El periodismo en la tienda de Google


Big Tent, la gran tienda de Google, el foro de debate que la tecnológica mueve por el globo para analizar el impacto de Internet, ha dedicado su tercera edición en Madrid al periodismo. La estrella era el gurú del periodismo social Jeff Jarvis. Dos mesas redondas han debatido, además, modelo de negocio y nuevos modos de contar historias. El debate, con asistentes “innovadores” más que periodistas de base, ha estado dominado por el optimismo tecnológico y deja muchas preguntas y algunas respuestas.

El periodismo social de Jeff Jarvis

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Jarvis en Big Tent (Madrid, 29 octubre de 2014)

Jarvis (de negro riguroso, dominio absoluto de la escena, demasiado viejo para predecir el futuro -dice- con herramientas tan nuevas) ha expuesto sus conocidas ideas sobre el nuevo periodismo:

- El periodista, los periodistas, los nuevos medios ya no se dirigen a la masa (la masa no existe) sino a los individuos, a cada uno de nosotros, para ofrecernos un servicio personalizable. El contenido (los periodistas antiguos hablamos de información) no es más que un instrumento para dar servicio. Hay que cambiar las métricas, el éxito está en el servicio; lo que cuenta es la atención, no el click.

- Dar servicio es escuchar y dar soluciones. Medios y periodistas tienen que escuchar al público (perdón, al cliente). Ellos saben lo que quieren.

- Los periodistas no son tanto contadores de historias, como curadores (filtradores, agregadores) de contenidos sociales. Su misión sigue siendo dar sentido a una masa ingente de información y datos. El reporterismo clásico debe dejar paso a un trabajo de comprobación y verificación de la información creada por grupos e individuos, una tarea que es más necesaria que nunca. El periodista tiene que concentrarse en lo esencial, debe investigar, pero no perder el tiempo reempaquetando la información en historias (piezas informativas). La exclusiva ya no dura más que tres segundos.

- Los medios deben especializarse y crear valor. “Haz lo que mejor sepas, en lo demás enlaza a otras fuentes”.

- Como los medios, los periodistas deben especializarse, buscar su nicho y crear su marca personal, que a la larga puede ser más importante que la del medio.

- Innova, si no lo haces tú lo hará alguien más joven que tú en un garaje. (¿Tienen  que o pueden todos los periodistas convertirse en empresarios?)

¿Cómo no estar de acuerdo con muchas de estas ideas? Insisto a mis alumnos de Periodismo Multimedia que con sus proyectos deber crear información original, ofrecer un servicio de utilidad y crear y gestionar comunidad. Pero en lo que no estoy de acuerdo es que la información (el contenido) no sea más que una herramienta, un soporte para el servicio. ¿Quién creará una información de calidad profesional, que no sea una información de parte, como lo es necesariamente la creada por los ciudadanos, si los periodistas no limitamos a dar sentido a la información creada por otros. Los agregadores están muy bien, pero ¿quién crea la información? El unico que recordó algo tan evidente fue el periodista Agustín Llanes.

Escuchando a Jarvis me ha venido a la cabeza aquello de Thatcher de “¿qué es eso de la sociedad?, la sociedad no existe, lo único que existe es el individuo”. No, creo que la sociedad sigue existiendo y el papel de los medios (nuevos o viejos) es delimitar el espacio público; quizá ahora reconstruir ese espacio público que se fragmenta uniendo y enlazando los nichos de información. Personalmente, quiero que se me ofrezca información acorde con mis necesidades y mis gustos, pero también necesito repasar los titulares deportivos (ni me interesa ni mi gusta el deporte) porque si no sabré en que mundo vivo. Periodismo cívico mejor que periodismo ciudadano.

El Evangelio de Jarvis: las tecnológicas nos liberan, los estados nos esclavizan

Jarvis es uno de esos liberales norteamericanos que lindan con el libertarismo. Así que se ha aplicado a criticar el ansia reguladora europea (“no, no existe el derecho al olvido, lo que existe es el derecho a saber”) y de modo especial el canon AEDE: “España será el primer país que mate el enlace con ese gravamen y eso tendrá consecuencias fatales para los medios” (aplausos). Google es una empresa abierta y, como el resto de las tecnológicas, si entrega nuestros datos a un estado es porque las leyes locales le obligan; si guarda nuestro datos es para darnos mejor servicio. Hay una obsesión con la intimidad, si compartimos nuestra vida en las redes sociales no podemos invocar luego la intimidad. El tecnopánico ciega el futuro.

Es difícil tomar partido en la lucha entre editores y Google, ambos grandes depredadores y a su vez cada uno con su parte de razón. Creo que los ingresos originados por los contenidos agregados en Google News merecen su remuneración (no sólo para los editores, como éstos pretenden, también para los periodistas), pero el camino no es imponer una tasa, sino negociar. Seguramente si hubiera expuesto estas ideas, el auditorio me habría abucheado. Por lo demás, como en el chiste del ateo, si uno no cree en la fe verdadera, en la utopía auténtica ¿cómo creer en este sucedáneo tecnológico?.

El modelo de negocio

Después de Jarvis una mesa redonda estaba dedicada al modelo de negocio y otra a los nuevos modos de contar historias, pero ésta atendió más al modelo de negocio que a las nuevas narrativas.

Los nuevos medios siguen teniendo como primera fuente de financiación la publicidad, pero la publicidad virtual (personalizada) no puede generar el volumen de ingresos de la publicidad analógica (masiva). Confiar sólo en la publicidad puede suponer unos ingresos insuficientes que lleven al medio a un círculo vicioso de recortes. He aquí algunas alternativas presentadas en la jornada.

- Periodismo de pago para la información exclusiva. Robert Shrimsley ha expuesto el conocido modelo del Financial Times: crear información exclusiva, con valor añadido para comunidades que pueden pagarla; servir desarrollos informativos, desarrollar conferencias y vincular a los suscriptores.

- Todos los participantes han estado de acuerdo en que el futuro reside en el análisis de las audiencias a partir de los datos que los usuarios entregan. Frédéric Filloux, de Les Echos, habla de una aplicación capaz de trazar un perfil de cada cliente a partir de esos datos para ofrecer una información exclusiva por la que esté dispuesto a pagar o por lo menos a pasar más tiempo en la aplicación o en la web del medio.

- El móvil tiende a convertirse en la principal fuente de tráfico… y el móvil no se lleva bien con la publicidad ¿Cómo monetizar ese tráfico? ¿Crear formas específicas de publicidad? Rob Wijnberg (director y fundador de De Correspondent) ha recordado que lo primero es crear comunidad, vinculación y luego ya se verá como se monetiza.

- Ignacio Escolar ha expuesto el modelo de eldiario.es. Una base de socios (a razón de 60 € al año, por cierto la misma cantidad en De Correspondent, sin publicidad en el caso del diario holandés) que garantizan la independencia del medio. Escolar puede poner a toda su redacción a investigar porque confía la cobertura de la actualidad a los teletipos (y porque existen los medios más generalistas que crean información propia sobre la actualidad).

- Y Montserrat Domínguez ha resumido el modelo del Huffington Post (España) con estas cifras que lo dicen todo: 12 redactores, 10 colaboradores, + 500 blogueros (modelo depredador del periodismo profesional).

Nuevos modos de contar historias

Como digo, la mesa correspondiente derivó más hacia el modelo de negocio, pero se pueden espigar algunas reflexiones interesantes.

- Jarvis, en su cuestionamiento de la pieza informativa, manifestó como en Internet hay espacio para el titular de la noticia de alcance y, cada día más, para la información en profundidad, pero no para la pieza del periódico (de 500 a 100 palabras) que sólo se ojea.

- Todos han estado de acuerdo que la homepage está moribunda. Hoy la información, las exclusivas, están en las redes sociales.

La información divertida, cachonda -dice Dominguez- de los “contenidos cotidianos” del Huffigton no son periodismo, pero crean implicación y lealtad de la audiencia.

- Todos han apostado por el vídeo como medio de expresión del futuro, pero nadie ha aportado una experiencia interesante que supere el formato de la pieza de televisión, el cutre vídeo de YouTube o la entrevista en el set del periódico.

Resumen del acto en el blog de Google

Vídeos

Jarvis critica el proteccionismo europeo

Modelo de negocio

Nuevas narrativas

La televisión del futuro ¿pantalla conectada o segunda pantalla?


El servicio público de RTVE innova

El área de Medios Interactivos de RTVE ha lanzado +TVE,  una aplicación de televisión social para dispositivos móviles, que se suma al Botón Rojo, una aplicación de televisión híbrida o conectada. Estas aplicaciones y el Lab RTVE son manifestaciones de la innovación que es parte sustancial del servicio público. En este terreno se juega el futuro del servicio público, no en la audiencia de un día en prime time.

La televisión sigue siendo el medio de masas más poderoso. En España aumenta año a año el consumo de televisión, quizá como efecto de la crisis, pues sigue siendo el medio de información y entretenimiento más barato. Pero una parte (todavía minoritaria) de esa audiencia es ya un público social, un receptor que quiere socializar los contenidos a través de la conversación. Otra parte de la audiencia, más amplia, pero todavía no mayoritaria, busca sus contenidos favoritos fuera de la programación (televisión a la carta, video on demand) y quiere ampliar contenidos.

RTVE tiene que dar un servicio de calidad a todos los públicos a través de todas las plataformas. A los que siguen su programación, explotando racionalmente todos sus canales. A los que buscan sus contenidos en la radio y la televisión a la carta. A los que quieren ampliar la información y buscan en su web. Y a los que quieren comentar o charla a partir de esos contenidos.

CapturaUn ejemplo de servicio público es el programa En Portada. Sus reportajes internacionales son periodismo en profundidad cada vez más difícil de encontrar. Programado en La Dos y en el Canal 24 Horas siempre a horarios marginales reúne en sus distintas emisiones un millón de espectadores, pero otros 50.000 descargan el programa y tienen acceso a contenidos extras en su web, que amplían y contextualizan el reportaje. ¿Es rentable dar ese servicio? Es rentable socialmente, porque sin este programa una parte importante de la población no tendría acceso a un producto audiovisual que amplía nuestro entendimiento del mundo: eso es el servicio público.

Televisión interactiva vs televisión social

Las nuevas aplicaciones de TVE son un buen ejemplo de dos tendencias paralelas, la televisión conectada o híbrida y la televisión social o segunda pantalla.

La televisión híbrida y el Botón Rojo de TVE

Conectar el televisor a Internet es el modo de dotar de un canal de respuesta a un medio unilateral por naturaleza, la televisión. La caja tonta se vuelve inteligente, o así nos lo han vendido los fabricantes con sus smart tv. La televisión digital conectada, gracias a ese canal de retorno, se convierte en una plataforma de contenidos y servicios interactivos.

Cada fabricante tiene su propia aplicación propietaria, a los que radiodifusores tienen que adaptar sus contenidos. Para superar esta dispersión, en Europa el consorcio HbbTv (fabricantes, radiodifusores, compañías de telecomunicaciones) ha creado una plataforma neutra que pueda acoger todos los servicios y contenidos concebidos de acuerdo con su norma.

Para que la televisión híbrida prospere son necesarios contenidos interactivos atractivos. En otro caso no se venderán nuevos televisores. No parece que en España las cadenas hayan mostrado gran entusiasmo por este desarrollo. Por eso, los fabricantes han acogido con alivio el lanzamiento del Botón Rojo de TVE.

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El Botón Rojo da acceso a la Televisión a la Carta, a las noticias y resultados deportivos y a extras de los programas en emisión. En el caso de los programas informativos se está utilizando de modo limitado para ampliar información. También puede emplearse para encuestas y votaciones.

Como se ve en el caso de TVE, la televisión híbrida sirve más para seleccionar y ampliar contenidos que para interactuar con ellos. La pantalla que se ve en grupo, a una cierta distancia y con un dispositivo de navegación y escritura rudimentario, no es el mejor interface para la conversación social.

La segunda pantalla y +TVE

Mientras, los usuarios han innovado espontáneamente. Teléfonos y tabletas, las segundas pantallas,  se han convertido en el interface social. Y en esa conversación los programas de televisión siguen siendo un motor importante. A través del comentario en las redes sociales, la televisión renueva su capacidad de marcar la agenda informativa y fijar el imaginario colectivo.

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La aplicación +TVE aporta la capacidad de capturar 30″ de un programa y compartir ese vídeo en las redes sociales. Es una magnífica herramienta para lograr vídeos virales, que, a su vez, atraiga audiencia a la programación. Y a su vez es un saludable sometimiento al escrutinio social. Pero los programas informativos no pueden ser capturados ¿Temen los directivos de RTVE que los informativos sean criticados? ¿Por qué puede comentarse un reality o un divulgativo y no los telediarios o Informe Semanal?

Revisada la aplicación, la mayor interacción se produce en torno a la serie Isabel. En la televisión social, son los fans de series o personajes de reality los que dominan la conversación.

Llama la atención la mala acogida del programa Fiesta Suprema. Es una buena iniciativa intentar rejuvenecer la audiencia de La Dos, pero los youtubers no parecen muy contentos con esta reencarnación o re-mediación. Y es que no hay que olvidar, en esta época de transmedialidad, que cada medio, cada plataforma tiene su lenguaje y sus reglas y lo que en uno funciona en otro no tiene porque hacerlo.

En la nueva televisión las pantallas convivirán

Pantallas tontas y pantallas listas, primeras y segundas pantallas, todas ellas están componiendo un nuevo ecosistema.

Por el momento, gran parte de la población o no tendrá acceso a la televisión conectada o no tendrá interés en usarla. Pero cada vez más, la programación lineal quedará reservada para los informativos, eventos y grandes shows. Los contenidos de ficción se consumirán a la carta, bien en la segunda pantalla, bien a través de la televisión conectada. Y la segunda pantalla, la pantalla social, se convertirá (ya lo es entre los jóvenes) en una medida de la influencia de la televisión. Cerrando el bucle, la segunda pantalla, la televisión social, se alimentaá principalmente de programas en directo, comentados instantáneamente.

La revolución de las clases medias: del ciberespacio al espacio público


Vivimos un ciclo de movilizaciones sociales sin parangón desde los años 60.

Entonces, como ahora, parecía como sin el virus de las protestas saltara de un país a otro: movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos e Irlanda del Norte,  la primavera de Praga, revueltas estudiantiles en toda Europa occidental coronadas por su canto del cisne, el mayo parisino.

Ahora, el plena globalización, el ciclo actual presente dura ya varios años (y esto en una época de aceleración temporal) y tiene caracter casi universal: de las revoluciones árabes, a los indignados españoles, norteamericanos o israelíes, los estudiantes chilenos o las más recientes protestas de Turquía y Brasil. Su protagonista, la clase media. Y ahora, como entonces, su punta de lanza la juventud.

La clase media ha sido tradicionalmente el soporte de la democracia representativa. Su extensión ha garantizado la estabilidad social y política. El debate público vehiculado a través de los medios masivos se ha articulado en torno a los intereses de la clase media. Sin ser en exceso participativa, sus elementos más activos han nutrido los partidos políticos y ha suministrado masivamente los cuadros medios y técnicos que han permitido funcionar al estado de derecho.

Cuando en los 30 la clase media se vio amenazada, giró masivamente hacia el autoritarismo, alimentando los movimientos fascistas. Después de la guerra, el pacto social garantizó un moderado progreso y ascenso social a amplias capas populares, que ensancharon las clases medias.

Ese pacto social se ha roto en Europa (antes en Estados Unidos), mientras que en los llamados países emergentes, millones de personas llegan a la clase media. Mientras unos se empobrecen y ven como se destruye el estado del bienestar, otros aspiran a romper ataduras dictatoriales o culturales y a construir los servicios sociales que garanticen la igualdad y sirvan de eficaz ascensor social.

Esas demandas sociales no encajan en los designios del capitalismo financiero, pero más que contra el sistema económico los que salen a la calle se revuelven contra la élite política, contra su corrupción y su falta de representatividad. La democracia representativa tiene que repensarse si no quiere perder a las clases medias.

Las circunstancias son distintas en cada lugar y el éxito de las protestas también.

Es más fácil tumbar unas dictaduras decrépitas (Túnez, Egipto) que cambiar un sistema económico. Es más factible lograr reivindicaciones concretas (hipotecas) que cambiar el sistema político. Allí, como en Irán, donde un régimen religioso, pero con apoyo en las clases populares, se resiste, el movimiento se invisibiliza y luego vuelve a resurgir. Donde una dictadura reprime a sangre y fuego las protestas incipientes se termina en una guerra civil sectaria, como en Siria. Es más fácil lograr los objetivos cuando al frente del gobierno está una demócrata progresista (Dilma) que un conservador religioso autoritario (Erdogan). Y, por ahora, parece imposible una movilización de la creciente clase media en China, donde el estado combina eficazmente represión, vigilancia y control social del ciberespacio con un espectacular crecimiento económico.

El fulminante de las protestas es algún hecho concreto (la inmolación de un vendedor callejero, la subida del precio del transporte, la destrucción de un parque público), la movilización se genera en las redes sociales, pero no tiene efecto hasta que no conquista el espacio público.

En el ciberespacio se genera la discusión previa y, lo que es más importante, las emociones que alimentan la movilización que se organiza con las nuevas herramientas interactivas. Pero lo decisivo es conquistar la calle.

Y en la calle y en el espacio público tradicional (interrelación de los medios masivos y los agentes políticos y sociales) se juega el éxito de la revolución. Los jóvenes tuiteros egipcios o tunecinos cuentan ahora poco en países que se enfrentan a la integración de creencias religiosas que se pretenden absolutas en sistemas democráticos.

Quizá la mayor paradoja de nuestro tiempo es que el cibererspacio es, al mismo tiempo un espacio de libertad y un espacio de vigilancia y control; un espacio de creatividad y de explotación económica. Millones y millones de personas construyen sus vidas en una interacción continua, en general libre, pero vigilada por los estados y explotada económicamente por empresas con ínfulas tecnoutópicas, que ni siquiera pagan impuestos.

Los movimientos de los 60 rompieron algunas cadenas mentales, pero no cambiaron el sistema. Este ciclo de movilizaciones ha terminado con dos dictaduras, y ahora consigue un gran logro con el anuncio de un referendum de reforma política en Brasil. Veremos si Dilma Rouseff es capaz de sacar la iniciativa adelante y no naufraga en la procelosas aguas de la fragmentada política brasileña. En unos lugares las protestas se apagarán, en otros conseguirán victorias parciales.

Si las clases medias no encuentran satisfacción a sus demandas de progreso, igualdad y libertad, las mismas herramientas de movilización (lo hemos visto en Francia con las protestas contra el matrimonio homosexual) puede ponerse al servicio de la intolerancia, la xenofobia y el odio.

[Sólo un par  de fuentes. “Cómo se organizaron las manifestaciones callejeras en Brasil: la protesta en acción en las redes sociales” en el blog Crisis de Reputación Online de Carlos Víctor Costas (de donde he sacado también la foto) y el análisis de Manuel Castells, reseñado en Fronteiras do Pensamento, en la línea de su libro Redes de indignación y esperanza (Alianza, 2012)]

 

 

 

 

Desahucios: el poder de la movilización… y la emoción


Por fin todos abrimos los ojos. Hasta los tertulianos del pensamiento único proclaman que hay que parar esta tragedia.

¿Cómo se ha podido en unos meses pasar de estigmatizar las reclamaciones como atentados contra el sistema a admitir la justicia de las quejas?

Desgraciadamente hasta que la gente no empezó a saltar por la ventana no se produjo el cambio.

He aquí las etapas del proceso comunicativo.

Se crean las primeras plataformas de afectados

Los desahucios crecen, pero la lucha de los afectados se ve como un problema de un sector. El caso no salta a los medios, sino es de manera anécdotica (por ejemplo, cuando un desahuciado colombiano instala una tienda de campaña frente al Palacio de la Moncloa). En medio de la indiferencia social las plataformas se organizan, pero carecen de proyección. Los bancos ejecutan sin piedad.

El 15-M

Las plataformas de afectados son uno de los colectivos que desde el principio logran un protagonismo en el movimiento. El movimiento centra sus movilizaciones más exitosas en la respuesta a los desahucios. Logra parar algunos desalojos, pero sobre todo consigue que el problema salte a los medios. Ahora es una reivindicación central, definitoria de la contestación global.

Las plataformas se fortalecen y coordinan en el marco del movimiento y logran el apoyo de todo tipo de voluntarios. La lucha contra los desahucios no decae cuando el movimiento pierde influencia general.

En resumen, el mayor logro del 15-M es poner los desahucios en la agenda pública.

Aumenta la conciencia social y cambia la percepción

Una vez en la agenda pública, los desahucios se convierten en tema central tanto en los medios masivos como en los medios sociales.

Los medios sociales refuerzan la solidaridad social con los afectados, pero la presencia en los medios masivos obliga a salir a la palestra a banqueros, economistas, registradores, es decir a los líderes de opinión. Los desahucios no son ya el problema de un colectivo; ahora son la manifestación más odiosa de la crisis, un factor de disgregación social y el conjunto de la población los percibe como injustos.

PP y PSOE en el gobierno o en la oposición se mantienen en silencio y ningunean las propuestas de las minorías parlamentarias de izquierdas. Los bancos acceden a algunas daciones en pago o a alquileres sociales ante la evidencia de que están inundados por pisos invendibles. Finalmente, el gobierno de Rajoy promueve un código de buenas prácticas, completamente inane.

El informe de los jueces

Una comisión de jueces propone una serie de soluciones legislativas. El Consejo General del Poder Judicial, que había encargado el trabajo, no lo toma en cuenta. Es el escándalo y entonces comienzan a aparecer autos de jueces que han buscado los resquicios de la ley para intentar detener procedimientos de lanzamiento. La voz autorizada de los jueces obliga a las primeras tomas de posición, todavía muy cautas, del gobierno.

Los suicidios

Dos suicidios en una semana… Otro dos semanas después. Es el punto de inflexión. Se produce una ola de emoción, sobre la que ahora todos los que ignoraron el problema quieren cabalgar. El gobierno convoca de urgencia al PP (¿dónde queda el debate parlamentario?). Alcaldes, policías, jueces se suman a la ola. Y por fin, aparecen los banqueros. Primero, Ángel Ron, del Popular, para decir nosotros no hacemos eso… Y luego la patronal bancaria anuncia una moratoria de dos años.

Movilización y emoción han sido las claves del cambio. Ahora el gobierno y los bancos intentan paliar los desperfectos y pretenden que las soluciones se apliquen sólo a aquellas familias prácticamente en riesgo de exclusión social. El problema va más allá y afecta a millones de familias empobrecidas para pagar la hipoteca. Puede que la emoción pase; entonce sólo quedará la movilización.

(Evidentemente este esquema debiera de estar ilustrado con ejemplos mediáticos. Lo siento. No tengo tiempo ¿Alguien se anima?)

De la maleta mexicana a Instagram


Exiliados republicanos en el campo francés de Barcarès en marzo 1939 – Robert Capa

Navacerrada, junio 1937 – Gerda Taro

Misa en el frente vasco, febrero 1937 – Chim

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí están las tres cajas de cartón en una vitrina. En su interior, perfectamente ordenados, los rollos de película que nos cuentan historias de una vieja guerra y de un país, España.

Es la maleta mexicana. Su rocambolesca trayectoria y la importancia de estas tres cajas para la historia de la fotografía han sido sobradamente contadas (en este blog lo hizo Francico Rodríguez Pastoriza). Ayer tuve oportunidad de ver la exposición itinerante que ha recalado en el madrileño Círculo de Bellas Artes.

Imagino la emoción cuando este tesoro llegó a las manos de los investigadores. Para mi fue como recuperar esas cajas de cartón llenas de viejas fotos que aparecen en el fondo de un armario familiar.

Fotos que vuelven a la vida y a la juventud a los que ya no están. En este caso, imágenes que nos retrotraen a un tiempo no vivido -el de la guerra civil- que ha gravitado, sin embargo, tan directamente en nuestra generación, la de los hijos de los protagonistas. Fotos que hacen vivir a tantos jóvenes que vieron sacrificadas sus vidas. Y a tres jóvenes fotógrafos, Chim, Taro y Capa, que se convirtieron en mitos con estas instantáneas. Una oportunidad para que los jóvenes (mayoría ayer entre los asistentes) recupen las instantáneas de la tragedia.

Emoción para alguien como yo, hijo del viejo oficio de fotógrafo, al ver los rollos y los contactos, las marcas comerciales (Agfa, Gevaert, Kodak) y los términos técnicos  (pancromática) barridos por la revolución tecnológica.

Madre amamantando a su hijo en un mitin, Badajoz, 1936 – Chim

Los editores gráficos hicieron bien su oficio.

Los de Life construyendo el mito del profesional  heroico que arriesga para dar testimonio de lo nunca visto (“la cámara de Life más cerca que nunca de los combates”, eslogan tan semejante al de Capa “si la foto no es buena es porque no estás suficientemente cerca”); los de las publicaciones francesas mostrando el sufrimiento de un pueblo y construyendo otro mito, el de la revolución obrera.

En cualquier caso, unos y otros, seleccionaron las mejores instantáneas, las fotos con más contenido icónico e histórico, alguna de las cuales, como las de esa madre amamantando a su hijo durante un mitin sobre la reforma agraria, forman parte de nuestra memoria del conflicto.

En esos 80 rollos quedaron también enterrados centenares de momentos de la vida cotidiana, que nos dan una imagen más real y menos mítica de aquella España.

Emocionan la alegría de aquellos reclutas y la desolación de las ciudades bombardeadas, las colas de familiares ante los depósitos de cadáveres, la humillación de los refugiados.

Lorca fotografiado por Chim, Madrid, primeros meses de 1936

Emocionan la normalidad de las semanas previas a la catástrofe, con esas instantáneas de Lorca hablando con un desconocido, probablemente en una esquina de la calle Alcalá, puede quizá incluso después de pasar un rato por el Círculo.

Los tres jóvenes fotógrafos estaban descubriendo y revolucionando el oficio de fotoperiodista, arriesgando sus vidas hasta la muerte en el caso de Gerda Taro.

Trabajaban con la pequeña Leica e impresionaban el mejor material sensible de la época. “Empotrados” en alguna unidad se aproximaban al frente y en unos pocos días realizaban un reportaje en cinco o seis rollos, dos centenares de negativos, que luego clasificaban cuidadosamente.

Los rollos dan testimonio de que, a pesar de la economía de material propia de la fotografía analógica y más en una situación de guerra, repetían varias tomas del mismo sujeto, como las de Capa, con unas tomas picadas de Líster (otra construcción de un mito). Que seguían las corrientes estéticas como en el constructivismo con encuadres  geométricos. Y que los maestros también cometían erores de exposición, con negativos sobre o sub impresionados.

En definitiva, el tiempo capturado en instantáneas, congelado durante décadas en la maleta y ahora descongelado en exposiciones, libros y documentales (al final de esta entrada, trailer de esta entrada he incrustado el trailer del de Trisha Ziff).

Salgo a la calle. Decenas, centenares de miles de ciudadanos cabreados protestan. Vivimos la peor crisis involutiva de los últimos cuarenta años. Algunos hablan de “guerra de baja intensidad”.

Entre la masa se mueven fotoperiodistas y videoperiodistas. Cámara profesionales DRL captando fotos y grabando vídeo, cámaras pesadas de televisión, cámaras ligeras de vídeo, cámaras de aficionados de fotos y vídeo. Y la omnipresente cámara del teléfono. Miles de horas de vídeo, centenares de miles de imágenes subidas al ciberespacio, compartidas en YouTube, Flickr, Facebook, Twitter o Instagram.  ¿Cuantos lemas y pancartas encontraremos en Pinterest? Ya no se captura el instante, el tiempo es un flujo permanente de imágenes que se consumen ávidamente. Nuestra memoria es ahora líquida.

¿Habrá en el ciberespacio alguna maleta que preserve las imágenes esenciales para las generaciones futuras?

(Algunos enlaces a la Maleta Mexicana: International Center of Photography; Magnum; Museo Nacional de Arte de Cataluña)

Estado de los medios 2012: ¿se comerán las tecnológicas a los medios periodísticos?


Cada año esperamos el Estado de los Medios para conocer los desarrollos y cambios de la industria informativa en Estados Unidos.

De un año para otro -y ya son 9- este estudio nos ha mostrado un panorama lleno de grises: una crisis profunda de los medios tradicionales, sobre todo de los periódicos, pero también un conjunto de oportunidades que los cambios tecnológicos nos ofrecen para hacer periodismo de otra manera.

Ayer avancé en Twitter alguna de las claves del State of the News Media 2012. Hoy me detengo aquí en los puntos que considero de más alcance.

Multiconsumo de información

El 2011 ha sido en Estados Unidos el año de la información en el móvil. Pero ello no ha supuesto, ni mucho menos, la disminución del consumo en otras plataformas de publicación. Teléfonos inteligentes, tabletas… se han sumado a portátiles y ordenadores personales. En cada momento se usa el dispositivo más adecuado y en todos ellos se consulta información.

Un dato muy concordante con lo que ocurre en Europa es el aumento del consumo de televisión. Suben las audiencias de las tres grandes cadenas tradicionales, sube CNN y baja Fox.

Las redes sociales como filtros informativos

Que las redes sociales son influyentes nadie lo pone en duda, pero los datos del estudio dan todavía porcentajes bajos de su papel como gatekeepers: sólo un 10% del público accede a las noticias como consecuencia de una recomendación en las redes sociales.

El efecto de las tabletas

Las tabletas son en gran parte responsables del acceso directo a los medios informativos. Sus aplicaciones están dirigiendo una parte muy importante del tráfico, lo que es coherente con esa menor importancia de las redes sociales.

También las tabletas están favoreciendo un consumo más reposado y, por tanto, abren una ventana de oportunidad para el periodismo en profundidad.

Los monstruos tecnológicos

Hasta aquí luces. Las mayores sombras las proyectan el papel oligopólico de las grandes compañías tecnológicas. Los medios van muy por detrás de sus desarrollos tecnológicos y de sus apuestas estratégicas. Las cinco grandes compañías tecnológicas acaparan el 68% de la publicidad en línea. Y lo que es más grave, con su manejo de los datos personales llevan camino de convertirse en los casi exclusivos gatekeeepers.

Por de pronto las tecnológicas ya están haciendo avances financieros sobre los medios tradicionales, como YouTube que financia vídeos de Reuters en su intento de convertirse en un canal con contenidos informativos propios. Pero los autores avanzan que cualquier día puede producirse una gran adquisición, por ejemplo, The Washington Post engullido por Facebook.

Periodismo automatizado

Relaciono este protagonismo del oligopolio tecnológico diagnosticado en el Estate con las nuevas experiencias de escritura periodística automática a partir de datos que nos relata Evgeny Morozv. El título y el subtítulo lo dicen todo: “¡Un robot me robó el Pulitzer! De cómo el periodismo automatizado y la pérdida de privacidad en la lectura pueden dañar el discurso civil”. Terrible pensar que Amazon no sólo sabe lo que leemos, sino hasta lo que subrayamos.

Libertad, censura y derechos de autor en Internet


En los días pasados se han librado en Internet varias batallas en las que se juega el carácter abierto de la Red

Son episodios de una guerra vieja, entre los que conciben Internet con un espacio sin regulación ni restricciones -ciberlibertarios- y los partidarios de una regulación que, de alguna manera, traslade las normas del espacio físico al ciberespacio -los reguladores. En esta guerra en la que parece que los contendientes son ciberactivistas y gobiernos son, sin embargo, las empresas el verdadero protagonista emboscado.

Como jurista, siempre he creído que el ciberespacio no puede ser un espacio sin ley, que los estados democráticos deben reprimir abusos y delitos y promover usos responsables. El problema es que al intentar transferir los criterios aplicados al espacio físico se producen distorsiones y restricciones a la libre comunicación horizontal, que no otra cosa es el ciberespacio. Y otra dificutad, aún mayor, es que esa regulación no puede ser más que global, lo que resulta imposible por la disparidad de intereses nacionales y culturas diversas. No me han satisfecho ni las posiciones de los reguladores ni las de los libertarios y sin dejar de reflexionar sobre la cuestión he orientado mis líneas de investigación por otros derroteros.

Ante la virulencia de las últimas batallas me arriesgo a dejar aquí algunas reflexiones, demasiado largas para una entrada de blog y lamentablemente poco concluyentes.

Anonymus contra la privacidad

Intolerable que los ciberguerrilleros de Anonymus atenten contra el derecho a la vida privada de los que no piensan como ellos. Castigan -vienen a decir- a los partidarios de que se revele la identidad de los que sean denunciados por violar los derechos de autor -Ojo por ojo, diente por diente. Pero no olvidemos que en la llamada Ley Sinde (texto en la Ley de Economía Sostenible) es un juez el que tiene que autorizar que se revele la identidad del usuario que presuntamente haya cometido la vulneración de los derechos de autor.

No confundir Anonymus con indignados. Anonymus es la encarnación práctica del espíritu hacker, aquel que impone su ley porque tiene unas habilidades técnicas que son la llave de la Red. Y esa supuesta habilidad les da el derecho a establecer lo que es admisible o no la Red. Son también una manifestación de esas multitudes inteligentes (Howard Rheingold), que tan pronto puede ser luchadores por la libertad como turbas fascistas.

La revuelta contra ACTA, PIPA y SOPA

El Acuerdo de Lucha contra la Falsificación (ACTA, por su acrónimo en inglés) acaba de ser suscrito por 22 países de la UE, casi con nocturnidad y alevosía, hasta el punto de que el Relator del Parlamento Europeo, Kader Arif, ha dimitido, calificando el proceso de de mascarada. En Polonia se han registrado protestas populares en la calle, especialmente de jóvenes. El Parlamento tendrá que ratificar ahora el acuerdo.

ACTA, el grueso de cuyo artículado pretende luchar contra la falsificación de mercancías (propuesta Paralemeno Europeo 24 de junio), es un buen ejemplo de las distorsiones que aparecen cuando se quieren trasponer medidas para proteger la propiedad intelectual que pueden ser legítimas en el mundo físico, pero que se convierten en el ciberespacio en intromisiones ilícitas en los derechos a la vida privada y en restricciones a la libertad de comunicar. Y de cómo los intentos para una regulación internacional, hechos por la única vía posible, la de los tratados internacionales, se hacen desde la óptica de las grandes empresas de contenidos.

Tomo las críticas de la orgaización francesa La Quadrature du Net. Bajo las provisiones genéricas del Tratado, los estados miembros podrían establecer mecanismos extrajudiciales para lograr la cooperación de los prestadores de acceso a Internet para revelar los datos personales de los sospechosos de usos que pudieran atentar contra los derechos de autor. Ya en vía penal podría aplicarse sanciones por complicidad a los proveedores de acceso, pero también a los que cooperen con la difusión masiva de informaciones que vulneren los derechos de autor.

Parecidas críticas se realizaron a los proyectos norteamericanos SOPA y PIPA con una una inédita jornada de apagón de Wikipedia. La reacción, por el momento, ha parado los proyectos en el Congreso de los Estados Unidos.

En mi opinión, cualquier intervención que exija revelar la identidad de usuarios o bloquee los contenidos de una página web debe hacerse necesariamente previa orden judicial y de acuerdo con el principio de mínima intervención y proporcionalidad, de modo que se sopesen la gravedad de los hechos perseguidos (no es lo mismo una página de material pedófilo que de enlaces a películas) y los perjuicios originados para usuarios de buena fe.

La razzia de Megauploads

En paralelo, el FBI ha mostrado lo superfluo de muchos de estos nuevos procedimientos. Con la ley penal norteamericana en la mano y los mecanismos de cooperación policial interancional han aplicado al popular agregador de ficheros medidas pensadas para luchar contra el crimen organizado.

Resultado: Megauploads bloqueada, pánico entre los agregadores de material audiovisual de origen ilegal, reactivación del P2P y júbilo entre  los portales de venta de material audiovisual. Intolerable el bloqueo de todos los ficheros, legales o ilegales del agregador. Es como si al intervenir un banco por blanqueo de dinero se confiscaran las cuentas de todos los clientes.

Y una reflexión adicional. ¿Qué pasa con nuestros datos en la nube? ¿Quién los protege? ¿Debemos seguir teniendo copia física de nuestros datos?

Twitter se someterá a las restricciones de los distintos países

Twitter anunció que bloqueará aquellos mensajes que puedan ser ilegales en un determinado país. Cualquier empresa debe someterse a la legislación del país en que opere. Pero los problemas son dos. El primero, es que una empresa privada no es quien para juzgar sobre la procedencia o improcedencia de los contenidos. Y segundo, Twitter se ha convertido en una canal de información global, vital para la movilización social, de modo que, de hecho, la postura de Twitter (como antes la de Google en China) es plegarse a gobiernos autoritarios para desarrollar su negocio.

La protección de los derechos de autor y la libertad de comunicar

Mi postura. Todo el que crea un producto intelectual tiene derecho a su control. Son los derechos morales y patrimoniales. Como estas batallas son de contenido económico, se olvida que el autor puede difundir o no y siempre conserva el derecho a que no se distorsione el sentido de su obra. En cuanto a los derechos patrimoniales, lo que ha entrado en crisis es la explotación económica basada en el control de la copia de la obra. Lo que son necesarios son canales de explotación que garanticen un precio justo al creador para que pueda mantener su independencia.

Como académico, soy partidario de un sistema que permita la reproducción no comercial de mis trabajos, sin obras derivadas y siempre con reconocimiento de la autoría (Véase las distintas posibilidades de las licencias de Creative Commons). Me interesa más la difusión con atribución que cualquier explotación comercial. Pero eso es porque como profesor (y antes como periodista profesional) tengo otros medios de vida.

Es perfectamente legítimo que el creador viva de su obra. Desde luego, impedir que otros se lucren de nuestro esfuerzo no es censura. El creador siempre parte de otras creaciones y por tanto nunca es absolutamente original. Pero no creo que el carácter de procomún permita que se expropie al autor el fruto de su trabajo. ¿Por qué no exigir, entonces, un acceso gratuito a Internet y a los dispositivos técnicos que lo permiten y sólo exigir el disfrute gratuito de las obras de la cultura?. Al final, los que se lucran son una serie de intermediarios, desde agregadores hasta los propios proveedores de acceso.

Otra cosa son las medidas de protección. Creo que la mayoría de las intentadas difícilmente protegen los derechos de los autores y, sin embargo, pueden redundar en vulneración de los derechos de autor y en una censura de contenidos. Sólo una autoridad judicial, con las garantías de un procedimiento penal, puede impedir la difusión de contenidos. Y desde luego no es algo que pueda quedar a la cooperación de los proveedores de acceso. Además, la mayoría de estas medidas, mientras se limiten a una jurisdicción nacional son, en la práctica inoperantes.

Externalización de la censura

El caso Twitter demuestra cómo las empresas están dispuestas a asumir la censura que otrora desarrollaba el Estado, con tal de hacer crecer su negocio. Como tantas otras funciones estatales, la censura se externaliza.

Lo peor es que lo que antes se planteaba como medidas coercitivas de una autoridad pública, y por tanto combatibles invocando los derechos humanos, ahora se convierten en interpretación de unas normas de uso, que todos aceptamos porque no nos queda otra y que terminan por remitirnos, en la mayoría de los casos, a la jurisdicción del estado de California. ¿Algún usuario es capaz de desentrañar el alcance de las normas contractuales a las que se ha comprometido en los términos del Derecho aplicable en California?.

En definitiva, la nueva censura externalizada es infinitamente más insidiosa, pero eso sí tiene como contrapartida la capacidad de presión global de los internautas concienciados.

El espejismo de un ciberespacio libre

El ciberespacio no ese espacio de libertad que nos pintan los tecno-utopistas. Como en el espacio físico, distintos autores intentan imponer sus intereses e ideologías, pero su confrontación no se realiza en los términos ideales del “libre mercado de ideas”.

Es cierto que en el ciberespacio la pluralidad de voces es casi infinita, pero esas voces pasan necesariamente por la mediación de unas empresas, cuya objetivo es maximizar sus beneficios, aunque sea a costa de la explotación de los trabajadores (véase el caso de Apple en China denunciado por The New York Times) “estableciendo estructuras fiscales eficientes” para prácticamente no pagar impuestos fuera de Estados Unidos y explotando nuestros datos personales como materia prima de su negocio. Y esas empresas pueden, en función de sus intereses, establecer determinados peajes.

Otro peligro es terminar con la llamada neutralidad de la red. Por un lado, las redes sociales y de modo destacado Facebook pretenden convertirse en portales universales, que cierren a sus usuarios en un nicho de interacción con sus “amigos”. Por otro, las compañías de telecomunicación quieren privilegiar la circulación de determinados contenidos, un propósito en el que pueden coincidir con las grandes conglomerados multimedia, interesados en reproducir el viejo modelo de distribución unilateral de contenidos audiovisuales.

No, el ciberespacio no es plenamente libre, pero millones de mujeres y hombres en todo el mundo han asumido que necesitan comunicarse libremente, que, incluso (una minoría), tiene cosas que decir. Y eso no tiene marcha atrás.

(PS. Un ejemplo de censura de Facebook: una portada que no podría ser objeto de secuestro o censura conforme a la ley española, pero que no es conforme a las normas privadas de Facebook).

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