La deuda griega: entre el plan Brady y Ceausescu


La crisis de la deuda externa

A comienzos de este siglo muchas ongs en Europa y Estados Unidos batallaban por el perdón de la deuda de los países más pobres (Jubilee Debt Campaign, Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa).

La deuda se había convertido, después de 20 años, en una carga insoportable que hacía inviable el desarrollo de estos países. Algún logro consiguieron estas campañas. En junio 2005, mientras se cocía la Gran Recesión, los ministros de Finanzas del G-8 acordaron un programa de alivio para los 20 países más endeudados, que básicamente consistía en condonaciones parciales a cambio de inversiones de los gobiernos respectivos en los Objetivos del Milenio.

Era el penúltimo episodio de un proceso que arranca en los 60, con préstamos de instituciones internacionales para grandes infraestructuras, y explota en los 70 con el exceso de liquidez originada por los petrodólares, que los bancos occidentales prestaron con prodigalidad y que financiaron a todos los tiranos bendecidos por Washington y el despilfarro de los ricos de los países del Sur. (Global Issues: Causas de la crisis)

Con la subida de tipos de interés la deuda se hizo impagable. Cuando México estuvo a un paso del impago a comienzos de los 80 el sistema financiero internacional se puso al borde del colapso. La cuerda se apretó todo lo que se pudo, pero al final el plan Brady (wikipedia) vino a reconocer que la deuda era impagable en su totalidad. Aunque redujo su cuantía y aumentó los plazos, mantuvo las condiciones de mercado. En realidad, el alivio fue más para los bancos acreedores que para los países deudores.

Pocos de los que Europa y Estados Unidos luchaban hace poco por la condonación de la deuda podían adivinar que en unos pocos años sus países se verían atenazados por una deuda pública (en gran medida fruto de conversión de la deuda privada en pública vía refinanciación de los bancos) que ponían en peligro el estado del bienestar.

El Plan Brady fue una soga suave, que mantuvo a los deudores en un estado de postración. En América Latina dio lugar a la década perdida. Pero había otras soluciones más drásticas, el pago de toda la deuda, y en un caso esta alternativa se llevó al extremo.

Ceausescu: pagar la deuda caiga quien caiga

Nicolae Ceausescu era en los 70 recibido en las capitales de Occidente como un dirigente nacionalista que osaba desafiar al Kremlin. Tuvo, así, acceso al crédito. Cuando llegó la crisis de la deuda, el conducator rumano decidió cortar por lo sano y devolver hasta el último dólar de los 9.000 millones que debía. Rumanía, un país agrícola, se volcó en la exportación de su producción y las importaciones se cortaron drásticamente. Los campesinos cayeron en una miseria absoluta, las fábricas se paralizaron, los cortes de luz y calefacción fueron cotidianos… pero la deuda se terminó de pagar en 1989, unos meses antes de la caída del tirano.

En Grecia la troika (Comisión UE, BCE, FMI) se mueve entre la solución Ceausescu y el plan Brady. De lo que no cabe duda es que no se trata de “rescatar” a Grecia, sino a los bancos frances y alemanes.

Por cierto, Ceausescu llevó el déficit cero a la Constitución, pero eso sí, sometió la reforma a referendum, que ganó por el noventaitantos por ciento.

(Referencia de Reinhart y Rogoff al método Ceausescu)

Y como complemento, Debtcracy, el documental realizado con donaciones de público.

 

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