El anteproyecto de la Ley General Audiovisual en el Observatorio de Medios de Comunicación y Sociedad

Acaba de aparecer el tercer número de la revista del Observatorio Medios de Comunicación y Sociedad de la Fundación 1º de Mayo de CC.OO (pdf). El análisis del anteproyecto de la Ley General Audiovisual está presente en dos trabajos, el de Ana Molano, en el que destacan las propuestas de CC.OO para modificar o incorporar al proyecto y en la entrevista que Carmen Rivas realiza a Enrique Bustamante. Como muestra recojo esta respuesta:

El Consejo de Ministros aprobó en el mes de junio el Anteproyecto de la Ley General del Audiovisual. ¿Cuál es su opinión sobre el mismo?

“El borrador es enormemente confuso. No tiene memoria económica, no tiene análisis del impacto de la supresión de la publicidad, de lo que va a pasar con el mercado publicitario del futuro. Es muy curioso que no tiene preámbulo, cuando la Ley Audiovisual está justificada por la existencia de más de una docena de leyes caóticas, contradictorias entre sí, pero también por la necesidad de regular un sector vital para la vida democrática española. Hay competencias que se atribuyen de nuevo al Gobierno, otras competencias a la CMT, otras parecen que se atribuyen al Consejo del Audiovisual. El Consejo Audiovisual no se sabe que competencias tendrá porque parece que le quitan la concesión de licencias y que prácticamente no va a tener capacidad de sanción. Es decir, la Ley es simplemente una versión drásticamente descafeinada del borrador que se manejó hace tres años, que fue aprobado por el Consejo de Estado y, desde luego, no es una Ley de regulación, es una Ley de liberalización, rozando el criterio puro de mercado. Creo que el borrador es tan inconsistente desde el punto de vista jurídico que tendrá que sufrir serias reformas en el proceso de trámite incluso por parte del gobierno. Desde luego no es la Ley que se prometió. No es una Ley que garantice para nada que el conjunto de la televisión y el audiovisual esté al servicio de la democracia española”.

En el mismo número hay un trabajo de Rafael Fraguas sobre la crisis de la prensa, donde desarrolla interesantes ideas sobre la inmediatismo que ha supuesto la informática. Y una revisión de Daniel Olmo del fenómeno publicitario en televisión, así como la postura ante la crisis de CC.OO por Juan Gómez. El número se cierra con un largo artículo de Enrique Bustamante sobre la evolución de los estudios sobre las industrias culturales.

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Gol a la TDT

El gobierno Zapatero autoriza en pleno agosto la televisión digital de pago. Y lo hace mediant Decreto-Ley por razones de urgente necesidad . Con razón, la urgencia es evidente, la liga está a punto de comenzar y la Sexta tiene que rentabilizar sus inversiones futbolísticas.

Supongo que ayer el ciberespacio español bulliría a favor y en contra, conforme la adscripión política y empresarial de cada cual. Me quedo simplemente con el sano escepticismo de Enric González.

Seguramente todo estará dicho, pero me apunto a la imagen fácil en una tarde de agosto: la Sexta ya ha ganado su trofeo, ya tiene su Canal Gol, pero el gol se lo ha  metido el gobierno a todos los españoles, al convertir la regulación del sector audiovisual en ocasión para hacer “mercedes” a sus amigos.

El interés general no consiste en facilitar una nueva plataforma de pago para el fútbol sino en establecer una regulación completa y ambiciosa de las posibilidades de la Televisión Digital Terrestre (TDT). Los gobiernos de Aznar apostaron por multiplicar los canales, dividiendo las concesiones entre el gobierno central y los gobiernos autonómicos, de modo que el espectro se ha repartido por razones de puro clientelismo político, de un signo u otro. El gobierno Zapatero ha seguido con el mismo modelo. El resultado es multiplicar la misma televisión comercial homogénea del modelo analógico.

La regulación de la TDT debiera seguir estas líneas básicas:

- Repartir los canales posibles entre la emisión convencional y la emisión en alta definición (HD).

- Diversificar los contenidos de servicio público con canales especializados, tanto de los operadores públicos, como de operadores privados.

- Reservar una parte de los canales para entidades locales sin ánimo de lucro.

- Explotar las posibilidades de interactividad de la TDT, para lo que es necesario una regulación técnica que unifique y exija unas prestaciones mínimas a los equipos decodificadores y medidas de fomento para que los operadores creen contenidos interactivos.

A base de favores a los amigos, cuando llegue la Ley Audiovisual tendrá que limitarse a unir los distintos remiendos.

Hoy ya tenemos a nuestra disposición una veintena de canales. Por una parte está la oferta de los canales nacionales analógicos. Por otra, los nuevos canales digitales que repiten el modelo de los anteriores a base de reposiciones. La única novedad son los canales sectarios de la derecha. Y ahora, el Gol de la Sexta.

900 prejubilaciones en la televisión pública francesa… sin publicidad

La dirección de France Télévisions ha anunciado un plan de bajas voluntarias para los mayores de 60 años. En total, 900 empleos menos de aquí al 2012 para conseguir el equilibrio presupuestario.

La televisión pública francesa ha eleminado desde enero la publicidad desde las 20:30 hasta las 6 de la mañana. El recargo sobre la publicidad de las privadas tiene que financiar los ingresos comerciales perdidos. Y el gobierno Sarkozy pone condiciones.

RTVE ya hizo su regulación de empleo, con 4150 bajas, y eso, antes de perder la financiación publicitaria. ¿Y después?. Cuando las barbas de tu vecino…

Otras entradas sobre este tema:

8.000 horas de servicio público

Sacar a RTVE del mercado

La televisión que viene

Las trampas de la supresión de la publicidad en la televisión francesa

La utopía de la televisión sin publicidad

Denuncia de los bloques electorales

Representantes institucionales de la profesión periodística española presentan un manifiesto contra la imposición de bloques electorales en los medios públicos. La Asociación de la Prensa de Madrid y los Colegios de Periodistas de Cataluña y Galicia, con la adhesión de la Federación de Sindicatos de Periodistas y la presencia de representantes de los consejos profesionales de TVE y la radio pública catalana -por cierto ¿por qué se desactivó el Foro de Organizaciones de Periodistas- denuncian como limitación a la libertad de información la imposición por la Junta Electoral de unos tiempos dedicados a informar de la campaña de cada partido en las próximas elecciones europeas (Manifiesto-pdf).

Siempre he sido contrario a los bloques electorales y en este blog he explicado su generación y consecuencias. Pero tampoco creo que se pueda tratar una campaña electoral como cualquier otro acontecimiento informativo. Estas son algunas reflexiones para buscar una alternativa a los bloques.

El problema no es el equilibrio de tiempos sino su pauta diaria

Los medios públicos no pueden adoptar una posición de apoyo a ninguna opción electoral, por eso deben tratarlas a todas equilibridamente, recogiendo sus propuestas sustanciales y dando voz a sus candidatos. Ese tratamiento equilibrado tiene que traducirse en un equilibrio de tiempos, conforme a la importancia de cada opción y para ello el criterio más objetivo es la propia representación electoral. Un  criterio que, llevado a su extremo (como ocurre con la actual regulación) lleva a ignorar a cualquier nueva propuesta sin previa representación parlamentaria.

Lo que resulta inadmisible es cada candidatura tenga una cuota diaria de tiempo, que el medio debe de llenar, haya o no noticia, y sin posibilidad de dar más atención un día determinado a aquella candidatura con mayor protagonismo informativo, positivo o negativo. El equilibrio de tiempos debiera de valorarse en el conjunto de la cobertura informativa de la campaña.

El problema no son los tiempos sino los contenidos

Los actos electorales tienen muy distinto interés informativo. Este interés debe ser valorado por los responsables de los medios y no por los secretarios de comunicación de los partidos. Los actos electorales pueden ser una parte de la información electoral, pero no la única.

Incluso con el sistema actual de bloques impuestos, nada impide a las televisiones o radios públicas informar en profundidad sobre los programas (compararlos, buscar reacciones en la sociedad), informar e investigar los perfiles de los candidatos o profundizar en el contexto y los problemas políticos y sociales que rodean las elecciones. La información electoral debiera combinar estos elementos de profundización y esclarecimiento informativo con la cobertura de los actos electorales más relevantes de las candidaturas. Y todo ello con equilibrio de tratamiento y tiempos.

Radios y televisiones públicas no pueden ser simples emisores del material de los partidos

Los grandes partidos facilitan señal realizada de sus grandes actos, como es lógico muy favorable para el partido. Entregan también declaraciones, visitas a mercados y el material que quieren incluir en “su tiempo” del bloque electoral. Las radios y televisiones públicas son las únicas que pueden decidir que se incluye.

Los partidos deben dar facilidades y en ningún caso impedir el libre trabajo de periodistas y cámaras. Las televisiones públicas tienen que producir su propio material y sólo excepcionalmente recurrir al entregado por los partidos y en tal caso advirtiendo de su origen. Si los partidos quieren sus bloques, que los saquen de los telediarios.

Radios y televisiones públicas deben autorregularse en materia de información electoral

En el actual sistema son las Juntas Electorales las que establecen la pauta y controlan los contenidos. En realidad, los acuerdos de las Juntas se fraguan mediante pactos entre los dos grandes partidos, así que son éstos los que controlan esta información decisiva para la democracia.

Las radios y televisiones públicas debieran de elaborar un código o conjunto de buenas prácticas en materia electoral, que sirva de referencia a todos.  Tanto RTVE como la Corporación Catalana de Radio y Televisión tienen consejos profesionales de informativos que podrían ejercer un control interno. Para las Juntas Electorales quedaría la intervención previo recurso a sustanciar en un tiempo brevísimo que permitiera reparar los desequilibrios informativos durante la propia campaña.

Los bloques electorales son una manifestación más de la degradación informativa

Los medios, todos, son cada vez más dependientes de las fuentes instituciones, políticas y económicas. Los más dependientes son las televisiones, todas, las públicas y las privadas. La única manera de romper esa dependencia es hacer periodismo de calidad. Un grito de protesta debiera ser el boicot efectivo a cualquier comparecencia pública sin preguntas.

8.000 horas de servicio público

Más de 8.000 nuevas horas de programación tendrá que producir TVE para llenar el hueco que deje la publicidad a partir de septiembre, si el anteproyecto aprobado hoy por el Consejo de Ministros termina por convertirse en ley. Todo un reto para el servicio público.

Las protestas de los defensores de la televisión pública se justifican en la falta de consenso sobre este sistema de financiación. Finalmente, el gobierno ha renunciado al Decreto-Ley. Es una buena noticia que la norma se someta al debate parlamentario. Ya veremos cuantas plumas se deja un gobierno débil en las Cortes. El pecado original de una norma hecha a medida de las televisiones privadas es la falta de consenso en un tema que debiera resolverse, de una vez por todas, con un pacto de Estado.

Las telefónicas ya anuncian que subirán las tarifas y pondrán en rojo esa recarga en el recibo de los consumidores. Ni que decir tiene que se originará un movimiento de rechazo, muy en la línea de “no con mis impuestos”. Y llegará un momento en que derogar estas tasas será muy popular. Y es que la ideología contra cualquier servicio público cada vez empapa más a amplias capas de la sociedad española, toda una victoria del neoliberalismo.

A veces conviene mirar un poco alrededor. En Francia, la televisión pública no tiene publicidad desde el 5 de enero a partir de las 20 horas. En las primeras semanas no ha existido un vuelco de las audiencias, pero las televisiones generalistas por vía hertziana han seguido perdiendo recursos publicitarios en favor de la TDT. La situación es especialmente grave para TF1 (la inspiradora de la reforma) que ha entrado en pérdidas.

TVE va a competir con las manos atadas. Será una batalla en inferioridad de condiciones, pero sus gestores y profesionales tienen que reinventar el servicio público:

-¿ Qué se hará con esas 8.000 horas? Espero que no se conviertan en autopromociones (entre otras cosas porque la Directiva de la Televisión Sin Fronteras también establece límites). Todas estas horas son la materia prima para crear espacios que satisfagan los intereses genuinos del público y no para dar satisfacción a lo que supuestamente interesa a la audiencia. Pero ¿puede elevarse la producción en más de un 10% con la misma plantilla y los mismos recursos? Si estas horas se rellenan de reemisiones, el espectador cambiará de canal.

- Reestructurar la programación. Que gozada ver una película sin interrupciones, pero ¿no está educada la audiencia en la fragmentación publicitaria y acostumbrados a usar las pausas para atender a sus obligaciones? Parece aconsejable que hasta la segunda parte del “prime time”, cuando todo ya está más reposado, no se abuse de espacios sin interrupciones. El espacio de los bloques publicitarios podrían ocuparlo microespacios informativos y de servicio público.

- Liberarse del “share” y mirar al “rich”. Los programadores y los editores de los informativos pueden ahora liberarse del “share”, esto es, de la cuota de pantalla minuto a minuto. Pero tendrán que atender más que nunca al “rich”, esto es a cuantos espectadores está dando servicio un determinado programa y la programación en su conjunto. Es hora también de pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo: grado de satisfacción del público y adecuación a sus necesidades.

- Diversificar programas y servicios en las distintas cadenas y plataformas. Esas horas suplementarias son una oportunidad para una mayor diversidad de programas. No depender de la publicidad puede propiciar establecer un perfil más nítido de servicio público en La Dos. Ahora más que nunca sería necesario recuperar una marca de servicio público para todas las cadenas y plataformas, eliminada por la actual denominación y logos de las cadenas, que desde hace semanas parece quererse recuperar con la campaña “Altogether Now”.

- Forjar alianzas con el público. Que los colectivos más activos de la sociedad se sientan representados en la programación. Y que de una vez se haga realidad el derecho de acceso.

Para todo ello hace falta estabilidad y recursos incluso superiores a los actuales.

AÑADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA UNA ENCUESTA A FAVOR Y EN CONTRA DE LA MEDIDA.

La televisión que viene

Zapatero ayer anunció el próximo envío al Congreso de la tan dilatada Ley General Audiovisual. Y anticipó un elemento: una sustancial reducción de la publicidad en la televisión pública.

Como tantas veces, parece que se opta por el modelo francés: supresión de la publicidad en la televisión pública y a cambio, los realmente beneficiados, los operadores privados, son grabados con un nuevo impuesto o un recargo en alguno de los existentes, destinado a compensar la financiación perdida por TVE.

Me he referido aquí a este modelo (Las trampas, La utopía) y a la oposición que ha generado en Francia. Resumo argumentos:

- Bienvenida esa supresión, siempre que existan recursos suficientes para cumplir la misión de servicio público en las mismas o mejores condiciones.

- En época de recesión, es de temer una reducción de financiación, que redunde en jibarización de la televisión pública. Las privadas se verían doblemente beneficiadas: se quedarían con toda la tarta publicitaria y su competidor público se debilitaría.

- Los gestores, programadores y profesionales tienen el reto de diseñar una programación diversificada, de servicio a todos los sectores sociales, no sometida a la tiranía del “share”, pero que no renuncie a audiencias masiva y al liderazgo social.

La otra pata de la estrategia gubernamental es favorece la concentración de los operadores privados. Para ello ha suavizado por Decreto-Ley las restricciones existentes. La Sexta es la novia que busca dote. Ofrece, a cambio, sus derechos deportivos. Para que estos sean más rentables el gobierno parece dispuesto a permitir la TDT de pago. En plena Semana Santa así lo anunció el Ministerio de Industria en una nota de prensa, que luego tuvo que retirar. Todo bastante descarado.

La TDT de pago ya fracasó una vez (Quiero Tv). ¿Funcionará ahora? Si la Sexta y Antena 3 se fusionan ¿apoyarán al gobierno?

Más canales, menos independencia

No se puede decir mejor con menos palabras. Más canales de televisión en Europa, pero cada vez menos independientes. Esta es la conclusión del informe Television Across Europe 2009 (pdf) editado por el Open Society Institute de la Fundación Soros, continuación de otro más general realizado en 2005, sobre 20 países europeos (no se incluía España). En esta ocasión el informe sólo afecta a 9 países, todos de la Europa Central y Oriental, salvo Italia.

El panorama está dominado por la fragmentación de las audiencias, la consolidación de la concentración, la convergencia tecnológica y una regulación más laxa, de hecho o derecho.

Estas son sus principales conclusiones:

- Los servicios públicos de radio y televisión sufren una creciente presión política, un déficit de financiación, una crisis de identidad y un desprestigio en aumento.

- Los reguladores están cada vez más politizados.

- No se han tomado medidas para mejorar los contenidos de servicio público.

- Falta transparencia en la propiedad de los operadores privados.

- La sociedad civil no es tenida en cuenta a la hora de diseñar los modelos de radio y televisión.

- No se ha hecho nada para promover la alfabetización audiovisual.

Vale la pena hacer una referencia especial a Italia. Italia sigue siendo la “anomalía” en Europa Occidental. Con el 90% de las empresas privadas en manos de Berlusconi, su regreso al gobierno ha significado la retirada de las tímidas reformas iniciadas por el gobierno Prodi y nombramientos políticos tanto en la RAI como en los organismos reguladores.

En la presentación del informe, su editor Mark Thompson (director general de la BBC) calificó la situación de “contrarreforma”, pues las reformas a las que se vieron obligados los nuevos socios de la Unión Europeo en materia de pluralismo audiovisual están siendo revertidas, bien por vía legislativa, bien por vía de hecho, sin que la Comisión Europea reaccione, en un clima de impunidad que destroza la independencia y el pluralismo. “Los profesionales están siendo reemplazados por mediocridades políticas -dijo Thompson. Por su parte Aidan White, el secretario general de la Federación Internacional de Periodistas, pidió que el futuro de los medios se convierta en uno de los asuntos centrales de la política de la nueva Comisión Europea.

Televisión: por el pluralismo a la concentración

Ya esta en el BOE el Decreto Ley que da vía libre a la concentración de la televisión privada. El gobierno Zapatero se descolgó el 23-F con un golpe audiovisual que permitirá una mayor concentración de las televisiones privadas y que limita el peso de las televisiones públicas en el espacio audiovisual. Y lo más divertido es que, con el fantasma de la crisis, la nueva regulación se vende como un avance en el pluralismo y la liberación.

La nueva regulación modifica la Ley de la Televisión Privada y permite las participaciones cruzadas de hasta el 5% entre las empresas operadoras de las televisiones privadas estatales, siempre que el operador resultante no controle más del 27% de la audiencia media de los 12 meses anteriores. Y se permite expresamente que ese control sobre la audiencia aumente después de la fusión. Otra de las limitaciones a la concentración es que ningún operador controle más de 2 multiplex, lo que, según la práctica actual, se traduce en 8 canales de TDT.

Además, ningún operador público podrá controlar más del 25% del espectro radioeléctrico y a nivel de comunidad autónoma el conjunto de los operadores públicos se ven constreñidos a un 50% del espectro radioléctrico.

El Decreto Ley también adopta una serie de medidas para facilitar la extensión de los canales de TDT a través de satélite.

Como Decreto-Ley constitucionalmente esta norma debiera de estar justificada por una urgente necesidad. Yo no se la veo por ninguna parte. Se trata, una vez más, de una regulación ad hoc para resolver los problemas de alguna cadena amiga. No voy a sumar porcentajes, pero da toda la impresión de que lo que se busca es constituir un operador privado poderoso. Inaceptable me parece encorsetar el desarrollo de los canales públicos en la TDT. Si de alguna manera se puede cumplir la misión de servicio público es a través de la diversificación y especialización de los contenidos, pero el gobierno prefiere que se clonen una y otra vez los canales privados.

Y todo en el nombre del pluralismo. En la ley de 2005 se aprovechó la regulación de la TDT para introducir dos nuevos canales analógicos en abierto y se nos dijo que era para favorecer el pluralismo. Ahora se limita a los canales públicos y se autoriza que menos propietarios controlen los canales privados también para aumentar el pluralismo.

¿En qué quedamos? ¿Es pluralismo mayor número de voces? ¿Es pluralismo las mismas voces controladas por menos propietarios? ¿Es pluralismo menor presencia de la televisión pública?

Confundir información con propaganda electoral

Luchaba anoche con mi conexión a Intenet (una vez más Ya.com me tiene sin servicio adsl y, en consecuencia con el blog desatendido) cuando escuché en el Telediario de TVE a Lorenzo Milá introducir el bloque electoral y anunciar que “el orden y los tiempos son establecidos por la Junta Electoral… Una obligación que el Consejo de Informativos de TVE critica porque considera que las campañas deben hacerse exclusivamente con criterios informativos…” (video). Pensé, bueno, el férreo corsé de la propaganda se afloja un poco.

La declaración del Consejo de Informativos es una más de las voces profesionales que vienen pidiendo recuperar la información en las campañas electorales. Los periodistas catalanes fueron pioneros y consiguieron que los bloques electorales se identificaran como una imposición. Ahora el Colexio de Xornalistas de Galicia denuncia que los partidos ponen obstáculos a la toma de imágenes en sus mítines (denuncia de la que también se hizo eco el Telediario de TVE). Es un cambio cualitativo que, por primera vez, TVE se haga eco de esta crítica profesional, aunque sea por una vía tan tímida como esas referencias en el Telediario. Es cierto, también, que durante el bloque electoral aparecen rótulos en los que se advierte que las imágenes han sido grabadas por los respectivos partidos, un principio recogido en el Código Deontólogico del Estatuto de Informativos de RTVE (art. 9.5). Es un pequeño logro del Consejo de Informativos de TVE, que como el de RNE, están encontrando graves obstáculos para desarrollar su misión de control.

¿Cómo es posible que la información electoral haya llegado a convertirse en propaganda? Desde las primeras elecciones democráticas las normas electorales (en la actualidad la L. O. 5/85, de Régimen Electoral General) regularon los espacios de propaganda gratuita en la radio y la televisión públicas. De la sopa de letras de 1977, con todo tipo de agrupaciones y coaliciones improvisando un discurso ideológico antes las cámaras, se pasó a primar a los grupos en función de su representación parlamentaria. Los partidos, según su capacidad económica, fueron poco a poco empleando estos espacios para colocar propaganda con el formato de spot publicitario, con nulo segumiento de la audiencia. Por otra parte, a partir de 1982, TVE, la única televisión por entonces, organizó la cobertura de los mítines y caravanas electorales. Muy pronto la información dejó paso a la propaganda, con un espacio reservado en esa cobertura informativa para los grandes partidos. La Junta Electoral Central exige y aprueba un plan de cobertura informativa de las cadenas públicas para cada convocatoria electoral.

El resultado de este sistema es que la cobertura informativa se ha convertido en un clon de los espacios gratuitos, con los partidos realizando grandes despliegues técnicos, suministrando la imagen realizada (y enaltecedora de la organización y el líder) a las cadenas y dificultando el acceso de las cámaras de las televisiones. Es imprescindible que la Junta Electoral vigile la imparcialidad y el equilibrio informativo, pero someter la información a un previo reparto de tiempos es enfeudarla a los partidos, es convertirla en propaganda. La prensa realiza el seguimiento de la campaña, pero también desarrolla los grandes temas informativos planteados. Las televisiones se quedan en la campaña y las públicas reparten esa cobertura de tal forma que, a veces, para cubrir la cuota de un determinado partido en el día se improvisa una declaración. Es hora de liberar de esa propaganda a los telediarios y hacer información de verdad, esto es, planteando y esclareciendo las cuestiones en juego en esas elecciones.

La utopía de la televisión sin publicidad

Día histórico este 5 de enero para la televisión francesa y -me atrevería a decir- para la televisión pública en Europa. A las 20:35 cuando termine el telediario de France 2 no irrumpirá como de costumbre un bloque de 10 minutos de publicidad. La publicidad ha sido abolida en el prime time de la televisión pública francesa. Ya me ocupé de la evolución del proyecto de ley y su contenido y de sus trampas, las más evidentes entregar el negocio publicitario a TF1 y devolver la designación del máximo responsable de la televisión pública al presidente de la República. A día de hoy, no hay mayoría en el Senado para sacar adelante la ley y los sindicatos han decretado huelga hoy en France 3 y mañana en France 2. No faltan tampoco las voces de profesionales que consideran la abolición de la publicidad una liberación.

Todas las voces críticas denuncian que en estas condiciones no se garantiza la vibilidad financiera de la televisión pública. Hacen bien los sindicatos en utilizar el arma de la huelga. Pero eso no debe obstar para que los profesionales aprovechen la oportunidad de demostrar que “otra televisión es posible”. Tendrán que programar aprovechando la ventaja de que el zapping es más difícil sin publicidad, pero también que, lamentablemente, el público está acostumbrado a esas rupturas y las aprovecha para los más distintos propósitos. En consecuencia, deberán buscar interrupciones o respiro en el relato audiovisual. Tienen el reto no sólo de difundir programas culturales, sino de hacerlos atractivos. Encontrar, también y sobre todo, un entretenimiento que no sea ni abyecto ni plano… Una información no sólo imparcial, sino al servicio de las necesidades sociales y no a los caprichos de los políticos ni dependientes de las modas, con piezas informativas trabajadas en profundidad.

Deseo suerte a los colegas franceses y que los árboles de la lucha contra la arbitrariedad sarkoziana no les impidan ver el bosque de la utopía de una televisión sin publicidad.

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