¿Para qué vuelven los españoles a Guinea Ecuatorial?

El ministro de Asuntos Exteriores del Reino de España visita Guinea Ecuatorial acompañado de una amplia delegación de parlamentarios y empresarios. Parece que el Gobierno Zapatero se ha acordado de pronto que hay un pequeño país en África que habla español.

Hasta ahora la antigua colonia había quedado fuera de la nueva política africana de España, dirigida, ante todo, a colaborar con el desarrollo de los países de África Occidental de los que parten los miles de inmigrantes que intentan llegar a nuestras costas, aún a riesgo de perder la vida. De Guinea Ecuatorial no llegan inmigrantes… porque entre un tercio y la mitad de los ecuatoguineanos ya viven en España desde hace muchos años.

Es difícil que entre una metrópoli y su colonia se establezcan relaciones justas y equilibradas. Tras la independencia llegó el neocolonialismo: la metrópoli siguió ejerciendo una tutela política y militar y explotando los recursos económicos mediante las élites interpuestas. Francia es el modelo de este neocolonialismo, con intervenciones militares llegado el caso.

No ha sido el caso de España con Guinea Ecuatorial. Tras la independencia, Francisco Macías se hizo violentamente con el poder y eliminó a la pequeña élite pro española. España, en los estertores del franquismo, aceptó  los hechos. Luego, todavía en la transición, llegó el golpe militar -”el golpe de la libertad” como lo llama el régimen- del sobrino de Macías, Teodoro Obiang, un militar formado en los valores franquistas de la Academia Militar de Zaragoza.

Los últimos gobiernos de UCD y los primeros gobiernos socialistas abrieron los brazos a Obiang. En los 80, Guinea Ecuatorial se llevaba una parte sustancial de la todavía pequeña cooperación española. Pero España nunca recuperó su influencia. Los roces por pequeñas cuestiones fueron permanentes. Y Francia ofreció lo que España no podía ofrecer, la integración en su comunidad francófona y una plataforma para que Obiang pudiera gastar su dinero en París.

A lo largo de los 80, España fue perdiendo su influencia mientras enterraba dinero que la corrupción local se zampaba. Los gobierno de González no apoyaron nunca abiertamente a la oposición radicada en España, por entonces principalmente el Partido del Progreso de Severo Moto. Tampoco dio un cheque político en blanco a Obiang. El país se hundió en una dictadura y en una pobreza absoluta.

Cuando apareció el petróleo, España estaba fuera. Pero no fue tampoco Francia la principal beneficiaria, sino las compañías norteamericanas extractoras. Las regalías del petróleo no van al presupuesto nacional, sino a las cuentas personales de Teodoro. Su hijo Teodorín ya se encarga de gastarlo en las joyerías de París o la Costa Azul.

En los últimos años, las migajas del petróleo han llevado algunas infraestructuras construidas por China. España ahora quiere hacer negocios y para eso el gobierno Zapatero parece dispuesto a endosar las pseudo aperturas democráticas de Obiang. Es la hora de la política exterior realista.

España nunca debió de abandonar Guinea Ecuatorial,  como nunca podrá dar la espalda a Cuba, sean cuales sean sus regímenes. Es una prioridad estratégica. Ello requiere un diálogo crítico con los gobiernos y un apoyo a las sociedades y a los grupos que luchan por la democracia y la justicia.

Otros países dejaron en sus colonias escuelas y hospitales. España dejó iglesias y órdenes religiosas que durante muchos años han sido las únicas que han ofrecido a la población los servicios mínimos que debía prestarles el Estado. Con todo, la imagen de España no es mala. Durante la realización de un reportaje para TVE, una anciana preguntó a José Antonio Guadiola ¿cuándo vuelven los españoles?. Los españoles ahora quieren volver para hacer negocios. Sería grave que, en nombre del realismo, el gobierno español olvidara la defensa de los derechos humanos. Sería un nueva traición.

Es la hora de la sociedad civil iraní

En Irán no se desarrolla estos días una nueva revolución de color, por mucho que los que protestan hayan adoptado el verde como símbolo

Lo de los colores viene de la Revolución Naranja de Ucrania, seguida por la Revolución de las Rosas en Georgia y otras revueltas populares identificadas con un color o símbolo. Aunque no tuviera color propio, la primera después de la caída del Muro fue la caída de Milosevic en Serbia. El modelo siempre es el mismo. Un régimen no homologable con las democracias liberales. La oposición no reconoce la victoria del candidato del poder, comienzan las movilizaciones con apoyo más o menos secreto del exterior, hasta que el régimen resulta desbordado y, o bien reconoce la victoria de la oposición, o bien es derrocado, como ocurrió en Serbia. Ucrania o Georgia, puestas como ejemplo por el Estados Unidos de Bush, han sido un gran fiasco.

La división dentro del régimen islámico

En las revoluciones de colores la oposición persigue un cambio de régimen. En Irán asistimos a una disputa dentro del régimen. Musaví no pone en cuestión la república islámica sino que denuncia que sus principios están siendo subvertidos con un pucherazo de Ahmedinejad.

Nadie pone la mano en el fuego por la victoria de Jamenei y si no véase la prudencia de Obama. Como José Antonio Guardiola recuerda Irán no es Teherán. Seguramente Ahmedinejad habrá ganado, pero alguien se le ha ido la mano y ha provocado la crisis.

El conflicto tendría que haberse sustanciado en el interior del régimen, caracterizado por una suerte de centralismo democrático: los teólogos discuten hasta la extenuación y la decisión es adoptada por el líder máximo, el jurisconsulto iluminado, que todos respetan. El régimen está ahora claramente dividido entre Jamenei-Ahmedinejad y Rasanjani-Musaví-Jatamí. ¿Pondrá la división en cuestión la autoridad esclarecida del líder máximo Jamenei?

La hora de la sociedad civil

Los manifestantes de Therán no tomarán el poder, pero han convertido a la sociedad civil urbana en el nuevo actor político que los ayatolás ya no podrán ignorar. Las clases medias han aprendido a organizarse con las nuevas tecnologías y buscar atajos tecnológicos a prohibiciones o censuras. Como dice Ana Blanco en su blog no se puede quitar los móviles a las multitudes de manifestantes.

Gobierne quien gobierne no podrá ignorar las demandas de este nuevo actor político. Si lo hace, el desafecto crecerá. Por el momento, es lo que está haciendo Ahmedinejad. El riesgo es que el país se divida en dos. Entonces tendríamos que hablar no de una revolución de colores, sino de una contrarrevolución sangrienta. Lo que está claro es que la república islámica no se disolverá como un azucarillo en una revolución de terciopelo.

(Y como siempre, la recomendación del especial de BBC on line)

Tianamen: 20 años después

Han pasado dos décadas y China sigue sin enfrentarse a su pasado reciente. Tianamen sigue siendo tabú en China, donde el gobierno vuelve a bloquear las redes sociales de cara al aniversario. No es extraño. Si en España no somos capaces de enterrar a los fantasmas del franquismo y dar satisfacción a sus víctimas, en China manda la generación de entonces jóvenes tecnócratas que apoyaron la represión.

Las cosas podrían haber sido de otra manera como se adivina en las memorias de Zhao Ziyang, defenestrado y castigado con arresto domiciliario en vida por defender que la única salida era la democratización.

Ahora esos tecnócratas gestionan una crisis sin precedentes que se ceba en las masas de mano de obra barata y sin derechos -¿serán el modelo que nos proponen nuestros apóstoles de la flexibilidad?. Por el momento no ha habido una explosión social, pero China sigue careciendo de los mecanismos más elementales para afrontar los conflictos sin que estos pongan en cuestión el sistema.

Pero en este aniversario es hora de recordar a las víctimas y de apoyar a los defensores de los derechos humanos. Este es el objetivo de la campaña que ha lanzado Aministía Internacional. Recojo aquí el vídeo con los testimonios de uno de estos activistas (y una voz en off familiar).

La mirada de Hosbawn

Para entender el mundo global en el que vivimos pocas visiones tan iluminadoras como las de Eric Hobsbawm. En él se unen en el intelectual crítico y el hombre comprometido que ha vivido en primera persona los momentos claves del siglo XX. Un siglo marcado por la guerra, que ahora el autor repasa en un nuevo libro. Siguiendo con la incoporación de colaboraciones especiales recojo aquí la reseña de Paco Rodríguez Pastoriza, profesor de Información Cultural (Recomiendo sus crónicas culturales en el suplemento de los sábados del Faro de Vigo, la última sobre la correspondencia de Camilo José Cela).

Después de habernos regalado con una espléndida autobiografía (Tiempos interesantes: una vida en el siglo XX. Crítica. 2006), y de mantener una actividad incesante (en la actualidad dirige una comisión de historiadores de la Unión Europea en la que trabaja el español Ruiz-Domènec), a sus 91 años Eric Hobsbawm sigue siendo uno de los intelectuales más respetados del último siglo y su obra se ha convertido en una referencia obligada para los historiadores. Su aplicación del análisis marxista a los acontecimientos de la Historia ha dado obras fundamentales como Las revoluciones burguesas (Crítica, 1971) y La Era del capitalismo (Guadarrama, 1077), cuyo reconocimiento está más allá de cualquier ideología.

SU ÚLTIMO LIBRO

Estos días podemos recrearnos con una nueva obra de Hobsbawm, Guerra y paz en el siglo XXI (Ed. Crítica), una recopilación de algunos de sus últimos artículos y conferencias, que supone un ejercicio de futuro desde una visión crítica del siglo que acaba de terminar. En apenas 200 páginas, el historiador hace un repaso a los fenómenos más candentes de la actualidad (nacionalismo, terrorismo, imperialismo, violencia, democracia…) y analiza sus posibles consecuencias en la era de la globalización.

UN SIGLO VIOLENTO

El siglo XX ha sido el más sangriento en la historia conocida de la humanidad, ya que en él se han dado, juntos, catástrofes humanas carentes de todo paralelismo, fundamentales progresos materiales, y un incremento sin precedentes de nuestra capacidad para transformar, y tal vez destruir, la faz de la tierra. Con estas palabras inicia Hobsbawm el primer capítulo de este nuevo ensayo en torno a cómo evitar la repetición de los errores que provocaron las guerras y los enfrentamientos del siglo pasado, unas guerras cuyo peso fue recayendo cada vez más sobre la población civil. La caída de los regímenes comunistas, que Hobsbawm celebra por lo que suponen de cambio para las sociedades de aquellos países, ha supuesto sin embargo la destrucción de un equilibrio mundial que no ha sido sustituido por ninguna situación de control de la potencia hegemónica superviviente, los Estados Unidos, de modo que desde la caída del muro de Berlín ha habido más guerras que durante todo el periodo de la guerra fría (P.69). El mantenimiento de las fronteras de los estados se debió en gran medida al statu quo de ese duopolio de superpotencias, mientras que desde 1989 estamos asistiendo al nacimiento de nuevos estados nacidos de la segregación de antiguos territorios que hasta hace pocos años constituían fuertes estados-naciones.

GUERRAS DE RELIGIÓN

A pesar de las esperanzas puestas en la dispersión de las guerras religiosas a partir de 1989, estas se vieron reforzadas o sustituidas  por la reaparición de varias modalidades de fundamentalismos religiosos que cuentan con apoyos populares (Hamás, Yihad islámica, Hizbolá), que son además canteras de reclutamiento, y que han dado lugar a la aparición de un nuevo terrorismo con dos características inéditas: el terrorismo suicida y la operatividad en un plano transnacional.

DEMOCRACIA

La democracia es otra de las grandes preocupaciones de Hobsbawm, sobre todo la escasa participación de las poblaciones en los procesos electorales. Achaca este problema a que una buena cantidad de cuestiones se negocian y deciden entre bastidores y también a que una gran parte de la actividad humana transcurre en ámbitos inaccesibles a la influencia de los votantes. Advierte otros síntomas más graves, como la quiebra de la lealtad de los ciudadanos hacia el estado, consecuencia directa de la ideología neoliberal, que ha sustituido servicios públicos esenciales por servicios privados o privatizados.

CRISIS ECONÓMICA

A pesar de que los capítulos de este libro fueron escritos antes de que estallase la actual crisis económica, Hobsbawm advierte en la sociedad norteamericana, la división cultural y política más profunda  que ha vivido el país desde la guerra de Secesión (P.61), y en su economía, una vulnerabilidad a corto y también a largo plazo (P.102). El gran peligro de la nueva sociedad surgida de la globalización, según Hobsbawm, es la dependencia de las economías de los estados hacia empresas privadas transnacionales, contratistas privados cuyo único objetivo es el enriquecimiento. La globalización descontrolada del libre mercado está dando lugar a desigualdades que son el caldo de cultivo de todo tipo de inestabilidades y agravios.

Francisco Rodríguez Pastoriza

La razón de Estado prevalece sobre la Justicia Universal

Se veía venir. PSOE Y PP se han puesto de acuerdo para limitar la Justicia Universal.

La nueva redacción del art. 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que enviará el Gobierno a las Cortes, exige que para que en España se persigan los delitos de genocidio, de lesa humanidad, crímenes de guerra o terrorismo, cometidos en otros países, debe existir una conexión con España, bien por existir víctimas españolas, bien porque el presunto criminal se encuentre en nuestro país. Además, la jurisdicción española será subsidiaria a la del lugar de los hechos, esto es, los tribunales españoles se inhibirán siempre que se haya iniciado una causa penal que suponga una investigación y una persecución efectiva.

Mientras los procesados por los jueces de la Audiencia Nacional era latinoamericanos o africanos nadie se rasgó las vestiduras. Pero cuando los imputados son israelíes o norteamericanos entonces decimos que no podemos ser los “gendarmes del mundo”. La sinrazón de la razón de Estado exige que  no nos creemos complicaciones con países “amigos y aliados”, pero, sobre todo, poderosos.

La razón de Estado se impone también sobre las promesas de Obama.

Primero fue el mantener secretos los memorados de la tortura, luego la recuperación de las comisiones militares para juzgar a los presos de Guantánamo. Sabemos ahora que todos, republicanos y demócratas (Nancy Pelosi) sabían más de lo que decían y que todos se subieron al tren de las violaciones de los derechos humanos, pilotado por el Príncipe de las Tinieblas, Dick Cheney. Ahora, son los propios senadores demócratas los que niegan a Obama los 80 millones de dólares pedidos para cerrar Guantánamo.

George Bush se frota las manos en su rancho de Texas.

Estados Unidos no va a juzgar a sus torturadores -Obama dice que hay que mirar hacia delante. España se evitará hacerlo. Sólo un Tribunal Penal Internacional reforzado puede asegurar la justicia para toda la humanidad.

Imágenes de la globalización: Pakistán/Afganistán

En el valle de Swat, en Pakistán, se vive estos días otra de las grandes crisis de refugiados, o para ser más precisos, una crisis de desplazados. La Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, ha hecho un llamamiento para reunir recursos para atender a 800.000 civiles que durante los últimos meses han huido de los combates entre el ejército y los talibanes. El número de desplazados puede haber sido inflado por las organizaciones humanitarias, pero en cualquier caso, entre los que viven en campamentos o en casas de familiares (donde les resulta más fácil mantener la segregación de las mujeres, el purdah) los que han dejado sus hogares son varias centenares de miles.

La ofensiva del ejército llega después de que avanzadillas de los talibanes tomaran un distrito, apenas a 100 kilómetros de Islamabad, la capital del país.

Se encendieron entonces todas las alarmas, más en Washington que en el propio Pakistán. ¿Podrían conquistar el poder y con él las bombas atómicas del país? Sólo unas semanas antes se había llegado a una tregua en este idílico valle de alta montaña, un acuerdo que permitía a los talibanes imponer su versión estricta de la sharia, la ley islámica.

Después de la incursión, Washington -su diplomacia, sus mandos militares- apretaron las tuercas al débil gobierno de Zardari. Y el ejército atacó de manera indiscriminada,con bombardeos áereos y de artillería que han ocasionado más víctimas entre los civiles que entre los milicianos y que ha provocado el actual éxodo.

Los testimonios de los corresponsales hablan de que los desplazados temen más al ejército que a los talibanes, con los que comparten una forma de entender la vida dominada por la sharia y el código pastún. Como en Afganistán, la política de tierra quemada, más que erradicar a los talibanes, enajena el apoyo al gobierno de la población civil y engrosa las filas de estas milicias fundamentalistas.

¿Qué saldrá de estos campamentos de desplazados si se eternizan, como es previsible? De los campamentos de refugiados afganos en Pakistán -todavía quedan allí un 1,7 millones- salieron los talibanes, los estudiantes de teología islámica que en apenas dos años, entre 1994 y 1996, tomaron el poder en Afganistán, después de barrer a los mujaidines, capaces de derrotar al Ejército Rojo, pero incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos. Los estudiantes impusieron un orden cruel, pero orden al fin y al cabo que terminó con el caos de los mujaidines.

Los que huyen hoy de los combates del valle de Swat son las últimas víctimas de la guerra de Afganistán, un conflicto globalizado, hijo de la Guerra Fría.

Fue el último episodio de la Guerra Fría. Los soviéticos invadieron Afganistán en 1979 en apoyo de una de las facciones del Partido Comunista. Como todos los que trataron de conquistar este territorio no lo hicieron atraídos por sus riquezas, sino por su valor estratégico como territorio entre China, India, Pakistán e Irán. Y como los que les precedieron, los soviéticos no pudieron imponer su orden a este mosaico de pueblos levantiscos, orgullosos y primitivos.

El Ejército Rojo sufrió una derrota que aceleró la caída de la URSS. En ella tuvieron buena parte la CIA y los servicios secretos paquistaníes, financiando, armando y apoyando a los mujaidines, los guerreros de Dios.

Y se convirtió en un conflicto globalizado. Expulsados los soviéticos poco importaba en Washington el destino del país. Tampoco preocupaba mucho a los mujaidines y sus jefes, los Señores de la Guerra, lo que ocurriera en el resto del mundo y desde luego no parecían dispuestos a extender la sharia, o no más allá, al menos de alguna de las antiguas repúblicas de Asia Central.

Los talibanes ya tenían otros designios, instaurar el Califato Universal, aunque todos sus esfuerzos y energías se concentraban en su país. Pero dieron acogida a un millonario saudí que había financiado la lucha contra los soviéticos y que si tenía una idea y una estrategia para lanzar la jihad, la guerra santa, global. Se llamaba Osama Bin Laden.

Estados Unidos y una coalición de “voluntarios” expulsaron a los talibanes en el primer episodio de Guerra contr el terror de Bush. Los norteamericanos hicieron la guerra desde el aire y la infantería la puso la Alianza del Norte, la unión de circunstancias de los Señores de la Guerra no pastunes.

Bin Laden se refugió en algún lugar de la porosa frontera entre Pakistán y Afganistán -eso suponiendo que no esté tomando el sol en las Bahamas… Fuera de bromas, lo cierto es que las tribus pastunes, a un lado y otro de la frontera, la línea Durand, trazada artificialmente por el Imperio Británico, comparten los mismos códigos y el mismo entendimiento rigorista de la religión.

Estados Unidos y sus aliados pusieron en el poder a Karzai, un pastún occidentalizado. Los norteamericanos mantuvieron su misión de combate en el sur, produciendo frecuentes “daños colaterales” entre la población. Y al resto del país llegaron los soldados de la OTAN con una imposible misión de reconstrucción. La corrupción, los ataques indiscriminados, la presencia de unas tropas percibidas como ocupantes han extendido la mancha talibán, a un lado y otro de la frontera.

Obama cambia de estrategia. Quiere favorecer la reconstrucción y desarrollar una lucha contrainsurgente en alianza con grupos locales. Y para ello pide a sus socios de la OTAN más tropas.

Los seminaristas barbudos amenazan con tomar el poder en Kabul e Islamabad. No tienen fuerza para hacerlo, pero sí para mantener una inestabilidad que afecta a Pakistán, Afganistán, India, Irán y las repúblicas ex soviéticas de Asia Central.

AfPak, como ahora designan los norteamericanos a Pakistán y Afganistán, seguirá siendo un foco de irradiación del jihadismo global.

Y otros muchos inocente, como los del valle del Swat, se convertirán en refugiados en su propia patria.

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Imágenes de la globalización: Sri Lanka

En medio del silencio casi universal decenas de miles de civiles se encuentran atrapados en los últimos coletazos de una guerra que ha convertido a estas gentes en desplazados, refugiados en su propia tierra.

Sri Lanka, la Ceilán de los que estudiamos geografía en los 60, esa isla, con forma de lágrima, en el Indíco, al sur de la India, fue primero ocupada por los portugueses para terminar formando parte del Imperio Británico. Los británicos trajeron de la India a trabajadores tamiles, que asentaron en el norte y noreste de la isla. La mayoría originaria, los cingaleses, budistas, consideraron a los tamiles, hindues, una minoría privilegiada. Colonialismo y movimientos de población están en el origen del conflicto.

Después de la independencia, en los 80, estalló la guerra entre el gobierno dominado por los cingaleses y las milicias constituidas por los tamiles, los Tigres Tamiles. A mediados de los 80, India envió una fuerza de pacificación, que pese a los lazos de los tamiles con sus parientes del estado indio de Tamil-Nadu, no favoreció a la guerrilla. La venganza llegó en 1988 con el asesinato del primer ministro indio, Ravij Gandhi, por militantes tamiles. El conflicto se alimentó de nacionalismo identitario y se proyectó en forma de magnicidio a la vecina India.

En los 90, la capital del país, Colombo, se convirtió en escenario frecuente de sangrientos atentados con bomba. Los Tigres precedieron en el uso de terroristas suicidas (mujeres incluidas) a Al Qaeda y las milicias palestinas. En 2002 se llegó a un acuerdo de paz, roto frecuentemente por ambas partes y que degeneró en guerra abierta en 2006. Desde entonces, los Tigres han ido perdiendo territorios hasta quedar confinados en una estrecha franja. Se ignora con exactitud cuantos civiles están atrapados en ese infierno. Ni el gobierno abre corredores humanitarios ni la guerrilla los permite salir. Los bombardeos afectan a los precarios hospitales que se mantienen en la zona. El enviado de la BBC relata lo que se supone está ocurriendo detrás de las líneas que el ejército no permite traspasar a los informadores.

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Sri Lanka no tiene grandes recursos naturales ni es un territorio estratégico para las grandes potencias. Ello explica el clamoroso silencio informativo. Ha sido y es uno de esos conflictos olvidados. Lo que allí ocurre  es un caso de crímenes contra la humanidad,  para afrontar el cual la comunidad internacional debiera de invocar el principio de responsabilidad de proteger, esto es, facilitar a esta población la protección que su gobierno le debe y le niega.


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Imágenes de la globalización: Piratas del Índico, La Nueva Gripe, Refugiados, Pakistán)

Imágenes de la globalización: refugiados

La mirada de esta joven madre y las heridas de su hijo son todo un resumen del destino de más de 30 millones de personas en todo el mundo. Ellos han sufrido el fuego cruzado del Ejército de Sri Lanka y de los Tigres Tamiles. Otros quedaron atrás, ellos han sobrevivido, pero ahora empieza un nuevo calvario.

Como ellos, refugiados, huyendo en masa de la guerra, el conflicto o el exterminio, acogidos renuentemente, cuando no con abierta hostilidad en los países vecinos. Viviendo en tiendas o bajo plásticos, en gigantescas aglomeraciones que terminan por convertirse en míseras ciudades permanentes.

Como ellos, desplazados, refugiados en su propio país, hostigados por ejércitos y milicias, a menudo sin la asistencia de organizaciones internacionales, a las que las fuerzas combatientes o los paramilitares impiden prestarles ayuda. En este capítulo, Colombia tiene el ominoso honor de ocupar uno de los puestos más altos de la escala, con cuatro millones de desplazados, expulsados por el ejército, las guerrillas o los paramilitares de sus casas y sus tierras, codiciadas para plantar coca, o ser explotadas con cultivos intensivos como la palma, que mata la diversidad natural de aquellas ricas regiones.

Como ellos, solicitantes de asilo, que piden el amparo para sus derechos que se les negaron en sus países, y que en los nuestros, tan democráticos, cada vez más se les rechaza, por si fuera el caso de que no huyeran de la guerra o el exterminio, sino simplemente del hambre.

Como ellos, apátridas, a los que algún estado ocupante, genocida o con alto grado de estima de una identidad uniforme, les niega. No son nadie. Hasta el derecho a ser protegidos por un estado (más bien a ser explotados) se les niega.

Palestina, Tibet, Afganistán, Croacia, Bosnia, Serbia, Kosovo, Ruanda, Uganda, Darfur, Colombia, seguro que olvido bastantes de los conflictos que en la segunda parte del siglo XX han generado eso 30 millones de huidos de la barbarie. De los campos de refugiados de hoy saldrán los guerrilleros y los terroristas de mañana.

Ante nosotros se encuentran en pleno funcionamiento dos fábricas de refugiados (desplazados), en Sri Lanka y Pakistán. Ambos conflictos son buenos ejemplos de conflictos globalizados. Para no alargar esta entrada, les dedicaré las próximas.

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Imágenes de la globalización: piratas del Índico

Hace poco más de un año, el 8 de abril, en plena crisis de los alimentos (¿se acuerda alguien de las subidas de precios y de los desabastecimientos de cereales?) una foto de Robert Zoellick,  mostrando en una rueda de prensa un pan me sugirió una entrada en este blog Imágenes de la globalización. 3504 vistas ha tenido esa entrada, la más visitada de este blog.

Cada día, miles de personas escriben en Google “imágenes”, “globalización” (o “imajenes”, “globalisasion”) y el buscador remite a una decenas esta página, seguramente porque, de forma inadvertida, tuve el acierto de utilizar como título un gran argumento de búsqueda. Muchos de los que llegan a la página quedarán decepcionados, porque seguramente buscan un elenco de imágenes que reflejen las distintas manifestaciones de la interdependencia mundial que hemos dado en llamar globalización. Así que, para compensar la decepción doy comienzo a una serie de “imágenes de la globalización”. No siempre las imágenes más representativas están disponibles, así que utilizaré fotos para también las imágenes que la propia palabra crea. Empiezo con un tema de actualidad: piratas en el Índico.

PIRATAS DEL SIGLO XXI

Las aguas del Océano Índico en el Cuerno de África, salida del Mar Rojo, es una de las regiones marítimas más navegadas. Petroleros, mercantes siguen la ruta del Mediterráneo hacia la India o el sureste asiático. También pesqueros de altura, como los atuneros españoles, faenan en una aguas muy ricas. Y de repente, irrumpen los piratas, como si de una novela de Salgari se tratara (¿leen nuestros adolescentes a Salgari?). Para los españoles la primera irrupción informativa del fenómeno fue el secuestro del Playa de Bakío, liberado tras pagar cuantioso rescate.

Los piratas ponen en peligro dos manifestaciones de la globalización: el comercio mundial y la pesca intensiva. Incluso los piratatas ponen como excusa el expolio de sus mares por los pesqueros españoles, japoneses o coreanos. Pero para que la industria del secuestro funcione son necesarias también algunas herramientas propias de la globalización. Los piratas viajan a bordo de frágiles embarcaciones y usan viejos kalasnikov, pero se han dotado de comunicaciones por satélite, que les permiten coordinarse y localizar a sus presas. Sin embargo, la herramienta más sofisticada no son las telecomunicaciones sino la ingeniería financiera. Despachos de abogados de Londres llevan la voz cantante en las negociaciones y los rescates son colocados en cuentas en paraísos fiscales, desde lo que se hace llegar luego una parte en metálico.

La respuesta de la llamada “comunidad internacional”, esto es de los países con intereses globales o específicos (como España, para proteger a sus pesqueros) ha sido enviar una flota a una zona marítima inmensa. En esta reedición de la diplomacia de las cañoneras, la OTAN ha mandado un contingente, en el que cada navío aplica sus leyes nacionales para afrontar el desafío. No existe ninguna autoridad o tribunal internacional para luchar contra la piratería. Una vez más, faltan las instituciones para gobernar la globalización.

¿DE DÓNDE SALEN LOS PIRATAS?

Los informaciones nos hablan de Somalia como un estado fallido. Es cierto, pero no nos explican cómo se ha llegado a esta situación. Los piratas no son más que los miembros de algunos subclanes que han convertido la piratería en una industria. Somalia está fragmentada en territorios con distintas características y distinto pasado colonial. En ausencia de una autoridad política (nacional, regional, ni siquiera local) las únicas leyes son las tradicionales que vinculan y oponen a una compleja estructura social de clanes, subclanes y familias.

El origen último está en el colonialismo (francés, inglés, italiano) y la causa más próxima la guerra fría. El dictador Siad Barre quiso implantar el socialismo científico. Fue derrocado en 1991. Desde entonces, el caos. A partir de ese momento, Somalia irrumpe periódicamente en el flujo de la información global.

A finales del 91 la lucha de todos contra todos desató en toda Somalia, pero especialmente en su capital Mogadiscio eso que desde entonces viene llamándose emergencia humanitaria. Falta de alimentos provocada por los combates, sí, pero también por la imposición del Banco Mundial de que se privatizaran los servicios veterinarios. Somalia que exportaba camellos y ganado ovino a Arabia Saudí ve morir a sus ganados.

En el otoño del 91 una coalición internacional acaba de ganar la Guerra del Golfo. Por entonces nos contaban que la Historia había terminado, así que Bush padre, a punto de dejar la presidencia, quiere demostrar que existe un nuevo orden mundial y pone en marcha, con la aquiesciencia de Butros Gali, la operación Restaurar la Esperanza. Como parar la carnicería en la antigua Yugoslavia parecía imposible, ¿qué mejor que lanzar una operación para pacificar un pequeño país sin ejército?

El desembarco en las playas de Mogadiscio de los marines se escenifica como un evento mediático. Hay más cámaras que soldados… Es la operación militar-humanitaria perfecta para las fechas navideñas, la primera manifestación de la ingerencia humanitaria. Pero pronto esas fuerzas internacionales toman partido en contra de uno de los señores de la guerra, Mohamed Aideed. Las calles de Mogadiscio se convierten en trampas mortales. Un helicóptero Black Hawk es derribado y su piloto arrastrado por la multitud. Las imágenes causan un trauma en Estados Unidos. El episodio marcará la primera presidencia de Clinton y su inhibición en Bosnia y Ruanda. Black Hawk se convirtio en película, es hoy uno de los videojuegos más populares. Imágenes de televisión, cine y virtuales que fueron una de las fuentes que alimentaron el revanchismo norteamericano que buscaba desquitarse en Irak.

Durante una década, Somalia se cuece en su propia barbarie, sin apenas atención del resto del mundo. Las ONGs, la globalización del humanitarismo, trabajan en muy difíciles condiciones.

Todo vuelve a cambiar a partir del 11-S. Los servicios secretos occidentales creen ver que Somalia puede ser la alternativa para el santuario que Al Qaeda ha perdido en Afganistán. Hay una semejanza. Al igual que en Afganistán los estudiantes islámicos, los talibanes, habían conseguido implantar un orden terrible (pero orden al fin y al cabo), en Somalia, las milicias de una coalición de tribunales islámicos  locales van poco a poco controlando Mogadiscio.

¿Cómo combatir el peligro islámico? Alentando la intervención de Etiopía. En principio, el ejército etíope parece vencer a las milicias islámicas, pero pronto el magma somalí enguye a los invasores. Etiopía terminará por retirarse.

Las milicias islamistas vuelven a Mogadiscio, pero los occidentales parecen haber aprendido la lección y deciden confiar en un nuevo presidente,  que promete poner orden y terminar con los piratas. Dicen que es “islamista moderado”. Vaya… El caso es que una conferencia de donantes le ha prometido 165  millones de euros. ¿Adivinan quién será el mayor pagano? Sí, la Unión Europea.

¿Cuál será el próximo capítulo, la próxima imagen de esta historia de globalización?

(Otras entradas de la serie Imágenes de la globalización: La nueva gripe, Refugiados, Sri Lanka, Pakistán)

Obama da una victoria a la impunidad

Obama ha dado una gran victoria a la impunidad al renunciar a juzgar a los agentes de la CIA que torturaron y a los ideólogos y leguleyos que buscaron los pretextos legales. La mal entendida razón de Estado ha triunfado.

Los memorandos legales se han revelado en última instancia, cuando un tribunal iba a exigir su publicación, conforme la Information Act. La CIA, esa institución de las tinieblas, ha prevalecido. ¿Cómo permitir que algunos de sus agentes fuera a ser juzgado?

En realidad lo que ha hecho Obama es dar por buena la doctrina de la obediencia debida. España y Argentina han expulsado de sus legislaciones -con no poco dolor y sangre- a esa institución de la impunidad.

El presidente que pretende cerrar Guantánamo dice que hay que mirar al futuro, no al pasado. En Chile, Argentina o Sudáfrica saben que no hay futuro si no se exponen y se cauterizan las heridas del pasado. En España todavía penden sobre nuestro futuro las violaciones de los derechos humanos de hace siete décadas. En Perú, con la condena de Fujimori, el estado de derecho ha vencido a la impunidad.

Actualizo esta entrada (2-05-09) con la referencia al Informe de Amnistía Internacional Mensajes Contradictorios y el vídeo correspondiente de la Ong. En esencia, AI denuncia que los cambios han sido más simbólicos que sustanciales.