten que cualquier analista puede hacer públicos datos altamente secretos ¿no existe el riego de que nuestros datos sean entregados discretamente por cualquier funcionario a una empresa que (en el mejor de los casos) nos inunde de publicidad, o (en el peor de los casos) a una organización criminal que nos extorsione?

Las fuentes periodísticas

Las filtraciones de Snowden y su publicación son un nuevo episodio de la reconfiguración de las fuentes periodísticas, fenómeno al que ya me he referido otras veces en este blog (ver etiqueta Wikileaks).

Examinemos el esquema de tres casos de filtraciones de enorme trascendencia: los papeles del Pentágono, los cables del Departamento de Estado (cablegate) y el espionaje masivo.

En los papeles del Pentágono, Daniel Ellsberg (por cierto también un constratista privado como Snowden) entregó a The New York Times un extenso informe secreto del Departamento de Estado que mostraba las mentiras y el fiasco de la guerra de Vietnam. El periódico pudo publicarlo tal cual, lógicamente extractándolo y editándolo a lo largo de la publicación de una cadena de informaciones. De la fuente (el filtrador) al medio y del medio al público.

En el cablegate aparece Wikileaks, una organización intermediaria entre la fuente (Manning), los medios y el público. Wikileaks se creó como una caja negra en las que los flitradores pudieran carga con toda seguridad y confidencialidad los documentos. Pero su capacidad de difusión e impacto era muy limitada hasta que Assange pactó con los grandes periódicos de referencia su publicación. A diferencia de los papeles del Pentágono no se trataba de editar periodísticamente un documento oficial. Ahora lo que había que hacer era encontrar el propio mensaje a partir de una masa ingente de datos codificados. Por eso los periódicos no sólo aportaron capacidad de difusión e influencia, sino previamente un sistema de tratamiento de datos para extraer de ellos su relevancia pública.

Snowden escogió un intermediario personal, Glenn Greenwald. Normalmente se califica a Greenwald de periodista y desde luego para mi lo es. Por tanto, encontramos como intermediario a un periodista especializado que llega acuerdos con medios de referencia para publicar las filtraciones, que en este caso vuelven a ser documentos legibles, pero altamente especializados y escritos en una jerga que sólo entiende un insider. Quizá la falta de dominio de esa jerga haya podido llevar a algunos periodistas interpretaciones erróneas -o eso al menos es lo que nos quieren hacer creer los responsables de los “servicios”.

Greenwald es de hecho periodista. Abogado especializado en derechos civiles abrió un blog sobre estas cuestiones. Pero el blog le absorbió de tal manera que se convirtió en su actividad profesional. Ya no era un abogado, sino un periodista colaborador desde Brasil con The Guardian. Greenwald no es un periodista ciudadano, es un periodista profesional. Y es que el periodismo o es profesional o no es -lo que no quiere decir que requiera títulos o habilitaciones.

Bombardear Siria o la reputación de Estados Unidos


Otra vez las pruebas opacas cuando no prefabricadas; otra vez los argumentos humanitarios; otra vez los análisis sin fin, los mapas de objetivos y despliegues. Ruido, mucho ruido y me parece que en este caso pocas nueces.

¿Bombardeará Estados Unidos Siria? ¿Es legítima una intervención? ¿Explotaría el polvorín de Oriente Próximo en caso de bombardeo? Muchas preguntas para que las responda alguien no experto como yo, pero no me resisto a dejaros mi reflexión.

Legitimidad

Una intervención unilateral de Estados Unidos, sólo o en una coalición ad hoc (eso que en la jerga intervencionista se llama coalición de voluntarios) no está respaldada por el derecho internacional.

Podría tener tres fundamentos. Uno, que el régimen sirio estuviera poniendo en peligro la paz internacional y entonces la intervención caería dentro del capítulo VII de la Carta de ONU y tendría que estar autorizada por el Consejo de Seguridad. Nadie plantea que exista ese supuesto.

Dos, basada en la obligación de proteger. Es claro que el régimen sirio está cometiendo actos criminales contra su propio pueblo que justificarían una intervención, pero ésta tendría que ser proporcionada y dirigida específicamente a proteger a los civiles y estar aprobada por el Consejo de Seguridad. Desde luego que un bombardeo con misiles de crucero en absoluto va a terminar con las masacres y no hay ninguna posibilidad de que sea aprobada por el Consejo de Seguridad, una instancia todo lo oligárquica que se quiera, pero la única legitimada en nuestro muy imperfecto derecho internacional.

Y tres, y más específico, como una respuesta por la violación de la Convención contra la Armas Químicas. Este tratado no prevé ninguna represalia militar en caso de violación, por lo que no habría más fundamento que los que enumerado como uno o dos.

El lenguaje a veces es transparente. Tanto desde Washington como desde París se ha hablado de represalia. En definitiva, potencias que quieren arrogarse el papel de policías del mundo que nadie les ha conferido.

Habría no obstante, un argumento moral a favor de la intervención, si aún no cumpliendo los requerimientos del derecho internacional un ataque pudiera poner fin a los crímenes contra la población. Los argumentos morales son siempre reversibles y susceptibles de utilizar a conveniencia y, por tanto, no conducen en el mejor de los casos más que a la tiranía benévola. Pero es que dadas las características de este conflicto ninguna intervención -limitada o amplia- puede parar la carnicería, más bien al contrario.

Y todo ello sin olvidar cómo Estados Unidos miró para otro lado cuando su entonces aliado Sadam Husein gaseó a los kurdos de Halabja o los soldados iraníes.

Las pruebas ¿A quién beneficia el bombardeo químico?

Estados Unidos dice tener como pruebas del uso de gas sarín contra la población civil muestras biológicas del personal sanitario que atendió a los civiles. En cuanto al origen del ataque, alega observaciones de satélite sobre el emplazamiento de los combatientes. Y en lo demás, se remite a pruebas recabadas por los servicios secretos que no se pueden revelar por motivos de seguridad. En esta ocasión nos han evitado un espectáculo como el de Colin Power con sus vídeos en la ONU. Lo de Francia es todavía más ingenuo: sus pruebas son los vídeos que circulan desde el primer momento con cadáveres y personas con convulsiones.

Que existió un ataque con gas tóxico a posiciones controladas por los rebeldes con concentración de población civil parece fuera de duda. Pero los detalles sólo pueden establecerlos equipos independientes como los de la ONU. Y como en Irak, Estados Unidos no está dispuesto a someterse a esa verificación independiente.

Es cierto que los inspectores de la ONU en ningún caso establecerán el origen del ataque. Aquí surgen distintos relatos a modo de novela policíaca: ¿a quién favorece el bombardeo?.

Para Estados Unidos, es claro que Asad quiere desafiar a la comunidad internacional para ver hasta donde puede llegar en el uso de estas armas en la limpieza de focos de resistencia. Para Putin es absurdo que cuando el régimen sirio está consiguiendo llevar la iniciativa militar vaya a caer en esta trampa. Un stringer de una periodista de AP asegura haber recogido testimonios entre los rebeldes que aseguran que la munición química fue entregada por el ministro de defensa saudí a los rebeldes y que a estos les explotó por inexperiencia.

Y hay quien, por fin, asegura que todo es una provocación de Asad para ser bombardeado y desatar una conflagración en todo Oriente Próximo, que es por cierto lo que éste ha dicho en una entrevista para el diario Le Figaro. La lógica apunta a esta última hipótesis, pero ¿quién sabe? como ocurre tantas veces todo puede deberse a una cadena de errores e incompetencias de unos u otros.

Bombardeará Estados Unidos. Sí, por su reputación

Estados Unidos bombardeará Siria porque se juega su reputación como potencia.

La reputación  era para la Monarquía Hispánica el correlato público de la honra y muchas de sus actuaciones (sobre todo en su decadencia) se llevaron a cabo no tanto por defender la fe católica o por razones estratégicas, sino por mantener la reputación, sin la que una potencia no es nada. Hoy la reputación se llama credibilidad.

El secretario de estado, John Kerry, lo dijo paladinamente: Estados Unidos se juega su credibilidad. Barack Obama estableció una línea roja, el uso de armas químicas cuando tal línea parecía lejana y ahora se ve en la necesidad de hacer efectiva su amenaza.

¿Por qué estableció esa línea? En la administración Obama hay una facción (Susan Rice es una de sus más destacadas figuras) partidaria de que la defensa de los derechos humanos en el mundo es un interés esencial de Estados Unidos. El Obama presidente, cauto y precavido por naturaleza, se encuadra más en la corriente realista, pero como en el caso de esta línea roja autoimpuesta, hace concesiones, más retóricas que efectivas, a los idealistas.

El interés estratégico de Estados Unidos es que el régimen de Asad no se desplome caóticamente, lo que entregaría gran parte del país a grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda. Castigar, debilitar a Asad sí, derrocarlo, al menos ahora, sin un alternativa unida y confiable para Estados Unidos, no. No faltan informaciones que aseguran que los yihadistas temen que en realidad se termine por bombardear sus posiciones.

Con el apoyo ya de los líderes demócratas y republicanos Obama seguramente ordenará un bombardeo limitado la próxima semana.  En cuanto al pequeño François, dispuesto a emular al pequeño Nicolas en la recuperación de la grandeur mezclada con argumentos humanitarios, puede que le siga, pero no parece que por eso vaya a mejorar su popularidad interna. No contará Obama en este caso con el primo británico, después de ser Cameron derrotado en el parlamento (¡eso es un parlamento!)

¿Polvorín o laberinto?

Si Estados Unidos bombardea -ha dicho Asad- el polvorín de Oriente Próximo estallará. Una conflagración general no es 100% descartable, pero es que en realidad esa guerra ya se libra en una multiplicidad de conflictos enlazados, donde los actores intercambian aliados.

Leo estos días Jerusalén: la biografía, de Simon Sebag Montefiore, y muchas de las luchas por la Ciudad Santa, con sus guerras, alianzas, tratados y equilibrios de poder entre imperios parecen referirse al día de hoy. Oriente Próximo es la bisagra del mundo, un laberinto de luchas estratégicas, pero no un polvorín que pueda estallar con una chispa ni siquiera con un misil de crucero.

Hay una guerra por la implantación del islam político como fuerza predominante en las transiciones democráticas árabes. Turquía, los Hermanos Musulmanes y Catar son en este caso los aliados, mientras que Arabia Saudí es enemiga de cualquier forma de democracia, aunque la fuerza predominante sea islámica. El golpe de estado de Egipto ha supuesto un paso atrás gigantesco en la adaptación del islam a la democracia. El famoso discurso de Obama en El Cairo que era el engarce para que Estados Unidos aceptara al islam político ya no tiene ningún valor, tras el apoyo de Washington al golpe. En esta batalla son ganadores Arabia Saudí, los salafistas y los yihadistas (enemigos por cierto de la Casa de Saud).

Otra guerra evidente es entre chiíes y sunníes, que se libra en Siria, Líbano e Irak. No son guerras de religión, sino de poder. Se trata de que una comunidad u otra controle los resortes del estado y de la economía. Las dictaduras árabes -como el Imperio Otomano- garantizaban un precario equilibrio, imprescindible sobre todo para las comunidades minoritarias (cristianos, kurdos, drusos). Ahora las dos grandes comunidades islámicas luchan por la preponderancia, al tiempo que funcionan como agentes de la coalición sunní (monarquías del Golfo, Arabia Saudí) o (los chiíes) de irán.

Hay una guerra por la hegemonía regional. Turquía, Arabia Saudí, Catar e Irán son los actores de este conflicto. Cada uno usa sus peones más poderosos. Turquía su diplomacia y su integración en el mundo occidental, su desarrollo económico. Catar una diplomacia de chequera y de apoyo a los Hermanos Musulmanes y grupos yihadistas. Arabia Saudí su peso religioso y su apoyo a todas las formas de islam más conservador y retrogrado. Irán, su enorme potencial, su posición estratégica, su guía sobre todos los chiíes.

Otra manifestación de esta guerra global es el conflicto palestino-israelí. El interés estratégico de Israel es tener vecinos débiles, pero estables. Mejor un Asad debilitado que una Siria yihadista. Las conversaciones con los palestinos puestas en marcha por Kerry serán una vez más un elemento cosmético para no ceder ni un milímetro de tierra.

En Siria se cruzan ahora todos estos conflictos -más la rivalidad Estados Unidos-Rusia. El régimen de los Asad ha sido una dictadura, pero su legitimidad se basó en garantizar el equilibrio entre comunidades, sin perjuicio de los privilegios de la propia, los alauís. Asad sigue contando con el apoyo de las comunidades minoritarias. Por eso y por la existencia de un estado organizado y unas fuerzas armadas fieles y entrenadas en la lucha insurgente en el Líbano Asad ha resistido y en los últimos tiempos con ayuda de Hezbolá está logrando una cierta ventaja militar.

Ni Asad ni sus enemigos pueden ganar la guerra. Sólo una negociación puede poner fin  a la carnicería. Pero para ello es necesario que las potencias implicadas en este conflicto global acepten que sus intereses estarán mejor servidos por una Siria unida.

 

Golpe de estado en Egipto, un análisis apresurado


Las cancillerías occidentales  andan pasteleando para evitar la palabra maldita, pero lo que ha ocurrido en Egipto es un golpe de estado en toda regla.

Golpe de estado militar

El desencadenante han sido las masivas protestas populares que comenzaron el día 30, pero son los militares los que han tomado el poder. Y lo han hecho con el manual tradicional: toma del palacio presidencial, detención del presidente, ocupación de la televisión, censura, detención de políticos.

El ejército egipcio ha reafirmado su papel tradicional y es impensable que no se convierta en el tutor de una salida civil. A Morsi se le puede achacar sectarismo, pero ha consumido gran parte de sus energías en poner a los militares bajo el poder civil. Habrá elecciones, nueva constitución, volverán a los cuarteles porque los tiempos no están para gobiernos militares, pero será muy difícil una real supeditación al poder civil. Los militares serán -como lo fueron en Turquía hasta que Erdogan rompió el lazo gordiano de su tutela- la fuerza política en la sombra y mantendrán su poder económico.

Golpe de estado militar con apoyo popular

Pocos son los golpes militares que no tienen apoyo de parte de la población. En esta ocasión puede decirse que es casi la mitad del país que no aceptó la legitimidad de un gobierno de los Hermanos Mulmanes. Las fotos clásicas de las juntas militares reunen a los comandantes del ejército, la marina, la aviación… Pero en Egipto en esa foto (simbólica, no física) están junto al general al Sisi, el líder religioso sunní Ahmed al Tayeb, gran imán del Al Azhar, el papa copto Tawadros II y Mohamed el Baradei, representante de los sectores más laicos y occidentalizados.

El Baradei fue y será el candidato ideal de occidente. Un hombre honrado (como lo demostró en la crisis de Irak), preparado, razonable y demócrata pero con escaso carisma, como se demostró tras la caída de Mubarak. Está por ver si las fuerzas más laicas le apoyarían en la política cotidiana, en el caso de ganara una elecciones presidenciales.

Los nueve millones de coptos se veían amenazados por la creciente islamización, pero que el líder religoso sunní más respetado apoye el golpe quiere decir que la “hermanización” de la sociedad, esto es la conversión de las redes sociales de los Hermanos Musulmanes en poderes estatales, ponía en peligro su poder e influencia.

Una transición no inclusiva

Todas las fuerzas políticas han jugado al todo o nada. La eficaz organización de los Hermanos les ha permitido vencer en referedums y elecciones. Con una influencia social digamos del 33% y con el apoyo del 10% de algunas fuerzas salafistas, los Hermanos han hecho una constitución a su imagen y ha intentado ejercer un poder absoluto, pero escasamente eficaz por la continua confrontación. El intento de Morsi de conferirse una inmunidad absoluta fue la gota que colmó el vaso.

Una nueva democracia no inclusiva a medio plazo se derrumba, pero a corto plazo puede funcionar si al menos se ha pactado una reglas del juego claras y aceptadas por todos. No ha sido el caso de Egipto, donde todo el proceso ha sido confuso y caótico y cada nuevo paso ha sido cuestionado por una parte.

La situación económica

Los medios occidentales están dominados por el enfoque islamismo vs laicismo. Pero se olvida que la revolución de hace dos años fue precedida por una oleada de huelgas y que la situación económica actual es calamitosa. La miseria también ha empujado a la gente a la calle. El próximo gobierno tendrá que lidiar con las exigencias del FMI que pide poner fin a los subsidios de los productos básicos. Una explosión social se llevará por delante al gobierno, del signo que sea, que se atreva a subir exponencialmente el precio del pan y el combustible.

Riesgos

Los Hermanos han recibido el mensaje de que nunca serán aceptados por los militares y los laicos. Lo decía un manifestante pro Morsi: “si ellos han dado un golpe de estado, nosotros lo daremos en cuanto podamos”. Será muy difícil establecer ahora el consenso que debería de haber presidido la transición desde el principio.

¿Qué hará ahora los Hermanos Musulmanes?. Una opción es que un número significativo de sus partidarios lancen desde la clandestinidad una lucha militar contra el gobierno que salga del nuevo proceso. Sería una guerra civil a la argelina. Pero la situación de Egipto es muy distinta a la de Argelia. Desde un punto de vista militar, el territorio no es el más apto para una guerrilla jihadista. Más probable es que sus dirigentes se sumerjan en la clandestinidad y  a través de la influencia de sus redes de solidaridad hagan ingobernable Egipto.

El golpe, sin duda, reforzará la jihad global. Más jóvenes musulmanes de los suburbios de París o Londres, en Ceuta o Melilla, en Cachemira o Libia interpretarán que el islamismo político no tiene futuro, que sólo cabe luchar a sangre y fuego hasta el martirio por el califato universal.

Equilibrios estratégicos

El golpe supone un revés importante para Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, el gran soporte de los Hermanos Musulmanes. Perder Egipto es un gran fracaso para la santa alianza sunní que pretende afianzar una interpretación rigorista del islam, acabar con los restos del viejo nacionalismo árabe (El Assad), marginar a las minorías chíies y neutralizar a Irán.

Y para Israel, un Egipto bajo tutela militar puede volver a ser el viejo aliado, siempre sensible a las demandas de sus servicios secretos. ¿Malos tiempos para Gaza?.

La guerra de Malí ¿un nuevo Afganistán? ¿una nueva Somalia?


Francia se ha lanzado a una operación militar en Malí cuyos objetivos no parecen bien definidos y cuyas consecuencias son inciertas. Las intervenciones occidentales en Afganistán y antes en Somalia han sido grandes fiascos, que ni han estabilizado los países, ni resuelto sus déficits de desarrollo humano ni siquiera logrado el dominio estratégico de las potencias occidentales. La situación en Malí tiene muchos paralelismos.

 

LA INTERVENCIÓN FRANCESA

Fuente: El País

Los cazas francesas empezaron por atacar a las columnas de jihadistas que tomaron Konna y amenzaban Sévaré, base de las tropas de Francia, Senegal y Nigeria y desde donde, por carretar asfaltada, podían alcanzar Bamako en un rápido movimiento.

Luego han bombardeado bases de la milicias islamistas al norte, en la zona controlada por éstas desde el pasado marzo. Por tanto, los objetivos estratégicos parecen más amplios que los de evitar la caída de Bamako. El alto mando francés tampoco ha puesto un plazo a la intervención

El derribo de un helicóptero y la muerte de su piloto, y, sobre todo, el avance este lunes 14 de los salafistas, que han conquistado de Diabali, a 400 kilómetros de Bamako, parece indicar que ni siquiera esta primera parte de la operación, neutralizar la ofensiva jihadista, está siendo fácil. Mucho menos lo será reconquistar las ciudades del norte y no digamos ya controlar el vasto territorio desértico. Los salafistas prometen una guerra larga.

Francia se ha lanzado a la operación porque ha visto en peligro sus intereses estratégicos. La caída de Bamako hubiera generado un caos general en el centro de África y puesto en peligro la reputación de la expotencia colonial. Por otro lado, como se ha recordado, los yacimientos de uranio de Niger -vitales para las nucleares francesas- están más cerca de Gao que de Bamako.

Los militares franceses ha bautizado a la intervención como Operación Serval. Como se encargan de recordar los periódicos argelinos, que califican de neocolonial la intervención, el serval es un pequeño felino africano, que orina hasta 30 veces al día para marcar su territorio. Francia está marcando territorio, pero ¿a qué coste?

Hollande, el blandito, ha cruzado su Rubicón. Por el momento, (casi) toda Francia le sigue, pero ¿por cuánto tiempo?. Las televisiones francesas han caído en tromba sobre Bamako, pero no ofrecen más imágenes que el desembarco de tropas. El mando francés no ha incrustado todavía periodistas entre sus tropas; la situacion parece bastante fuera de control.

¿CÓMO SE HA LLEGADO AQUÍ?

No es extraño que la alianza de fuerzas salafistas que dominan desde marzo el norte de Malí hayan lanzado una ofensiva contra el sur; dese hace meses se les anuncia una operación multinacional (con base en tropas de los países de África occidental) para reconquistar el territorio. La mejor defensa es un buen ataque.

Es conocido que la alianza de Al Qaeda en el Magreb Islámico (de origen argelino), los tuaregs del Movimiento de Liberación de Azawad (MNLA), un movimiento salfista Ansar Dine y un grupo terrorista dedicado a los secuestros, MUJAO (BBC – Mali crisis: Who’s) lograron el control del norte del país con gran facilidad, coincidiendo con un golpe de estado en Bamako llevado a cabo por los mandos medios del ejército.

Desde entonces, estos grupos, sunníes wahabistas frente al sufismo mayoritario en el sur, han impuesto su interpretación fanática del islam, una reedición de los talibanes en el Sahel.

Hay, sin embargo algunos factores que vale la pena recordar:

- El retorno de los combatientes de Libia. Los grupos salafista vivían del secuestro, pero no tenían capacidad militar. Tras la caída de Gadafi retornan mercenario tuaregs, con experiencia militar y potente armamento. Son ellos los que engrosan tanto las filas del MLNA como de Ansar Dine, sin cuyo empuje no hubiera habido ofensiva militar la pasada primavera.

- El fracaso de la estrategia antiterrorista norteamericana. The New York Times revela que los instructores norteamericanos formaron durante años a las tropas de élite del ejército de Malí, todos tuaregs, que a las primeras de cambio se pasaron con armas y bagajes al enemigo. El titular de la información es bien significativo: los bombardeos franceses suplantan la estrategia prudente de Estados Unidos. Y es que el Sahel ha sido el escenario de un discreto, pero robusto programa contraterrerorista de Estados Unidos, superado ahora por la situación de guerra abierta.

- El MLNA, los tuaregs más políticos y menos religiosos, fueron expulsados del territorio bajo control de los rebeldes salafistas. El estado tuareg de Azawad quedó convertido en una versión del califato salafista. Los tuaregs de Malí y de los países vecinos siguen siendo la clave para la estabilidad de la región.

LOS RIESGOS

Philippe Leymarie plantea en Le Monde Diplomatique las incógnitas que pesan sobre la guerra. Ya me he referido a la indefinición estratégica, pero del análisis de Leymarie destaco:

- Interpretación abusiva de la resolución 2025 del Consejo de Seguridad, que establecía una negociación política antes de dar luz verde a una intervención militar.

- Francia puede recibir apoyos logísticos de sus aliados, pero ni Estados Unidos ni ningún país europeo está dispuesto a mandar tropas a combatir al desierto. Una fuerza africana está lejos de ser operativa -en los planes anteriores a estos nuevos desarrollos estaba previsto que lo fuera de septiembre de 2013. Y como las guerras no se ganan desde el aire les toca a los soldados franceses luchar en la arena.

- Con su beligerante actitud en Libia, Siria y ahora Malí, Francia se situa como primer objetivo del yihadismo internacional. Sin descartar una acción terrorista en suelo metropolitano, lo más probable son ataques a sus (importantes) intereses en el Sahel.

¿UN NUEVO AFGANISTÁN? ¿UNA NUEVA SOMALIA?

La constitución de un estado yihadista en Mali era, sin duda, un riesgo para la estabilidad de la zona y para toda Europa.  Pero parece que no se han aprendido las lecciones de estos conflictos, dice Alain Gresh en Le Monde Diplomatique: ninguna intervención militar exterior ha consolidado un estado.

La intervención militar corre el riesgo de dispersar a estos grupos por una región sin fronteras y con débiles estados. Se perdió mucho tiempo y ni se negoció con los tuaregs del MNLA, ni se logró el consenso en Bamako ni se puso en pie una fuerza africana seria que hubiera disuadido a los yihadistas de atacar el sur. Ahora todo parece demasiado tarde.

F1 en Bahréin, un caso de globalización


Reuters

Los aficionados al automovilismo ponen a punto las más cómodos sillones para no perderse nada de su querido espectáculo. Pero ¡ay! están muy preocupados por si algunos inoportunos manifestantes les estropean la fiesta.

¿Qué pintan los bólidos de Fórmula 1 en ese pequeño estado que la mayoría será incapaz de situar en el mapa? ¿Qué pasa en Bahréin para que haya disturbios y protestas?

La F1 en Bahréin es un caso de libro de globalización, en el que entra en juego el espectáculo, los derechos humanos y la geoestrategia.

LA FALLIDA REVOLUCIÓN DE BAHRÉIN

Bahréin fue un episodio fallido en la Primaver Árabe. En la estela de los acontecimientos de Túnez y Egipto la mayoría chií ocupó la Plaza de la Perla exigiendo reformas democráticas y un tratamiento equitativo. Los chiíes son dos tercios del millón de habitantes de esta minúscula isla estado gobernada por el clan sunní de los Jalifas, pero se sienten excluidos del poder y discriminados en acceso a trabajo, vivienda y otros servicios.

Las protestas pusieron en jaque al gobierno del rey Hamad y el país al borde la revolución, hasta el punto de que se produjo una intervención militar de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos. La intervención de la “Santa Alianza Sunní” sin que se produjera una masacre en la Plaza de la Perla, pero desde entonces se ha desarrollado una inclemente represión, con encarcelamientos y torturas y juicios que incluyeron hasta el personal médico que auxilió a los heridos por la represión.

Un año después, los movimientos chíes se han reorganizado y no quieren perder la oportunidad de la televisión global para hacer llegar su causa al mundo.

LOS INTERESES ESTRATÉGICOS

Bahréin es una pequeña isla entre la costa sureste de Arabia Saudí y la península de Catar. Con una importante producción de petróleo para tan pequeño país y, sobre todo, ingentes reservas de gas, Bahérein se ha convertido en un centro bancario y pretende atraer el turismo de lujo.

La revuelta en Bahréin alentaba las protestas de las minorías chiíes en Arabia Saudí, algo que no podía consentir la teocracia de Riad. Todos estos acontecimientos se enmarcan en la pugna entre Arabia Saudí e Irán por controla la orilla occidental del Golfo Pérsico, donde se producen y circulan los barriles de petróleo que Estados Unidos y Europa consumen. Un gobierno democrático en Bahréin se veía en Riad y ¿Washington? como la cabeza de playa de Irán en Arabia.

Estados Unidos tiene en Manama la base más importante en la zona, hogar de la V Flota. Con la retirada de Estados Unidos de Irak, Manama se convierte en una pieza central de la estrategia norteamericana, como ponía de manifiesto el pasado año el conservados instituto estratégico Stratfor.

EL CIRCO DE LA FÓRMULA 1

Ni que decir tiene que  Bahréin no tenía ninguna tradición automovilística, pero el circo de Ecclestone era perfecto para el proyecto de reorientar al país hacia el turismo de lujo.

Es fácil construir un circuito en el desierto y basta con aportar 30 millones de dólares para que las escuderías se plieguen a correr allí, si es necesario de noche y con iluminación para evitar el calor.

El circo (corredores, aficionados, medios) se mueve en su propia burbuja esteril y desconectada del mundo real. La Fórmula 1 se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos mediáticos globales y los derechos de televisión se cuentan entre los más cotizados.

NO ES LA SEGURIDAD, SON LOS DERECHOS HUMANOS

Parece que los corredores están preocupados por su seguridad, mientras que el gobierno y los organizadores insisten en que todo funcionará perfectamente.

La cuestión no es esa. La pregunta que debiera de hacerse la Fórmula 1 -como bien señala Rupert Wingfield-Hayes en la BBC- es si legítimo celebrar las pruebas en Bahréin.

El gobierno ha hecho la promesa de una serie de reformas democráticas, que quería vender al mundo aprovechando la F1. Pero eso no le ha impedido seguir con su campaña de represión, denunciada por las organizaciones locales e internacionales de derechos humanos.

Si el gobierno de Bahréin quiere aprovechar el acontcimiento global de la F1, Amnistía Internacional tampoco quiere dejar pasar la oprtunidad y nos invita a participar en su acción “Las dos caras deBahréin” pidiendo la liberación de 14 activistas de los derechos humanos.

De Bosnia a Siria, veinte años después la misma impotencia


¡Qué poco hemos aprendido en veinte años! Ante nuestros ojos (los ojos de las cámaras vicarios de los nuestos) se desarrolla en Siria la matanza de inocentes como antes en Bosnia. Y como entonces no queremos o no sabemos que hacer.

BOSNIA Y SIRIA, ANALOGÍAS Y DIFERENCIAS

En Bosnia-Herzegovina, entonces, y ahora en Siria un conflicto político ha degenerado en asesinatos masivos de la población civil.

Bosnia fue una de las guerras -la más sangrienta y las más complicada- del rosario que jalonó la ruptura de Yugoslavia. Las élites políticas de las republicas de aquella federación, sin la legitimidad ideológica del marxismo, abrazaron el nacionalismo excluyente. Todas fueran responsables políticamente. Pero no todas fueron igualmente criminales.

La dirección de la República de Serbia  se apropió de hecho de los poderes de la Federación y así Milosevic pudo responder a la declaración de independencia de Croacia y Eslovenia con el ataque del Ejército Federal y un año después a la de Bosnia-Herzegovina, para evitar condenas internacionales, con una cínica orden de retirada y de desmovilización de los militares de origen bosnio, lo que significó, en la práctica que el antiguo ejército de Tito se convirtió en el ejército de los serbios de Bosnia, el ejército que asedió Sarajevo durante más de tres años.

La guerra fue una lucha fraticida entre tres comunidades: serbios (ortodoxos), croatas (católicos) y musulmanes. Todos hablaban una lengua común y compartían una cultura, un forma de vida y una convivencia bajo distintos imperios o equilibrios políticos (la Yugoslavia de Tito). Se diferenciaban a veces en los nombres, en las fiestas… y en la memoria de anteriores matanzas sectarias.

Estallada la guerra, los serbios se entregaron a la limpieza étnica. Les siguieron los croatas. Los musulmanes no llevaron a cabo una política sistemática de genocidio, pero también cometieron crímenes de guerra. Cuanto más se conoce, menos se entienden las matanzas sectarias. Quizá es que basta con que se disuelvan los poderes del estado para que el hombre, azuzado por el miedo y el odio, se convierta en lobo para el hombre.

En Siria, el conflicto reside en la pérdida de legitimidad de un régimen dictatorial. A las primeras protestas Asad respondió con represión, a las manifestaciones organizadas con bombardeos de artillería.

El conflicto sirio no fue en origen sectario, pero el hecho de que el ejército y los servicios secretos estén en manos de alauís (como Asad y su camarilla) ha derivado en una lucha entre sunníes (desertores del ejército, milicias improvisadas, jihadistas) y alauís.

Cristianos, drusos y kurdos desconfían de los sunníes y de su radicalización y esa es una de las razones de que Asad se mantenga todavía en el poder. Así que, a diferencia de Bosnia, Siria es todavía una lucha entre un ejército poderoso y unas milicias insurgentes mal organizadas, coordinadas y armadas. La caída de Asad seguramente degeneraría en una lucha sectaria entre comunidades.

Yugoslavia no tenía un valor estratégico per se, aunque durante el conflicto Alemania aprovechara para extender su influencia por los Balcanes y Rusia buscara regresar a la región. En cambio, Siria es la pieza clave del ajedrez de Oriente Próximo; una pieza que garantizaba un status quo favorable a Israel, a pesar de la alianza de los Asad con Irán y su apoyo a Hezbolá y Hamas. El derrocamiento de Asad sería una derrota para Irán, pero puede que  Israel viera como un enemigo pasivo se convertía en otro activo. La guerra sectaria podría extenderse a El Líbano y avivar el conflicto kurdo en Turquía. Además, en Siria se libra una batalla de la guerra entre chiíes (Irán) y sunníes (Arabia Saudí, Catar).

¿NEGOCIACIÓN O INTERVENCIÓN?

Un conflicto sectario en algún rincón remoto hubiera pasado desapercibido, pero los buenos europeos no podían consentirlo en su vecindad. Hubo una genuina indignación en las opiniones públicas, que fue manipulada por sus gobiernos, pero que dio impulso a la idea de una intervención humanitaria para parar la carnicería.

Mediaciones y negociaciones frustradas fueron innumerables en Bosnia. Era patética la visita de los enviados internacionales a Pale, donde Karadzic ya les humillaba, ya les agasajaba, en ambos casos sin ningún efecto práctico. Desde la ONU se empezó por aplicar las herramientas existentes: el despliegue de cascos azules, pensados para operaciones de mantenimiento de la paz, dedicados a la protección de convoyes humanitarios, con un mandato tan débil que bastante tenían con protegerse a si mismos.

Poco a poco fueron poniéndose en marcha otros expedientes para proteger a la población. Corredores humanitarios, zonas protegidas… se mostraron más como un expediente diplomático que una verdadera protección para los civiles. En Srebrenica el general Morillon prometió a los refugiados “no os abandonaremos”. Menos de dos años después allí se cometía un atroz genocidio ante la pasividad de un batallón holandés de cascos azules.

Los debates en el Consejo de Seguridad fueron interminables. Finalmente, sin la legitimidad de una resolución del Consejo de Seguridad (imposible sin Rusia y China) la intervención se redujo a algunos bombardeos de la OTAN. La paz de Dayton puso fin a la guerra, pero dio a luz a un estado inviable.

La experiencia de Bosnia sirvió para alumbrar en la ONU la doctrina de la responsabilidad de proteger, que excepcionalmente, ante la abstención de Rusia y China, permitió legitimar la intervención en Libia. En Libia se sobrepasaron se pasó de una operación para proteger a la población civil a una amplia intervención en favor de una de las partes. Diríamos que su estreno no ha sido muy brillante.

Del “nunca más” a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Bosnia salió el primero un tribunal específico (que ha juzgado a criminales de todos los bandos) y finalmente la Corte Penal Internacional, muy activa en Libia, pero ausente de Siria, en lo que para algunos es una actuación parcial de la fiscalía.

En Siria, corredores humanitarios o las zonas protegidas requeriría apoyo aéreo, que, razona Mariano Aguirre partidario de la negociación, causaría muchas bajas civiles. Las condiciones exigidas por el gobierno Siria para aplicar el plan de Kofi Annan (compromiso por escrito de los insurgentes y de Arabia y Catar) pronostica el fracaso de esta primera iniciativa, avalada por la ONU y la Liga Árabe. Parece que Asad, como antes Milosevic, agotará la paciencia de los negociadores.

Así que nada de lo que teóricamente la civilización había aprendido en Bosnia parece ser de utilidad en Siria. Sólo caben dos soluciones: una intervención militar de países como Turquía, Catar o Arabia, lo que desencadenaría una guerra de grandes proporciones, o negociaciones para intentar detener las matanzas. Porque está claro que ni la oposición política, ni la insurgencia militar pueden hacer caer a Asad. Sólo un golpe dentro de sus filas puede desbloquear esta situación.

LOS RELATOS

La guerra de Bosnia fue contada sobre todo por las imágenes de fotógrafos y televisiones. Todos tenemos en la retina las distintas matanzas: las de la cola del pan, las de la cola del agua… Yo recuerdo como un símbolo la muerte de aquellos dos amantes, croata él y musulmana ella, abatido por los francotiradores cuando trataban de huir cruzando el Miljaca.

Sin poderosos servicios de información que los controlaran los periodistas se movieron libremente… arriesgando sus vidas. Los grandes medios informaron desde los dos lados, pero el centro informativo fue Sarajevo, donde miles de periodistas soportaron los bombardeos serbios. No es de extrañar que la opinión pública europea identificara como criminales sólo a los serbios. Poco, muy poco, se habló de los crímenes de los croatas y apenas de los de los musulmanes, desde luego estos últimos mucho menos abundantes dada su propia debilidad.

Entre las izquierdas, en cambio, se adoptó una posición proserbia, que idealizaba a Tito y cerraba los ojos a los crímenes de Milosevic. La intervención era una guerra imperialista. Lo mismo pensaron de Kosovo, de Libia y ahora de una posible intervención en Siria.

En Siria, los periodistas apenas pueden estar presentes y cuando lo están dependen de los insurgentes. Ahora la fuente fundamental son los vídeos de aficionados suministrados por la oposición siria, imágenes díficiles no ya tanto de verificar como de contextualizar. Así que la información de Siria se ha convertido en una sucesión de imágenes borrosas, en las que apenas se distinguen tanques disparando o cadáveres desmembrados. Falta el relato que los periodistas construyeron en Bosnia. Las redes sociales han conseguido movilizar a activistas extranjeros, pero falta una movilización semejante a la de Bosnia en las opiniones públicas.

¿Habrá un Dayton para Siria?

2011: el año en que se rompió el pacto social y democrático


La Cumbre de Bruselas de los días pasados ha alumbrado un mecanismo intergubernamental de transferencia de la soberanía fiscal para salvar el euro. No sabemos si el euro sobrevirá, pero estamos casi seguros de que entraremos en una nueva profunda recesión. Con ser eso malo lo terrible es que el acuerdo de 26 países europeos da la estocada final al maltrecho pacto social sobre el que se ha basado la Europa democrática de los últimos sesenta años.

La Europa que salió de la II Guerra Mundial se construyó sobre un respeto a los derechos civiles y políticos (con algunas limitaciones en el contexto de la Guerra Fría) y el desarrollo de los derechos sociales y económicos a través de los servicios públicos. La Constitución española asumió ese modelo en su fórmula más avanzada, justo en vísperas de la contrarrevolución conservadora, que durante treinta años ha ido desmontando pieza a pieza el estado social.

La integración europea -en una tensión permanente entre lo confederal y lo federal- ha aportado un enorme progreso económico, una homogeneización burocrática, una mayor aproximación entre los pueblos. Pero también ha sido vehículo de esa degradación del Estado Social y Democrático de Derecho. La dimensión social nunca pasó de la ilusión, mientras que por la vía de la regulación del mercado único la Unión Europea ha sido la coartada para implantar el neoliberalismo económico.

La crisis ha sido la gran oportunidad para dar la vuelta definitiva a la tortilla. La llamada “reglad de oro” de la estabilidad fiscal, exigida por Alemania y que ahora vendrá impuesta por el futuro tratado intergubernamental, so capa de tratarse de un mecanismo técnico, subvierte la naturaleza social del Estado, ahora incapaz de utilizar la política fiscal para poner sus recursos al servicio de los derechos de los ciudadanos. España ya ha sido pionera en esta rendición para congraciarse, sin mucho éxito, con los mercados.

Los estados europeos ya entregaron su política monetaria al Banco Central Europeo. Ahora van a transferir su política fiscal a un directorio de los gobierno, encargando la vigilancia a la Comisión Europea (nombrada por los gobiernos) y con una serie de mecanismos automáticos de sanciones. Se rompe así una regla esencial de cualquier democracia. “sin representación no hay impuestos”.

En esta Europa las decisiones no las van a tomar los ciudadanos a través de sus representantes, ni siquiera los gobiernos mediante acuerdos intergubernamentales. Las tomarán tecnócratas conectados con las instituciones financieras, supuestamente independientes, pero altamente ideologizados y vinculados a los intereses de los bancos de inversión de los que han salido.

Hace poco Lula decía que “Europa es un patrimonio democrático que la humanidad debe preservar”. Suena a especie en vías de extinción. ¿Pueden en estas condiciones los prepotentes mandatarios europeos pedir a China que respete el medio ambiente y trate mejor a sus trabajadores? No, ahora es China quien nos da lecciones y nos exige que desmontemos el estado del bienestar para prestarnos ese dinero imprescindible para la supervivencia del euro.

Durante tres décadas muchos nos hemos podido sentir plenamente identificados con nuestra Constitución, pese a sus deficiencias y las concesiones que exigió la Transición. Hoy ya no siento esa identificación. No me voy a echar al monte y seguiré defendiendo todo lo que tiene de valioso, pero ya no es la Constitución de 1978.

Ayer se cumplía el 63º aniversario de la Declaración de Derechos Humanos y el 50º del nacimiento de Amnistía Internacional. Si miramos para atrás veremos cuanto se ha avanzado en el respeto de los derechos civiles y políticos, en la lucha contra la impunidad. Pero del mismo modo en que los derechos sociales sin derechos políticos son dádivas graciosas que manipulan gobiernos demagógicos, sin derechos sociales la ciudadanía pierde la base para ejercer los derechos políticos. Queda la esperanza de que ante nuevos desafíos se encontrarán nuevas respuestas. El movimiento de los indignados es un primer atisbo de buscar otra forma de hacer política.

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Un corredor humanitario para Sirte


En Sirte se libra la que puede ser la última batalla de la guerra de Libia.

Si la guerra empezó con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, autorizando la intervención militar para proteger a los civiles y evitar una masacre en Bengasi, hace ya mucho tiempo que la OTAN viola y sobrepasa esta resolución con su implicación a favor de los hasta hace poco llamados rebeldes y ahora “fuerzas transicionales”, por responder, al menos teóricamente, a las órdenes del Consejo Nacional de Transición (de hecho, estas fuerzas son un conjunto de milicias sin un verdadero mando unificado).

En la batalla por Sirte, los bombardeos necesariamente tienen que afectar a los civiles, pues no existe distinción entre civiles y combatientes ni son posibles los que eufemísticamente se denominan “ataques quirúrgicos” contra objetivo militares. Todos los testimonios hablan  de muerte indiscriminada de mujeres y niños. Los bombardeos de la OTAN sobre Sirte deben detenerse, so pena de incurrir en crímines contra la humanidad.

Puede haber quien se sienta satisfecho con la denuncia del “genocidio” de la OTAN, pero en esta situación lo verdaderamente urgente es establecer corredores humanitarios.

Cruz Roja denunció la gravísima situación que se vive en la ciudad, después de hacer llegar hace dos días suministros a uno de sus hospitales. Los representantes de la sociedad civil describieron al equipo de Cruz Roja terribles condiciones por falta de agua potable, medicamentos, productos de higienes y alimentos (especialmente alimentos infantiles).

Hace unas horas otro convoy de la Cruz Roja ha intentado llegar a Sirte, pero, según han constatado los periodistas de Reuters, los disparos de los sitiadores les han impedido culminar su misión de ayuda.

En este contexto, Amnistía Internacional pide el establecimiento de corredores humanitarios, con zonas neutrales y rutas de acceso para los trabajadores humanitarios.

Tan importante como que llegue la ayuda es que se permita la salida segura de los civiles. Hoy ha terminado la relativa tregua de 48 horas dada por el Consejo Nacional de la Transición. Durante este plazo los civiles que han salido no parecen haber sido maltratados, pero tampoco auxiliados. (Véase la crónica de Al Jazzira, al final de esta entrada).

Los que defienden Sirte no luchan por Gadafi, sino por su propia vida. No se rendirán fácilmente. Es hora de una nueva resolución de la ONU, estableciendo corredores humanitarios y exigiendo el respeto de los derechos de los civiles y el tratamiento de los combatientes de acuerdo con las leyes de la guerra.

Otras entradas sobre Libia:

Sarkozy y Cameron en Trípoli ¿misión cumplida en Libia?

Libia: violación de la resolución 1973

Los relatos de la guerra de Libia

Libia: objetivos difusos y daños colaterales

¿Declararía Vd. la guerra a Gadafi?

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