La segunda Restauración


Regreso a este espacio (a veces las exigencias de la vida real dejan anuladas las actividades de la vida virtual) con una reflexión en paralelo entre la primera Restauración (1874-1923) y el régimen democrático nacido con la Constitución de 1978 que,  a efectos retóricos, llamaré la segunda Restauración.

La idea es que nuestro régimen democrático sufre en estos momentos una sacudida semejante a la que supuso el Desastre del 98 para la primera Restauración.

La primera Restauración vino a poner fin al periodo convulso (1868-1874) en el que se ensayaron varios regímenes democráticos (la monarquía democrática de Amadeo, la república unitaria y la república federal). Se instaura una monarquía limitadan en la que la soberanía reside en el Rey con las Cortes. El monarca retiene funciones ejecutivas, entre ellas la decisiva de disolver las Cortes. La Constitución de 1876 incluye un elenco de derechos, en buena medida recuperados del periodo revolucionario, pero cuya eficacia queda condicionada al desarrollo legal, siempre limitador. El sufragio es censitario, es decir, los electores no son los ciudadanos sino los propietarios.

La esencia del régimen político de la primera Restauración era el turno de partidos y el caciquismo. Las élites se turnan en el poder: conservadores, representantes de los propietarios agrarios y del catolicismo tradicional, y liberales, representantes de las élites industriales y financieras y del libre pensamiento. El poder real se ejerce a través de una red clientelar cuyas terminaciones últimas son los caciques locales. El ministro de Gobernación realiza el “encasillado” estableciendo el reparto de escaños antes de los comicios.

El sistema funcionó hasta la pérdidad de las colonias en 1898. Entonces el país se preguntó sobre su propia identidad (los noventayochistas), pero sobre todo aparecieron las grandes cuestiones: la obrera, la regional, la militar, la religiosa. Los partidos del turno se fraccionaron, las reivindicaciones obreras fueron reprimidas violentamente, el ejército se convirtió en una fuerza desestabilizadora y no se encuentró el modo de encajar constitucionalmente las exigencias de autonomía de la burguesía catalana.

En definitiva, a partir del 98 entra en crisis la legitimidad del régimen, que sobrevirá hasta el golpe de Primo de Rivera, pero en medio del desafecto de las clases populares y de buena parte de las élites.

El régimen de 1978 es también una restauración en la medida en que reinstala la monarquía, pero se asienta en una legitimidad democrática concretada en el estado social y democrático de derecho. Junto a la monarquía, ahora meramente representativa, se introducen en la Constitución concesiones hacia los poderes fácticos, pero el balance es una democracia moderna y avanzada, comparable, al menos jurídicamente, con cualquier otra europea. En este sentido, denominar a este régimen segunda Restauración no deja  de ser injusto, pues pone en primer término y como elemento central la monarquía y sugiere una comparación con el régimen de democracia limitada de 1876, pero, en fin, seguiré usando aquí el término como digo a efectos retóricos.

El mayor paralelismo entre las dos restauraciones reside en el sistema de partidos. En la segunda el turnismo se ha convertido en bipartidismo. Las elecciones son libres y no se pautan desde un despacho ministerial, pero el sistema electoral, los medios de comunicación y el deseo de estabilidad del electorado nos han conducido a una situación en la que los dos grandes partidos no sólo dominan la administración, sino que quieren hacer valer sus políticas partidistas en todas las instituciones democráticas cuya independencia subvierten. Y por si fuera poco el caciquismo, siempre latente, se ha revitalizado en las redes clientelares de las autonomías.

La crisis ha roto uno de los pilares de la legitimidad: el estado social. El pacto social se ha roto y su manifestación más solemne fue la modificación  por la vía rápida para introducir el déficit cero. En estas condiciones no puede sino crecer la desafección popular, que hasta ahora había soportado el asfixiante bipartidismo y la corrupción clientelar. Pero se mantiene todavía otro pilar de legitimidad, que es el estado de derecho. El estado de derecho se encuentra también amenazado por la leyes represivas que quieren controlar un estallido social.

La monarquía, otro pilar de la legitimidad, más simbólico que real, también se resquebraja. El caso Urdangarín o la cacería del rey no son más que las manifestaciones más evidentes. La monarquía castiza de Juan Carlos o la tecnocrática de Felipe no ofrecen un modelo de identificación y unidad a los españoles. Perisiste la sagrada unión del altar, el trono y las armas, completadas últimamente con el papel de representante de los intereses de las multinacionales españolas.

Más de tres décadas después la Constitución de 1978 requería una reforma:

- Para actualizar la carta de derechos, agregar derechos de cuarta generación y mecanismos de efectividad de los derechos sociales:

- Delimitar con mayor precisión el estatus del monarca;

- Limitar los poderes de los partidos;

- Agilizar el funcionamiento de las instituciones constitucionales;

- Modificar el sistema electoral:

- Introducir mecanismos de participación popular interactiva;

- Convertir el estado de las autonomías en un verdadero estado federal;

- Precisar las transferencias de soberanía a la Unión Europa y establecer mecanismos de control democrático.

Desgraciadamente pienso que esa reforma no es posible. En este momento, dado el equilibrio de fuerzas, cualquier reforma constitucional serían regresiva.

Después del 98 la primera Restauración vivió casi un cuarto de siglo en crisis hasta que la legitimidad dictatorial de Primo de Rivera la suspendió y la legitimidad republicana la sustituyera en 1931. En nuestro caso, no se adivina más legitimidad alternativa que la que representa 15 M. El movimiento ha sido capaz de influir en la agenda social y mediática y proyectar nuevos valores, pero su carácter de red le hace de alguna manera autosuficiente e incapaz de aglutinar una alternativa política real mayoritaria.

No creo que esta segunda restauración viva una agonía de 25 años. En el siglo XXI el tiempo corre más deprisa.

(Gracias a los que hayáis llegado al final de este largo texto, en absoluto adapatado a la concisión, estilo directo y enlaces propios de la entrada en un blog. A veces uno necesita expresarse en un formato más tradicional.)

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5 comentarios to “La segunda Restauración”

  1. Agustín García Matilla Says:

    Querido Rafael:

    Muchas gracias por seguir trabajando para ejercer un pensamiento lúcido y crítico. No en vano eres un profesor que no deja de ejercer nunca su otra profesión periodística. Tu análisis no sólo es certero sino que se convierte en un inquietante aviso para navegantes. La EDUCACIÓN PÚBLICA Y LA SANIDAD PÚBLICA sufren recortes que las llevan al borde del precipicio y en los diferentes niveles de la política se está produciendo un nivel de frivolidad absolutamente indignante. Es lamentable ver como a pesar de los movimientos de INDIGNACIÓN que movilizan a la sociedad, los políticos de los partidos mayoritarios no parecen darse por aludidos.

    En nuestro ámbito concreto, la educación está sufriendo una tala brutal de recursos y las universidades se están viendo estranguladas por muchos de esos recortes mientras que los políticos no hacen ni un solo gesto para tratar de ser un poco más sensibles a las demandas que hace la sociedad. No se toman medidas para promover el que los cargos sean desempeñados por personas competentes en las áreas que deben manejar, no se limitan suficientemente las tareas de asesoría que benefician generalmente a los amigos, no se cierran fundaciones inútiles y no se limitan los múltiples privilegios que se han autoconcedido quienes ejercen la política con mayúsculas, como servicio prioritario a la polis y a quienes la habitan, mayorías y minorías de ciudadanos que exigen la ejemplaridad de quienes ocupan puestos de responsabilidad en la sociedad.

    Los recortes se aplican en Educación, en Cooperación, en Sanidad, retratando la falta de sensibilidad de muchos gobernates hacia la construcción de un futuro mejor.

    La UNIVERSIDAD debe volver a ejercer ese papel fertilizador del pensamiento libre y del pensamiento crítico, para que en estos momentos cruciales generemos antídotos suficientes a la mediocridad y podamos nutrir con ideas ese OPTIMISMO DE LA RAZÓN, tan necesario como siempre, pero más crucial que nunca.

    Agustín GarcÍa Matilla

  2. Manuel Corral Says:

    Rafael, las gracias hay que dártelas a tí, que compartes generosamente tu lucidez.
    A algún amigo le creas deudas que solo se puden compensar con afecto.
    Te reitero el agradecimiento y deseo que las cosas en los círculos más próximos se vayan centrando.
    Un abrazo.

  3. Cinco años de Periodismo Global… y de crisis « Periodismo Global: la otra mirada Says:

    […] Periodismo global quería mirar más allá de la clásica información internacional a los grandes acontecimientos universales y a su tratamiento informativo (categoría Globalización). Pero poco a poco he ido ocupándome de la ruptura del pacto social y democrático y de la crisis del sistema político nacido en la transición. […]


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