¿Huelga salvaje o información salvaje?


Me indigno al escuchar a Juan Ramón Lucas, en RNE, calificar reiteradamente de “salvaje” la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid. El uso de adjetivos es un modo de encuadre, en este caso peyorativo. Y no sólo es cuestión de adjetivos. Insiste en que los trabajadores tienen un empleo fijo -supongo que es un privilegio- y que atentan gravemente contra los derechos de todos los trabajadores.

El Sr. Lucas puede ejercer su libertad de expresión, pero en la radio pública hay que mantener el equilibrio ante los grandes conflictos sociales y no mezclar la información con la opinión. ¿Tomarán medidas el Consejo de Administración o el Consejo de Informativos de RNE ante esta violación de la neutralidad del servicio público.

Pacta sunt servanda

El incumplimiento de los servicios mínimos en esta huelga es un síntoma de que el pacto social se está rompiendo. Cuando un convenio colectivo se negocia, las dos partes hacen concesiones. Si después, por Decreto-Ley del Gobierno central, aplicado por la Comunidad de Madrid a todos los trabajadores públicos, estén regidos o no por convenio, no cabe duda que un pacto y, sobre todo, la confianza se rompen. Si a eso añadimos servicios mínimos de 50% que hacen irrelevantes las protestas pondremos en su contexto la “huelga salvaje”. Todo eso lo olvidan los que ahora ladran y ayer acusaban a los sindicatos de estar domesticados.

Personalmente creo que los dirigentes sindicales del Metro se equivocan y ponen a los trabajadores en una posición sin salida en la que terminarán por ser los paganos.

La crisis que los trabajadores no han provocado ha roto los equilibrios y su recomposición está suponiendo la destrucción del pacto en el que se basa en Estado Social y Democrático de Derecho. Ésto no ha hecho más que empezar.

El Libro de Estilo de RTVE


Llevo un par de semanas dándole vueltas al Libro de Estilo de RTVE, sin terminar de decidirme a dedicarle un espacio en este blog.

Durante toda mi vida profesional he defendido la necesidad de un libro de estilo en la radiotelevisión pública e incluso formé parte de una comisión redactora (alguno de cuyos trabajos aparecen parcialmente recogidos en el documento). Me felicito, por tanto, de que por fin RTVE tenga “su” Libro de Estilo, pero no estoy muy seguro de su utilidad, en razón de su contenido y procedimiento de elaboración.

Transparencia

Para empezar, colgué el texto aprobado por el Consejo de Administración, ya que RTVE no difunde en su página este tipo de documentos. PERO LA DIRECTORA DE COMUNICACIÓN ME HA EXIGIDO RETIRAR ESTE DOCUMENTO QUE CALIFICA DE BORRADOR INTERNO ASÍ QUE PROCEDO A RETIRARLO. LO SIENTO.

El documento tiene, lógicamente, una función interna, pero también, como todo Libro de Estilo, debiera de ser un ejercicio de transparencia, de modo que el público pueda conocer los principios que rigen el tratamiento de la información en el medio.

En el caso de RTVE, esa publicidad es todavía más importante, puesto que tanto RNE como TVE han sido históricamente canteras profesionales en las que en gran medida se han gestado rutinas (buenas y malas) y jergas compartidas por los periodistas audiovisuales. Hoy, siguen siendo medios de referencia y garantes de una información de servicio público.

¿Qué es un Libro de Estilo?

No resulta fácil responder, porque de un medio a otro, de una empresa a otra, los libros de estilo resultan bastante heterogéneos.

Nacieron en los periódicos de calidad como normas de uso del lenguaje periodístico y guías prácticas sobre medidas, topónimos etc. En muchos casos se suman a estas reglas propiamente de estilo, normas éticas o de buena práctica que fijan los valores del medio. Y siempre subyace una voluntad de diferenciación, de establecer las características de contenido y formales que delimitan la personalidad editorial. El problema es que a menudo estos elementos se yuxtaponen sin una verdadera lógica interna. Y eso es lo que creo que ha ocurrido con el de RTVE.

Los libros de estilo son una referencia para el trabajo periodístico, recomendaciones, no normas deontológicas y menos jurídicas. Una norma deontológica impone una conducta,  mientras que una regla de buena práctica intenta establecer sugerencias pragmáticas, que habrá de adaptarse a las circunstancias concretas de cada caso. Los libros de estilo deben de incluir reglas de buena práctica, fundamentadas en normas deontológicas externas al libro.

Los libros han sido documentos estáticos, aprobados una vez y revisados de muy tarde en tarde con gran dificultad. Frente a este planteamiento, creo que hay que apostar por guías profesionales dinámicas, actualizadas constantemente y confrontadas con la práctica cotidiana. Así lo hace la BBC con sus editorial guidelines, en permanente discusión y revisión.

Procedimiento

Un documento de este tipo lógicamente tiene que ser elaborado por una comisión de profesionales con suficiente experiencia y autoridad reconocida entre sus compañeros. Pero esa comisión tiene que trabajar en interrelación con las redacciones (en este caso de RNE y TVE), sometiendo el borrador a debate, recogiendo propuestas y sugerencias y haciendo, de este modo, que la Redacción considere como propio el texto.

Esto no se ha hecho así e incluso se ha limitado a un puro trámite formal la participación de los Consejo de Informativos, que exige el Estatuto de Información de la Corporación (art. 49.d). El Consejo de Informativos de TVE hizo una revisión de todo el texto, pero todas sus propuestas (bastante razonables)  han sido rechazadas, lo que ha dado lugar a una protesta formal.

Que yo sepa, el Libro no se está difundiendo en las redacciones mediante seminarios o espacios de discusión. Si no se hace así seguramente será quedará en un tomo guardado en el cajón, que sólo se desempolvará cuando surja un conflicto, normalmente para pedir responsabilidad a un trabajador.

Contenido

El Libro tiene más contenido deontológico que de estilo. En general, sus recomedaciones o preceptos (no está muy clara su naturaleza) tienen buen sentido, pero los redactores parecen olvidar que el Estatuto de Informativos en su art. 9 incluye un completo código deontológico, más preciso y pactado entre los representantes de los informadores (elegidos con este fin) y el Consejo de Administración. Es más, a veces parece como si quisiera enmendar la plana al Estatuto de Informativos.

Las recomendaciones de Estilo son más de lenguaje que de tratamiento informativo en los distintos medios. En general, estos contenidos adolecen de obviedad, especialmente en lo referente a los nuevos medios interactivos.

Falta, a mi entender, el desarrollo de verdaderos elementos distintivos de RTVE, desde la perspectiva de la naturaleza de los medios audiovisuales. Aspectos como los de la rotulación, no son más que una mínima parte de este aspecto y no están especialmente bien resueltos.

Sólo me queda desear con este documento no sea más que un punto de partida para que los profesionales de RTVE profundicen en su compromiso de servicio público.

Verdad en el Domingo Sangriento


“Injustificada e injustificable”

Han tenido que pasar 38 años para que el gobierno británico acepte que el 30 de enero de 1972 sus paracaidistas mataron sin justificación alguna a 13 manifestantes católicos en el barrio de Bogside, Derry, Irlanda del Norte.

Injustificada e injustificable fue la matanza, en palabras del nuevo primer ministro conservador, David Cameron, que ha pedido perdón, algo que durante estas cuatro décadas han estado esperando los familiares.

Vale la pena ver el montaje de la BBC con el discurso de Cameron, en paralelo con la multitud reunida en Derry para escuchar los resultado del informe Saville (documento), que, por fin, ha establecido la “verdad oficial”

El simbolismo del Domingo Sangriento

La matanza supuso un punto de no retorno en el conflicto de Irlanda del Norte. Los jóvenes militantes de los derechos civiles se convencieron de que a la violencia no se podía responder más que con la violencia y se alistaron en el IRA.

El Domingo Sangriento se convirtió en un símbolo y sus imágenes en iconos de la opresión sobre los católicos.

La instantánea de ese sacerdote, abriendo camino a la evacuación de un herido  con el pañuelo blanco manchado de sangre, con su fuerza visual, es una de las imágenes que están en la memoria de mi generación y que  simboliza la barbarie de uno de los perores conflictos sectarios del siglo XX.

El escenario de la matanza fue el barrio de Bogside en Derry -o London Derry para los unionistas, en una tierra donde hasta los topónimos han dividido a las comunidades. El Bogside era un gueto, paradigma de la discriminación a la que eran sometidos los católicos hasta los años 70. En las fotos de la época se palpa la miseria.

Pasé una tarde en Derry en 1995. Me acompañaba John Hume, que luego sería merecido Premio Nobel de la Paz. Al llegar al barrio, dijo “Y esto es el Bogside” y me guiñó un ojo. Ya no era un lugar miserable. Durante los 80 el gobierno británico invirtió grandes sumas en reconstruir lo destruido durante los “troubles” y lavar la cara a la provincia. Pero se palpaba un sentido de diferencia, del orgullo del mártir, plasmado en los murales que reproducían las imágenes del Domingo Sangriento.

Hume me mostró también otras realidades de Derry, como el nuevo centro comercial. Y me dijo que la única manera de superar el conflicto era remangarse y trabajar juntos, católicos y protestantes, republicanos y unionistas por el futuro: por mejores viviendas, por mejores infraestructuras, por más trabajo, por rescatar a los jóvenes de la droga y la marginación. Así lo hizo él y como él otros muchos y eso hizo posible una base de entendimiento mínima sobre la que edificar los Acuerdos de Viernes Santo.

Verdad, Justicia y Perdón

¿Cómo es posible que la “verdad oficial” llegue casi cuatro décadas después?.

Después de los hechos, en unas semanas, el informe Widgery concluyó que los soldados habían disparado en defensa propia, contradiciendo todos los testimonios de los civiles, como el del padre Edward Daly, el sacerdote que aparece en la imagen que he comentado. Desde entonces, tanta mentira se ha acumulado, que fue necesario que en los acuerdos del Viernes Santo se estableciera una nueva comisión, la comisión Saville, que después de ¡12 años! dio ayer a conocer sus conclusiones.

Algunos de los paracaidistas siguen afirmando que se defendieron y tampoco le ha gustado nada a Martin McGuiness, hoy vicepresidente del gobierno provincial, y entonces militante del IRA que se haya filtrado que asistió a la manifestación con una subfusil bajo su ropa, aunque sin que lo mostrara ni diera motivo a los soldados para disparar.

Todos los analistas indican que será muy difícil que, en base a las conclusiones del informe, la fiscalía pueda abrir una causa criminal contra los responsables de la matanza. Pero la propia alegría de los familiares demuestra que la Verdad es la ya primera reparación, imprescindible, pero no suficiente.

A falta de condenas, la otra gran reparación es la petición de perdón al máximo nivel. Que un joven primer ministro conservador pida perdón por unos hechos que otro gobierno conservador intentó justificar hace cuarenta años no es baladí.

¿Pedirá alguien perdón algún día por los GAL o los muertos de Vitoria? ¿Pedirá algún día perdón ETA?

Los periodistas dejarán de controlar Le Monde


Le Monde necesita un accionista de referencia que aporte con urgencia 100 millones de euros

Hace una semana, el 3 de junio, el director del periódico, Eric Fottorino, anunciaba a sus lectores que el vespertino iba a dejar de ser independiente. Por supuesto, no lo decía tan crudamente, pero reconocía que en el proceso de recapitalización en marcha la sociedad de redactores dejaría de ser el accionista de referencia del periódico.

Durante los dos últimos años Fottorino ha desarrollado un proceso de saneamiento, que ha supuesto centrarse en el negocio del diario y despidos contestados con una huelga. La dirección era partidaria de la entrada de un socio externo (mostrando sus preferencias por la asociación de los grupos Lagardére y Prisa), con el apoyo de los sindicatos y la oposición de  la sociedad de redactores.

Le Monde ha pedido ofertas a los grupos interesados y quiere tomar una decisión el viernes.Lagardére no está interesado. El grupo italiano L?Espresso se ha retirado y Prisa quiere más tiempo, que el diario se convierta en matutino y que se realice una auditoría, así que no parece que la decisión termine por concretarse esta semana. Pero cuando el Consejo de Administración escoja al socio dominante, será la Sociedad de Redactores la que tendrá ante si una alternativa terrible: o abrir la puerta al nuevo socio y, por tanto perder la capacidad de controlar su propio diario, o decir no y precipitar la quiebra.

Para muchos de los periodistas de mi generación Le Monde ha sido un mito, por la calidad de su información y por el control informativo institucional ejercicio por la Sociedad de Redactores. La autogestión como control de la independencia parece haber agotado sus posibilidades en el mundo de los grupos multimedia.

¿Seguirá siendo Le Monde un diario independiente de referencia dentro de un grupo multimedia?

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