¿Ha llenado TVE su agujero negro?

Durante toda su historia la televisión en España ha gravitado en torno al agujero negro del servicio público. TVE pretendía llenarlo con un mandato específico, pero la manipulación política y su financiación publicitaria (su producto, era pues, audiencia para vender a los anunciantes) hacían que ese territorio ideal quedara vacío, al menos parcialmente. No obstante, todo el sistema, incluidas las televisiones privadas, orbitaban en torno a este agujero negro.

¿Sigue siendo el servicio público de la televisión un agujero negro? Permitidme que deje la cuestión para el final de esta entrada.

¿De donde sale esta imagen del agujero negro? Tenía pendiente comentar el libro Los informativos diarios en BBC y TVE (Ediciones de la Torre), fruto del proyecto de investigación del GITEP (Grupo de Investigación sobre la Televisión Pública), del que Agustín García Matilla es investigador principal, y no sabía como abordarlo hasta que encontré esta imagen en uno de sus capítulos.

El libro, que lleva por subtítulo “Los discursos de sus profesionales y emisores”, establece un diálogo virtual entre los profesionales de TVE y BBC y sus respectivas audiencias, siempre en torno al concepto de servicio público. Ya me referí al debate que mantuvimos un grupo de profesionales y académicos sobre el avance de las conclusiones de la investigación, en el que se explicitaron algunas diferencias entre BBC y TVE.

Es difícil sintetizar este diálogo virtual entre profesionales y ciudadanos (establecido mediante técnicas cualitativas de investigación) dada la riqueza de matices. Muy simplificadas, esta son las representaciones que unos y otros se hacen del servicio público en España y Reino Unido.

Los profesionales británicos y españoles coinciden en los valores tradicionales del periodismo objetivista (verdad, imparcialidad, independencia, profundidad, claridad, respeto de los derechos de terceros). Discrepan en cuanto al grado en que estos valores se hacen reales en sus empresas. En TVE, el núcleo más veterano tiene una visión muy crítica, mientras que los más jóvenes y los directivos tienen una aproximación más pragmática y autocomplaciente. En  cambio, en la BBC los profesionales, sin perjuicio de críticas puntuales, están convencidos de su eficaz realización.

Los ciudadanos también tienen visiones distintas. La BBC ha logrado establecer una noción de televisión de servicio público aceptada por los ciudadanos, que manifiestan un alto grado de identificación con la Corporación y aceptan el canon, aunque se manifiesta un menor grado de identificación entre la población de origen no británico, por la concepción del mundo anglosajona que promueve la televisión pública. En cambio, en España, está muy extendido el convencimiento de la manipulación política y si acaso se admite que la televisión pública se distingue de las privadas en que limita la telebasura.

La BBC aplicó tradicionalmente la fórmula “hacer interesante lo relevante”, con una progresiva apertura a los intereses directos de la audiencia, lo que por una parte significa acercarse a las necesidades reales de la gente, pero, por otra, dar más presencia al infoentretenimiento. Su estrategia editorial es desde hace mucho tiempo diversificar contenidos y plataformas para que cada uno de los contribuyente al canon reciban algún beneficio del servicio público.

TVE, en cambio, ha estado, desde la aparición de la televisión privada, aplastada por los índices de audiencia, de los que dependía su financiación, luchando por el share, por lograr en cada instante el máximo número de espectadores, sin preguntarse por sus necesidades ni diversificar sus servicios.

Desde que terminara la investigación a la que me refiero, en los últimos 18 meses, las cosas han cambiado tanto en la BBC como en RTVE.

La BBC se verá obligada a realizar un recorte de 500 millones de libras en los próximos años, debido a la congelación del canon por el gobierno liberal-conservador. Uno de los servicios más afectados será bbc online con un reducción del 25% de su presupuesto. Habrá que ver como estas limitaciones económicas afectan a la diversidad de programas y servicios.

Más cambios ha sufrido RTVE, aparentemente más positivos que los de la BBC.

En primer lugar, ha avanzado su arquitectura institucional con el fin de delimitar el servicio público, garantizar la independencia informativa, promover el derecho de acceso, garantizar los derechos del público y establecer normas de buena práctica. Los hitos de esta arquitectura institucional son:

Uno de los elementos diferenciales que aparecían en la investigación comentada era la falta de una delimitación precisa del servicio público, que en el caso de la BBC viene establecido para los profesionales en las Guidelines. Estos nuevos documentos normativos suponen actualmente un importante valor añadido para la radiotelevisión pública frente a las televisiones privadas. Pero no son suficientes los textos. Es necesario que sus valores sean incorporados a la práctica cotidiana y para eso es imprescindible la formación permanente y -más importante todavía- un debate interno libre y una apertura al público.

Más conocido y seguramente más relevante es la desaparición por decreto de la publicidad de TVE para sacarla del mercado y dar su parte de la tarta publicitaria a los privadas. La financiación publicitaria se ha sustituido por la tasa del uso del espectro radioeléctrico y los recargos sobre los ingresos de las televisiones privadas y de los operadores telefónicos. El recurso de éstos y la probable anulación de la tasa por el Tribunal de Luxemburgo  ha puesto en cuestión el sistema y hace peligrar la propia existencia de RTVE.

El efecto positivo es que TVE se ha reencontrado con su audiencia. La televisión lidera claramente las audiencias generalistas con La Uno, especialmente en el terreno informativo, y las especializadas con Clan, 24 Horas y Teledeporte, aunque no consigue posicionar a La Dos como una opción cultural viable. Puede que los espectadores aprecien más los contenidos de los canales públicos, dada la descarada deriva hacia la telebasura de los canales privados (cada vez más concentrados). O más probablemente hayan recuperado el placer de ver la televisión sin interminables interrupciones publicitarias.

También es un paso adelante la apertura interactiva de su programación mediante TVE a la carta y RNE a la carta, todavía muy lejos del BBC i-Player. Pero apenas nada se ha hecho para mantener una verdadera interacción con la audiencia. Diversificación e interactividad son ahora los retos.

Volvamos a la pregunta del principio. ¿Está llenando TVE, RTVE, el agujero negro del servicio público? Sí, al menos parcialmente. La aceptación de sus canales por parte tanto de la audiencia generalista como de la audiencia diversificada, las sinergias tv-online de servicios como El Tiempo, la arquitectura institucional… todo ello está dando contenido y sentido al servicio público.

En la medida que se llena ese agujero negro, las televisiones privadas orbitan cada vez menos en torno a él, tanto porque la Ley General de la Comunicación Audiovisual (pdf) les ha liberado de la condición de concesionarios del servicio público, como porque en un panorama de concentración los objetivos económicos y financieros predominan sin complejos sobre los informativos, como ha demostrado la absorción de Cuatro por Telecinco y la conversión de un canal de 24 Horas en plataforma permanente de uno de los buques insignia de la telebasura, Gran Hermano. Mejor así, todo más claro.

No faltan nubarrones en esta incipiente reconstrucción del servicio público. El PP anuncia privatizaciones de las televisiones autonómicas y cierre de canales de TVE. El Partido Popular ha ido a remolque en toda esa arquitectura institucional y sería imprescindible un compromiso sobre su mantenimiento si llega al gobierno. Por otra parte, en una una campaña electoral que va a durar 18 meses, los profesionales y sus órganos representativos (los Consejos de Informativos) tienen que estar especialmente vigilantes para garantizar la imparcialidad más allá de la proporcionalidad de tiempos y los espacios impuestos por la Junta Electoral. Y queda pendiente un verdadero saneamiento de RTVE, rompiendo la dependencia de las productoras y revisando su organigrama directivo y sus relaciones con las empresas del sector.

¿Llegará a ser el servicio público de la radio y la televisión un astro con luz propia? Veremos. Pero de lo que no cabe duda es que investigaciones como la GITEP son un incentivo para ello.

RTVE: manual de estilo y código de autorregulación en defensa del menor

Por fin el Consejo de Administración ha aprobado y la Corporación RTVE publicado su Manual de Estilo, después de la salida en falso de hace unos meses.

Con respecto al primer borrador, la versión definitiva no presenta grandes diferencias, pero se han eliminado imprecisiones en asuntos deontológicos y, sobre, todo,se ha fundamentado mejor su contenido en el conjunto normativo que regula la Corporación, incluido el Estatuto de Informativos, que antes parecía ignorarse.

Resulta imposible el análisis de una obra como ésta, así que me limitaré a comentar aspectos que me han llamado la atención. Más allá de su utilidad interna, a la que me referiré, recomiendo su lectura y consulta a estudiantes y profesionales del periodismo, como una referencia de las soluciones deontológicas y de estilo que ofrece la más potente empresa audiovisual española.

Normas de buena práctica

En su introducción, el texto declara que “…detalla una serie de pautas y recomendaciones, cuya finalidad es orientar hacia el máximo rigor periodístico el trabajo de los profesionales no sólo de la información sino de todos los ámbitos, géneros y formatos presentes en la programación de RTVE.”

Se trataría de convertir en orientaciones prácticas los mandatos jurídicos o deontólogicos que las leyes reguladoras y el Estatuto de Infomativos imponen a los profesionales. Sin embargo, en general se adoptan enunciados normativos más que orientaciones prácticas y más casuística, que pudieran servir de ayuda en casos conflictivos.

Más deontología que estilo

El Manual tiene más peso deontológico que de estilo. En lo referente a los lenguajes televisivo, radiofónico y multimedia, recae más en generalidades, salvo algunas normas más concretas sobre estructura y recursos gráficos de la información multimedia (que, por cierto, se prefiere denominar genéricamente noticia, sea cuál sea su género, 4.5). Da la impresión de que en la radio y la televisión no se han abordado más que superficialmente unas normas de estilo perfectamente asentadas en la práctica, mientras que en el terreno multimedia se ha sentido la necesidad de codificarlas.

Llama la atención la forma imprecisa en que, en los tres medios, se define el reportaje como una simple ampliación de la noticia, ignorando que su materia prima son los testimonios.

Las recomendaciones sobre el uso del castellano resultan muy genéricas. No está mal la solución a la remisión a la Gramática, la Ortografía y Fundeu, pero eso va de suyo. Entre los anexos es clamorosa la falta de una catálogo de topónimos, así como de unas normas sencillas de trasliteración de las lenguas más comunes; todo ello para evitar el desbarajuste de topónimos (o que Aquisgrán se convierta en Aachen) y que cualquier nombre extranjero se pronuncie como si fuera inglés.

Neutralidad y excelencia informativa

“La Corporación RTVE y sus profesionales no adoptarán posicionamiento ideológico más allá de la defensa de los valores constitucionales” (Manual 1.1.2 y Artículo 10-b Mandato-Marco, pdf)

Tal declaración, más allá de su aplicación estricta en los espacios de opinión, sintetiza la esencia del servicio público: neutralidad ideológica y compromiso con los valores constitucionales. La excelencia informativa está determinada por el compromiso constitucional y el uso apropiado del lenguaje informativo para obtener de cada medio sus máxima potencia expresiva. Creo que el Manual es más útil en concretar el compromiso con los valores constitucionales que en dar orientaciones útiles en el uso creativo de los lenguajes.

Entretenimiento

El Manual se proyecta principalmente sobre los territorios informativos. Pero no falta una sección dedicada al entretenimiento. El mandato de servicio público supone ofrecer al público “un ocio activo, crítico, imaginativo, culto, enriquecedor y divertido” y para ello considera contenidos prioritarios “el conocimiento, la comunicación, la innovación, la imaginación, la capacidad de reflexión y el humor inteligente”.

Se trata de concretar esos principios en algunos de los géneros de programas, ordenando que se orienten al servicio de los valores constitucionales, como el de la cohesión social. Así, por ejemplo, se afirma que “los espectáculos y programas deportivos pueden ser un instrumento o un símbolo en beneficio de la cohesión social de la colectividad pero esto nunca debe suponer una reafirmación de la identidad frente a otros grupos, pueblos, países u otras aficiones” (1.2.1.4), pero no se dan consejos prácticos sobre como tratar la tensión en enfrentamientos deportivos o evitar el patrioterismo.

Por cierto, que entre los programas de entretenimiento no se mencionan los “realities”. ¿Renuncia a ellos TVE? ¿No cabe un tratamiento conforme a los valores constitucionales de esta categoría de programas?

Orientaciones y realidad

Cabría hacer un catálogo de normas contradictorias o que chocan con la práctica cotidiana. Selecciono arbitrariamente sólo algunas.

– Imágenes ajenas.”RTVE no difundirá la señal en directo de acontecimientos de interés informativo que sea proporcionada por entidades interesadas. [--] RTVE deberá esforzarse en cada circunstancia para que la información ofrecida en directo sea captada y tratada con sus propios medios y personal técnicos. Cuando no sea posible se comunicará a la audiencia” (1.1.4.3). En las campañas electorales empieza a advertir de que se trata de una señal producida por el partido, pero todavía no se ha generalizado esta advertencia. No parece que RTVE esté combatiendo esta práctica de los partidos, que debiera ser contestada conjuntamente por todos los medios, públicos y privados.

- Seguimiento informativo. “Es obligación de los profesionales de RTVE ofrecer el seguimiento de una información relevante hasta que quede suficientemente clarificada en todos sus extremos, independientemente del tratamiento dispensado por el resto de los medios de comunicación.” (1.1.4.4). Esta obligación es olvidada por RNE y TVE, que como todos los medios se suben a las olas informativas y siguen la consonancia mediática.

- Especialización. “La falta de especialización puede menoscabar la credibilidad. (1.1.4.5)” Se enuncia como si esa falta de especialización fuera una responsabilidad del informador y se ofrece como solución cursos de formación continuada. Se olvida que la especialización sólo se puede lograr en el marco de una carrera profesional y con una organización que la favorezca.

Habría otros muchos conflictos entre la recomendación y la realidad, como en el uso de imágenes impactantes, imágenes descargadas de Internet, prohibición de viajes pagados o cuestionarios pactados etc. etc.

Efectividad y actualización

Un libro o manual de estilo sólo será útil si es fruto de un amplio debate previo y se mantiene actualizado mediante su discusión en las redacciones y utilizando mecanismos de interacción. Por lo que sé el debate previo no ha existido, pero todavía se está a tiempo de convertir el Manual en una referencia para los conflictos diarios manteniendo un debate permanente alimentado por los conflictos diarios.

CÓDIGO DE AUTORREGULACIÓN PARA LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DEL MENOR

Esta entrada ya es demasiado larga, pero quiero dejar constancia de la aprobación y publicación del Código de Autorregulación para la Defensa de los Derechos del Menor, otro instrumento esencial para el cumplimiento del servicio público.

En esencia se trata de una puesta al día del texto que en2004 las televisiones pactaron con varios ministerios y que desde entonces se ha vulnerado sistemáticamente por los operadores privados, sobre todo por Telecinco.

El texto actual es un compromiso unilateral de RTVE, que endurece las obligaciones que la legislación impone a todos los operadores y la específica que corresponde a la Corporación según sus normas reguladoras.

Lo más destacado son los compromisos en la franja de protección reforzada, especialmente el de establecer una programación de carácter familiar los sábados, domingos y festivos, de 16 a 19 horas. No se delimita que se entiende por programación familiar, que hasta ahora en la práctica se concreta en productos de Hollywood más aptos para débiles mentales que para menores.

El Código pretende proteger al menor como espectador y en este sentido reitera normas incluidas en el Manual de Estilo. Se establece un código de clasificación por edades, con avisos visuales y auditivos.

En cuanto al menor como espectador de los programas informativos, se recomienda la eliminación de contenidos violentos, pero, puesto que no se puede edulcorar completamente el relato informativo, se termina por admitir que “en los casos de relevante valor social o informativo que justifiquen la emisión de las noticias o imágenes antes referidas, se avisará a los telespectadores de la inadecuación de las mismas para el público infantil.”

Ustedes son Formidables

Leo en La Vanguardia y en El País las necrológicas de Alberto Oliveras. Resuena en mi cabeza la Sinfonía del Nuevo Mundo… ¡Vds. son Formidables!.

Por lo visto, Oliveras no tenía experiencia en radio cuando se hizo cargo del programa, que en principio iba a presentar Soler Serrano. Pero se convirtió en un monstruo del medio. Nadie como él para transmitir con su voz un sentimiento de empatía hacia el otro. Su carisma popular y su capacidad de comunicación eran excepcionales.

“Formidables” fue uno de los primeros programas de la radio española basados en la participación de la audiencia mediante llamadas telefónicas. Era el formato ahora llamado telemaratón. Pero en los 60 escuchar la voz del pueblo no era nada común y aunque supongo que las llamadas estaban filtradas de vez en cuando junto al lamento se escapaba la denuncia.

El programa se movía entre la lágrima fácil, la  solidaridad, el paternalismo y la crítica implícita a la situación, sin hacer ascos a la colaboración  con las figuras del régimen. A finales de los sesenta a muchos nos parecía que el programa era una manipulación de los sentimientos que consolidaba situaciones de injusticia inaceptables. Así era, pero desde la perspectiva de hoy “Formidables” puede verse como un espacio de participación radiofónica que cubría el hueco de unas ONGs inexistentes y que, indirectamente, mostraba las vergüenzas de aquella España.


 

El Libro de Estilo de RTVE

Llevo un par de semanas dándole vueltas al Libro de Estilo de RTVE, sin terminar de decidirme a dedicarle un espacio en este blog.

Durante toda mi vida profesional he defendido la necesidad de un libro de estilo en la radiotelevisión pública e incluso formé parte de una comisión redactora (alguno de cuyos trabajos aparecen parcialmente recogidos en el documento). Me felicito, por tanto, de que por fin RTVE tenga “su” Libro de Estilo, pero no estoy muy seguro de su utilidad, en razón de su contenido y procedimiento de elaboración.

Transparencia

Para empezar, colgué el texto aprobado por el Consejo de Administración, ya que RTVE no difunde en su página este tipo de documentos. PERO LA DIRECTORA DE COMUNICACIÓN ME HA EXIGIDO RETIRAR ESTE DOCUMENTO QUE CALIFICA DE BORRADOR INTERNO ASÍ QUE PROCEDO A RETIRARLO. LO SIENTO.

El documento tiene, lógicamente, una función interna, pero también, como todo Libro de Estilo, debiera de ser un ejercicio de transparencia, de modo que el público pueda conocer los principios que rigen el tratamiento de la información en el medio.

En el caso de RTVE, esa publicidad es todavía más importante, puesto que tanto RNE como TVE han sido históricamente canteras profesionales en las que en gran medida se han gestado rutinas (buenas y malas) y jergas compartidas por los periodistas audiovisuales. Hoy, siguen siendo medios de referencia y garantes de una información de servicio público.

¿Qué es un Libro de Estilo?

No resulta fácil responder, porque de un medio a otro, de una empresa a otra, los libros de estilo resultan bastante heterogéneos.

Nacieron en los periódicos de calidad como normas de uso del lenguaje periodístico y guías prácticas sobre medidas, topónimos etc. En muchos casos se suman a estas reglas propiamente de estilo, normas éticas o de buena práctica que fijan los valores del medio. Y siempre subyace una voluntad de diferenciación, de establecer las características de contenido y formales que delimitan la personalidad editorial. El problema es que a menudo estos elementos se yuxtaponen sin una verdadera lógica interna. Y eso es lo que creo que ha ocurrido con el de RTVE.

Los libros de estilo son una referencia para el trabajo periodístico, recomendaciones, no normas deontológicas y menos jurídicas. Una norma deontológica impone una conducta,  mientras que una regla de buena práctica intenta establecer sugerencias pragmáticas, que habrá de adaptarse a las circunstancias concretas de cada caso. Los libros de estilo deben de incluir reglas de buena práctica, fundamentadas en normas deontológicas externas al libro.

Los libros han sido documentos estáticos, aprobados una vez y revisados de muy tarde en tarde con gran dificultad. Frente a este planteamiento, creo que hay que apostar por guías profesionales dinámicas, actualizadas constantemente y confrontadas con la práctica cotidiana. Así lo hace la BBC con sus editorial guidelines, en permanente discusión y revisión.

Procedimiento

Un documento de este tipo lógicamente tiene que ser elaborado por una comisión de profesionales con suficiente experiencia y autoridad reconocida entre sus compañeros. Pero esa comisión tiene que trabajar en interrelación con las redacciones (en este caso de RNE y TVE), sometiendo el borrador a debate, recogiendo propuestas y sugerencias y haciendo, de este modo, que la Redacción considere como propio el texto.

Esto no se ha hecho así e incluso se ha limitado a un puro trámite formal la participación de los Consejo de Informativos, que exige el Estatuto de Información de la Corporación (art. 49.d). El Consejo de Informativos de TVE hizo una revisión de todo el texto, pero todas sus propuestas (bastante razonables)  han sido rechazadas, lo que ha dado lugar a una protesta formal.

Que yo sepa, el Libro no se está difundiendo en las redacciones mediante seminarios o espacios de discusión. Si no se hace así seguramente será quedará en un tomo guardado en el cajón, que sólo se desempolvará cuando surja un conflicto, normalmente para pedir responsabilidad a un trabajador.

Contenido

El Libro tiene más contenido deontológico que de estilo. En general, sus recomedaciones o preceptos (no está muy clara su naturaleza) tienen buen sentido, pero los redactores parecen olvidar que el Estatuto de Informativos en su art. 9 incluye un completo código deontológico, más preciso y pactado entre los representantes de los informadores (elegidos con este fin) y el Consejo de Administración. Es más, a veces parece como si quisiera enmendar la plana al Estatuto de Informativos.

Las recomendaciones de Estilo son más de lenguaje que de tratamiento informativo en los distintos medios. En general, estos contenidos adolecen de obviedad, especialmente en lo referente a los nuevos medios interactivos.

Falta, a mi entender, el desarrollo de verdaderos elementos distintivos de RTVE, desde la perspectiva de la naturaleza de los medios audiovisuales. Aspectos como los de la rotulación, no son más que una mínima parte de este aspecto y no están especialmente bien resueltos.

Sólo me queda desear con este documento no sea más que un punto de partida para que los profesionales de RTVE profundicen en su compromiso de servicio público.

Los sindicatos reclaman que la Ley General Audiovisual respete el concepto de servicio público

CC.OO y UGT exigen al gobierno la modificación del proyecto de Ley General Audiovisual.

En esencia, piden que se respete el tradicional concepto de servicio público de radio y televisión; que el gobierno central no abandone a las comunidades autónomas la regulación general de los medios audiovisuales; que no se abra la puerta a la privatización de los canales públicos autonómicos; que se respeten las condiciones originarias de concesiones y autorizaciones y que, en definitiva, se haga una ordenación del sector que permita el mantenimiento de los puestos de trabajo.

La posición de los sindicatos abre un debate general sobre el proyecto, hasta ahora reducido a polémicas puntuales (pornografía en abierto, sí o no) o defensa de intereses empresariales. Lo que advierten CC.OO y UGT es que el sector puede fragmentarse en regulaciones regionales, que den vía libre a la privatización de los canales públicos y pierdan de vista la consideración de los medios audiovisuales como un servicio, en los términos del art. 128 de la Constitución Española.

Confieso que tengo pendiente todavía un análisis del proyecto de ley. Por el momento, como aportación al debate, coloco el texto, publicado hoy 23 de octubre en el Boletín de las Cortes, aquí y en la página documentos (pdf).

BBC: No digas en el blog lo que no puedas emitir

La BBC endurecerá su política editorial con mayor exigencia de imparcialidad y restricciones al lenguaje inapropiado

La BBC revisa cada cinco años sus Editorial Guidelines, pero antes de de que entre en vigor la nueva versión el próximo junio, el Trust (máximo órgano de gobierno representante del interés público) ha hecho público el borrador y ha abierto una consulta popular entre los contribuyentes que financian con el pago del canon el servicio.

Las Editorial Guidelines son las normas de buena práctica que todo el personal de la BBC, incluidos sus directivos, debe respetar. Estructuradas en 19 capítulos, regulan con un espíritu pragmático y bastante detalle la actividad de la  Corporación con el fin de que sus programas e informaciones se ajusten a la función de servicio público. Estas directivas (traducidas por la Asociación de la Prensa de Madrid) son un espejo de buen periodismo.

Las novedades más polémicas de la nueva versión (borrador, pdf) se refieren a la imparcialidad y la precisión (accuracy) y a las conductas intrusivas en la vida privada, la sátira humillante o el lenguaje obsceno. En todos estos supuestos, los profesionales deberán seguir una normas más estrictas y serán sometidos a un mayor escrutinio.

El caso Bowen

Hasta ahora estas normas se habían aplicado de un modo más flexible a la información en línea en sus distintos formatos y plataformas. Ahora se pretende que las reglas en BBC Online sean tan estrictas como en la radio o la televisión. Esto es, no digas en tu blog, foro o noticia online lo que no emitirías en un programa de radio o televisión.

Esta aplicación más estricta se conoce ya por los medios británicos como “la regla Bowen”. Jeremy Bowen es actualmente el editor de Oriente Próximo y previamente corresponsal en Jerusalén. Personalmente, he seguido su actividad desde los días del sitio de Sarajevo (por entonces no tenía todavía el pelo blanco) y me ha parecido uno de los exponentes del mejor reporterismo británico, que sabe combinar el riesgo, el relato impecable y la información de fondo.

Bowen chocó la pasada primavera como el aparato propagandístico de Israel. En una pieza de contexto para BBC  Online sobre las consecuencias de la Guerra de 1967, el periodista escribió que el Estado de Israel no reconoce otra interpretación del derecho internacional más que la suya propia y que el sionismo tiene una tendencia irrefrenable a empujar la frontera. Ambas afirmaciones fueron juzgadas por el Trust como violaciones a las reglas de imparcialidad. Tras una investigación, se consideró que eran imprecisas y requerían la referencia a otros puntos de vista. Bowen fue reprendido, pero la BBC resistió las presiones para destituirle como editor de Oriente Próximo.

On Line vs. On Radio, On Television

La publicidad institucional de la BBC explota ahora el eslogan “On Line, On Radio, On Television”. La Corporación insiste en un mismo servicio (una misma información con la misma coherencia editorial) en las tres plataformas. La decisión de aplicar los criterios editoriales con el mismo rigor se enmarca en esta política. Pero el lenguaje y la naturaleza de los mensajes es muy distinto y aplicar los mismo criterios alos programas de radio o televisión -dirigidos a un público masivo e indiscriminado- que a un blog puede encorsetar la información en línea.

La participación del público

Será la primera vez que estas directrices editoriales se hagan teniendo en cuenta la opinión del público. Por supuesto, no es más que un proceso abierto, en el que el Trust podrá seguir o no las sugerencias, pero no deja ser un paso más en la participación ciudadana en los medios masivos.

El archivo de RTVE es patrimonio de todos

César Alierta ha visitado hoy Prado del Rey. Y se ha hecho la foto con Luis Fernández para anunciar un acuerdo estratégico entre Telefónica y RTVE del que no conocemos más extremos que el de que incluye un proyecto para digitalizar y explotar el archivo histórico de RTVE. La nota de prensa no puede ser más ambigua ni la información del Telediario más triunfalista.

¡Qué miedo da! Si el comunicado es ambiguo y farragoso al director de Teléfónica se le ve la oreja. De lo que se trata es de que el los programas e imágenes de TVE alimenten las plataformas interactivas de Telefónica (IpTV, teléfono). Las dos compañías tienen hace tiempo una colaboración tecnológica (por ejemplo TSA, filial de Teléfonica, ha desarrollado la digitalización de la Redacción de TVE). Ahora, esta alianza estratégica parece ser tanto tecnológica como comercial.

Los archivos de RTVE, su fondo documental, es la historia sonora y audiovisual de este país. En este sentido, es patrimonio cultural de todos. Pero es también un fondo de explotación para el propio funcionamiento del grupo público y un fondo con un potencial comercial inmenso en un entorno de plataformas multimedia.  En sus almacenes (el “voltio” en la jerja, deformación del inglés “vault) se acumulan documentos audiovisuales con diversos soportes analógicos, que para su explotación, y aún su conservación tienen que ser digitalizados. Otra cosa es el destino que se dé a tales fondos.

Desde la aparición de las autonómicas y privadas, y, sobre todo, a través de las productoras, los fondos han sido expoliados durante dos décadas por el procedimiento de la copia descontrolada que ha ido a parar a los archivos de la competencia o las productoras. Por supuesto me refiero a documentos informativos o simplemente imágenes de repertorio y no a programas o series. En la época de Caffarel comenzó la digitalización, que en la actualidad continua gracias a dotaciones presupuestarias del Acuerdo Marco. Por cierto, que Caffarel hizo algunos movimientos para sacar ese patrimonio de RTVE y constituir un organismo específico. Por su parte, Fernández anunció el año pasado en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca que pondría los archivos digitalizados a disposición del público.

La constitución de un organismo específico ha sido el modelo francés. El Institute National de l’Audiovisuel (INA) recogió todos los archivos históricos de la radiotelevisión pública y ahora se nutre del depósito legal de todas las emisiones audiovisuales francesas. No es, por tanto, un fondo de explotación para la radiotelevisión pública, que para utilizar sus imágenes y sonidos tiene que pagar. Eso significa que las radiotelevisiones públicas mantienen sus fondos de explotación, pero están descargadas de las obligaciones culturales. En cambio, los archivos de la BBC son tanto archivos históricos, como archivos de explotación de las cadenas públicas de radio y televisión. Tanto el INA como la BBC permiten descargar y visionar una selección de imágenes, sonidos y programas completos. En el caso de la BBC, a través de su i-Player es posible acceder a toda la programación reciente, pero sólo desde ordenadores situados en el Reino Unido, esto es, sólo los contribuyentes británicos que pagan el canon. Hoy, muchas televisiones tienen habilitados sistemas en línea de venta de imágenes.

Creo que habría que distinguir entre distintos fondos y distintos usos:

- Información audiovisual histórica, por ejemplo, la que tenga más de 5 años de antigüedad:  tratamiento cultural y acceso abierto en Internet con calidad web. Acceso de pago a tarifas comerciales para televisiones y empresas. Acceso de pago reducido para instituciones culturales que pretendan reutilizar este material, a ser posible en el marco de acuerdos de cooperación. Acceso libre a investigadores.

- Información audiovisual de actualidad: parecidas reglas de acceso, pero priorizando la explotación exclusiva de RTVE.

- Programación: explotación comercial y acceso libre en Internet con calidad web a la programación de la última semana y a una selección de la programación histórica, seleccionada con criterios culturales e históricos.

En fin, son algunas ideas que creo que están en consonancia con la misión de servicio público de RTVE.

El empobrecimiento de la radio española

Un informe realizado por el Instituto Oficial de Radio y Televisión para el Consejo Audiovisual de Andalucía y dirigido por Juan Cuesta (ver declaraciones en El País) verifica empíricamente lo que cualquier oyente puede constatar: la radio generalista española está dominada por la opinión. Tertulias y entrevistas dominan los magazines, los grandes contenedores que estructuran la programación, y tienen espacios muy significativos en los informativos propiamente dichos. El estudio muestra la pobreza de contenidos de los programas informativos propiamente dichos, convertidos en una sucesión de titulares, simples perchas de las que se cuelga la opinión.

Que la radio sirva de vehículo de opinión cumple con la función pública del medio. Pero que esa opinión redunde en una baja calidad informativa, sea profesionalizada (los tertualianos que de todo saben) y sectaria es una verdadera perversión.

La radio gloriosa de los 40 y los 50 desarrolló un lenguaje y narrativa con géneros propios. Junto con el cine, era la gran fábrica de sueños. La llegada de la televisión acomplejó a la radio que, abandonando el territorios de la ficción, se refugió en la música y la palabra. En España, en los 60 la radio quedó prácticamente reducida a la música. En los 70 la palabra ganó espacios democráticos y sirvió como no lo hizo la televisión a la democratización del país. A partir de los 80, la radio española responde a dos modelos. La radio fórmula, vehículo de las compañías discográficas. Y la radio generalista, que poco a poco transforma su programación en una sucesión de contenedores confiados a estrellas cada vez mejor pagadas. Son éstos programas en directo basados en la palabra, que abren sus micrófonos a una participación controlada de la audiencia. Sus contenidos mezclan la información y el entretenimiento, o mejor, convierten en divertimento los asuntos públicos. Cuando no existía ninguna forma de comunicación participativa dieron salida a la necesidad de expresión de los oyentes. Pero en la última década han sido una de las causas de la polarización sectaria de la sociedad española.

Secuestrada por las estrellas, los intereses empresariales y políticos, la radio española es un medio no explota sus posibilidades expresivas ni cumple cabalmente con su función pública de favorecer el debate democrático en el espacio público.

Marconi frente a internet: la radio global en el coche

Prototipo de receptor Blaukpunt con acceso a internet

Una compañia australiana, miRoamer, que mantiene un agregador de emisoras de radio, anuncia que ha llegado un acuerdo con el fabricante de radios Blaupunkt para desarrollar un receptor de coche con acceso a internet, vía telefonía 3G, lo que pondría en nuestro automóvil hasta 30.000 posibles emisoras de radio. Aunque el fabricante podría instalar el dispositivo en sus aparatos de gama alta a final de 2009, los precios que se manejan son prohibitivos: 300 € suplementarios en precio del aparato, más una suscripción de tarifa plana a telefonía 3G con capacidad para 2 Gigas, más un pequeño cargo mensual que pretende cobrar la compañía australiana.

(Más detalles en The Age).

Algunos somos tan viejos como para recordar cómo cambió la radio en España cuando los receptores se generalizaron en los Seat 600. Entonces los radiofonistas -así se llamaban ellos mismo los que hoy prefieren que se les llame conductores- cambiaron su lenguaje, lo hicieron más cercano y dirigido a conductores -y conductoras de las que no dejaban de mofarse. Aparecieron programas dedicadas al mundo del motor y las tardes de los fines de semana espacios de acompañamiento para el atasco. Sólo las potentes emisoras de Onda Media, entonces clasificadas como comarcales (Radio Madrid, centros emisores de RNE, Radio Barcelona) cubrían territorios amplios. En el resto, el automovilista pasaba por el martirio de las continuas interferencias de emisoras de FM con muy poco alcance. Sin duda, la radio en el automóvil fue uno de los factores que revitalizó al medio frente a la competencia de la televisión.

Este de ahora es un paso más en el acceso a internet a través de dispositivos móviles y de convergencia entre los nuevos y los viejos medios. La radio es un medio esencialmente local, de proximidad. Lo es incluso en la emisoras de onda corta que pretenden ofrecer información a los expatriados o  a comunidades que la tienen vedada en su entorno inmediato por razones físicas o políticas. Por eso es tan interesante ir saltando de frecuencias y emisoras según viajamos, pues de esta manera nos acercamos al mundo social que estamos recorriendo. Técnicamente la radio, además, ha sido un vehículo para hacer llegar al automovista informaciones sobre el tiempo y el estado de la calzada.

¿Qué nos aporta la radio por internet en el coche? La radio en internet es un medio deslocalizado. Además, no son tan numerosas las emisoras en lenguas distintas al inglés. Este desarrollo nos ofrece, esencialmente, radio fórmulas especializadas y -lo que me parece más interesante- podernos mantener conectados a nuestra emisora local en cualquier lugar del globo. O lo que es lo mismo, anclarnos a lo local en nuestro viaje por el mundo.

Como todo el acceso móvil a internet, su explosión depende de que las operadoras bajen sustancialmente las tarifas de acceso a 3G y creen demanda con unas ofertas atrayentes.

La Guerra de los Mundos, otra vez

Las radios españolas se han puesto de acuerdo para recrear, 70 años después, la Guerra de los Mundos, una emisión que marcó un antes y un después en la historia de la radio y de los medios de comunicación. Incluyo los enlaces a la emisión original y a la producida conjuntamente por la mayor parte de las cadenas españolas, emitida en directo por Radio 3 el jueves 30 de octubre a las 21 horas.

Tanto se ha escrito sobre la Guerra de los Mundos es que es muy difícil hacer un comentario breve.

- ¿Por qué una emisión de radio fue capaz de crear tal pánico?

Hay razones expresivas y razones psicológicas.

Expresivas, la radio es capaz de crear imágenes mentales muy convincentes. Aquella audiencia, esos 32 millones de oyentes que escuchaban de “costa a costa” la CBS, estaban familiarizados con la dramaturgia radiofónica, pero era un público mucho más virgen e ingenuo que el de hoy día. Los efectos especiales (completamente artesanales), pero sobre todo la creciente tensión dramática resultaron creíbles, al menos para una parte de esa audiencia.

Pero las razones expresivas no son suficientes. En su introducción, Orson Welles pinta una imagen esperanzadora del momento: el fantasma de la guerra se aleja (eran los días del Pacto de Munich), la economía se recupera, el paro se reduce. Efectivamente, parecía que Estados Unidos empezaba a superar el gran bache económico y moral de la Depresión. Pero, después de lo ocurrido en el 29, un poso de pánico había quedado en todas las conciencias. El desastre era posible -y terminó por llegar en forma de la guerra más destructiva que había conocido la humanidad. Y eso es lo que pretende demostrar Welles, que bajo la capa de normalidad y prosperidad alienta la catástrofe. O, no, ¿no es todo una simple broma de Halloween? Esta ambigüedad es la esencia de la obra de Welles, llevada al máximo en una de sus últimas películas “Fake”.

Justamente, el impacto de esta emisión se puso como ejemplo, durante muchos años, del que se consideraba poder omnímodo de los medios masivos. En primer lugar, el pánico fue mucho más limitado de lo que la leyenda nos ha transmitido. Hoy ese poder onmimodo nadie lo sostiene. La influencia de los medios es más sutil, creando la realidad simbólica, construyendo relatos colectivos, delimitando el espacio público…

- La ficción en la radio


En los primeros años, la radio explota el filón de las obras narrativas y dramáticas, al principio simplemente leídas y luego dramatizadas. En 1938 estas dramatizaciones había logrado ya gran complejidad. A ese terreno llega Orson Welles con su Teatro del Aire, un grupo de jóvenes actores (algunos, como Joseph Cotten, le acompañarán en su carrera cinematográfica). La radio había encontrado ya un lenguaje propio. Hasta mediados de los 60 los radioteatros tendrán audiencias masivas y luego irán muriendo poco a poco, por la competencia de la música, la información y la opinión. Se forman cuadros de actores (en España en Radio Madrid y en Radio Nacional) y técnicos especializados. Se recrea el espacio, colocando los sonidos en distintos planos en grandes estudios.
- La complejidad narrativa de la emisión
El público estaba acostumbrado a la dramatización de novelas y obras teatrales, pero no a la ambigüedad narrativa puesta a pie por Orson Welles. Se utilizan recursos expresivos del género dramático, pero también de los informativos y del entretenimiento. Presente, pasado y futuro se alternan sutilmente, tanto como la reflexión con la ficción.
- La nueva realización

Gregorio Parra, impulsor de la iniciativa y realizador de la emisión ha seguido fielmente el guión de Orson Welles, incluidos los efectos especiales artesanales. El resultado es digno, pero las voces de la radio española, la mayor parte dedicadas al entretenimiento y la información, dramatizan de modo demasiado evidente. Sobre todo, falta ese reposo narrativo que aportaba la voz de Welles, esos cambios, expresión de la ambigüedad a la que me refería anteriormente. Ni que decir que nadie que oyera Radio 3 en directo, por mucho que desconociera el origen y el contexto, podrían creer que se estaba produciendo una invasión de los marcianos.

La emisión ha tenido, y era imposible seguramente evitarlo, un prólogo escesivamente institucional y autocomplaciente. Creo que la iniciativa, positiva en si misma, no ha hecho más que mostrar algunas de las “vergüenzas” de la radio española: el abandono de la ficción y de las narraciones informativas (reportajes y documentales).

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