La mirada de Hosbawn


Para entender el mundo global en el que vivimos pocas visiones tan iluminadoras como las de Eric Hobsbawm. En él se unen en el intelectual crítico y el hombre comprometido que ha vivido en primera persona los momentos claves del siglo XX. Un siglo marcado por la guerra, que ahora el autor repasa en un nuevo libro. Siguiendo con la incoporación de colaboraciones especiales recojo aquí la reseña de Paco Rodríguez Pastoriza, profesor de Información Cultural (Recomiendo sus crónicas culturales en el suplemento de los sábados del Faro de Vigo, la última sobre la correspondencia de Camilo José Cela).

Después de habernos regalado con una espléndida autobiografía (Tiempos interesantes: una vida en el siglo XX. Crítica. 2006), y de mantener una actividad incesante (en la actualidad dirige una comisión de historiadores de la Unión Europea en la que trabaja el español Ruiz-Domènec), a sus 91 años Eric Hobsbawm sigue siendo uno de los intelectuales más respetados del último siglo y su obra se ha convertido en una referencia obligada para los historiadores. Su aplicación del análisis marxista a los acontecimientos de la Historia ha dado obras fundamentales como Las revoluciones burguesas (Crítica, 1971) y La Era del capitalismo (Guadarrama, 1077), cuyo reconocimiento está más allá de cualquier ideología.

SU ÚLTIMO LIBRO

Estos días podemos recrearnos con una nueva obra de Hobsbawm, Guerra y paz en el siglo XXI (Ed. Crítica), una recopilación de algunos de sus últimos artículos y conferencias, que supone un ejercicio de futuro desde una visión crítica del siglo que acaba de terminar. En apenas 200 páginas, el historiador hace un repaso a los fenómenos más candentes de la actualidad (nacionalismo, terrorismo, imperialismo, violencia, democracia…) y analiza sus posibles consecuencias en la era de la globalización.

UN SIGLO VIOLENTO

El siglo XX ha sido el más sangriento en la historia conocida de la humanidad, ya que en él se han dado, juntos, catástrofes humanas carentes de todo paralelismo, fundamentales progresos materiales, y un incremento sin precedentes de nuestra capacidad para transformar, y tal vez destruir, la faz de la tierra. Con estas palabras inicia Hobsbawm el primer capítulo de este nuevo ensayo en torno a cómo evitar la repetición de los errores que provocaron las guerras y los enfrentamientos del siglo pasado, unas guerras cuyo peso fue recayendo cada vez más sobre la población civil. La caída de los regímenes comunistas, que Hobsbawm celebra por lo que suponen de cambio para las sociedades de aquellos países, ha supuesto sin embargo la destrucción de un equilibrio mundial que no ha sido sustituido por ninguna situación de control de la potencia hegemónica superviviente, los Estados Unidos, de modo que desde la caída del muro de Berlín ha habido más guerras que durante todo el periodo de la guerra fría (P.69). El mantenimiento de las fronteras de los estados se debió en gran medida al statu quo de ese duopolio de superpotencias, mientras que desde 1989 estamos asistiendo al nacimiento de nuevos estados nacidos de la segregación de antiguos territorios que hasta hace pocos años constituían fuertes estados-naciones.

GUERRAS DE RELIGIÓN

A pesar de las esperanzas puestas en la dispersión de las guerras religiosas a partir de 1989, estas se vieron reforzadas o sustituidas  por la reaparición de varias modalidades de fundamentalismos religiosos que cuentan con apoyos populares (Hamás, Yihad islámica, Hizbolá), que son además canteras de reclutamiento, y que han dado lugar a la aparición de un nuevo terrorismo con dos características inéditas: el terrorismo suicida y la operatividad en un plano transnacional.

DEMOCRACIA

La democracia es otra de las grandes preocupaciones de Hobsbawm, sobre todo la escasa participación de las poblaciones en los procesos electorales. Achaca este problema a que una buena cantidad de cuestiones se negocian y deciden entre bastidores y también a que una gran parte de la actividad humana transcurre en ámbitos inaccesibles a la influencia de los votantes. Advierte otros síntomas más graves, como la quiebra de la lealtad de los ciudadanos hacia el estado, consecuencia directa de la ideología neoliberal, que ha sustituido servicios públicos esenciales por servicios privados o privatizados.

CRISIS ECONÓMICA

A pesar de que los capítulos de este libro fueron escritos antes de que estallase la actual crisis económica, Hobsbawm advierte en la sociedad norteamericana, la división cultural y política más profunda  que ha vivido el país desde la guerra de Secesión (P.61), y en su economía, una vulnerabilidad a corto y también a largo plazo (P.102). El gran peligro de la nueva sociedad surgida de la globalización, según Hobsbawm, es la dependencia de las economías de los estados hacia empresas privadas transnacionales, contratistas privados cuyo único objetivo es el enriquecimiento. La globalización descontrolada del libre mercado está dando lugar a desigualdades que son el caldo de cultivo de todo tipo de inestabilidades y agravios.

Francisco Rodríguez Pastoriza

Europa ausente del cara a cara Mayor-López Aguilar


¿Se debe mantener la política agraria común? ¿Debe la Unión Europea desarrollar una política anticíclica? ¿Debe desarrollar un ejército europeo? ¿Cómo conseguir la seguridad energética? ¿Es respetuosa con los derechos humanos una directiva que permite retener en centro de detención a los inmigrantes hasta seis meses? ¿Debemos ir hacia una unión política o retroceder a un mercado común? ¿Debe admitirse a Turquía en la Unión? ¿Qué características tiene que tener la futura Comisión? ¿Qué hacer si los irlandeses vuelven a rechazar el Tratado de Lisboa?…

Son algunas de las cuestiones que se planterán en el próximo Parlamento Europeo. Ninguno de los dos candidatos ha querido entrar en ellas. Mayor Oreja ha planteado el debate en términos estrictamente nacionales -quizá habría que decir nacionalistas. Y López Aguilar ha invocado a Europa sólo en el terreno de los principios, una Europa que, según dice, se construirá a partir de ahora conforme a nuestros valores.

Un debate como éste no puede estar focalizado en las complejidades técnicas que conforman el día a día de la Unión. Pero han faltado ganas de llevar la Política de la Unión a la discusión. Bien dice Mayor que a Bruselas hay que llevar la política, pero hoy poco han hecho ambos para lograrlo.

Lo lógico es que el candidato más veterano hubiera intentado poner de manifiesto las lagunas europeas del más joven. Pero no. Ha sido López Aguilar, más dinámico y agresivo, el que ha atacado la trayectoria de su contrincante en la cámara. Mayor aguanta lo que le echen con su calma y su estilo de otra época.

Las reglas del debate están puestas para que no sea tal, sino una sucesión de monólogos. Las réplicas de un minuto son la única oportunidad para la confrontación directa. López Aguilar las ha sabido aprovechar. Por supuesto, ambos han convencido a los convencidos y no creo que muchos ciudadanos cambien su voto y ni siquiera que algún abstencionista haya decidido ir a votar.

La moderadora segura y con autoridad. La realización -también pactada- correcta. Los candidatos, achicharrados, apenas podían abrir los ojos al principio. Y el cronómetro, oculto a los espectadores. Otra consecuencia de un pacto que privilegia a los dos grandes partidos.

Salvar el periodismo, reformar los medios


En todas partes, la acción combinada de la recesión y el desafío de Internet ha llevado a los medios a una crisis de modelo. En todas partes se discuten soluciones y alternativas. Pero en ningún lugar es tan profunda la crisis y tan profundo el debate como en Estados Unidos.

Con una cadena de quiebras de grandes diarios, la palabra reforma ha dejado de ser tabú. Los norteamericanos siguen siendo favorables al libre mercado, pero el fundamentalismo neoliberal del último cuarto de siglo se cuartea. Es hora de volver la vista a las políticas públicas y a nuevos modelos de empresas informativas no basadas en el lucro.

Proponer una estrategia nacional para salvar el periodismo es el objetivo del informe Saving the news, promovido por Free Press, una organización no partidista que promueve la participación del público en las decisiones que afectan a los medios e impulsar políticas públicas que democraticen los medios. Saving the news revisa las alternativas propuestas en Estados Unidos para superar la crisis. Una crisis que refiere sobre todo a los periódicos, y entre ellos, a la desaparición de los diarios en las grandes ciudades norteamericanas. El contexto de ánalisis y propuesta es el de Estados Unidos. Por eso, muchas de las alternativas no serían validas en otros lugares, pero todas ellas son estimulantes y en muchos casos inspiradas en soluciones europeas.

El informe parte de dos hechos: el periodismo es insustituible para la democracia y el modelo basado en la publicidad está herido de muerte. El periodismo que propone debe basarse en estos pilares:

- Comprometido con la libertad de expresión (la Primera Enmienda, en términos norteamericanos).

- Información de calidad y en profundidad.

- Recogiendo los puntos de vista adversos.

- Promoviendo la responsabilidad pública.

- Dando prioridad a la innovación.

Los autores recorren los modelos alternativos a la empresa periodística con fin de lucro y financiada por la publicidad. Exploran las posiblidades -siempre en su contexto nacional- de modelos sin fin de lucro, basados en fundaciones, donaciones, cooperativas… Revisan también iniciativas de cooperación ente profesionales y ciudadanos, sobre todo  a nivel local. Examinan las posibilidades de instaurar sistemas de micropagos por la información, pero ven dificultades legales (el “fair use” de la información) en este sistema, que ahora algunos como Murdoch propugnan como tabla de salvación.

Una de sus propuestas más destacadas es extender el modelo de la radio y la televisión públicas, la PBS y la NPR, hasta convertir a los medios públicos en el núcleo de la reforma.

No están de acuerdo los autores con los profetas del “no hacer nada”, como Jeff Jarvis, que han trasladado al ecosistema informativo la tesis económica de la “destrucción creativa” de Schumpeter. A diferencia de estos autores, convencidos que en Internet se autogenerará un nuevo sistema de información sobre las cenizas del periodismo, los redactores del informe piden una acción pública decidida para salvar el periodismo.

Los medios siempre han estado suvbencionados públicamente -sí, hablan de Estados Unidos. Lo que hay que hacer ahora es dirigir esos fondos a nuevas organizaciones sin fin de lucro, que convivan con las viejas empresas. Y entre esas políticas debe estar la regulación, terminar con la desrregulación, que ha favorecido la concentración y está en el origen de la crisis.

Hay otras propuestas interesantes, como la de crear un fondo de formación, para que los 23.000 periodistas que ha perdido su trabajo en el último año y medio no salgan del sector y compartan su experiencia con los nuevos periodistas.

La verdad es que uno se siente moderadamente reconfortado cuando desde Estados Unidos se aboga por lo público. ¿Convergerán los sistemas regulatorios de Estados Unidos y Europa? ¿Prosperarán las nuevas iniciativas? Nadie lo sabe. De lo que no cabe duda es que hará falta imaginación, trabajo y coraje para salvar el periodismo.

Ellacuría, crimen sin castigo


Magnífico el En Portada sobre el asesinato de los jesuitas en El Salvador. Y oportuno. Porque han pasado casi 20 años y los responsables que ordenaron el crimen siguen impunes. Y porque este puede ser uno de los casos afectados por la limitación de la jurisdicción universal pactada por el PSOE y el PP.

Un tribunal salvadoreño condenó a los mandos de la fuerza que cometió los asesinatos, pero no a los que dieron la orden. Según la Comisión de la Verdad, esa orden se dió por el general René Emilio Ponce, jefe del Ejército, en una reunión de la cúpula militar.

En este caso, la conexión con España que exige la contrarreforma es evidente. Pero más difícil resulta demostrar que la justicia se ha negado en El Salvador. Como insiste el juez salvadoreño y los acusados es un principio universal del Derecho que nadie puede ser enjuiciado dos veces por los mismos hechos. Lo que habrá de probarse ante la Audiencia Nacional Española es que ese juicio se manipuló para garantizar la impunidad de los altos responsables militares. El reportaje es una buena aportación en esa lucha contra la impunidad.

Por otro lado, En Portada ha iniciado una interesante estrategia multimedia. El vídeo es accesible desde rtve.es, donde encontramos una presentación muy personal del autor del reportaje, Antonio Parreño. Lo más interesante es la transcripción de la entrevista íntegra con el general Ponce, obviamente editada en el reportaje. Esa estrategia se complementa con un blog y con un microespacio, Contraportada. emitido después de la publicidad que sigue al reportaje. En esta ocasión, el reportero grafico Evaristo Canete nos contó el clima dramático en que fueron rodadas las imágenes de los cadáveres de los jesuitas, esparcidos por el jardín de la Universidad Centroamericana.

Denuncia de los bloques electorales


Representantes institucionales de la profesión periodística española presentan un manifiesto contra la imposición de bloques electorales en los medios públicos. La Asociación de la Prensa de Madrid y los Colegios de Periodistas de Cataluña y Galicia, con la adhesión de la Federación de Sindicatos de Periodistas y la presencia de representantes de los consejos profesionales de TVE y la radio pública catalana -por cierto ¿por qué se desactivó el Foro de Organizaciones de Periodistas- denuncian como limitación a la libertad de información la imposición por la Junta Electoral de unos tiempos dedicados a informar de la campaña de cada partido en las próximas elecciones europeas (Manifiesto-pdf).

Siempre he sido contrario a los bloques electorales y en este blog he explicado su generación y consecuencias. Pero tampoco creo que se pueda tratar una campaña electoral como cualquier otro acontecimiento informativo. Estas son algunas reflexiones para buscar una alternativa a los bloques.

El problema no es el equilibrio de tiempos sino su pauta diaria

Los medios públicos no pueden adoptar una posición de apoyo a ninguna opción electoral, por eso deben tratarlas a todas equilibridamente, recogiendo sus propuestas sustanciales y dando voz a sus candidatos. Ese tratamiento equilibrado tiene que traducirse en un equilibrio de tiempos, conforme a la importancia de cada opción y para ello el criterio más objetivo es la propia representación electoral. Un  criterio que, llevado a su extremo (como ocurre con la actual regulación) lleva a ignorar a cualquier nueva propuesta sin previa representación parlamentaria.

Lo que resulta inadmisible es cada candidatura tenga una cuota diaria de tiempo, que el medio debe de llenar, haya o no noticia, y sin posibilidad de dar más atención un día determinado a aquella candidatura con mayor protagonismo informativo, positivo o negativo. El equilibrio de tiempos debiera de valorarse en el conjunto de la cobertura informativa de la campaña.

El problema no son los tiempos sino los contenidos

Los actos electorales tienen muy distinto interés informativo. Este interés debe ser valorado por los responsables de los medios y no por los secretarios de comunicación de los partidos. Los actos electorales pueden ser una parte de la información electoral, pero no la única.

Incluso con el sistema actual de bloques impuestos, nada impide a las televisiones o radios públicas informar en profundidad sobre los programas (compararlos, buscar reacciones en la sociedad), informar e investigar los perfiles de los candidatos o profundizar en el contexto y los problemas políticos y sociales que rodean las elecciones. La información electoral debiera combinar estos elementos de profundización y esclarecimiento informativo con la cobertura de los actos electorales más relevantes de las candidaturas. Y todo ello con equilibrio de tratamiento y tiempos.

Radios y televisiones públicas no pueden ser simples emisores del material de los partidos

Los grandes partidos facilitan señal realizada de sus grandes actos, como es lógico muy favorable para el partido. Entregan también declaraciones, visitas a mercados y el material que quieren incluir en “su tiempo” del bloque electoral. Las radios y televisiones públicas son las únicas que pueden decidir que se incluye.

Los partidos deben dar facilidades y en ningún caso impedir el libre trabajo de periodistas y cámaras. Las televisiones públicas tienen que producir su propio material y sólo excepcionalmente recurrir al entregado por los partidos y en tal caso advirtiendo de su origen. Si los partidos quieren sus bloques, que los saquen de los telediarios.

Radios y televisiones públicas deben autorregularse en materia de información electoral

En el actual sistema son las Juntas Electorales las que establecen la pauta y controlan los contenidos. En realidad, los acuerdos de las Juntas se fraguan mediante pactos entre los dos grandes partidos, así que son éstos los que controlan esta información decisiva para la democracia.

Las radios y televisiones públicas debieran de elaborar un código o conjunto de buenas prácticas en materia electoral, que sirva de referencia a todos.  Tanto RTVE como la Corporación Catalana de Radio y Televisión tienen consejos profesionales de informativos que podrían ejercer un control interno. Para las Juntas Electorales quedaría la intervención previo recurso a sustanciar en un tiempo brevísimo que permitiera reparar los desequilibrios informativos durante la propia campaña.

Los bloques electorales son una manifestación más de la degradación informativa

Los medios, todos, son cada vez más dependientes de las fuentes instituciones, políticas y económicas. Los más dependientes son las televisiones, todas, las públicas y las privadas. La única manera de romper esa dependencia es hacer periodismo de calidad. Un grito de protesta debiera ser el boicot efectivo a cualquier comparecencia pública sin preguntas.

India: victoria del Partido del Congreso y de la estabilidad


Abusando de su generosidad he pedido a Paco Audije un análisis sobre el resultado de las elecciones en India.

Las encuestas se equivocaron y venció la moderación, “el término medio”, dicen allí. En las elecciones indias, el primer partido ha sido el Congreso que obtuvo 206 escaños, en una cámara baja (Lokh Sabah) de 543 diputados. En cualquier otro país, parecería insuficiente, pero no en la India, donde ya gobernaba partiendo de una cifra mucho menor de diputados (145).

Porque desde que terminara el voto, desarrollado en cinco fases a lo largo de semanas, el partido de Sonia Gandhi y de Manmohan Singh ha ido sumando el apoyo de otras fuerzas hasta alcanzar una mayoría de 316 diputados. Otros pueden añadirse aún estos días.

Para el elegante profesor que es Manmohan Singh, de 78 años, es una victoria doble. Porque sus tres predecesores en el cargo, sobre todo Atal Bihari Vajpayee (BJP, conservador), perdieron cuando estaban a la cabeza del ejecutivo.

Es una señal de estabilidad y una sorpresa para los pronósticos, que coincidían en mostrar una Lokh Sabah aún más fragmentada. Y los partidos de casta y regionales, que parecían reforzarse durante la campaña, retroceden.

La fragmentación política no ha desaparecido, pero es menor. Y el electorado ha premiado:

-La imagen de estabilidad, a pesar de los problemas de la coalición anterior por la retirada de los comunistas, tras la firma del pacto nuclear con Estados Unidos.

- La imagen de honradez del propio Manmohan Singh, entre una clase política en gran parte salpicada por la corrupción. India, además, parece aguantar la crisis y Singh sigue mostrándose como paladín de la buena gestión y fiel reflejo de las nuevas clases urbanas.

-El apoyo presupuestario al campo y a la agricultura, donde el endeudamiento de muchos  campesinos, generó antes campañas de suicidios. Esa política también ha dado sus frutos, en las urnas, a favor del Congreso.

-La relativa recuperación  del Congreso como partido intercomunitario e interreligioso, al contrario que el nacionalista hindú BJP, que ha mostrado un líder (Advani) demasiado viejo y aún apegado a sus lemas tradicionales.

-La voz firme ante Pakistán, sin derivas extremistas tras los atentados de Mumbai (Bombay). Ese discurso se ha impuesto a las noticias de la continuación de la insurgencia y el terrorismo en los estados del este y noroeste del país, así como en Cachemira.

Los pronósticos de la prensa extranjera que convertían a la líder intocable (dalit), Mayawati, ministra principal de Uttar Pradesh, en árbitro de la situación no tuvieron en cuenta el daño a su imagen. Se trata de una intocable y se presenta como defensora de los más pobres, pero es megalómana y muestra una riqueza personal insultante para muchos indios. Quizá es ahora la imagen de un cierto reflujo de las fuerzas políticas basadas en la casta.

En aquel “caos que funciona”, nunca se puede estar seguro hasta el final, pero –como ha dicho Le Monde- el mundo ha recibido una buena noticia. Porque, en la mayor democracia, no ha prevalecido el desencanto, a pesar de la acumulación de fracturas.

Y en una región explosiva, los indios han votado por la serenidad y el laicismo. Una lección democrática contra las tendencias de dispersión y el discurso nacionalista puro, que prevalecieron durante las últimas dos décadas, cuando el hinduista Bharatiya Janata, de L. K. Advani, pareció doblegar para siempre a la India de Nehru.

PACO AUDIJE

La razón de Estado prevalece sobre la Justicia Universal


Se veía venir. PSOE Y PP se han puesto de acuerdo para limitar la Justicia Universal.

La nueva redacción del art. 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que enviará el Gobierno a las Cortes, exige que para que en España se persigan los delitos de genocidio, de lesa humanidad, crímenes de guerra o terrorismo, cometidos en otros países, debe existir una conexión con España, bien por existir víctimas españolas, bien porque el presunto criminal se encuentre en nuestro país. Además, la jurisdicción española será subsidiaria a la del lugar de los hechos, esto es, los tribunales españoles se inhibirán siempre que se haya iniciado una causa penal que suponga una investigación y una persecución efectiva.

Mientras los procesados por los jueces de la Audiencia Nacional era latinoamericanos o africanos nadie se rasgó las vestiduras. Pero cuando los imputados son israelíes o norteamericanos entonces decimos que no podemos ser los “gendarmes del mundo”. La sinrazón de la razón de Estado exige que  no nos creemos complicaciones con países “amigos y aliados”, pero, sobre todo, poderosos.

La razón de Estado se impone también sobre las promesas de Obama.

Primero fue el mantener secretos los memorados de la tortura, luego la recuperación de las comisiones militares para juzgar a los presos de Guantánamo. Sabemos ahora que todos, republicanos y demócratas (Nancy Pelosi) sabían más de lo que decían y que todos se subieron al tren de las violaciones de los derechos humanos, pilotado por el Príncipe de las Tinieblas, Dick Cheney. Ahora, son los propios senadores demócratas los que niegan a Obama los 80 millones de dólares pedidos para cerrar Guantánamo.

George Bush se frota las manos en su rancho de Texas.

Estados Unidos no va a juzgar a sus torturadores -Obama dice que hay que mirar hacia delante. España se evitará hacerlo. Sólo un Tribunal Penal Internacional reforzado puede asegurar la justicia para toda la humanidad.

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