Las maras, un caso de globalización


Llega desde Honduras la noticia esperanzadora de una tregua declarada unilateralmente por las maras Salvatrucha y Barrio 18. Doblemente esperanzadora, porque a diferncia de lo ocurrido en El Salvadorel pasado año, en este caso las organizaciones criminales no parecen haber pactado con los poderes públicos mejoras de régimen carcelario sino que piden medidas de reintegración social.

Nadie sabe cual puede ser el desarrollo de este proceso de pacificación en Centroamérica, sin paragón desde las guerras de los ochenta. En El Salvador sin duda los asesinatos se han reducido drásticamente, pero continua la extorsión y no se conocen las concesiones relamente realizadas por el estado. El problema sigue siendo la marginación, la falta de alternativas. Sin ellas -decía el obispo Colindres, negociador de la tregua- no se puede esperar que las bandas dejen de extorsionar.

Estas treguas son las paces del siglo XXI: organizaciones delincuenciales negocian con estados debilitados, con la mediación de las iglesias y otros agentes sociales.

GLOBAL-LOCAL

Es un dato generalmente aceptado que las maras centroamericanas nacen en los 90 a raíz del regreso a sus países de origen de inmigrantes salvadoreños y hondureños, expulsados por Estados Unidos, jóvenes que habían formado parte allí de las pandillas criminales y asumido su cultura marginal.

La cosa es más complicada. Las pandillas a las que jóvenes centroamericanos, que huyendo de la guerra, se suman en los ochenta en las calles de Los Ángeles (la mara Barrio 18 toma su nombre de esta calle de la capital californiana) eran ya un fenómeno asentado. Habían sido creadas por chicanos, inmigrantes de segunda generación, que buscan su identidad y defensa en sus barrios marginales, hibridando su cultura mexicana con la cultura juvenil norteamericana, especialmente de los afroamericanos, rivales y modelos al tiempo.

De regreso a casa reproducen y adaptan esa cultura a la nueva realidad centroamericana: cese de los conflictos bélicos, falta de integración de los desmovilizados, pobreza y desigualdad, cultura secular de la violencia. En Honduras, el Salvador, Guatemala… las maras (parece que de marabunta) hacen metástasis en clikas, pandillas locales, absolutamente territoriales, pero que participan de la cultura y espíritu de su organización madre, a cuyos dirigentes obedecen.

Y a su vez estas redes nacionales mantienen vínculos con las organizaciones madre de Estados Unidos. El dinero de la droga es el fluido vital que conexiona a todas estas redes, desde lo local a lo transnacional, y desde Los Ángeles se deciden los grandes “business”.

Un fenómeno que, a otra escala y con otras características, guarda gran semejanza con la replicación de bandas latinas juveniles en España entre inmigrantes juveniles ecuatorianos y dominicanos, principalmente.

Este es el esquema global-local a lo largo del tiempo:

Años 50-60 –> Inmigración mexicana a EEUU.

Años 70 –> Bandas juveniles de chicanos de segunda generación

Años 80 –> Guerras en Centroamérica –> Inmigración a EE.UU –> Integración jóvenes centroamericanos en bandas juveniles

Años 90 –> Procesos de paz en Centroamérica –> Expulsión delincuente juveniles –> Replicación en Centroamérica de las maras / Inmigración latinoamericana a España –> Replicación en España de las bandas latinas

Años 2000 –> Clikas de barrio –> Maras nacionales/regionales –> Lazos transnacionales

CULTURA Y TRATAMIENTO INFORMATIVO

Las pandillas juveniles ofrecen en los barrios pobres de todo el mundo un marco de integración e identidad, muchas veces alternativo a la familia y concretado en la lealtad absoluta al grupo. Su cultura se manifiesta en una música, que enaltece al grupo y ensalza la violencia, en la ropa y, en el caso de las maras, en el propio cuerpo. Los tatuajes y cicatrices son signos de identidad personal, reconocimiento grupal… pero también estigmas indelebles de marginación.

Entre la ingente literatura académica no son pocos los autores (ver fuentes más abajo) que ponen de manifiesto como el tratamiento mediático no ha hecho más que retroalimentar la marginación y el miedo de la población. Según esta tesis, las maras expresan una violencia que se remonta a la colonia y que ha servido al control social: si antes el enemigo era el comunismo, ahora el enemigo son las maras. En España no han faltado reportajes que se han quedado en el puro morbo.

Entre los mayores esfuerzos por entender el fenómeno está el del periodista Christian Poveda, autor del documental “La vida loca” (insertado al final de este post). Poveda, que había logrado la confianza de estas bandas, terminó asesinado en extrañas circunstancias.

Escuchar e intentar comprender es el primer paso para la paz. Pero sin justicia e integración las maras se mantendrá en segundo plano, quizá se hagan más respetables, pero los pueblos no tendrán futuro.

FUENTES

Martel Trigueros, Roxana (2006): “Las maras salvadoreñas: nuevas formas de espanto y control social”, ECA, Nº 669: 957-999. (PDF)

Savenije, Win (2002): “Pandillas y maras: señas de identidad”, Envío. (PDF).

Urbina Gaitán, chester (2009): “Maras, identidad juvenil y represión cultural en El Salvador”, Rev. de Ciencias Sociales 126-127: 25-31. (PDF)

Los Tsarnaev, restos del naufragio de la URSS, víctimas de la globalización


Reuters -Cortesía familia Suleimanova

Reuters -Cortesía familia Suleimanova

En un ejercicio de investigación fotográfica encontré con mis alumnos esta foto de la familia Tsarnaev, que creo apenas se ha publicado en España. Una imagen que nos das algunas claves para entender a los hermanos Tsarnaev y su periplo hasta los atentados de Boston.

La foto se debió de tomar en Kirguistán en torno a 1987, cuando Tamerlan no tendría más de un año y la URSS todavía no se había roto. Probablemente se hizo  para enviar a los abuelos del niño, pues la madre, Zubeidat, aparece flanqueada por su marido, Anzor (a la izquierda) y su hermano Muhamad Suleimanov (a la derecha). Una foto que, como tantas veces, nos habla, más allá del propósito con que fue tomada.

Zubeidat, la madre. Una mirada inquietante, en palabras de una de mis alumnas. Inquietante, insegura y sobre todo triste. Peinada con cierto desaliño, los ojos bien marcados. Vestida de negro, quizá con ocasión de un luto familiar, quizá por alguna muerte violenta. Es un personaje con un halo trágico, entre la modernidad y la tradición. Con el tiempo, adoptará una vestimenta musulmana estricta.

Anzor, el padre. Joven, decidido, seguro de si mismo, con una camisa moderna y hortera, un punto excéntrica, un gusto que luego heredará su hijo, tan parecido físicamente a él. Anzor, el hombre que parece haber dejado atrás la tradición y mira hacia delante.

Muhamad Suleimanov, el tío. Mirada fría, enérgica, impersonal. Luce su uniforme de oficial del ejército soviético. Es el ancla de la familia con el sistema de poder ruso- soviético.

Tamerlan. La mirada inocente del niño que ignora las vicisitudes de un destino que le llevara a convertirse en un desarraigado. Tamerlan, unn nombre que apunta al orgullo étnico checheno, no a la tradición musulmana.

Tamerlan y sus hermanos

Tamerlan y sus hermanos

Los Tsarnaev son una familia chechena, que como gran parte de la población de la república caucásica fueron deportados por Stalin durante la II Guerra Mundial, temeroso de una insurrección. Muchos perecieron en Siberia o en Asia Central, pero los Tsanaev se instalaron en Kirguistan, prosperaron y no regresaron a Chechenia, como otros muchos hicieron en los sesenta. En la foto familiar se evidencia la tensión entre modernidad y tradición y el vínculo que mantenía férreamente el equilibrio, el poder soviético.

A comienzos de los 90, en la época de la primera guerra chechena, Anzor emigra con su familia a Estados Unidos. Parece que tenía cargos importantes en Kirguistán, pero prefiere buscar una nueva vida como mecánico en Boston. Sus hijos crecen y se educan en Estados Unidos, pero la cultura chechena, el orgullo, el control familiar aflora con fuerza en el mayor (Tamerlan vigilaba la conducta de su hermana en el colegio). Y abraza una religión cada vez más rigorista.

Los hijos siguen en Boston mientras los padres regresan hacia 2010 a Rusia, en esta ocasión a Daguestán, la república rusa donde bullen los radicalismos islámicos (predicadores y guerrilleros jihadistas) más o menos erradicados por el salvajismo de Putin-Kadirov en Chechenia.

La madre se ha vuelto una musulmana devota, pero su hijo la piede más, la pide que lleve el hijab en casa, l0 que da lugar a enfretamientos con su padre y por fin a la ruptura de los esposos.

Los padres, hoy

Tamerlan convierte a su esposa norteamericana al islam y no consigue encauzar su vida. Su influencia sobre su hermano es grande. Todo parece indicar que se convierte en jihadista en un viaje a Daguestán.

Es imposible explicar los motivos últimos de la conducta de Tamerlan y Dzhokhar, pero cabe indicar algunas líneas contextuales:

- El desarraigo del hijo de la emigración, que en su lugar de acogida se considera extranjero, pero que en la patria familiar tampoco es aceptado.

- La reinterpretación descontextualizada de la tradición.

- El radicalismo islámico como signo de identidad.

- El deseo de venganza por el genocidio inflingido a los suyos,

- La atracción por convertirse en protagonista con una acción violenta, como otros jóvenes norteamericanos, desde Columbine a Newtown.

Victimarios y víctimas, al fin, de la disolución del imperio soviético, de la globalización, de la radicalización islámica y de una determinada cultura juvenil.

Algunos enlaces:

Reuters: Special Report: The radicalization of Tamerlan Tsarnaev

David Remnick en The New Yorker “The culprits”

Atlantic Wire: “What Did the Boston Bombers’ Parents Know?”

 

La guerra de Malí ¿un nuevo Afganistán? ¿una nueva Somalia?


Francia se ha lanzado a una operación militar en Malí cuyos objetivos no parecen bien definidos y cuyas consecuencias son inciertas. Las intervenciones occidentales en Afganistán y antes en Somalia han sido grandes fiascos, que ni han estabilizado los países, ni resuelto sus déficits de desarrollo humano ni siquiera logrado el dominio estratégico de las potencias occidentales. La situación en Malí tiene muchos paralelismos.

 

LA INTERVENCIÓN FRANCESA

Fuente: El País

Los cazas francesas empezaron por atacar a las columnas de jihadistas que tomaron Konna y amenzaban Sévaré, base de las tropas de Francia, Senegal y Nigeria y desde donde, por carretar asfaltada, podían alcanzar Bamako en un rápido movimiento.

Luego han bombardeado bases de la milicias islamistas al norte, en la zona controlada por éstas desde el pasado marzo. Por tanto, los objetivos estratégicos parecen más amplios que los de evitar la caída de Bamako. El alto mando francés tampoco ha puesto un plazo a la intervención

El derribo de un helicóptero y la muerte de su piloto, y, sobre todo, el avance este lunes 14 de los salafistas, que han conquistado de Diabali, a 400 kilómetros de Bamako, parece indicar que ni siquiera esta primera parte de la operación, neutralizar la ofensiva jihadista, está siendo fácil. Mucho menos lo será reconquistar las ciudades del norte y no digamos ya controlar el vasto territorio desértico. Los salafistas prometen una guerra larga.

Francia se ha lanzado a la operación porque ha visto en peligro sus intereses estratégicos. La caída de Bamako hubiera generado un caos general en el centro de África y puesto en peligro la reputación de la expotencia colonial. Por otro lado, como se ha recordado, los yacimientos de uranio de Niger -vitales para las nucleares francesas- están más cerca de Gao que de Bamako.

Los militares franceses ha bautizado a la intervención como Operación Serval. Como se encargan de recordar los periódicos argelinos, que califican de neocolonial la intervención, el serval es un pequeño felino africano, que orina hasta 30 veces al día para marcar su territorio. Francia está marcando territorio, pero ¿a qué coste?

Hollande, el blandito, ha cruzado su Rubicón. Por el momento, (casi) toda Francia le sigue, pero ¿por cuánto tiempo?. Las televisiones francesas han caído en tromba sobre Bamako, pero no ofrecen más imágenes que el desembarco de tropas. El mando francés no ha incrustado todavía periodistas entre sus tropas; la situacion parece bastante fuera de control.

¿CÓMO SE HA LLEGADO AQUÍ?

No es extraño que la alianza de fuerzas salafistas que dominan desde marzo el norte de Malí hayan lanzado una ofensiva contra el sur; dese hace meses se les anuncia una operación multinacional (con base en tropas de los países de África occidental) para reconquistar el territorio. La mejor defensa es un buen ataque.

Es conocido que la alianza de Al Qaeda en el Magreb Islámico (de origen argelino), los tuaregs del Movimiento de Liberación de Azawad (MNLA), un movimiento salfista Ansar Dine y un grupo terrorista dedicado a los secuestros, MUJAO (BBC – Mali crisis: Who’s) lograron el control del norte del país con gran facilidad, coincidiendo con un golpe de estado en Bamako llevado a cabo por los mandos medios del ejército.

Desde entonces, estos grupos, sunníes wahabistas frente al sufismo mayoritario en el sur, han impuesto su interpretación fanática del islam, una reedición de los talibanes en el Sahel.

Hay, sin embargo algunos factores que vale la pena recordar:

- El retorno de los combatientes de Libia. Los grupos salafista vivían del secuestro, pero no tenían capacidad militar. Tras la caída de Gadafi retornan mercenario tuaregs, con experiencia militar y potente armamento. Son ellos los que engrosan tanto las filas del MLNA como de Ansar Dine, sin cuyo empuje no hubiera habido ofensiva militar la pasada primavera.

- El fracaso de la estrategia antiterrorista norteamericana. The New York Times revela que los instructores norteamericanos formaron durante años a las tropas de élite del ejército de Malí, todos tuaregs, que a las primeras de cambio se pasaron con armas y bagajes al enemigo. El titular de la información es bien significativo: los bombardeos franceses suplantan la estrategia prudente de Estados Unidos. Y es que el Sahel ha sido el escenario de un discreto, pero robusto programa contraterrerorista de Estados Unidos, superado ahora por la situación de guerra abierta.

- El MLNA, los tuaregs más políticos y menos religiosos, fueron expulsados del territorio bajo control de los rebeldes salafistas. El estado tuareg de Azawad quedó convertido en una versión del califato salafista. Los tuaregs de Malí y de los países vecinos siguen siendo la clave para la estabilidad de la región.

LOS RIESGOS

Philippe Leymarie plantea en Le Monde Diplomatique las incógnitas que pesan sobre la guerra. Ya me he referido a la indefinición estratégica, pero del análisis de Leymarie destaco:

- Interpretación abusiva de la resolución 2025 del Consejo de Seguridad, que establecía una negociación política antes de dar luz verde a una intervención militar.

- Francia puede recibir apoyos logísticos de sus aliados, pero ni Estados Unidos ni ningún país europeo está dispuesto a mandar tropas a combatir al desierto. Una fuerza africana está lejos de ser operativa -en los planes anteriores a estos nuevos desarrollos estaba previsto que lo fuera de septiembre de 2013. Y como las guerras no se ganan desde el aire les toca a los soldados franceses luchar en la arena.

- Con su beligerante actitud en Libia, Siria y ahora Malí, Francia se situa como primer objetivo del yihadismo internacional. Sin descartar una acción terrorista en suelo metropolitano, lo más probable son ataques a sus (importantes) intereses en el Sahel.

¿UN NUEVO AFGANISTÁN? ¿UNA NUEVA SOMALIA?

La constitución de un estado yihadista en Mali era, sin duda, un riesgo para la estabilidad de la zona y para toda Europa.  Pero parece que no se han aprendido las lecciones de estos conflictos, dice Alain Gresh en Le Monde Diplomatique: ninguna intervención militar exterior ha consolidado un estado.

La intervención militar corre el riesgo de dispersar a estos grupos por una región sin fronteras y con débiles estados. Se perdió mucho tiempo y ni se negoció con los tuaregs del MNLA, ni se logró el consenso en Bamako ni se puso en pie una fuerza africana seria que hubiera disuadido a los yihadistas de atacar el sur. Ahora todo parece demasiado tarde.

Hugo Chávez, el mito


Hugo Chávez se muere; el mito se consolida.

El mito nació hace mucho y ha sido la fuerza esencial en la vida política y social de Venezuela desde hace más de una década. La muerte le daría el aura de los santos, de los profetas que dejan una misión inacabada. San Hugo Chávez subirá a los altares de los cultos sincréticos. Sus fieles rezarán a su espíritu y le rogarán toda clase de mercedes, espirituales y ya no sólo materiales, como hasta ahora pedían a su encarnación corpórea en el Alo Presidente.

Chávez ha sido más que un caudillo con carisma político o militar. Con su inteligencia natural, sus cantos y bailes, sus inteminables discursos, su talento como polemista,  el comandante ha encarnado el espíritu de un pueblo desposeído y burlado. A su vez, lo ha poseído y manipulado, pero le ha dado reconocimiento, orgullo y le ha hecho partícipe de la riqueza del país a través de la renta petrolera.

Chávez ha gobernado Venezuela navegando esa ola de identificación popular, ganando incuestionablemente elección tras elección. Ha mantenido las instituciones del estado democrático y hasta sobre el papel las ha reforzado con formas de participación popular. En realidad, la división de poderes ha desaparecido porque nada se le puede negar al espíritu del pueblo.

Chávez ha administrado el país como un cuartel. Ha manejado unos recursos excepcionalmente altos. Indudablemente los indicadores sociales y económicos han mejoradao espectacularmente durante el chavismo.Hubo una época en que todas sus comparecencias comenzaban con un “y el petróleo sigue subiendo”. La renta petrolera ha dado para todo: para comprar armas, para crear una esfera de influencia continental, para engrasar la corrupción y para dar unas prestaciones sociales a los más desfavorecidos a través de las misiones.

La misma denominación, misiones, transparenta su concepto militar. Un objetivo que hay que cumplir, no un servicio ciudadano y social que hay que mantener.  Las misiones son débiles porque no tienen detrás una financiación estable, basada en la tributación sino en recursos fiscales contingentes, ni una gestión profesional. Las misiones, como las empresas nacionalizadas, están permeadas por los militares.

¿De que vivirá Venezuela si como se anuncia Estados Unidos es autosuficiente en petróleo en pocos años gracias a la técnica del fraccionamiento hidraúlico? La Venezuela de Chávez ha sido un nuevo capítulo de la Venezuela saudí, sólo que ahora las clases populares también han estado invitadas al festín. Y eso hay que reconocérselo a Chávez.

A la muerte de Chávez el ejército será el poder en la sombra, pero difícilmente mantendrá su unidad. Las milicias chavistas serán un factor de inestabilidad, fácilmente manipulables por alguno de los posibles sucesores.

Venezuela necesita desmilitarizarse, convertir las misiones en servicios públicos, buscar fuentes de riqueza alternativas al petróleo, reconstruir el Estado de Derecho. ¿Será capaz la oposición de mantenerse unida? ¿Renunciará la burguesía a la venganza si la oposición conquista el poder? Chávez deja también un  pueblo más politizado, a favor y en contra de su persona, y su obra no podrá ser enterrada facilmente.

Sus enemigos ya bailan sobre su tumba, pero todavía el comandante puede dar una última sorpresa y recuperarse. Sería un milagro que no haría más que confirmar su condición de ungido.

Lo que es seguro es que Chávez seguirá dando batallas después de muerto. Lo que no es tan seguro es que las gane.

PS. Recojo el artículo del profesor Vicenç Navarro “La demonización de Chávez”, en el que denuncia el sesgo anti Chávez de los medios españoles y el artículo que cita de Mark Weisbrot, en el que se analizan los logros económicos del Chavismo.

http://www.nytimes.com/roomfordebate/2013/01/03/venezuela-post-chavez/venezuelans-will-vote-with-their-wallets

Cinco años de Periodismo Global… y de crisis


Este blog acaba de cumplir 5 años. El 28 de noviembre de 2007 arrancaba con la promesa de ofrecer otra mirada sobre el periodismo y la información internacional y la duda de si no sería una voz más en la cacofonía universal. Entre las primeras entradas, la dedicada el 21 de enero de 2008 al lunes negro, como etiquetaron los medios al gran batacazo de las bolsas ante las pérdidas de la banca de inversión ahogada por las hipotecas basuras.

Durante cinco años he seguido mirando hacia mi campo de interés, el periodismo y la información internacional, mientras la crisis evolucionaba y se hacía más espesa hasta convertirse en crisis del sistema.

Empecé a publicar con mucha regularidad entradas no muy largas. Y cada vez publico menos, aunque entradas más extensas y reflexivas, quizá menos apropiadas para un blog. La razón es, por un lado, la mayor dedicación a tareas docentes y académicas. Pasar de la clase magistral a animar el trabajo creativo y científico del alumno supone una permanente tutoría virtual que consume horas y horas. Pero hay otra razón, una cierta depresión intelectual . Cuando los fundamentos del estado democrático se tambalean parece que no tiene demasiado sentido hablar de las cosas ordinarias, aunque estas puedan ser el Informe Levenson, los principios editoriales de las televisiones públicas europeas o los mitos y la fotografía -temas recientes que tengo pendientes de tratar en el blog.

Hoy quiero agradecer a los que a lo largo de estos años me habéis seguido con un repaso a los temas de este blog y compartiendo con todos lo que he aprendido.

Cinco años  de crisis: la Gran Involución

Periodismo global quería mirar más allá de la clásica información internacional a los grandes acontecimientos universales y a su tratamiento informativo (categoría Globalización). Pero poco a poco he ido ocupándome de la ruptura del pacto social y democrático y de la crisis del sistema político nacido en la transición.

En estos momentos creo que la recesión ya es una Gran Involución del sistema democrático en el que la destrucción del estado del bienestar, el expolio de los bienes públicos, la depauperación de las clases populares, el sacrificio de una generación perdida… no pueden conducir sino a una explosión social. Parece que la respuesta del gobierno es afinar los instrumentos represivos y la censura. Los movimientos sociales alternativos construyen pequeñas alternativas, pero faltan respuestas globales (ver etiqueta Movimiento 15-M).

¿Sobrevirá la democracia al capitalismo financiero depredador?

Cinco años de información internacional

En estos cinco años el cambio más importante en la política internacional son las llamadas revoluciones árabes. Muchos analistas creen a estas alturas que para lo único que han servido es para sacar de la botella al genio del islamismo. Discrepo. Sólo liberadas de las dictaduras pueden evolucionar estas sociedades y resolver los conflictos entre teocracia y modernidad. Egipto vive en este momento un momento crítico. Si la nueva constitución logra un compromiso entre el tradicionalismo religioso y el respeto de los derechos humanos se habrá logrado un paso gigantesco. Si, en cambio, el islam político se blinda como un nuevo régimen autoritario la experiencia habrá fracasado.

La guerra de Libia puso de manifiesto la manipulación del principio de la responsabilidad de proteger y el abuso de las mal llamadas intervenciones humanitarias. Hoy ante nuestros ojos Siria se desangra y somos incapaces de responder, porque ahí se juegan varias batallas estratégicas (chíes-sunníes, Irán-Israel, Estados Unidos-Rusia),  pero también por carecer de instrumentos de verdadera intervención humanitaria.

¿Y qué decir de Barack Obama? Que finalmente el sistema fue más fuerte que él y sobre todo que ha permitido la victoria de la impunidad.

Cinco años de periodismo

Cinco años de crisis de periodismo y sobre todo de crisis de la prensa, de las empresas multimedia, que a veces pretenden ser la única encarnación del periodismo. Crisis que se quiere presentar como de cambio de era informativa y que es más una crisis de apalancamiento, de haber entregado el periodismo al capitalismo de casino.

Por supuesto que los periodistas, como todos los mediadores sociales, se encuentran en crisis. El periodista hoy tiene que seguir dando sentido al mundo en el que vivimos reconstruyendo la esfera pública fragmentada en comunidades. Es a lo que he llamado periodismo cívico.

Y la crisis de los medios públicos, de la BBC a RTVE ¡Qué doloroso ver como la aceptable neutralidad y credibilidad de RTVE, construida con tanto esfuerzo, se esfuman en unos meses de interferencia gubernamental!

Lo que he aprendido con el blog

Lo primero y más importante que un blog no es una simple plataforma de publicación, sino, ante todo, un nodo en una red social. El blog me ha permitido recuperar el contacto con colegas y antiguos alumnos.

Mi comunidad no es muy grande. En la actualidad en torno a 200 personas reciben actualizaciones por correo electrónico y RSS y tengo 620 seguidores en Twitter. A ellos me debo y les pido disculpas por no actualizar frecuentemente el blog.

Como periodista, siempre escribo con la actualidad en la cabeza, pero otra de las lecciones del blog es que la información ya no es perecedera, que tiene una pervivencia latente, eso que llaman “the long tail”, de modo que los buscadores siguen trayendo visitas a informaciones que ya no son de actualidad, pero que -permitidme la presunción- pueden seguir siendo todavía valiosas como reflexión. Y al respecto está claro que cuanto más palabras claves potentes semáticamente incluya el título (por ejemplo, imágenes, globalización, cultura) mayor será el número de sus visitas a lo largo del tiempo. “Imágenes de la globalización” es la entrada más vista, com más de 20.000 entradas.

En total, 476 entradas han reunido algo más de 190.000 visitas y 780 comentarios. El blog debe ser una invitación para el diálogo, pero en esto no parece que haya tenido mucho acierto. Con todo, el blog, según  Alexa ocupa la posición 772.798 de las páginas más vistas a nivel global y la 24.718 a nivel europeo. Todo muy modesto, pero por lo menos tiene un Page Rank de 5.

Otra cosa que he aprendido (o recordado) es que la verdadera patria es la lengua. Un 40% de las visitas provienen de España y el resto de Latinoamérica, especialmente México (un 20% del total), Colombia, Venezuela y Argentina.

El diseño es abigarrado y manifiestamente mejorable, pero he intentado ofrecer en páginas y columnas laterales información de utilidad, otra cosa que he aprendido que debe ofrecer un blog.

En fin, GRACIAS  a todos (y de modo especial a los que habéis llegado al final de esta larga entrada). Y gracias también a dos colaboradores de excepción, Paco Audije y Paco Rodríguez Pastoriza, que ahora utilizan como plataforma de publicación Periodistas en Español.

Los obstáculos a la paz en Colombia


Mañana 15 de noviembre comienzan en La Habana la negociación entre las FARC y el gobierno colombian. En la mesa, obviamente, no estarán las víctimas del conflicto, que quieren hacer oir su voz.

En las vísperas se han celebrado en Madrid unos encuentros promovidos por movimientos sociales y con el apoyo del grupo parlamentario de la Izquierda Plural. Resumo lo esencial de estos encuentros.

Las demandas de los movientos sociales y las víctimas

Los movimientos sociales de Colombia son importantes. Se basan sobre todo en la coordinación de distintas iniciativas de resistencia al expolio campesino, concretadas en comunidades de paz y reunidas en el llamado Congreso de los Pueblos.

Su posición es que ni el gobierno ni la guerrilla les representan y piden que su voz sea oída de modo efectivo en la mesa de negociación -no con el simple envío de escritos, que es la única modalidad hasta ahora prevista.

Otra demanda esencial es que el primer objetivo de la negociación sea un alto el fuego. No podemos ya seguir sufriendo más una guerra de la que no somos parte -dicen.

Por último, estos movimientos temen que las conversaciones traigan la impunidad para los autores de crímenes de estado y piden un relato de la verdad, que tenga en cuenta su sufrimiento.

Estas organizaciones tienen una hoja de ruta que pasa por una serie de congresos populares que adoptan un marco normativo alternativo al estado existente. Su demanda de ser oídas en la negociación está más que justificada, pero, pese a lo amplio de la agenda negociadora, es claro que las conversaciones serían inviables si convirtieran en un proceso constituyente para el que, por otro lado, faltaría un mandato expreso. Parece que lo más razonable es que de las conversaciones salieran foros que produjeran cambios legisativos e incluso constitucionales.

Libre comercio y derechos humanos

El representante de Ecologistas en Acción insistió en que la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú redundaría en un reforzamiento del expolio de las tierras para satisfacer las demandas de las empresas agroindustriales. El tratado, en proceso de ratificación en el Parlamento Europeo, apenas si contiene una mención simbólica al respeto de los derechos humanos.

Los grandes obstáculos para la paz

La intervención más esclarecedora fue la del jesuita Javier Giraldo, defensor de los derechos humanos y permanentemente amenazado por ello. Giraldo sentó como signo de esperanza la extensión de la agenda negociadora, que toca los desafíos nucleares a los que se enfrenta Colombia. Y a continuación desgranó los obstáculos que aparecen en cada uno de los capítulos.

El más importante es el agrario. Aquí se oponen la estrategia de titularización de las tierras, promovida por el gobierno, con la defensa de los insurgentes (y con ellos muchas comunidades y movimientos sociales) de que la tierra no pueda ser enajenada y sea entregada a comunidades que desarrollen una agricultura sostenible.

Pero ante todo, el gran problema es de contexto nacional. Para una paz efectiva el estado tendría que descontaminarse de la influencia paramilitar y del narco, que permean todas las estructuras públicas.

Difícil, casi imposible se antoja el acuerdo, pero por lo menos sobre la mesa están los temas esenciales.

(Veáse en este blog La paz y las víctimas de la guerra de Colombia)

La paz y las víctimas de la guerra de Colombia


Septiembre nos ha llegado con una noticia esperanzadora, la apertura de un proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC.

La paz siempre es esquiva y en Colombia nunca nada es lo que parece. A este punto se ha llegado por la debilidad de la guerrilla y por la apuesta del presidente Santos por normalizar el país. Las FARC no están ni mucho menos derrotadas, podrían aguantar años y años autoalimentandose en las selvas y montañas. Sus métodos, como los inhumanos secuestros, generan el rechazo general. La guerrilla rural es un actor más en el gran negocio del narcotráfico, pero todavía es una alternativa a un estado que abandona a las poblaciones rurales. Su dirigencia parece haber entendido ahora que la victoria militar es imposible y que pueden tener un papel político una vez desmovilizados.

Convertirse en actores políticos es lo que han intentado todas las guerrillas en los procesos de paz. Pero después de la desmovilización los poderes que mandan en Colombia los masacraron. Así ocurrió con el M-19, así con la Unión Patriótica. Esta es la razón principal del fracaso de las múltiples tentativas de paz de los últimos 25 años.

Garantías a los desmovilizados es uno de los puntos a negociar. Pero no bastarán las garantías formales; hará falta un esfuerzo real del estado colombiano por desmontar los grupos paramilitares que son el brazo ejecutor de los viejos (ganaderos) y nuevos intereses oligárquicos (agroindustria). El proceso de desmovilización de los paramilitares ha resultado una farsa, con la reconstitución de viejos y nuevos grupos armados, que siguen asesinando impunemente. Cuando Uribe (reclutado ahora por Murdoch como antes lo fuera Aznar) no lo hace sólo por despecho político, sino como portavoz de esos poderes.

El proceso de paz  (véase acuerdo incrustado al final) parece bien planteado y es ambicioso. Desde el punto de vista procedimental usa de la experiencia internacional y busca la discrección. Lo peculiar es que se arranca sin tregua ni alto el fuego por ninguna de las partes. El riesgo es que ambos contendientes pueden buscar victorias militares que refuercen su posición, pero hagan inviable el proceso.

En cuanto al fondo, los temas a negociar son sustanciales:

  • Política de desarrollo agrario integral
  • Participación política
  • Fin del conflicto
  • Solución al problema de las drogas ilícitas
  • Víctimas

Realmente, si los negociadores fueran capaz de dar solución a todos estos problemas Colombia sería un nuevo país. Como siempre que en estos procesos se plantea un cambio en profundidad aparece la cuestión de la legitimidad de los grupos armados para hablar y negociar en nombre de toda la población. pero hay una voz siempre olvidada, la de las víctimas.

El conflicto (los conflictos, guerrillas, paramilitares, narcotráfico, crímenes de estado) ha dejado atrás a 30.000 desaparecidos y desplazados más de tres millones de personas. Algunas de las organizaciones que agrupan a las víctimas han dirigido una carta al presidente Santos, al secretariado de las FARC y al comando central del ELN.

Los que se presentan como víctimas de los crímenes de estado, se dicen esperanzados, pero denuncian que siguen sufriendo agresiones continuas en un clima de confrontación. Por eso piden:

  • Un alto el fuego bilateral
  • Garantías para la libertad de expresión de sus organizaciones
  • Concreción de los modos de participación ciudadana
  • Medidas de redistribución económica
  • Una Comisión de la Verdad
  • Alguna forma de refrendo de los acuerdos alcanzados

Estas demandas contrastan con el optimismo del mundo empresarial. La guerra contra las FARC puede haber costado cada año un 1% del PIB. La cuestión es en qué emplear el hipotético dividendo de la paz. Ciertamente, como proponen los empresarios, puede haber recursos para la innovación y mejorar los ingresos por turismo. Pero los representantes de los agricultores hablan de grandes inversiones, en un modelo de explotación agroindustrial que ha estado en el corazón del conflicto. Gran parte de esos millones de desplazados han perdido su pedazo de tierra, expulsados a sangre y fuego por ejército o paramilitares, para constituir grandes explotaciones, en especial de palma africana, destructoras de biodiversidad y enemigas de la sostenibilidad de las pequeñas comunidades rurales.

Colombia (en una tradición muy hispana) es especialista en dar a luz grandes textos (por ejemplo, la Constitución de 1971, la ley de restitución de tierras de Santos) que luego se quedan en nada. Ahora tiene la oportunidad de llevar a cabo un cambio real.

F1 en Bahréin, un caso de globalización


Reuters

Los aficionados al automovilismo ponen a punto las más cómodos sillones para no perderse nada de su querido espectáculo. Pero ¡ay! están muy preocupados por si algunos inoportunos manifestantes les estropean la fiesta.

¿Qué pintan los bólidos de Fórmula 1 en ese pequeño estado que la mayoría será incapaz de situar en el mapa? ¿Qué pasa en Bahréin para que haya disturbios y protestas?

La F1 en Bahréin es un caso de libro de globalización, en el que entra en juego el espectáculo, los derechos humanos y la geoestrategia.

LA FALLIDA REVOLUCIÓN DE BAHRÉIN

Bahréin fue un episodio fallido en la Primaver Árabe. En la estela de los acontecimientos de Túnez y Egipto la mayoría chií ocupó la Plaza de la Perla exigiendo reformas democráticas y un tratamiento equitativo. Los chiíes son dos tercios del millón de habitantes de esta minúscula isla estado gobernada por el clan sunní de los Jalifas, pero se sienten excluidos del poder y discriminados en acceso a trabajo, vivienda y otros servicios.

Las protestas pusieron en jaque al gobierno del rey Hamad y el país al borde la revolución, hasta el punto de que se produjo una intervención militar de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes Unidos. La intervención de la “Santa Alianza Sunní” sin que se produjera una masacre en la Plaza de la Perla, pero desde entonces se ha desarrollado una inclemente represión, con encarcelamientos y torturas y juicios que incluyeron hasta el personal médico que auxilió a los heridos por la represión.

Un año después, los movimientos chíes se han reorganizado y no quieren perder la oportunidad de la televisión global para hacer llegar su causa al mundo.

LOS INTERESES ESTRATÉGICOS

Bahréin es una pequeña isla entre la costa sureste de Arabia Saudí y la península de Catar. Con una importante producción de petróleo para tan pequeño país y, sobre todo, ingentes reservas de gas, Bahérein se ha convertido en un centro bancario y pretende atraer el turismo de lujo.

La revuelta en Bahréin alentaba las protestas de las minorías chiíes en Arabia Saudí, algo que no podía consentir la teocracia de Riad. Todos estos acontecimientos se enmarcan en la pugna entre Arabia Saudí e Irán por controla la orilla occidental del Golfo Pérsico, donde se producen y circulan los barriles de petróleo que Estados Unidos y Europa consumen. Un gobierno democrático en Bahréin se veía en Riad y ¿Washington? como la cabeza de playa de Irán en Arabia.

Estados Unidos tiene en Manama la base más importante en la zona, hogar de la V Flota. Con la retirada de Estados Unidos de Irak, Manama se convierte en una pieza central de la estrategia norteamericana, como ponía de manifiesto el pasado año el conservados instituto estratégico Stratfor.

EL CIRCO DE LA FÓRMULA 1

Ni que decir tiene que  Bahréin no tenía ninguna tradición automovilística, pero el circo de Ecclestone era perfecto para el proyecto de reorientar al país hacia el turismo de lujo.

Es fácil construir un circuito en el desierto y basta con aportar 30 millones de dólares para que las escuderías se plieguen a correr allí, si es necesario de noche y con iluminación para evitar el calor.

El circo (corredores, aficionados, medios) se mueve en su propia burbuja esteril y desconectada del mundo real. La Fórmula 1 se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos mediáticos globales y los derechos de televisión se cuentan entre los más cotizados.

NO ES LA SEGURIDAD, SON LOS DERECHOS HUMANOS

Parece que los corredores están preocupados por su seguridad, mientras que el gobierno y los organizadores insisten en que todo funcionará perfectamente.

La cuestión no es esa. La pregunta que debiera de hacerse la Fórmula 1 -como bien señala Rupert Wingfield-Hayes en la BBC- es si legítimo celebrar las pruebas en Bahréin.

El gobierno ha hecho la promesa de una serie de reformas democráticas, que quería vender al mundo aprovechando la F1. Pero eso no le ha impedido seguir con su campaña de represión, denunciada por las organizaciones locales e internacionales de derechos humanos.

Si el gobierno de Bahréin quiere aprovechar el acontcimiento global de la F1, Amnistía Internacional tampoco quiere dejar pasar la oprtunidad y nos invita a participar en su acción “Las dos caras deBahréin” pidiendo la liberación de 14 activistas de los derechos humanos.

De Bosnia a Siria, veinte años después la misma impotencia


¡Qué poco hemos aprendido en veinte años! Ante nuestros ojos (los ojos de las cámaras vicarios de los nuestos) se desarrolla en Siria la matanza de inocentes como antes en Bosnia. Y como entonces no queremos o no sabemos que hacer.

BOSNIA Y SIRIA, ANALOGÍAS Y DIFERENCIAS

En Bosnia-Herzegovina, entonces, y ahora en Siria un conflicto político ha degenerado en asesinatos masivos de la población civil.

Bosnia fue una de las guerras -la más sangrienta y las más complicada- del rosario que jalonó la ruptura de Yugoslavia. Las élites políticas de las republicas de aquella federación, sin la legitimidad ideológica del marxismo, abrazaron el nacionalismo excluyente. Todas fueran responsables políticamente. Pero no todas fueron igualmente criminales.

La dirección de la República de Serbia  se apropió de hecho de los poderes de la Federación y así Milosevic pudo responder a la declaración de independencia de Croacia y Eslovenia con el ataque del Ejército Federal y un año después a la de Bosnia-Herzegovina, para evitar condenas internacionales, con una cínica orden de retirada y de desmovilización de los militares de origen bosnio, lo que significó, en la práctica que el antiguo ejército de Tito se convirtió en el ejército de los serbios de Bosnia, el ejército que asedió Sarajevo durante más de tres años.

La guerra fue una lucha fraticida entre tres comunidades: serbios (ortodoxos), croatas (católicos) y musulmanes. Todos hablaban una lengua común y compartían una cultura, un forma de vida y una convivencia bajo distintos imperios o equilibrios políticos (la Yugoslavia de Tito). Se diferenciaban a veces en los nombres, en las fiestas… y en la memoria de anteriores matanzas sectarias.

Estallada la guerra, los serbios se entregaron a la limpieza étnica. Les siguieron los croatas. Los musulmanes no llevaron a cabo una política sistemática de genocidio, pero también cometieron crímenes de guerra. Cuanto más se conoce, menos se entienden las matanzas sectarias. Quizá es que basta con que se disuelvan los poderes del estado para que el hombre, azuzado por el miedo y el odio, se convierta en lobo para el hombre.

En Siria, el conflicto reside en la pérdida de legitimidad de un régimen dictatorial. A las primeras protestas Asad respondió con represión, a las manifestaciones organizadas con bombardeos de artillería.

El conflicto sirio no fue en origen sectario, pero el hecho de que el ejército y los servicios secretos estén en manos de alauís (como Asad y su camarilla) ha derivado en una lucha entre sunníes (desertores del ejército, milicias improvisadas, jihadistas) y alauís.

Cristianos, drusos y kurdos desconfían de los sunníes y de su radicalización y esa es una de las razones de que Asad se mantenga todavía en el poder. Así que, a diferencia de Bosnia, Siria es todavía una lucha entre un ejército poderoso y unas milicias insurgentes mal organizadas, coordinadas y armadas. La caída de Asad seguramente degeneraría en una lucha sectaria entre comunidades.

Yugoslavia no tenía un valor estratégico per se, aunque durante el conflicto Alemania aprovechara para extender su influencia por los Balcanes y Rusia buscara regresar a la región. En cambio, Siria es la pieza clave del ajedrez de Oriente Próximo; una pieza que garantizaba un status quo favorable a Israel, a pesar de la alianza de los Asad con Irán y su apoyo a Hezbolá y Hamas. El derrocamiento de Asad sería una derrota para Irán, pero puede que  Israel viera como un enemigo pasivo se convertía en otro activo. La guerra sectaria podría extenderse a El Líbano y avivar el conflicto kurdo en Turquía. Además, en Siria se libra una batalla de la guerra entre chiíes (Irán) y sunníes (Arabia Saudí, Catar).

¿NEGOCIACIÓN O INTERVENCIÓN?

Un conflicto sectario en algún rincón remoto hubiera pasado desapercibido, pero los buenos europeos no podían consentirlo en su vecindad. Hubo una genuina indignación en las opiniones públicas, que fue manipulada por sus gobiernos, pero que dio impulso a la idea de una intervención humanitaria para parar la carnicería.

Mediaciones y negociaciones frustradas fueron innumerables en Bosnia. Era patética la visita de los enviados internacionales a Pale, donde Karadzic ya les humillaba, ya les agasajaba, en ambos casos sin ningún efecto práctico. Desde la ONU se empezó por aplicar las herramientas existentes: el despliegue de cascos azules, pensados para operaciones de mantenimiento de la paz, dedicados a la protección de convoyes humanitarios, con un mandato tan débil que bastante tenían con protegerse a si mismos.

Poco a poco fueron poniéndose en marcha otros expedientes para proteger a la población. Corredores humanitarios, zonas protegidas… se mostraron más como un expediente diplomático que una verdadera protección para los civiles. En Srebrenica el general Morillon prometió a los refugiados “no os abandonaremos”. Menos de dos años después allí se cometía un atroz genocidio ante la pasividad de un batallón holandés de cascos azules.

Los debates en el Consejo de Seguridad fueron interminables. Finalmente, sin la legitimidad de una resolución del Consejo de Seguridad (imposible sin Rusia y China) la intervención se redujo a algunos bombardeos de la OTAN. La paz de Dayton puso fin a la guerra, pero dio a luz a un estado inviable.

La experiencia de Bosnia sirvió para alumbrar en la ONU la doctrina de la responsabilidad de proteger, que excepcionalmente, ante la abstención de Rusia y China, permitió legitimar la intervención en Libia. En Libia se sobrepasaron se pasó de una operación para proteger a la población civil a una amplia intervención en favor de una de las partes. Diríamos que su estreno no ha sido muy brillante.

Del “nunca más” a las violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Bosnia salió el primero un tribunal específico (que ha juzgado a criminales de todos los bandos) y finalmente la Corte Penal Internacional, muy activa en Libia, pero ausente de Siria, en lo que para algunos es una actuación parcial de la fiscalía.

En Siria, corredores humanitarios o las zonas protegidas requeriría apoyo aéreo, que, razona Mariano Aguirre partidario de la negociación, causaría muchas bajas civiles. Las condiciones exigidas por el gobierno Siria para aplicar el plan de Kofi Annan (compromiso por escrito de los insurgentes y de Arabia y Catar) pronostica el fracaso de esta primera iniciativa, avalada por la ONU y la Liga Árabe. Parece que Asad, como antes Milosevic, agotará la paciencia de los negociadores.

Así que nada de lo que teóricamente la civilización había aprendido en Bosnia parece ser de utilidad en Siria. Sólo caben dos soluciones: una intervención militar de países como Turquía, Catar o Arabia, lo que desencadenaría una guerra de grandes proporciones, o negociaciones para intentar detener las matanzas. Porque está claro que ni la oposición política, ni la insurgencia militar pueden hacer caer a Asad. Sólo un golpe dentro de sus filas puede desbloquear esta situación.

LOS RELATOS

La guerra de Bosnia fue contada sobre todo por las imágenes de fotógrafos y televisiones. Todos tenemos en la retina las distintas matanzas: las de la cola del pan, las de la cola del agua… Yo recuerdo como un símbolo la muerte de aquellos dos amantes, croata él y musulmana ella, abatido por los francotiradores cuando trataban de huir cruzando el Miljaca.

Sin poderosos servicios de información que los controlaran los periodistas se movieron libremente… arriesgando sus vidas. Los grandes medios informaron desde los dos lados, pero el centro informativo fue Sarajevo, donde miles de periodistas soportaron los bombardeos serbios. No es de extrañar que la opinión pública europea identificara como criminales sólo a los serbios. Poco, muy poco, se habló de los crímenes de los croatas y apenas de los de los musulmanes, desde luego estos últimos mucho menos abundantes dada su propia debilidad.

Entre las izquierdas, en cambio, se adoptó una posición proserbia, que idealizaba a Tito y cerraba los ojos a los crímenes de Milosevic. La intervención era una guerra imperialista. Lo mismo pensaron de Kosovo, de Libia y ahora de una posible intervención en Siria.

En Siria, los periodistas apenas pueden estar presentes y cuando lo están dependen de los insurgentes. Ahora la fuente fundamental son los vídeos de aficionados suministrados por la oposición siria, imágenes díficiles no ya tanto de verificar como de contextualizar. Así que la información de Siria se ha convertido en una sucesión de imágenes borrosas, en las que apenas se distinguen tanques disparando o cadáveres desmembrados. Falta el relato que los periodistas construyeron en Bosnia. Las redes sociales han conseguido movilizar a activistas extranjeros, pero falta una movilización semejante a la de Bosnia en las opiniones públicas.

¿Habrá un Dayton para Siria?

El odio se retroalimenta


¿Muerto el perro se acabó la rabia? No, la muerte de Mohamed Merah no es más que un nuevo capítulo de una historia de odio.

Merah incubó su odio en los banliues de la marginación. En la escuela se le dijo que era ciudadano de la República, pero su barrio era un gueto al que la República no llegaba más que en forma de represión policial. Un ministro del Interior (Sarkozy se llamaba) le dijo a él y a los chicos como él que eran basura. Le Pen y su hija le dijeron que él era “el otro”, que ponía en peligro la República. Y otros políticos cuando llegaron las elecciones (otra vez Sarkozy) le dijeron lo mismo que Le Pen.

Los imanes también le dijeron que era distinto, que era “otro”. Merah cambió su marginación en el orgullo del diferente. Si nos matan -en Palestina, en Irak, en Afganistán- mataremos. Y para matar fue instruido en tierras lejanas. Y mató sin necesidad de recibir órdenes de un comandante operativo.

Mató a compatriotas de su religión, que, pese a ser militares, puede que también se sintieran el “otro”. Y mató a niños y maestros que al parecer se sentían también el “otro”, pues fueron enterrados en la santa tierra de Israel, no en la laica Francia.

Merah hoy será un mártir -shahid- para muchos musulmanes. Su recuerdo alimentará el odio de muchos musulmanes y de muchos franceses, que se verán reafirmados en su odio hacia el “otro”.

En cuanto pase el luto, el odio se hará presente en la campaña electoral: no consentiremos que el “otro” nos ponga de rodillas, reforzaremos la seguridad, los controles, la policía… la discriminación. Y los medios serán altavoz de las palabras de odio de los políticos.

El odio se retroalimenta. ¿Cómo podemos romper esta espiral?

 

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